La militarización de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

9 de diciembre de 2012

Entrega de ayuda humanitaria a la parroquia Capiro

Fuente: Artículo publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanario Es Hora.

A estas alturas nadie se sorprende de la creciente “remilitarización” que están sufriendo desde aspectos sociales a ecológicos, económicos, tecnológicos, de orden público y hasta la inmigración, la protección civil y tantos otros que anteriormente estaban en el ámbito civil.

Este retroceso en el proceso de “civilización” o “ciudadanía” de nuestra sociedad forma parte de la actual lógica neoliberal de refuerzo de los mecanismos de disciplinamiento social y de las estrategias de dominación y violencia desarrolladas por parte de la élite y aplicadas a escala tanto local como planetaria.

Lo que tal vez la sociedad no conozca todavía es hasta qué punto el militarismo y su concepción de los conflictos y de la organización del mundo ha penetrado hasta los estratos más ajenos a la dimensión militar, como es el caso de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), donde aparentemente se buscan estrategias de lucha contra las causas estructurales y culturales de la pobreza y de la desigualdad y se aspira a otro modelo de desarrollo basado en la dignidad de todos los seres humanos, en la promoción de los derechos humanos a escala global y en la solidaridad entre los pueblos.

La cooperación de la Agencia Española de Cooperación Internacional por el Desarrollo (AECID) con el militarismo español.

En el caso español, la penetración del militarismo en la AOD es vergonzosa y, dado que tiene un componente económico que se hace pasar por cooperación cuando en realidad es remilitarización, escandalosa.

Por qué no levantan el dedo de forma más alta y eficaz las ONG que se dedican al desarrollo es algo que causa perplejidad, cuando no preocupación.

Empecemos por decir que la AECID, la agencia española desde donde se canaliza la cooperación al desarrollo de ámbito nacional (hay además mecanismos de cooperación de ámbito autonómico, local, etc.) no sólo colabora de forma asidua con el Ministerio de Defensa, sino que ha institucionalizado un marco de relación mutua mediante los llamados Planes Operativos Anuales (POAs), que definen las acciones conjuntas AECID-Ministerio de Defensa, de AOD. Los POAs vienen celebrándose anualmente desde 2002 y su “fundamento” de partida es un “Convenio Marco de Colaboración” firmado en el año 1996 entre la Dirección General de Política de Defensa (DIGEMPOL) y la AECI, actualmente AECID.

Este tipo de acuerdos permite al ejército ejecutar programas de AOD financiados por AECID y de “interés mutuo” que suelen referirse a cursos impartidos por los ejércitos españoles en materias de “operaciones de paz”, prevención de conflictos, o de “formación prioritariamente en el área de desminado” (cursos que se realizan en las instalaciones militares de Hoyo de Manzanares y que se dan a ejércitos de otros países), aunque suele añadirse la coletilla de que pueden desarrollarse otras actividades de mutuo interés.  Aquí nos preguntamos si no sería mucho más colaborador con el desarrollo la no producción de armas y minas, más que enseñar, luego cómo ha de desminarse.  Es curioso, pero en ambos perversos procesos somos nosotros los que nos lucramos.

Junto con ello, AECID financia otras actuaciones del militarismo patrio, principalmente en intervenciones que éste ha venido realizando en escenarios de conflicto, pero sobre todo, en Afganistán, donde hasta la fecha el papel del ejército español ha sido más que relevante y se han encubierto como AOD infraestructuras de interés táctico militar pero muy remotamente de apoyo al desarrollo real de la población.

En este caso, junto con el abastecimiento de agua, construcción de escuelas y la rehabilitación de carreteras (de un alto valor militar) propiciadas por AECID, se ha hecho pasar por AOD la construcción de una pista de aterrizaje y la creación de un hospital de apoyo a los militares en la zona (que esperemos que una vez se marchen revierta en la población local de forma plena, aunque no está garantizada su sostenibilidad). El Ministerio de Defensa, amén de recibir esta cooperación ha propiciado a los trabajos de la AECID la seguridad militar necesaria.

La AECID, además, ha contribuido a la “cooperación cívico-militar” apoyando la articulación por parte del ejército español de unidades de diálogo con la población civil de los lugares en conflicto donde operan nuestros gloriosos tercios (unidades “CIMIC”), tales como Líbano o Afganistán. Dichas CIMIC son parte de la estrategia militar de implantación y buscan crear lazos con la sociedad civil de la zona para mejorar la imagen del ejército en la población. En este caso, ni siquiera desde el punto de vista teórico es sostenible que la colaboración de AECID con estos grupos responda a los principios de la AOD (por ejemplo la neutralidad, lo humanitario, la imparcialidad, etc.), lo cual no evita el apoyo mutuo entre ésta y Defensa.

