Europa y las guerras de Africa.

27 de noviembre de 2012

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Fuente:  Diario Siglo XXI

Cuando leemos noticias sobre África y sus múltiples guerras y conflictos armados, la primera impresión que tenemos es que todo lo que pasa es ajeno a nosotros y un verdadero jaleo.

Los actores son ajenos:  gente lejana y poco civilizada, mafias, estados corruptos, … Todos los estereotipos son pocos.

Sorprende conocer que Europa ha vendido entre 2002 a 2010 más de 5.000 millones de euros en armas a África. África es un buen cliente y mantiene una cuota de mercado para las armas europeas del 7%.

La fuente de la que hemos tomado estos datos cita a su vez al Centro de Estudios para la Paz del Instituto Catalán Internacional.  Quien quiera ver ese informe, que ha elaborado E. Melero, puede pincharlo aquí.  Añadimos que es espectacular y muy de elogiar.

Si sorprende esta implicación europea, sorprende más la distribución por países.  Les hacemos un acertijo: Miren estos, comprueben las políticas europeas del presente y hagan previsiones de dónde habrá en breve nuevas guerras.

Si nos referimos a la participación española en esa venta de armas, la cuestión también es espeluznante. España ha exportado 402 millones de euros en armas a Africa.

¿Se acuerdan de la retórica del Plan África para ayudar a África? Pues toma plan África.

¿Se acuerdan de la retórica de que Marruecos nos va a invadir a la primera de cambio?  Pues miren por donde les hemos suministrado armas por valor de 191,8 millones de euros. ¿Para invadirnos, para consolidar un régimen autocrático, para reprimir a los saharauis? Cada uno que elija lo que prefiera.

¿Es el cinismo sobre el que se sustenta esta industria de la muerte lo peor de la situación?

Probablemente no.  Lo peor es la comodidad, la arrogancia y la ignorancia con la que todos nosotros estamos manteniendo nuestro «nivel de vida» gracias a la inmoral producción de guerras y violencia en los otros pueblos de la tierra, entre ellos los de África.

Consentir esta situación nos hace tan canallas como a los que venden las armas en nuestro nombre.


El botín de Colombia

18 de noviembre de 2012

Toma+de+Posesi%C3%B3n+de+Juan+Manuel+Santos+Calder%C3%B3n+como+Presidente+de+Colombia

Colombia es uno de los países con mayor grado de violencia física y estructural. Cuenta con más de 450.000 efectivos en su ejército, 1 militar por cada 104 personas, así como no menos de 70.000 personas militarizadas, ya sea en guerrillas, grupos paramilitares o delincuencia organizada. A ello se une la existencia de un porcentaje alto de civiles armados en su vida cotidiana.

La penetración del militarismo y la violencia es amplísima en las más diversas instancias del Estado, en la existencia de múltiples políticos vinculados al paramilitarismo, a la delincuencia organizada o a las guerrillas, por no entrar a valorar la cultura violenta impuesta desde el pensamiento hegemónico, el patrioterismo, sexismo y machismo rancio que impera en la educación, y la violencia estructural existente.

El negocio armamentista es boyante y con ramificaciones e intereses muy amplios. El presupuesto militar colombiano supera los 13.000 mill. de US$ en 2012, lo que equivale al 3,5% del PIB, aunque ha llegado a situarse en el 6%. Además, las entidades descentralizadas (ECOPETROL, ISA, empresas de comunicaciones, etc.), los departamentos y municipios destinan una parte de su presupuesto a defenderse de los efectos de la guerra. Si a ello sumamos los gastos que incorporan guerrillas, paramilitarismo, etc, la cifra se eleva a más de 20.000 mill.de US$ al año. Y no es el final porque Colombia recibe ingentes cantidades, principalmente de EEUU, para luchar militarmente contra las guerrillas (Plan Colombia).  Se estima que entre 2002 y 2010 se ha gastado para combatir a la guerrilla más de 100.000 mill. US$.

La industria militar saquea los presupuestos colombianos o la guerra en Colombia es nuestro negocio.

Colombia goza de una industria militar próspera INDUMIL, que vende armas a “civiles” que prefieren defender a tiros su seguridad personal, nutre al ejército colombiano y exporta a otros países. Esta industria, dependiente del Ministerio de Defensa, cuenta con activos (según su memoria de 2011) de 671.000 mill. US$, unas ventas netas anuales que se acercan a 450.000 mill. US$, y unos beneficios de más de 90.000 mill. US$, antes de impuestos.

Este enorme gasto militar ha propiciado el que diversos países hayan hecho de Colombia un lugar de negocio privilegiado. Por ejemplo, España le vende anualmente más de 30 millones de euros en armas, monto superior al que destina a la cooperación con este país.

Colombia es un botín para los vendedores de armas. Y, como todo botín, no es fácil que los chacales suelten la presa. Por eso las principales empresas de la muerte han puesto los ojos allí antes de que se acabe la guerra y se reduzca el presupuesto militar.

Cassidian, una de las empresas militares más importantes de Europa, ha decidido poner oficina en Bogotá.  “Estamos invirtiendo más en la región, dedicando más recursos para estar más cerca de nuestros clientes y como parte de esa estrategia hemos abierto la oficina de Bogotá”. Y ello porque “Colombia está muy desarrollado, con una política muy clara por parte del Ministerio de Defensa”(4).  Cassidian comercializa, entre otros, los aviones de EADS, que vende a Colombia hace más de 30 años y ahora pretende colocarles aviones no tripulados y otros ingenios aeronáuticos de fabricación española.

Airbus Military ha firmado con Colombia recientemente un contrato para vender prototipos del avión C295, del que Colombia ya cuenta con varias unidades y cuyas nuevas ventas se entregarán a partir de 2013. Pretenden vender además los nuevos aviones A400M que se fabrican en Sevilla. Según su director de Marketing “la relación con Colombia es prioritaria ya que supone un escaparate de las capacidades de los aviones que fabrica nuestra empresa, debido a sus altos niveles de desempeño en unas condiciones operativas altamente exigentes y a su elevado nivel de utilización” (5).

También Navantia quiere meter la nariz, y ha elaborado trabajos para “apoyar” en la guerra fluvial y el control de los recursos hídricos, y en el combate contra el narcotráfico, próximo enemigo del ejército colombiano.

Tan importante parece Colombia, que el propio portal informativo de la industria militar española, Infodefensa, ha abierto una página específica para ella, donde “podrán consultarse las novedades diarias del mercado de la Defensa y Seguridad de este país como parte del desarrollo de las páginas especializadas en los distintos mercados nacionales”.  De ahí hemos seleccionado las noticias que comentamos.

UTI-SLI Iberia (segundo proveedor en su especialidad en la Guerra del Golfo), por mediación del Ministerio de Defensa español, espera obtener un lucrativo beneficio(7). También la valenciana INDENOVA ha ganado un reciente concurso del Ministerio de Defensa de Colombia para ejecutar una serie de programas logísticos y de gestión documental militares(8).

La potente industria militar brasileña está igualmente interesada en el botín colombiano y ha llegado a acuerdos para vender armas a Colombia.  También las industrias bélicas de EEUU y de Israel, consiguiendo para los próximos años cuantiosos contratos, como los helicóptero Sikirsky UH-60L, drones, fusiles Galil, etc.

Así no es posible la paz en Colombia.

Colombia necesita invertir en disminuir la violencia estructural y la injusticia pero es más que probable que siga caminando hacia un nuevo rearme, con ayuda de la comunidad internacional, que será la gran beneficiada.

Recientemente se han abierto conversaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla colombianos, ¿cuáles son las posibilidades de éxito?  Bajas con una militarización tan elevada y con el ávido interés de EE.UU. y de Europa por seguir vendiéndoles armas para hacer negocio.  Una parte, una buena parte del problema colombiano, somos nosotros.  La paz en Colombia se seguirá retrasando hasta que en los países desarrollados y productores de armas no podamos aunar el consenso social suficiente para acabar con la fabricación y comercio de armas.


¿De qué paz me estás hablando si le concedes el Nobel de la Paz a la Unión Europea?

1 de noviembre de 2012

Zen+Beach+Stones+at+Home

Muchos alucinamos cuando se le concedió el Nobel, recientemente, a Obama:  ¿qué había hecho por la paz este hombre, más que unas cuantas declaraciones retóricas?  Si repasamos el listado de los Nobel de la Paz, también alucinamos con nombres tan militaristas como Kissinger, Le Duc Tho, Anwar El Sadat, Menachem Begin, De Klerk, Arafat, Rabin, Peres o Carter.  ¿De qué tipo de paz nos están hablando cuando conceden estos premios?