La cooperación al desarrollo del Ministerio de Defensa.

Pero si nos resulta sorprendente que parte de la cooperación de AECID vaya destinada a colaboración con el militarismo o a desarrollo de intereses del Ministerio de Defensa, más nos sorprenderá lo que, además, el Ministerio de Defensa consigna en sus cuentas como “cooperación al desarrollo”.  Efectivamente, si revisamos el documento “Seguimiento del PACI 2010”, que recoge el monto total de AOD que las diversas administraciones españolas canalizan, podemos sorprendernos de afirmaciones como que en 2010 Defensa excedió los desembolsos programados inicialmente (en concreto los superó en un 226%) para destinar a AOD de sus presupuestos la cantidad de 25,6 mill. €, cifra por cierto inferior a los 43,7 que destinó en 2009.

Tenemos que alertar al lector que, por cierto, estos rubros no salen de los programas previstos en los presupuestos generales del Estado, o al menos no de forma transparente, sino del abusivo mecanismo de Defensa de otorgarse créditos extrapresupuestarios o con cargo al fondo de contingencia.

¿Dónde han ido estos dineros? En su totalidad a la llamada “AOD bilateral” y, por países, el 57,14% a Afganistán (donde mantener las CIMIC cuesta unos 60.000 € diarios durante el tiempo en que se han desarrollado), a Líbano el 35,7%, a Haití el 4,15, a Bosnia-Herzegovina el 1,7, a Mauritania el 0,26%, a Colombia el 0´5% y a Perú el 0,25. Si miramos para qué, nos sorprendería ver la distancia entre la idea de AOD y el uso para infraestructuras y objetivos militares a que se ha destinado esta ayuda.

Juzguen ustedes si están de acuerdo con militarizar, también, la cooperación al desarrollo.


¿Habla el Parlamento sobre el gasto militar?

6 de diciembre de 2012

El Congreso Navideño por jacilluch

Fuente: artículo publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanario Es Hora

Llama la atención la arbitrariedad de los partidos “con vocación de gobierno” para mantener la política de defensa fuera de la crítica y del debate público, pactando bajo cuerda una continuidad militarista que nos perjudica como sociedad y nos empobrece.  Un ejemplo notorio es el planeamiento militar, donde se definen cosas tan importantes como qué queremos defender, qué queremos gastar, qué tipo de armas utilizar, qué metodologías se quieren desarrollar, así como las implicaciones políticas de todo ello. Este planeamiento ni siquiera es deliberado en el Parlamento ni sometido al debate y conocimiento de la opinión pública, sino que se hace de espaldas a todos y sin que nadie mueva una pestaña.

Otro ejemplo es el de los presupuestos militares.  Habitualmente el gasto militar, con la plena complicidad de partido de gobierno y de su oposición, se esconde en partidas de otros ministerios, aparentando ser más bajo de lo que es (en los últimos presupuestos llegan a ser más de 7 € de cada 10 los que se esconden obscenamente).

Este estado de cosas opaco y poco democrático debería ser objeto de una crítica feroz por una oposición que se dice a sí misma alternativa, pero …

Si nos fijamos en la calidad de las intervenciones de la oposición en la Comisión de Defensa del Congreso, la respuesta no es alentadora. Tampoco si miramos el número de impactos “mediáticos” de las opiniones de la oposición en temas de defensa, ni de la capacidad de, al menos, alterar la agenda de silencio impuesta por los partidos del poder. Menos aún en el “calado” que en la opinión pública tiene la visión “alternativa” de nuestra izquierda parlamentaria.

¿Y si vemos las enmiendas planteadas a los presupuestos generales (PGE)?

En este caso la respuesta no es ya la insuficiencia, sino el desaliento y la pena tanto por las oportunidades perdidas como por la incoherencia mostrada.  De las más de 1.700 enmiendas presentadas por la oposición a los PGE, menos del 1% corresponden a Defensa, lo cual apunta al desinterés o complicidad al respecto. De ellas, una parte importante las ha realizado Izquierda Plural.  El resto se reparten entre las de PSOE y UPyD (piden más gasto militar para cumplir con los programas de compra de armas, con los compromisos de pago de una deuda militar inmoral e impagable de más de 31.000 millones de €, o para dar a los militares prebendas en la compra de viviendas), y unas poquitas del grupo mixto (principalmente el diputado Tardá y la diputada Barcos, que piden el trasvase de partidas de i+d+i militar a fines socialmente útiles).  Otros grupos ni se han estrenado.