A grandes rasgos hay tres grandes posicionamientos cuando se habla de paz:

  • el concepto oficial de la paz,
  • el concepto no oficial y no alternativo,
  • el concepto alternativo.

Queremos caracterizar cada una de estas posiciones en este artículo para invitar a la reflexión ciudadana sobre la naturaleza de un término tan polisémico, y a veces interesado, como paz.  ¿Es lo mismo lo que nos propone el PP o el PSOE cuando nos hablan de ella que lo que pueda decirnos un estudioso de los conflictos?, ¿Tienen algo que ver los anteriores con lo que pretenden los pacifistas antimilitaristas y noviolentos?


Es necesario que ahondemos en qué significa paz para no dejarnos engañar y para poder elegir cuál es el concepto que más nos convence.

1.-  El concepto oficial de paz.

Nos suelen hacer creer que hay paz cuando no hay guerra dentro de nuestras fronteras.  Poco importa entre los gobiernos que sus políticas estén generando violencia estructural mediante la promoción de relaciones internacionales injustas basadas en la existencia de países de primera, segunda y tercera.  Poco importa, también, que se estén esquilmando los recursos naturales de otros países sin dejar ningún beneficio económico social en ellos.  Poco importa también que se esté generando violencia cultural dentro del propio país obligándonos a interpretar las relaciones internacionales como un juego en el que lo único que cabe es la competición, o que se nos razone que si no lo hacemos nosotros, otros lo harán y sacarán los beneficios.  Poco importa, en suma que nosotros generemos los conflictos en el extranjero con nuestras políticas internacionales y económicas y que, además, seamos nosotros los que fabricamos y vendemos las armas que van a utilizar en esos lejanos conflictos.

El concepto oficial de paz es meramente negativo, paz como ausencia de guerra y mantenimiento del status quo.  El ejemplo máximo puede ser la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea por mantener la guerra alejada de sus fronteras.  Y efectivamente así ha sido. La U.E. ha promovido la paz interior, pero a costa de mantener  la guerra fuera con una constante fabricación de armas y una constante exportación de conflictos basados en la injusticia de que aquí llevemos un elevado nivel de vida porque imponemos condiciones de dependencia y penurias a los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Como nadie se ha dedicado seriamente a contar los muertos de las guerras, uno de los principales “efectos” de esta idea de paz armada, vamos a ofrecer algunas cifras de las que opinamos que están claramente tomadas a la baja:  desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial ha habido en el mundo al menos 47 conflictos armados con un total de más de 57 millones de muertos.  Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 hubo 59 conflictos y más de 14 millones de muertos.  Desde 1990 hasta 2010 ha habido 44 conflictos y más de 15 millones de muertos.  En total, son más de  86 millones de personas, 2 veces la población española, los que podrían decir que en el último siglo no ha habido paz.

Somos testigos, año tras año, de que los estados preparan su ejércitos, los entrenan, les dotan de armamentos cada vez más sofisticados y los lanzan a la guerra de manera continua.  ¿Existe esta programación?  No hay pruebas, pero parece que sí, porque la guerra es un negocio del que los estados militares y violentos (todos los actuales) se lucran.

Ningún estado, ninguna entidad oficial ha podido prevenir ningún conflicto armado.  Y hacemos esta afirmación tan tajante porque somos conscientes de que los estados preparan y financian la guerra como manera de obtener beneficios y de reactivar sus economías, véase, por ejemplo, el caso de Irak y la consiguiente reconstrucción del país por empresas de las que eran consejeros los principales halcones militaristas de EE.UU.

¿Qué iniciativas han surgido desde lo oficial para promocionar la paz en el último siglo?  Pocas, muy pocas.  Quizá merecería la pena hablar de la formación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU) con la que se pretendía dotarse de un organismo internacional de arbitraje de conflictos.  Hoy en día, sin embargo, la ONU es un organismo internacional que reproduce en su seno la injusticia y la violencia estructural que gobierna el mundo y, desde luego, sólo con muchísima ingenuidad o desinformación puede decirse que sea un actor y promotor real de la paz de verdad.

Otro intento ha sido la consolidación de la Cruz Roja Internacional como institución ideada para aplicar el humanismo en el trato de los prisioneros de guerra.  Es loable el empeño y se trata de mitigar algunas de las peores consecuencias de la guerra.  Por ello han sido múltiples veces galardonadas. Pero su labor no es precisamente la de promover la paz, sino la de atemperar sus nefastos efectos en la medida de lo posible.

Otro intento oficial ha sido el de crear un corpus importante de derecho internacional humanitario o de derecho de guerra.  ¿Para qué ha servido?  Para poco durante las guerras porque en ellas nadie lo respeta.  Luego ha servido para perseguir y juzgar a algunos de los peores tiranos o de los más violentos promotores de guerras del mundo.  Aunque los grandes, los verdaderamente grandes, están muy bien protegidos en sus despachos de presidentes de países.

Pensamos que no hay paz dentro de las políticas oficiales porque ellas sólo pretenden que el escenario internacional permanezca inamovible, a pesar de ser injusto.  Así, medidas como la limitaciones sucesivas de armamentos nucleares y convencionales no son más que meros retoques cosméticos que en nada cambian la realidad.


2.-  El concepto no oficial y no alternativo de paz.

Existen otras tentativas de paz que no provienen de lo oficial y sí de la sociedad civil, pero que participan en gran medida de la perspectiva oficial del concepto de paz. En el concepto no oficial y no alternativo de paz ha promovido iniciativas interesantes como:

  • La creación de múltiples oficinas, entidades universitarias, etc., dedicadas a comprender cuáles son las causas de la guerra para evitar su expansión.  Así han surgido visiones de estudios de conflictos (polemológicas), visiones que pretenden fomentar la resolución de conflictos de manera diferente, u otras visiones que han popularizado las resistencias civiles que ha habido en las distintas guerras.
  • Investigadores que han ideado y divulgado conceptos más profundos de la idea de paz, como son los de paz estructural, conflicto latente, e incluso, las ideas de defensa noviolentas, la idea de transarme.  Todos ellos son aportaciones interesantes.
  • Investigadores que han desarrollado el concepto de defensa no ofensiva o defensa defensiva, basada en la posesión de armamentos no ofensivos (cazas, portaaviones, etc.)

En nuestra opinión el balance de estos propósitos no es muy positivo y se han quedado en bellas ideas inocuas. Su mayor fallo estuvo y está en en que se busca la aplicabilidad en compañía de aquellos interlocutores que no están dispuestos a permitir que algo alternativo funcione:  las elites gobernantes y las generadoras de opinión.

En cierta medida, este enfoque condujo a un callejón sin salida, pues tal planteamiento, a la larga, acaba por vaciar de contenido transformador (y la paz lo es, esencialmente) a muchas de las iniciativas de defensa noviolentas y las convierten en propuestas posibilistas que sólo modulan con suavidad algunas de las asperezas del militarismo.  Quizá el máximo exponente sea el que encontramos en la propuesta francesa que pretende renunciar a la defensa noviolenta como alternativa a la militar y se contenta con que tenga carácter de:

  • recurso:  la defensa noviolenta se usa únicamente en el caso de que la defensa militar falle.
  • complemento:  la utilización de la defensa noviolenta es simultánea a la defensa militar pero con el matiz de que únicamente se un apéndice de ésta.
  • opción:  el mando militar opta, según lo requiera la agresión sufrida, por los medios civiles (se prefieren para defender espacios muy poblados como las ciudades) o los militares.

Como se ve, estas líneas de pensamiento, dado que no abandonan el paradigma de dominación-violencia que es característico de la política actual, poco pueden (aunque sería bienvenido) hacer para dotarnos de un mundo pacífico que resuelva sus conflictos sin violencia.


3.-  El concepto alternativo de paz.

Se pueden preguntar los lectores, como nos lo preguntamos nosotros, por qué no se ha dado ningún premio Nobel de la paz a los desertores de los ejércitos, a los objetores de conciencia al servicio militar, a las ongs antimilitaristas de todas partes del mundo, a quienes se han negado a pagar impuestos para la guerra, a los múltiples desobedientes a las guerras y a la violencia.