¿Qué decir de Izquierda Plural?

En primer lugar que se ha atrevido, de forma muy meritoria, a plantear una enmienda de fondo que critica el ocultismo del gasto militar, y la insolidaridad social de estas partidas en detrimento de las necesidades sociales. Que nosotros sepamos es una de las pocas ocasiones en que se llama a las cosas por su nombre en el apolillado Congreso.

Otro bloque de sus enmiendas, y ello también forma parte del buen ejemplo, pide el trasvase de partidas militares a necesidades sociales, pide la implementación de una cultura de paz apoyando a organizaciones pacifistas y centros de estudios de paz, o la reconversión de un antiguo acuartelamiento en centro cultural.

Estas enmiendas indican una orientación: el gasto militar no sólo debe aflorar, sino que se debe reducir, reorientar hacia necesidades sociales y provocar una reconversión de estructuras y de industrias militarizadas.

Pero también han hecho enmiendas pidiendo el aumento de gasto militar:  el aumento de carga de trabajo para Navantia, fabricante de buques de guerra, y entre otros para el proyecto “BAM II”, para construir buques diseñados para la intervención militar a miles de km.  También se ha pedido el aumento de gastos de personal en alguno de los organismos autónomos militares, para sustituir los blindados que usa España en operaciones en el exterior por otros mejores, o para mejorar las instalaciones de la base de San Gregorio (Zaragoza) y de la Capitanía Militar en Zaragoza (aunque en este caso la idea de fondo es que se acaben transfiriendo a las instituciones civiles). Afortunadamente, la huelga general hizo que este bloque de diputados no acudiera a votar sus propias enmiendas.

Intuimos la intención de las propuestas: apoyan en unos casos el trabajo en Cádiz, donde el paro golpea de forma escandalosa, aunque sea dando trabajo a Navantia. Consolidar o mejorar puestos de trabajo en organismos autónomos militares donde éste puede peligrar.

Podemos intuir, pero no compartir: ¿quién duda que el trabajo, puesto en peligro por las políticas neoliberales (de muy fuerte contenido autoritario y militarista), es una reivindicación justa y loable? Pero… ¿trabajo a cualquier precio?¿Al precio de fortalecer a la que aparece como la sexta flota del mundo y en su desempeño para agredir otros pueblos (y con ello otros trabajadores)? ¿Trabajo que beneficia a una industria militar subsidiada, agresiva, exportadora de guerras y que constituye un complejo de intereses político-industrial que ha generado una deuda escandalosa? ¿Se beneficia con este tipo de medidas al trabajo o a los dividendos de las empresas?, ¿a los trabajadores con sentido de clase o a los altamente cualificados técnicos en tecnología militar que actúan como mercenarios del trabajo?, ¿al desarrollo sostenible de Cádiz o a su dependencia del “monocultivo” militar? ¿Sacrificaríamos al dogma del trabajo a cualquier precio la aceptación de la reforma laboral, que en definitiva dará trabajo aunque precario y de baja calidad?

Como ha ocurrido en el pasado, la izquierda clásica, al igual que los sindicatos mayoritarios, han mantenido un discurso que minimiza las razones de coherencia pacifista y antimilitarista y maximiza las del trabajo, en vez de luchar por una reconversión de estas industrias inmorales hacia fines socialmente útiles y por el trabajo de calidad que genere desarrollo humano.

Mientras tanto, los movimientos alternativos hemos ido distanciándonos de propuestas que entendemos incoherentes e insolidarias. No entendemos este juego de doble rasero que depende de intereses cortoplacistas.  Tal vez por eso quede mucho por debatir con estas izquierdas para consolidar, también en materia de seguridad y defensa, un modelo alternativo.


La desobediencia civil en las luchas sociales actuales

19 de junio de 2012

sin título

Fuente: artículo publicado por utopía Contagiosa en el periódico semanal es hora.

Cada día que pasa nos vamos dando cuenta de una manera más evidente de que el sistema político, económico y de vida en que nos vemos inmerso es insostenible. Lo que antes parecían meras disfunciones y pequeños cortocircuitos que podían ser enmendados con leves retoques, hoy se nos muestran en su más descarnada realidad como síntomas de que es el modelo en su conjunto el que hace agua por los cuatro costados.