También se puede preguntar por qué son tan escasos los premios Nobel de la Paz a personas como Mouhammad Yunus (de Bangladesh) en 2006 o a Wangari Maathai (keniata) en 2004.  Cuando se lo concedieron no faltaron las críticas diciendo que qué tenía que ver su trabajo con la paz.  El primero promovía los microcréditos para promover las oportunidades económicas y sociales de los pobres. La segunda se dedicó a crear un lobby ecologista y promovió la plantación de 30 millones de árboles por todo el país para evitar la erosión del suelo.

Como se ve, ambos participan de un concepto de paz totalmente alternativo al oficial y que no sólo abandona el paradigma de dominación-violencia que rige la política, la economía y la cultura actuales, sino que ejercen sus actuaciones dentro de otro paradigma que podríamos denominar de cooperación-noviolencia.

¿Qué tienen que ver estos dos premios Nobel de la Paz con los oficiales?  Nada.  En absoluto.

Su aportación parte desde la sociedad civil y, por medios noviolentos, busca luchar contra la violencia estructural y cultural que provocan tantas muertes en el mundo.  Nos ofrecen, en definitiva un concepto de paz totalmente alternativo que ya no depende de los estados o los gobiernos sino que puede (y ha de) llevarse a cabo por las personas y las organizaciones de base y alternativas.

Éste es un concepto de paz que defiende lo que realmente interesa defender al ser humano:  la educación, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, la salud.  Busca acabar con el hambre y lograr los Objetivos del Milenio.  Se preocupa por mejorar la forma en que la gente vive en la sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales.

Su talante no es mantenedor del status quo, sino que promueve su transformación desde la idea de seguridad humana y entiende que no hay paz preparando la guerra, sino luchando contra la violencia cultural que justifica las guerras y contra la violencia estructural que propaga las desigualdades y las injusticias. Promover esta paz es promover la desmilitarización de la seguridad y promover la justicia social y enfrentar de manera noviolenta, en vez de amenazar con resolverlos de forma violenta o de eludirlos, los conflictos.

Por eso, la paz oficial no es sino la guerra para los que apuestan por una paz alternativa y por ello hablamos de distintas cosas cuando hablamos de paz.

Muchos alucinamos cuando se le concedió el Nobel, recientemente, a Obama:  ¿qué había hecho por la paz este hombre, más que unas cuantas declaraciones retóricas?  Si repasamos el listado de los Nobel de la Paz, también alucinamos con nombres tan militaristas como Kissinger, Le Duc Tho, Anwar El Sadat, Menachem Begin, De Klerk, Arafat, Rabin, Peres o Carter.  ¿De qué tipo de paz nos están hablando cuando conceden estos premios?

A grandes rasgos hay tres grandes posicionamientos cuando se habla de paz:

  • el concepto oficial de la paz,
  • el concepto no oficial y no alternativo,
  • el concepto alternativo.

Queremos caracterizar cada una de estas posiciones en este artículo para invitar a la reflexión ciudadana sobre la naturaleza de un término tan polisémico, y a veces interesado, como paz.  ¿Es lo mismo lo que nos propone el PP o el PSOE cuando nos hablan de ella que lo que pueda decirnos un estudioso de los conflictos?, ¿Tienen algo que ver los anteriores con lo que pretenden los pacifistas antimilitaristas y noviolentos?


Es necesario que ahondemos en qué significa paz para no dejarnos engañar y para poder elegir cuál es el concepto que más nos convence.

1.-  El concepto oficial de paz.

Nos suelen hacer creer que hay paz cuando no hay guerra dentro de nuestras fronteras.  Poco importa entre los gobiernos que sus políticas estén generando violencia estructural mediante la promoción de relaciones internacionales injustas basadas en la existencia de países de primera, segunda y tercera.  Poco importa, también, que se estén esquilmando los recursos naturales de otros países sin dejar ningún beneficio económico social en ellos.  Poco importa también que se esté generando violencia cultural dentro del propio país obligándonos a interpretar las relaciones internacionales como un juego en el que lo único que cabe es la competición, o que se nos razone que si no lo hacemos nosotros, otros lo harán y sacarán los beneficios.  Poco importa, en suma que nosotros generemos los conflictos en el extranjero con nuestras políticas internacionales y económicas y que, además, seamos nosotros los que fabricamos y vendemos las armas que van a utilizar en esos lejanos conflictos.

El concepto oficial de paz es meramente negativo, paz como ausencia de guerra y mantenimiento del status quo.  El ejemplo máximo puede ser la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea por mantener la guerra alejada de sus fronteras.  Y efectivamente así ha sido. La U.E. ha promovido la paz interior, pero a costa de mantener  la guerra fuera con una constante fabricación de armas y una constante exportación de conflictos basados en la injusticia de que aquí llevemos un elevado nivel de vida porque imponemos condiciones de dependencia y penurias a los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Como nadie se ha dedicado seriamente a contar los muertos de las guerras, uno de los principales “efectos” de esta idea de paz armada, vamos a ofrecer algunas cifras de las que opinamos que están claramente tomadas a la baja:  desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial ha habido en el mundo al menos 47 conflictos armados con un total de más de 57 millones de muertos.  Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 hubo 59 conflictos y más de 14 millones de muertos.  Desde 1990 hasta 2010 ha habido 44 conflictos y más de 15 millones de muertos.  En total, son más de  86 millones de personas, 2 veces la población española, los que podrían decir que en el último siglo no ha habido paz.

Somos testigos, año tras año, de que los estados preparan su ejércitos, los entrenan, les dotan de armamentos cada vez más sofisticados y los lanzan a la guerra de manera continua.  ¿Existe esta programación?  No hay pruebas, pero parece que sí, porque la guerra es un negocio del que los estados militares y violentos (todos los actuales) se lucran.

Ningún estado, ninguna entidad oficial ha podido prevenir ningún conflicto armado.  Y hacemos esta afirmación tan tajante porque somos conscientes de que los estados preparan y financian la guerra como manera de obtener beneficios y de reactivar sus economías, véase, por ejemplo, el caso de Irak y la consiguiente reconstrucción del país por empresas de las que eran consejeros los principales halcones militaristas de EE.UU.

¿Qué iniciativas han surgido desde lo oficial para promocionar la paz en el último siglo?  Pocas, muy pocas.  Quizá merecería la pena hablar de la formación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU) con la que se pretendía dotarse de un organismo internacional de arbitraje de conflictos.  Hoy en día, sin embargo, la ONU es un organismo internacional que reproduce en su seno la injusticia y la violencia estructural que gobierna el mundo y, desde luego, sólo con muchísima ingenuidad o desinformación puede decirse que sea un actor y promotor real de la paz de verdad.

Otro intento ha sido la consolidación de la Cruz Roja Internacional como institución ideada para aplicar el humanismo en el trato de los prisioneros de guerra.  Es loable el empeño y se trata de mitigar algunas de las peores consecuencias de la guerra.  Por ello han sido múltiples veces galardonadas. Pero su labor no es precisamente la de promover la paz, sino la de atemperar sus nefastos efectos en la medida de lo posible.

Otro intento oficial ha sido el de crear un corpus importante de derecho internacional humanitario o de derecho de guerra.  ¿Para qué ha servido?  Para poco durante las guerras porque en ellas nadie lo respeta.  Luego ha servido para perseguir y juzgar a algunos de los peores tiranos o de los más violentos promotores de guerras del mundo.  Aunque los grandes, los verdaderamente grandes, están muy bien protegidos en sus despachos de presidentes de países.

Pensamos que no hay paz dentro de las políticas oficiales porque ellas sólo pretenden que el escenario internacional permanezca inamovible, a pesar de ser injusto.  Así, medidas como la limitaciones sucesivas de armamentos nucleares y convencionales no son más que meros retoques cosméticos que en nada cambian la realidad.

2.-  El concepto no oficial y no alternativo de paz.

Existen otras tentativas de paz que no provienen de lo oficial y sí de la sociedad civil, pero que participan en gran medida de la perspectiva oficial del concepto de paz. En el concepto no oficial y no alternativo de paz ha promovido iniciativas interesantes como:

  •  La creación de múltiples oficinas, entidades universitarias, etc., dedicadas a comprender cuáles son las causas de la guerra para evitar su expansión.  Así han surgido visiones de estudios de conflictos (polemológicas), visiones que pretenden fomentar la resolución de conflictos de manera diferente, u otras visiones que han popularizado las resistencias civiles que ha habido en las distintas guerras.
  • Investigadores que han ideado y divulgado conceptos más profundos de la idea de paz, como son los de paz estructural, conflicto latente, e incluso, las ideas de defensa noviolentas, la idea de transarme.  Todos ellos son aportaciones interesantes.
  • Investigadores que han desarrollado el concepto de defensa no ofensiva o defensa defensiva, basada en la posesión de armamentos no ofensivos (cazas, portaaviones, etc.)