Si antes cualquier crítica a las instituciones era aplacada por los que deciden lo que se puede (o no) pensar y hacer, mediante su apelación a la legitimidad del sistema y a ese consenso social en cuya base estaba la Constitución que, decían, “nos hemos dado entre todos” y su reforzado sistema de garantías para los poderes y la oligarquía de siempre, hoy descubrimos que esos “todos” que se dieron la Constitución (los hoy mayores de 54 años) no son ni siquiera la mitad del censo y es el sistema, y no sus críticos, quien necesita justificarse en cada una de sus actuaciones, ante la avalancha de tropelías e injusticias que provoca.

Elitismo político, sobrerepresentación, oligarquización del poder, participación paternalista y clientelar, autoritarismo, falta de participación efectiva, ausencia de pluralismo real, manipulación política, creciente distancia entre los de arriba y los de abajo, aumento de la pobreza y la vulnerabilidad para amplias capas de la sociedad, recorte de derechos básicos, despilfarro, corrupción, gobierno de los banqueros, estafas, prevaricaciones, deuda impagable y sobreendeudamiento familiar sobrevenido, burbuja financiera e hipotecaria, despojo de la vivienda para las clases humildes, paro y precarización laboral, recortes en sanidad y educación, impuestos injustos, gasto militar e injerencia en guerras que ni nos van ni nos vienen, represión a los jóvenes y a quienes protestan, justicia parcial, prima de riesgo, intervención y ausencia de soberanía, el rey cazando elefantes y un largo etcétera, dan muestra de que es el sistema el que debe dar explicaciones de sus pasos y de sus razones.

En este contexto la acción directa noviolenta y la desobediencia civil aparecen hoy como dos herramientas de lucha social ineludibles. De hecho gran parte de la reflexión de los grupos surgidos a partir de las protestas de los indignados y de la acción con la que reivindican cambios reales en la conducción política, económica o social de la crisis tienen mucho que ver con ambas. Nosotros ya abordamos hace unos cuantos años estas dos herramentas en el libro “Manual de acción Directa Noviolenta” que se puede descargar con licencia creative commons en el enlace http://es.scribd.com/doc/16554150/manual-accion-directa-noviolenta

1.- Desobediencia civil

La desobediencia civil es una herramienta ya antigua y que goza en nuestro país de una amplia y rica literatura y lo que es más importante, de una reciente práctica política, la de los objetores de conciencia e insumisos frente a las leyes militares de reclutamiento forzoso.

 De forma muy simplificada puede describirse como una lucha colectiva y organizada de incumplimiento consciente, público y político a una ley o política “obligatoria” e impuesta por el poder, cuya finalidad es obligar a un cambio de esa ley o política.

La desobediencia civil puede participar de varios de los elementos de otros tipos de desobediencia a las leyes, pero tiene características propias que la convierten en una metodología y en una práctica singular y de un innegable contenido político:

•  Es una desobediencia; lo que comporta ilegalidad, enfrentamiento con la ley.

• Es una desobediencia pública, no oculta o escondida, que busca precisamente la publicidad como instrumento eficaz de desenmascaramiento de la perversidad que denuncia.

•  Es una desobediencia colectiva, no privada ni individualista.

• Es una desobediencia organizada en campañas previamente diseñadas y evaluables, que intenta ser implicativa, es decir, atraer al mayor número de gente.

• Tiene una intencionalidad práctica: conseguir logros, no ser puramente testimonial o victimista.

• Debe ser respetuosa con los “derechos humanos”.

• Se asumen las consecuencias de la acción desobediente como una parte importante de la propia estrategia política desde la que aprovechar nuestras oportunidades de acción, sensibilización social y rechazo de las imposiciones legales o políticas que se combaten.

La idea de la desobediencia civil, desde nuestro punto de vista, ha contado con dos enfoques distintos y, a veces, enfrentados:

  • Para el primero de ellos es un modo de apelar a la opinión pública o a la sociedad con la intención de que se sensibilice y movilice contra determinadas leyes o políticas que se consideran injustas o para que muestre su rechazo a determinadas políticas gubernamentales, provocando con ello un cambio.

Dicha concepción tendría una vocación reformista y puntual, es decir, pretende cambiar leyes injustas dentro de un marco global de aceptación del sistema político. Desde este punto de vista, y puesto que apela a la perversión de determinadas políticas o leyes, sus justificaciones pueden ser legales (los valores principales de las constituciones), éticas (los valores comunes compartidos por la sociedad), políticas (los fines que persigue una sociedad política), filosóficas (los ideales de justicia y bien común compartidos), etc.

  • Para el segundo, la desobediencia civil tiene una característica diferente, y su apelación al incumplimiento de leyes no busca conseguir meras reformas legales o el cambio de políticas puntuales, sino servirse de la desobediencia para provocar transformaciones más profundas y movilizar a la gente a un cambio de postura política “más allá” del sistema.