En nuestra opinión el balance de estos propósitos no es muy positivo y se han quedado en bellas ideas inocuas. Su mayor fallo estuvo y está en en que se busca la aplicabilidad en compañía de aquellos interlocutores que no están dispuestos a permitir que algo alternativo funcione:  las elites gobernantes y las generadoras de opinión.

En cierta medida, este enfoque condujo a un callejón sin salida, pues tal planteamiento, a la larga, acaba por vaciar de contenido transformador (y la paz lo es, esencialmente) a muchas de las iniciativas de defensa noviolentas y las convierten en propuestas posibilistas que sólo modulan con suavidad algunas de las asperezas del militarismo.  Quizá el máximo exponente sea el que encontramos en la propuesta francesa que pretende renunciar a la defensa noviolenta como alternativa a la militar y se contenta con que tenga carácter de:

recurso:  la defensa noviolenta se usa únicamente en el caso de que la defensa militar falle.

  • complemento:  la utilización de la defensa noviolenta es simultánea a la defensa militar pero con el matiz de que únicamente se un apéndice de ésta.
  • opción:  el mando militar opta, según lo requiera la agresión sufrida, por los medios civiles (se prefieren para defender espacios muy poblados como las ciudades) o los militares.

Como se ve, estas líneas de pensamiento, dado que no abandonan el paradigma de dominación-violencia que es característico de la política actual, poco pueden (aunque sería bienvenido) hacer para dotarnos de un mundo pacífico que resuelva sus conflictos sin violencia.


3.-  El concepto alternativo de paz.

Se pueden preguntar los lectores, como nos lo preguntamos nosotros, por qué no se ha dado ningún premio Nobel de la paz a los desertores de los ejércitos, a los objetores de conciencia al servicio militar, a las ongs antimilitaristas de todas partes del mundo, a quienes se han negado a pagar impuestos para la guerra, a los múltiples desobedientes a las guerras y a la violencia.

También se puede preguntar por qué son tan escasos los premios Nobel de la Paz a personas como Mouhammad Yunus (de Bangladesh) en 2006 o a Wangari Maathai (keniata) en 2004.  Cuando se lo concedieron no faltaron las críticas diciendo que qué tenía que ver su trabajo con la paz.  El primero promovía los microcréditos para promover las oportunidades económicas y sociales de los pobres. La segunda se dedicó a crear un lobby ecologista y promovió la plantación de 30 millones de árboles por todo el país para evitar la erosión del suelo.

Como se ve, ambos participan de un concepto de paz totalmente alternativo al oficial y que no sólo abandona el paradigma de dominación-violencia que rige la política, la economía y la cultura actuales, sino que ejercen sus actuaciones dentro de otro paradigma que podríamos denominar de cooperación-noviolencia.

¿Qué tienen que ver estos dos premios Nobel de la Paz con los oficiales?  Nada.  En absoluto.

Su aportación parte desde la sociedad civil y, por medios noviolentos, busca luchar contra la violencia estructural y cultural que provocan tantas muertes en el mundo.  Nos ofrecen, en definitiva un concepto de paz totalmente alternativo que ya no depende de los estados o los gobiernos sino que puede (y ha de) llevarse a cabo por las personas y las organizaciones de base y alternativas.

Éste es un concepto de paz que defiende lo que realmente interesa defender al ser humano:  la educación, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, la salud.  Busca acabar con el hambre y lograr los Objetivos del Milenio.  Se preocupa por mejorar la forma en que la gente vive en la sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales.

Su talante no es mantenedor del status quo, sino que promueve su transformación desde la idea de seguridad humana y entiende que no hay paz preparando la guerra, sino luchando contra la violencia cultural que justifica las guerras y contra la violencia estructural que propaga las desigualdades y las injusticias. Promover esta paz es promover la desmilitarización de la seguridad y promover la justicia social y enfrentar de manera noviolenta, en vez de amenazar con resolverlos de forma violenta o de eludirlos, los conflictos.

Por eso, la paz oficial no es sino la guerra para los que apuestan por una paz alternativa y por ello hablamos de distintas cosas cuando hablamos de paz.


Seguridad ecológica

29 de junio de 2012

Fuente:  El País.

Muchas veces nos hemos preguntado ¿qué hay que defender?  Esta es la idea clave para construir un modelo de defensa.  Actualmente, la defensa militar encubre turbios intereses (negocios de las multinacionales del armamento) o se describe académica y políticamente como una defensa ante riesgos.  Nadie nos explica qué es un riesgo y, sobre todo, nadie reconoce que esto es trampa porque un riesgo siempre existe y no se puede recurrir a riesgos sociales, políticos, económicos, militares o de cualquier otra naturaleza para acabar justificando, siempre, el mismo tipo de defensa, la militar.

La propia defensa militar actual reconoce a muchas de las características del actual sistema ecológico en desequilibrio que caracteriza al planeta como generadoras de conflictos graves a corto, medio y largo plazo:  se habla de guerras por el agua, por la energía, por las migraciones debidas a los cambios climáticos, etc.  Y con ello se vuelve a justificar la defensa militar.

En nuestra opinión, si los riesgos o los enemigos son otros muy distintos, también ha de ser otra y muy diferente la manera de encararlos.

1.-  ¿Quién es el enemigo desde el punto de vista de la seguridad ecológica?

Las catástrofes naturales, la contaminación, la lluvia ácida, la superpoblación, el cambio climático, la sequía, la deforestación, la pérdida de suelo fértil, la pérdida de biodiversidad, los problemas en la capa de ozono, la destrucción de los ecosistemas marinos, terrestres y fluviales, el consumismo exacerbado, el injusto reparto de la riqueza y de los bienes, la inseguridad alimentaria …

Nuestra relación con la naturaleza está muy bien caracterizada por Jeffrey Sachs en su artículo «Boletín de notas para Río + 20», el cual citamos arriba como fuente:  Una de las publicaciones científicas más destacadas del mundo, Nature, ha publicado un boletín de notas mordaz antes de la cumbre de Río+20 sobre desarrollo sostenible. Las notas de la aplicación de los tres grandes tratados firmados en la primera Cumbre de la Tierra de Río en 1992 eran las siguientes: Cambio Climático, suspenso; Diversidad Biológica, suspenso; y Lucha contra la Desertificación, suspenso. ¿Puede todavía la humanidad evitar que la expulsen?

El razonamiento que sigue Sachs es contundente y lo enuncia como cosa sabida por todos:  Sabemos desde hace al menos una generación que el mundo necesita cambiar de rumbo. En vez de hacer que la economía mundial funcione con combustibles fósiles, tenemos que usar mucho más las alternativas bajas en carbono como la energía eólica, solar y geotérmica. En vez de cazar, pescar y deforestar la tierra sin tener en cuenta las repercusiones para otras especies, tenemos que acompasar nuestra producción agrícola, nuestra pesca y nuestra explotación forestal a la capacidad de carga del medio ambiente. En vez de dejar a la gente más vulnerable del mundo sin acceso a la planificación familiar, a la educación y a la atención sanitaria básica, tenemos que acabar con la extrema pobreza y reducir los índices de fertilidad en aumento que persisten en las partes más pobres del mundo.  En resumidas cuentas, tenemos que reconocer que, con 7.000 millones de personas hoy en día, y con 9.000 millones hacia mediados de siglo, todas interconectadas en una economía mundial de alta tecnología y que hace un uso intensivo de la energía, nuestra capacidad colectiva para destruir los sistemas sobre los que se sustenta la vida no tiene precedentes.

Ciertamente, hemos llegado a un punto en el que nuestra seguridad depende de la ecología.  Y no de la ecología de una ciudad o de un país, sino de la ecología a nivel planetario.  Hemos roto los equilibrios de la naturaleza con nuestro egoísmo personal y como especie animal, nos hemos cegado en un desarrollismo que nos lleva a la extinción, condenamos a una gran parte de la humanidad y de los seres vivos al hambre, a la sed y a la enfermedad, sin querer darnos cuenta de que, desde el primer mundo somos los causantes de estas situaciones tan injustas e inhumanas.

2.-  ¿Quiénes son los aliados en la seguridad ecológica?

La prevención de desastres naturales, las energías limpias y renovables, la planificación familiar, la solidaridad alimentaria, la reforestación, el cuidado de la flora y fauna, la investigación científica, el respeto a los ecosistemas, a sus dinámicas y a sus equilibrios, el decrecimiento, la justicia social, …

Las ongs que trabajan por todo lo anterior con carácter verdaderamente innovador  y las empresas y países que, poco a poco, van intentando variar sus políticas y actuaciones hacia lo ecológico.

3.-  Es vital abandonar el viejo modelo de defensa militar y adoptar un modelo basado en los grandes retos de la humanidad, uno de ellos el ecológico.

Lejos, por nuestra parte, de querer defender las viejas ideas como la patria, sí nos interesa proponer el concepto de seguridad ecológica.

Este concepto nos hace enfocar nuestras relaciones con la naturaleza como una de las principales áreas que hay que defender para poder tener una calidad de vida aceptable.  Por el contrario, lo militar que es un gasto social y ecológicamente inútil e, incluso, contraproducente, se convierte en uno de los enemigos que hay que combatir.

¿Alguien duda de que son los propios militares los principales promotores de las armas de destrucción masiva como las NBQR (Nuclear, Biológicas, Químicas y Radiactivas)?  ¿Qué puede aportar de positivo lo militar en disminuir la contaminación o en luchar contra el cambio climático?  Cualquier actuación que se nos ocurra puede ser realizada de manera más eficaz por medios civiles.  En este escenario corre prisa acometer planes de reconversión de la industria militar hacia finalidades civiles y ecológicas, también es imprescindible acabar con la producción de armas y con su comercio, y derivar estas industrias de muerte a otras que mejoren la calidad ecológica del planeta.

4.-  La seguridad ecológica nos lleva a abandonar los enfoques nacionalistas.

Aquí, en el concepto de seguridad ecológica, ya no es válido el enfoque nacional o nacionalista.  Simplemente no sirve de nada.  La contaminación no tiene fronteras ni las conocen el cambio climático, la deforestación, la sequía, la superpoblación, el consumismo, etc.  Este enfoque de nuestra seguridad es muy interesante porque nos lleva a transgredir uno de los grandes tabúes políticos de nuestra cultura, el enfoque nacionalista.  Ante él se yergue la colaboración entre países, entre municipios, entre industriales y entre ciudadanos como la única manera posible de combatir problemas que a todos nos afectan y que cada vez son de más necesaria solución.

5.-  ¿Quién es el protagonista de la seguridad ecológica?

Frente a la estatalización y la militarización de la defensa nacional o militar clásica, la seguridad ecológica potencia unos protagonistas mucho más variados.  Ciertamente las naciones pueden jugar un papel importante, pero también los juegan las empresas y, lo que es más interesante, lo puede y debe jugar el individuo y sus formas habituales de organizarse, las ongs.

Ahora el enfoque da a los ciudadanos mucho más protagonismo:  podemos «librar batallas» en los terrenos personales (moderando nuestro consumismo, por ejemplo), en los terrenos asociativos (a través de la lucha ecologista), en los terrenos empresariales (fomentando líneas de actuación ecológicas en nuestras empresas:  promoción del reciclaje, utilización de energías más limpias, etc.), y en los terrenos políticos habituales (obligando a los partidos políticos a que varíen su línea en política de defensa para defender lo que realmente es importante, la seguridad ecológica).

6.-  ¿Cuáles pueden ser los objetivos de una seguridad ecológica?

Aquí puede haber múltiples propuestas y muchas de ellas loables y perfectamente válidas.  Un buen resumen, o un buen punto de partida sería lograr los objetivos del milenio.  Si luchamos para lograrlos, nuestra seguridad ecológica, nuestra calidad de vida y nuestras posibilidades de supervivencia como especie se multiplicarían.


Un nuevo think tank en Defensa: GESI

26 de mayo de 2012

Inicio

Fuente:  Grupo de Estudios en Seguridad Internacional.

Hoy nos hacemos eco de una web sobre temas de defensa promovida por profesores de varias Universidades (Universidad de Jaén, U. de Barcelona, U. de Granada, U. Pablo Olavide de Sevilla y U. de Valencia) españolas que desde hace años investigan e imparten docencia sobre aspectos concretos de la seguridad y la defensa, y que han creado una red informal de trabajo en la que también participan profesionales externos al ámbito académico.

Trata de temas de armamento, política de exteriores y seguridad, terrorismo, política de defensa, conflictos armados y seguridad energética.

También hacen jornadas sobre seguridad y defensa, yihadismo, …

Un nuevo blog, una nueva opinión, nuevos datos y análisis.  Todo ello muy valioso en un mundillo como el del militarismo en el que muy poco se mueve.  Por lo tanto, todo ello muy valorable.

Pero, … ¿Cómo se financian?  ¿Quién les subvenciona?  Lo desconocemos, pero sí hemos publicado en otras ocasiones que, por ejemplo, la Universidad de Jaén hace unas jornadas de exaltación militarista, o que las universidades se abonan a las subvenciones del Ministerio de Defensa para hacer propaganda del militarismo.

En fin, por sus obras y opiniones les conoceremos y habrá que leerles atentamente.  Un saludo.


España no tiene enemigos militares pero sí riesgos (el engaño terminológico)

25 de mayo de 2012

Fuente:  Propuesta para la implantación de una Estrategia de Seguridad Nacional en España.   Félix Arteaga, con la colaboración del Grupo de Trabajo sobre Estrategias de Seguridad Nacional del Real Instituto Elcano.  Área:  Seguridad y Defensa.  Documento de Trabajo 19/2011.  16/12/2011

Entonces, el mundo era sencillo.

¿Recuerdan aquellas épocas, quizá no más felices pero sí más sencillas, en las que hablar de Defensa era hablar de que no invadiesen a España?

Entonces había sensación de que nos podían invadir, no en vano éramos la reserva espiritual de Occidente y el punto más neurálgico de la bola del mundo.  Entonces había que vigilar, era claro, los Pirineos ante la invasión soviética.  También el Estrecho y, un poco de reojo, a Marruecos (aunque no mucho porque realmente sabíamos que no nos podían invadir mucho).

También era claro (más para los militares que para la mayor parte de los civiles) que el enemigo era interior y que, por tanto, el despliegue debía ser masivo y territorial.  La militarización debía ser total  en lo político, en lo económico y en lo social.

Entonces, las cosas estaban claras.  Además, en España ni se discutían.

Ahora el mundo es complicado.

Luego entramos en democracia, se iniciaron los debates, la libertad de prensa y de opinión, el control parlamentario, la internacionalización de España para que «lográsemos ocupar el lugar preeminente que nos corresponde en el concierto de las naciones».    Tras el pago del canon obligatorio que supuso la entrada en la OTAN (previos acuerdos bilaterales con EE.UU y la consiguiente pérdida de soberanía nacional) entramos en Europa perdiendo un referéndum cuya redacción se traicionó al tiempo.

Así, nuestra soberanía en términos de defensa dejó de pertenecernos y pasó a estar en manos de los que realmente cuentan.

Nosotros fuimos tan felices porque estábamos en la pandilla del más fuerte.  Ahora estamos pletóricos porque el más fuerte nos pide ayuda una y otra vez y parece que no puede vivir sin nosotros y sin nuestra anuencia sumisa.

¿Qué hay que defender?

Este debate se ha complicado mucho.  Ahora casi ningún español puede estar al nivel de opinar sobre ello.  De hecho, ni la mitad ni la cuarta parte de los doscientos y pico generales que nos dirigen entran en este debate.

Además, los parlamentarios lo tienen vedado, a ellos nunca se les pregunta sobre la materia, no lo han votado ni una sola vez (tan sólo se les informa de lo que se ha decidido previamente).

Lo deciden los expertos y lo comentan los periodistas o tertulianos especializados en comentar cosas en general. Comentan desde su chusca experiencia de cuando hicieron la mili y normalmente sin ningún atisbo de pensamiento crítico y mucho menos alternativo.

Sin embargo, a nosotros nos parece un  debate clave.  ¿Qué debemos defender?  Con ello se ha de organizar la defensa, se han de declarar los enemigos, se ha de definir la estrategia y se han de implementar las tácticas.

Por ello queremos popularizar este debate un poco.  Para ello vamos a partir de una tabla que nos ofrece Félix Arteaga, en el análisis referenciado arriba.

Enemigos o riesgos.

Lo primero que queremos hacer notar es que parece que se la cogen con papel de fumar y ya no se habla de enemigos sino de un término mucho más etéreo e indefinido como son los riesgos.