Si utilizamos el símil de un teatro donde a cada protagonista le corresponde de antemano representar un papel, la primera desobediencia podría buscar cambiar algún párrafo del guión, o el papel de un/a protagonista del mismo, mientras que la segunda podría implicar la pretensión de, mediante la no colaboración, cambiar el guión de la obra, el escenario y l@s protagonistas o, incluso más, representarla en otro sitio diferente o fabricar una obra completamente nueva y antagónica con la primera.

En el momento actual, el debate sobre qué horizonte aspira a conseguir la desobediencia civil, está siendo rico dentro de los movimientos sociales que apoyan o se sienten parte del movimiento de indignados y, cómo no, dentro de la reflexión y la práctica del mismo movimiento de indignados.

2.- Desobediencia Civil desde el enfoque radical:

Nosotros creemos que la desobediencia civil donde, en la actualidad, tiene mayor densidad de contenido, es en el enfoque radical. Este conlleva otra serie de características que la definen más completamente:

• ES UNA DESOBEDIENCIA IDEOLÓGICA O POLITIZADA. Se encuadra dentro de un proyecto político alternativo al sistema mundial.

• BUSCA TRANSFORMACIONES RADICALES. Porque no se conforma con ir contra las consecuencias de un sistema global de injusticia y pretende incidir y atacar sus causas más profundas.

• ES POPULAR. Busca un trabajo asambleario, sin delegación y centrado en los intereses y posibilidades de la gente.

• ES ACTIVA. Promueve la implicación de la gente en todos los momentos de su desarrollo, desde el diseño hasta su ejecución y evaluación.

• ES PEDAGÓGICA. Quiere formar parte de un aprendizaje compartido de nuevas prácticas sociales.

• ES CONTINUADA. No aspira a atacar un hecho puntual ni se conforma con conseguir un logro concreto, sino que forma parte de una práctica continuada de resistencia frente al sistema

• DE BASE Y ASAMBLEARIA (horizontal). No hay una élite dirigente; no hay líderes, no busca la instrumentalización política ni generar nuevas jerarquías o especialistas revolucionarios o vanguardias.

3.- Desobediencia Civil desde un enfoque radical y alternativo.

Desde nuestro punto de vista existen dos condiciones más que convierte a la desobediencia civil en una herramienta útil desde un enfoque radical y alternativo:

• ES UNA DESOBEDIENCIA NOVIOLENTA. Busca la coherencia medios-fines, renuncia radicalmente a la violencia política y se propone frente a las violencias (directa, estructural, cultural, sinérgica) como un modelo alternativo de acción política y de práctica de “democracia directa”.

• ES UNA LUCHA PARALELA A LA CREACIÓN DE UNA ALTERNATIVA y no sólo se conforma con desobedecer, sino que propone y construye con la práctica política cotidiana un horizonte de sentido alternativo y posible.

4.- Desobediencia como política planificada o como marco referencial.

La inmensa mayoría de l@s desobedientes de carne y hueso ha insistido en la necesidad de organizar la desobediencia civil en campañas políticas amplias y coordinadas, que planteen objetivos y contenidos claros y pedagógicos, que aborden los aspectos de protesta, reivindicación, difusión y sensibilización, búsqueda de apoyos sociales y políticos, enfrentamiento de la represión, etc.; que pueda ser evaluada y reorientada si es necesario, etc.

Pero la desobediencia civil además de estar planificada en campañas políticas puede ser pensada en términos de marco referencial de las campañas políticas contra el sistema. En este marco referencial se incluye, además de la planificación, una ética política con hondas implicaciones:

• en la forma de organizarse: colectiva, de base y asamblearia.

• en la metodología de trabajo: noviolenta.

• en los objetivos: transformaciones radicales y con alternativas posibles.

Efectivamente, una lucha global contra el sistema, pretende utilizar una doble dinámica: de oposición y negación del orden vigente (marco referencial desobediente) y de construcción en paralelo de poder social y de contraste (marco global alternativo), con lo que, fijados en estos dos horizontes, las campañas deben articular instrumentos desobedientes y propuestas alternativas, pero sin perder nunca el horizonte de la doble dinámica: seguir desobedeciendo / seguir construyendo.

5.-  La Desobediencia Civil debe plantearse como marco referencial activo.