El detalle nos puede parecer puramente terminológico pero tiene su enjundia:  un enemigo lo es o no lo es, lo demuestra con sus actos y políticas;  en cambio un riesgo, …

Un riesgo siempre existe, un riesgo puede ser y en la mera potencialidad encuentra su razón para estar siempre presente.

Fijaos en la problemática:  si no existiese enemigo no habría necesidad de defensa.  ¡Toma!  Y, evidentemente, esto no es asumible por los militares ni, tampoco, por los militaristas civiles que hacen negocios con las guerras.  Sin embargo, si logramos transferir el debate a riesgos, no hay ningún peligro de desaparición, porque riesgos siempre va a haber, al menos potenciales.

Nosotros abogamos por lo sencillo:  ¿Tiene España enemigos?  Si preguntamos a los militares nos van a asegurar que no.  Que actualmente no tenemos enemigos que justifiquen un despliegue y un gasto militar como el presente.  Francia no es un enemigo, Portugal tampoco, no lo es Marruecos, …

Arteaga nos sirve esta tabla sobre los riesgos que varios países (y están los grandes, por lo cual la tabla es bastante indicativa de por dónde van las políticas actuales) han definido en sus estrategias de seguridad nacional, además, nos ofrece una pequeña explicación sobre qué son riesgos:

Riesgos identificados en las estrategias de seguridad nacional vigentes

Riesgos

Estrategia/País

Terrorismo EEUU, Reino Unido, Francia, Rumanía, Hungría, Estonia, Canadá, España
Proliferación EEUU, Reino Unido, Francia, Rumanía, Hungría, Polonia,Canadá, España
Conflictos en Estados frágiles/regionales EEUU, Reino Unido, Rumanía, Hungría, Polonia, Canadá,España
Suministro materias primas/energía EEUU, Polonia, Estonia, España
Efectos cambio climático EEUU, Países Bajos, Polonia, Estonia
Desastres naturales Reino Unido, Finlandia, Francia, Países Bajos, Hungría, Canadá,España
Riesgos patrocinados por Estados Reino Unido
Uso fuerza armada/atentado o ataque armado al territorio Finlandia, Países Bajos
Riesgos asociados a las migraciones Finlandia, Hungría, España
Perturbación grave de las infraestructuras Finlandia, Estonia, Canadá, España
Perturbación grave de la actividad económica/flujos comerciales Finlandia, Países Bajos, Hungría, España
Espionaje Francia, Canadá
Grandes tráficos ilícitos/crimen organizado Francia, Rumanía, Polonia, Estonia, Canadá, Reino Unido
Epidemias EEUU, Francia, Países Bajos, Hungría, Estonia, Canadá, ReinoUnido
Tensiones sociales EEUU, Países Bajos, Polonia, Estonia
Ciberamenazas EEUU, Reino Unido, Estonia, España
Corrupción Estonia

Los riesgos pueden concretarse en modalidades de agresión tanto en ámbitos físicos o virtuales sobre los espacios terrestres, marítimos, aéreos/espaciales o cibernéticos –los denominados global commons– donde se desarrollan actividades vitales para la sociedad que permiten la prestación de servicios públicos y el flujo de personas, bienes, materias primas y energía. El funcionamiento en red de las relaciones sociales o de los servicios públicos obliga a proteger las infraestructuras críticas y los flujos de suministro einformación que son esenciales para el funcionamiento normal de las sociedades avanzadas.

Otro grupo de riesgos tiene que ver con los desastres naturales o accidentales debidos a la mano del hombre. Comprenden circunstancias peligrosas, disruptivas o letales, derivadas de los progresos tecnológicos y fenómenos naturales como terremotos, incendios, inundaciones o epidemias, entre otros. Son los riesgos que ocupan la parte alta del espectro de la protección civil, cuya prevención y respuesta precisa una intervención estatal para restaurar cuanto antes la normalidad (resiliencia). Las valoraciones de riesgos reflejan la preocupación de las sociedades por la delincuencia trasnacional y los tráficos ilícitos, no sólo por sus efectos sobre la seguridad y patrimonio individuales, sino también por sus efectos negativos sobre la convivencia y la cohesión social o sobre la integridad y eficacia de las instituciones que gobiernan la sociedad. Finalmente, se consideran como riesgos a la seguridad nacional las actividades de espionaje económico e industrial o las que perjudican la estabilidad económica y financiera  de un país,  así como las que ponen en peligro la convivencia y la paz social.

La Estrategia Española de Seguridad aprobada en 2011 incluye como amenazas y riesgos los conflictos armados, el terrorismo, el crimen organizado, la inseguridad financiera y económica, la vulnerabilidad energética, la proliferación, las ciberamenazas, los flujos migratorios no controlados, las emergencias y catástrofes, la protección de las infraestructuras, suministros y servicios críticos, mientras que considera la globalización, el desequilibro demográfico, la pobreza y desigualdad, el cambio climático, los peligros tecnológicos y las ideologías radicales y no democráticas como factores que potencian los riesgos y amenazas anteriores. 

Analizar estas frases es obligado:

  1. Ya no sólo hay que defender nuestro territorio, nuestra sociedad dentro de sus fronteras, sino que es necesario defenderlas en cualquier parte del globo.  Para ello se alega que el flujo de materiales y energía nos es imprescindible, así como que no podemos renunciar a nuestra estabilidad económica y financiera.  Aquí queremos recordar que, eso sí, con un lenguaje muy distinto, lo mismo decían los nazis alemanes u otros imperialistas que de los que aún quedan por el mundo.  Además, si nuestra defensa desborda nuestras fronteras y se mete en casas ajenas, estamos generando conflictos en los que la parte ilegítima somos precisamente nosotros.  No se sostiene.
  2. Se abre mucho el concepto de qué hay que defender:  catástrofes, pobreza, desequilibrio demográfico, el cambio climático, …  En esto estamos de acuerdo y es muy interesante.  Parece que ya no sólo hay que defender el territorio, la bandera, la soberanía nacional, las fronteras.  Sin embargo, a esta apertura en el qué hay que defender habría que acompañarla de una apertura semejante en quién decide qué hay que defender.  Si se consultase a la sociedad en cada uno de los estados, quizá nos llevaríamos muchas sorpresas y veríamos que la gente lo que quiere defender son otras cosas más coherentes con una vida mejor, más digna y solidaria, más justas con otras sociedades y con el medio ambiente:  la educación, la sanidad, la calidad del medio ambiente, la justicia social, las relaciones internacionales solidarias y cooperativas, la lucha contra la pobreza, contra el sida, contra la malaria, contra las guerras, contra las dictaduras militares o civiles-militares, …
  3. En coherencia con lo anterior (qué hay que defender y quién decide qué hay que defender) sería necesario que la sociedad se plantease e hiciese llegar sus opiniones a los gobernantes militaristas cómo hay que defender lo que queremos defender.  Quizá lo lógico no sería usar métodos militares, violentos, las guerras, las injerencias, el imperialismo, el comercio y producción de armas;  sino políticas noviolentas como las que usan las ongs para potenciar el desarrollo solidario, el comercio justo, la alfabetización, la sanidad, …

Señoras, señores, la pelota está en su tejado, suya es la responsabilidad:  ¿qué y cómo quieren defender?, ¿cuáles son nuestros enemigos o los riesgos que nos acosan?, ¿quién tiene el derecho y deber de decidir las políticas de defensa?


Todo encaja: la doctrina del shock

3 de mayo de 2012

Os recomendamos muy encarecidamente que veáis (y con mucha atención) el siguiente vídeo.

Ciertamente es una hora y cuarto, pero merece muchísimo la pena.

Nosotros hemos entendido que algunas cosas dentro de este esquema de pensamiento encajan perfectamente, por ejemplo, siempre nos había llamado la atención una realidad que reconocemos existente pero que no llegábamos a entender del todo:  está claro que todos los servicios públicos se están poniendo en manos privadas.  Pensábamos (también lo defiende en el vídeo Milton Friedman) que esto no sería llevado a cabo para los servicios de defensa.  No entendíamos que el Estado quisiera desprenderse del control de aquello que, precisamente, les da el control absoluto.  Sin embargo, tras oír las declaraciones en el vídeo de Runsfeld (anterior secretario de defensa norteamericano) hemos entendido que da igual.  Que cuando los que quieren privatizarlo todo llegan al poder, lo privatizan.  Y se quedan tan anchos porque, en el fondo, luego va a quedar el control en sus manos, sus manos privadas, en sus propias empresas privadas (véase concretamente, Blackwater).

También nos ha gustado el vídeo porque relaciona varios sucesos históricos (inicio de la dictadura chilena de Pinochet, inicio de la dictadura argentina de Videla, intervención armada de la Gran Bretaña de Thatcher en las Malvinas, guerra contra el terrorismo, etc.) con la idea económica de la ideología ultraliberal o neoconservadora de Milton Friedman y sus «Chicago boys».

También nos ha gustado porque nos va recordando, una y otra vez, que las propuestas neoliberales nunca han funcionado para los países a los que se les ha obligado a adoptarlas (sin embargo, sí ha sido muy lucrativa para aquellos países, Estados Unidos sobre todo, que nunca las han adoptado, pero las preconizan para los demás).

Por último, lo aconsejamos porque el miedo, la idea de inevitabiliad de las reformas contra la gente común, el proteccionismo de los ricos, la liberalización de servicios públicos a ultranza, etc., de otras épocas las estamos viviendo en primera persona en esta.  Todo parece un plan, todo parece una lucha a largo plazo que busca, sin ningún disimulo, que los ricos sean más ricos (aunque ello convierta en más pobres a los pobres).

Esperamos vuestros comentarios.  Que os guste y os sea útil para reflexionar en estos días previos al primer aniversario del 15 M.

Por nuestra parte, volvemos a remarcar la importancia medular y central que tienen el militarismo, la guerra, los ejércitos y la violencia en todas esta políticas.

Por lo mismo, pensamos que nuestra lucha a favor de un modelo de defensa noviolento y participativo en el que la sociedad pueda decidir qué y cómo quiere defender es crucial para las propuestas alternativas.

Mucho ánimo en nuestras luchas comunes porque es muy importante que, una y otra vez, retomemos fuerzas desde la concienciación.


Felicidad interior bruta frente a producto interior bruto

28 de abril de 2012

Fuente:  Agendaviva.com

Es imprescindible que nos replanteemos nuestra contabilidad, también la contabilidad de cómo somos más ricos y qué es lo que nos interesa en los grandes parámetros.  Así, cada vez son más las críticas a tener como única vara de medir el Producto Interior Bruto.  Producir y producir, ¿para qué?  Para consumir.  Y consumir, ¿para qué?  Para consumir y para producir.  Un círculo vicioso que llega a ser asqueroso, sobre todo por las consecuencias económicas (desigualdades, injusticias) y ecológicas (rapiña al medio ambiente) que tiene.

Tener otro tipo de contabilidad distinta nos haría valorar otros factores y ser conscientes de que su promoción nos puede ayudar a ser más felices como ciudadanos, como habitantes del planeta, como trabajadores y como personas.

Nos proponen el índice de «felicidad interior bruta».  Así dicho parece una idea lilili de lo más.  Sin embargo vamos a ver qué es lo que lleva dentro la propuesta.  En definitiva se basa en cuatro pilares:

  • La equidad en el desarrollo económico y, sobre todo, un crecimiento que redunde en toda la población y especialmente en los más desfavorecidos.
  • La sostenibilidad del desarrollo basada en el respeto a la naturaleza.
  • La tradición y la cultura.
  • La buena gobernanza, la gestión pública honrada y correcta, que los gobernantes piensen, sobre todo, en cómo hacer vivir mejor al pueblo.

Evidentemente, todo es discutible y habría que precisar los términos anteriores para poder estar a gusto con ellos.  Sin embargo, aunque sea con una mirada somera, nos es fácil adherirnos a la opinión de que esta contabilidad es mucho mejor y más completa que le PIB.

Parece que la idea se va desarrollando poco a poco y hay una página que nos da información estadística sobre diferentes parámetros.

Da para pensar y nos debería servir como modelo para reordenar nuestras actitudes y políticas.


Nauseabunda propaganda militarista y violenta del JEMAD holandés.

5 de marzo de 2012

Fuente:  Revista Atenea.

«¿Qué lleva a una persona a elegir un arma como su instrumento para luchar por construir un mundo mejor? El general Peter van Uhm, Jefe del Estado Mayor de la Defensa de Holanda, cuenta, en una conferencia de la organización TED (ideas worth spreading), cómo el recuerdo de la liberación de su ciudad por parte de los soldados aliados en la Segunda Guerra Mundial le llevó a abrazar las armas, en señal de respeto y gratitud hacia ellos. «No para disparar, matar o destruir, sino para detener a los que hacen el mal, para proteger a los vulnerables y para defender la libertad»».  Además, luego nos contará que lo hace por nosotros, para nosotros y que todo en la milicia es sacrificio personal por el bien general.  Vean y escuchen el vídeo es un gigantesco esfuerzo por convencernos de que la guerra es la paz y de que la violencia es la paz.

¡Olé a la pirueta mental con triple tirabuzón!  En definitiva, los militares son los defensores de la paz, los máximos defensores de la paz.  Los demás les debemos la paz, los demás somos unos ingratos por no reconocerles sus denodados esfuerzos para que nosotros estemos en paz.

De la mejor propaganda militarista.  Pero olvidan algunos datitos que nosotros (malévolamente) pasamos a recordar:

1.-  Las armas (y las guerras) son un negocio.  Un negocio en el que Holanda, España y el Primer Mundo salen beneficiados, mientras que el Tercer Mundo sale siempre pagando deudas con sus vidas, su libertad, sus recursos naturales, su medio ambiente, etc.

2.-  Se equivoca Van Uhm cuando dice que las armas no son parte de nuestra vida.  Lo son y de manera notable.  Lo que pasa es que en nuestros países están ocultas.  Pero nuestros impuestos subvencionan industrias armamentísticas que exportan muerte, nuestros soldados armados en supuestas operaciones de paz generan situaciones que hacen crónicas las causas de las guerras.  Nuestros ejércitos y sus armas nos privan de inversiones civiles que serían mucho más útiles socialmente.

3.-  Holanda es un país seguro en el que no vemos militares patrullando las calles.  Y lo es porque una buena parte de la política económica de Holanda (y de España y del Primer Mundo), junto a una buena parte de la política internacional y de cooperación, etc., está dedicada a mantener un sistema intrínsecamente injusto en el que unos pocos nos beneficiamos porque hay muchos que sufren.

4.-  El ejército es un gran generador de violencia directa, estructural y cultural.  En este sentido se podría considerar que el ejército holandés (y el español y los de los países del Tercer Mundo) son los señores de la guerra que intimidan, que oprimen, que hacen terrorismo estructural y cultural para mantener este sistema internacional tan injusto y solidario.  Sin ellos no sería posible su mantenimiento.

5.-  Muy bonita y muy bien elegida la historia del padre del general Van Uhm.  Impresionante.  Con ella se puede justificar toda la industria militar, todo el complejo militar-industrial, se puede justificar toda la investigación militar.  Es una historia sencilla:  con mejor armamento, el padre de Van Uhm podría haber hecho algo contra los nazis, con armamento viejo no pude hacer nada.  Pero es una historia que además de sencilla es simple y falsa.  La realidad no es sólo lo que él cuenta con mucha intención para ganarse emocionalmente al auditorio.  Seguro que muchos otros hijos pueden contar historias sobre el valor de sus padres cuando noviolentamente hicieron frente a los nazis y ocultaron judíos, sabotearon tropas, desobedecieron las leyes nazis y crearon estructuras clandestinas alternativas que ayudaron a los holandeses a resistir y a tener esperanzas de un mundo mejor porque ya lo practicaban noviolentamente. Donde las armas fracasaron otras metodologías plantaron resistencia.

6.-   Van Uhm y los militares escriben la historia y ello es otro problema.  Si ellos la escriben y sólo hay historia militar, no puede haber alternativa y menos de carácter noviolento.  Sin embargo, podríamos invitar, pedir, rogar, exigir -incluso- a los promotores de estas charlas que buscasen esta otra alternativa noviolenta.  Nos sorprenderíamos porque seguro que la encontrarían y que habría mucho donde elegir.  Y, muy posiblemente, serían historias más conmovedoras, más humanas, más solidarias que el militarismo que nos pretende vender Van Uhm.  Pero nunca tenemos la palabra.  Nunca existimos.