Siguiendo con el ejemplo teatral que comentábamos más arriba, el marco referencial se podría asimilar con el decorado de la obra teatral. Este decorado podría ser un mero adorno estético, más o menos innecesario, más o menos intercambiable por cualquier otro relacionado (marco referencial pasivo), pero también podría ser un escenario que define la obra de teatro, que la condiciona en su desarrollo, en sus personajes, en su trama (marco referencial activo). En nuestra opinión, la D.C. debe ser un marco referencial activo porque tiene muchísimas implicaciones éticas y políticas que condicionan la actuación política.

Por ello, no compartimos la visión de la D.C. como una moda política más o menos efímera, sino como una construcción ideológica y práctica que caracteriza y enmarca la actuación de los grupos de base radicales y alternativos.

Desde esta concepción de la desobediencia como marco referencial activo es más difícil la manipulación de las luchas o que el poder “conceda” pequeños avances legales con el fin de lograr nuestra desmovilización.

6.- Desobediencia civil y movimientos alternativos.

Desde nuestro punto de vista esta concepción radical de la desobediencia civil puede muy bien incorporarse a las agendas contrarias al nuevo orden mundial y ser atractiva para movimientos y sensibilidades de tradiciones políticas diferentes (ecologismo, feminismo, pacifismo, sindicalismo, desarrollo solidario, educación, etc.), permitiendo extender nuestras luchas y resistencias más allá de las políticas gubernamentales y estatales, a otras instancias de poder “autónomas” o “transfronterizas”, tales como las multinacionales económicas, los grupos transnacionales de poder, los mass media, las alianzas militares, etc., que no están exclusivamente relacionados con el poder del Estado pero que tienen capacidad para influir en la construcción de un orden mundial injusto.

A su vez, una desobediencia radical como la que estamos señalando permite mejores condiciones para lanzar a la sociedad adormecida una práctica pedagógica de toma de conciencia y un posicionamiento activo frente a las imposiciones de los poderes de toda índole.

7) La a.d.n. y la desobediencia civil.

Según nuestro criterio, la desobediencia civil sería el marco referencial activo de la a.d.n. Así, con las acciones directas noviolentas no se pretenderían ejecutar posturas personalistas o simplemente desobedientes, sino que se buscaría una honda transformación social por medio de la conjunción de actos desobedientes y de actos en los que se construye una alternativa radical y posible al sistema. Por otra parte, las a.d.n. serían uno de los puntales prácticos con los que desarrollar la campañas de desobediencia civil. Con ello queda demostrado que la interrelación entre a.d.n. y desobediencia civil es íntima, necesaria y efectiva políticamente.


Cuatro escenarios ante el conflicto sirio

1 de marzo de 2012

Nos complace mucho el cambio de postura general de Vicenç Fisas desde el conflicto de Libia hasta el análisis que ha hecho recientemente del conflicto de Siria (fuente El País).

El primero ya lo analizamos en un artículo que titulamos “Análisis noviolento de la intervención en Libia” y ahora queremos analizar las propuestas de Fisas, por otra parte el único pacifista que tiene acceso a publicar en un gran medio de comunicación como es El País (méritos tiene para ello).

Ahora Fisas, en su último párrafo mantiene una postura netamente noviolenta:  “apoyar todas las acciones políticas, económicas y diplomáticas para aislar al régimen sirio, boicoteando sus productos, retirando a los embajadores, expulsándolo de los organismos regionales e internacionales, pero al mismo tiempo ayudando a la población civil que resiste, prestando atención a la que ha podido refugiarse en Turquía, y alentando a la oposición política a coordinarse y tener una única voz, imprescindible por si llega un momento en que sea posible negociar una transición”.

Además, argumenta que “lo único que no es admisible es la pasividad. La esperanza viene de la lucha no violenta que empieza a despertar en la capital. Si se consolida, el régimen tendrá los días contados”.

Hemos de decir con gran agrado que estamos plenamente de acuerdo con esta afirmación y que es desde aquí desde donde deben empezar los debates del pacifismo-militarismo noviolento.  Porque pensamos que argumentar esta línea política, popularizarla, educar en ella a la sociedad, concretar las propuestas que hace Fisas (y divulgar muchas otras con las que se puede complementar e incluso enriquecer su opinión) ha de ser la labor de los noviolentos españoles.

Pero, …

Fisas se ancla en análisis del pasado y nos sitúa en otro escenario:  “Y a la par que se hace eso, entiendo, como en Vietnam, que hay que respetar a los sirios que optan por la resistencia armada como forma de frenar los ataques sobre la población civil”.  Nos cuenta y razona Fisas que éste era el argumento de los años 60 y 70 en la guerra de Vietnam (y en muchos otros conflictos, podríamos añadir).

Ahora bien, en nuestra opinión, se plantean cuatro escenarios ante el conflicto sirio (y cualquier otro):

Primer escenario:   La pasividad.  Este escenario hay que comentarlo dividiéndolo en dos partes netamente diferenciadas, si queremos ser justos.

Por un lado hay que hablar de la pasividad estatal u oficial.  Lo primero que hay que analizar es que una supuesta pasividad estatal u oficial no lo sería en este caso (en muchísimos otros tampoco) porque hay aspectos del conflicto que ya han sido incubados y que han generado violencia estructural y cultural que son concausas de la violencia que está viviendo ahora la sociedad siria.  España en una pequeña parte es conculpable de algunos aspectos del conflicto, permitiendo que el dictador Assad y su padre hayan estado tanto tiempo tiranizando a su pueblo sin haberlos denunciado ni hecho nada al respecto;  no promoviendo actuaciones políticas, económicas, sociales, culturales desde hace mucho tiempo, y de manera continuada, que fuesen contra el régimen dictatorial y contra su violencia directa, estructural y cultural.  Dentro del actual sistema económico-político no hay nada neutro ni que permita que los estados puedan no sentirse culpables de los conflictos que existen.

Por otro lado, hay que hablar de la posible pasividad de los movimientos pacifistas.  Se nos podría acusar de ello si no intentásemos, en la medida de nuestras fuerzas (escasas actualmente, hay que reconocerlo) hacer lo posible por promover el debate y la toma de postura de la sociedad española en contra de este nuevo-viejo conflicto violento.  Sin embargo, no nos parece que sea el caso y queremos dejar claro que en la pasividad y, sobre todo, en la pasividad culposa no tiene por qué entrar todo el mundo por el hecho de que entre en ella lo estatal u oficial.

Segundo escenario:  Violencia para todos.  Nuevamente, para intentar ser justos pensamos que es más adecuado analizar dos partes totalmente asimétricas y no equiparables.

Por un lado, el uso de la violencia del régimen.   Tales son las atrocidades que está cometiendo Assad que es imposible, siquiera, pensar en justificar su parte de violencia.  Por otro lado, el mismo Fisas nos recuerda en su artículo que la violencia del régimen sirio es doblemente injustificable porque se dio contra unas protestas que, en principio, fueron noviolentas y que actualmente también tienen muchos componentes noviolentos.

Por otro lado, habría que hablar de la violencia que se ejerce contra el régimen.   Aquí nos remitimos como muy interesante a un artículo llamado “La línea de Srbrenica alcanza a Homs” de Emir Suljagic y Reuf Bajrovic.  Los autores argumentan que es necesario armar a los rebeldes sirios.  Nos ofrecen un argumento de autoridad en la boca del antiguo ministro de Exteriores Hurd defensor principal del embargo de armas en Bosnia hace 20 años del que dicen que “ha mostrado su arrepentimiento, aunque sea tarde, por haber contribuido a impedir “la igualdad de condiciones en las matanzas””.  Lo hemos leído y releído.  No deja de asombrarnos:  “la igualdad de condiciones en las matanzas”.  ¡Qué horror!  ¿Esta es la línea política que se quiere defender, la igualdad de condiciones en las matanzas?  ¿A qué sirio o siria le beneficia esto?  A ninguno.  Sólo se nos ocurren unos beneficiarios, los de siempre, los vendedores de armas, es decir, las potencias occidentales.

Suljagic y Bajrovic nos dicen que el reparto de armas entre los opositores “ayudaría a poner fin a la violencia”  ¿Cómo puede la violencia poner fin a la violencia?  Está archidemostrado que la violencia sólo produce más violencia y que entrar en ese juego nos lleva a una espiral de violencia en la que sólo cambian las formas pero no los perdedores.  Además, de seguir esta línea, lo que se lograría sería un nivel de odio y una polarización del conflicto tal que resultaría muy difícil su gestión positiva durante muchos años.  ¿No nos enseñan nada los problemas que están teniendo en Libia para poder organizar su sociedad de manera justa y democrática ahora que no hay conflicto bélico?

En nuestra opinión la violencia es condenable.  Y lo es venga de donde venga.  Por eso nos resulta muy poco acertado proponer la legitimidad de la violencia armada de una supuesta resistencia contra la violencia del régimen. Opinamos así porque el uso de la violencia nos lleva a un escenario de futuro en el que se van a perpetuar los aspectos negativos del presente:  militarización de los conflictos, uso de la violencia para dirimir diferencias políticas, opresión política, étnica, religiosa, …  Militarizar el conflicto sirio ahora, apostar por la violencia, nos va a condenar a que la solución positiva, negociadora, de consenso, pacífica, respetuosa, se posponga muchos años.