7.-  Las armas no son el instrumento más importante para la paz.  Lo son para la guerra.  Para la paz existen muchos otros instrumentos mucho más importantes y eficaces, por ejemplo la noviolencia, la desobediciencia civil, las resistencias noviolentas, la solidaridad internacional, el tabajo por la justicia, la educación, …

8.-  Alega Van Uhm que en los últimos 500 años ha disminuido la violencia en los países desarrollados, que ya no son frecuentes la guerras entre ellos, que ha disminuido el nivel de homicidios.  Y es cierto.  Y lo es porque ahora nos dedicamos a exportar violencia y guerras a los países del Tercer Mundo.  ¡Qué cinismo!. Pero, a la vez ¡el Siglo XX es, con mucha distancia, el siglo donde más muertos y destrucción ha habido por guerras y el Siglo XXI acaba sus diez primeros años con más de 20 guerras e vigor!

9.-  Alega también que gracias al monopolio estatal de la violencia ésta ha disminuido.  ¡Qué ceguera!  Sin embargo, la realidad es muy distinta:  la violencia ha aumentado porque los estados, respaldados por las armas imponen otros tipos de violencia tan dura como las guerras:  el comercio internacional injusto, la degradación del medio ambiente, la militarización de todos los conflictos, el imperialismo de la cultura violenta a nivel mundial.  La elección democrática de un gobierno por mayoría no puede ser nunca la justificación ética de una masacre, de una intervención, de un sistema económico internacional expoliador e insolidario.


Análisis de los ranking de paz y de los parámetros en los que se basan y propuesta de algunas alternativas.

24 de febrero de 2012

Fuente:  visionofhumanity.org

Para promover una cultura de paz se suele usar diversos indicadores.  Uno de ellos son los índices de paz que promueven varias instituciones.  Estos índices son aproximaciones más o menos logradas a las realidades de los países.

Hoy nos vamos a dedicar a analizar cuáles son los indicadores de paz para este índice porque pensamos que los índices como éste dependen de la idea de paz que se maneje.  Con ellos queremos aprender qué se valora para establecer que una nación es pacífica:

1.-  Nivel de conflictos internos organizados.  Este primer parámetro es curioso porque un alto nivel de conflictos internos no tiene por qué ser un indicador negativo de paz en un país, puede ocurrir que una sociedad se encuentre en un periodo de lucha pro derechos civiles pero lo esté haciendo desde la noviolencia y ello debería ser valorado muy positivamente.  Otra cosa sería que analizaran el nivel de conflictos internos violentos.

2.-  Número de militares o personal armado por cada 100.000 habitantes.  Habría que hacer una distinción entre personal militar incluyendo a la policía o no.  De todas maneras nos parece que países que dedican mucho personal a fuerzas armadas sí que tienen unas estructuras que han de mantener económica y culturalmente y ello deriva en una escasa salud pacífica.

3.-  Importaciones de armas.  Lógico, cuantas más armas, mayor peligro de violencia en cualquier conflicto.  Un estado que debe mantenerse por el uso de las armas indica que no sabe gobernar por medios democráticos y de diálogo.

4.-  Número de armas pesadas. Sigue la misma  lógica. Las armas pesadas son de un carácter destructivo muy significativo e incrementan el gasto militar.

5.-  Exportación de armas.  Esto nos habla de que la paz no es sólo una cuestión interna.  Producir armas y exportarlas significa exportar conflictos y que los demás países te vean como un enemigo y un gestor violento de las crisis fuera de tus fronteras.

6.-  Gasto militar.  Cuantas más armas, más ejércitos y más gasto militar, menos gasto para fines sociales.  Si hubiese más gasto socialmente útil serían innecesarias las armas porque habría más paz social.

7.-  Número de conflictos internos y externos en los que se lucha. Plantea principalmente la actividad armada de los ejércitos. Cuanto más intervienen menor paz, de donde se deduce la incompatibilidad de ejércitos y paz.

8.-  Porcentaje de población encarcelada.  Es un buen medidor porque la paz no es sólo la ausencia de guerras o conflictos violentos.  Hay una violencia estructural que genera pobreza, hambre, …;  y una violencia cultural que generan discriminación racial, sexual, …; ambas originan violencia directa que provoca penas de cárcel.

9.-  Nivel de delitos violentos (redunda en el análisis anterior).  Indica el clima de violencia latente en una sociedad, aunque es un dato equívoco: en sociedades muy injustas pueden existir muchos delitos violentos como consecuencia de la violencia estructural.

10.-  Número de homicidios. Indica lo interiorizada y justificada que está la violencia en una sociedad

11.-  Número de muertes en conflictos internos. es un indicados, como los anteriores, que indica el clima de violencia latente.

12.-  Peligro potencial de actos terroristas.

13.-  Inestabilidad política (mide el grado en el que las instituciones son estables para soportar las demandas de los ciudadanos).  Sería discutible porque una dictadura puede tener instituciones muy estables pero esta estabilidad puede estar basada en el uso de la violencia, lo cual sería contradictorio para el ránking de paz.  Una situación de inestabilidad política, por otro lado, puede derivar en una mejora de los derechos humanos, de las libertades, etc., como han demostrado los sucesos de la primavera árabe.

14.-  Capacidad militar (mide la sofisticación de la institución militar y su nivel de investigación y desarrollo).  Nos parece adecuado pero vemos necesario describir bien a qué se refieren con sofisticación militar.  El argumento es similar a uno anterior:  cuanto más se dedique a investigación y desarrollo militarizado menos se va a dedicar a investigación y desarrollo socialmente útil.

15.-  Falta de respeto a los derechos humanos. Es un índice que señala la vinculación entre la paz y la justicia.

16.-  Contribución a las Operaciones de Paz.  Este parámetro nos parece muy relativo, incluso realmente negativo.  Lo primero que habría que demostrar es que las Operaciones de Paz realmente contribuyen al desarrollo de la paz en los países donde se establecen.  Los datos no parecen indicar avances apreciables en este sentido.  Actualmente las operaciones de paz no se deciden de manera demasiado democrática por los países del mundo, además, suelen estar altamente militarizadas y si nos atenemos a los demás parámetros del ránking no se entiende por qué lo que no es válido (la militarización) en general va a ser válido para el tema concreto de las operaciones de paz.  En nuestra opinión, las Operaciones de Paz, lejos de sumar puntos en el ránking de paz deberían bajarlo.

17.-  Número de personas desplazadas.  Aquí pensamos que también se deben contabilizar los desplazados internos que en países muy grandes como India, China, Colombia, … son un porcentaje importante de las personas que sufren directamente las consecuencias de las guerras.

18.-  Calidad de las relaciones con los países vecinos.  Mide el clima de cooperación o enemistad en las relaciones entre países e incide en uno de los aspectos potenciadores del militarismo y la guerra, que es la construcción estereotipada del enemigo y las pretensiones de cara a los otros países

19.-  Manifestaciones violentas. Incide en a legitimación de la violencia en una sociedad.

20.-  Acceso de la población a las armas. Se entiende que las armas son perjudiciales y el libre acceso a estas un potenciador de los impulsos violentos y contrarios a la paz.

21.-  Nivel de percepción de la criminalidad.

22.-  Cantidad de policía, milicias o cuerpos paramilitares.

¿Se podrían completar esta lista con otros parámetros?  En nuestra oponión, es posible establecer otros parámetros que nos parecen muy importantes:

a.-  Presencia o ausencia en organizaciones internacionales militares. Las organizaciones militares implican y practican un alto grado de violencia y de conflictos.

b.-  Presencia o ausencia de bases militares de países extranjeros. Nuevamente se refiere a la preparación de la guerra y al aumento de preparación militarista como un desincentivo a la paz.

c.-  Número de universidades, instituciones y ongs pacifistas, antimilitaristas  y noviolentas. Supone la aportación cultural a la construcción de la paz. La ausenicia de estos instrumentos denota el desinterés o el desprecio cultural por la paz.

d.-  Presupuestos dedicados al apoyo de las anteriores instituciones.

e.-  Grado de promoción de una cultura de paz mediante inicitivas escolares para la promoción de estudios sobre pacifismo, estudios de resistencias pacíficas a las guerras, …. Señala el aspecto educacional y de cambio de mentalidad de la paz.

f.-  Calidad y cantidad del control parlamentario de la política militar.  Señala el control político sobre la defensa y en su caso la autonomía o impunidad de lo militar.

g.-  Existencia de planes de reconversión de la industria militar y su grado de ejecución. Señala el desarrollo o no de un proceso de desmilitarización del mundo de la seguridad.

h.-  Porcentaje de la cooperación al desarrollo vinculada a la promoción de la objeción de conciencia en el extranjero y ligada al respeto de los derechos humanos. Igualmente señala el apoyo institucional a la causa de la paz.


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