Tercer escenario:  Ellos violentos, nosotros noviolentos.  Este escenario nos parece típico de los países que no “disfrutamos” de las guerras en directo.  Nos parece que se busca que nuestra conciencia quede tranquila:  nosotros somos coherentes y ellos hacen lo que pueden.  Nosotros promovemos la noviolencia y actuamos de acuerdo a ella, pero podemos entender e, incluso, argumentar a favor de la violencia de una de las partes.

Es la postura que, si lo hemos entendido bien, defiende Fisas en su artículo.  “Hay que actuar no violentamente en Estados Unidos, y también en Europa, dejando que sean los vietnamitas los que decidan sus métodos de resistencia, respetando todas las opciones”.  ¿Por qué, para quedarnos tranquilos?  Claro que estamos contra los dictadores, claro que estamos contra las violencias que ejercen, claro que queremos su derrocamiento, claro que queremos una Siria democrática, plural, disfrutando del menor nivel de violencia (en todos los sentidos) posible.  ¡Claro!  Y, precisamente por ello debemos ser coherentes y negar cualquier abordaje violento del conflicto porque sabemos que va a llevar a más violencia directa, estructural y cultural.

Por otro lado, ¿a qué ha llevado esta postura a los que la apoyaron dentro de los movimientos pacifistas?  Pues sintiéndolo mucho, como no nos hemos sabido quitarnos de encima esta contradicción ideológica, nos hemos visto arrinconados en los debates, nuestra postura ética pero comprensiva y disculpadora con algunos tipos de violencia nos ha llevado a ser poco creíbles y a que hayamos permanecido en el ostracismo.  Además, de puertas adentro, nos ha llevado a la inoperancia porque no éramos coherentes en nuestras propuestas de actuación.

Querido Fisas, la coherencia es fundamental (y no negamos que la tengas, ni mucho menos que te guíes por las buenas intenciones), pero es necesario algo más de profundización en ella.

La labor del pacifismo-antimilitarismo noviolento está en argumentar, en construir, en divulgar un escenario que dé impulso a la línea noviolenta de gestión de conflictos, que permita abrir otros horizontes más positivos que la militarización y la violencia, que permita, entre otras cosas, avanzar hacia el concepto de Seguridad Humana y no en resignarnos con una tenue justificación de la violencia.

Cuarto escenario:  Noviolencia.  Aquí nos remitimos a lo ya dicho por Fisas en cuanto a medidas concretas y también a muchas otras que proponíamos por nuestra parte y que apuntábamos en el artículo Análisis noviolenta de la intervención en Libia.  Líneas de actuación no faltan, ahora el movimiento pacifista-antimilitarista noviolento debe divulgarlas para intentar llevarlas a cabo.

Como decía Gandhi: no hay camino para la paz, la paz es el camino.  Y lo es para nosotros y para los demás.  Para todos.

Un abrazo.


Lección de deporte de jóvenes de 13 a 16 años.

17 de noviembre de 2011

Fuente:  Público.

Recomendamos la lectura del enlace precedente.  La noticia se llama “Siempre goleadas, nunca vencidas”.  Es muy emocionante la historia y muy admirable.

Estamos más que hartos de que el deporte sea manipulado para lograr intereses que no le atañen:

  • Por un lado, valorar sólo a l@s ganador@s, a los profesionales, a aquellos que hacen del deporte su forma de vida (en muchas ocasiones a todo lujo).
  • Por otro lado, valorar sólo el aspecto competitivo, sin hablar o plantearse los valores cooperativos, de trabajo en común, de ayuda al compañero.
  • Por último, valorar el deporte como forma de exaltación de todo lo nacional, lo patriótico o como forma de exaltación del nosotros frente al enemigo.  Nunca nos han gustado los fanáticos deportivos que sólo ven sus colores y no el deporte en sí.
El deporte no es eso.  El deporte es aprender, cooperar, practicar vida sana, compañerismo y cortesía con los de tu equipo y también con el contrario.  El deporte es pundonor, superarse, ayudar a los demás a hacerlo.  El deporte es diversión y no sufrir por los resultados.  Y menos, pensar que los resultados son lo único.
Las chicas de 13 a 16 años del Algete demuestran en la noticia que son grandes deportistas.  Ellas merecerían la bota de oro o el Príncipe de Asturias.  Ellas nos han enseñado (y esperamos que lo sigan haciendo en la misma línea) que el mérito en el fútbol puede no tener nada que ver con marcar más goles, sino que tiene que ver con ir a por la pelota rápido para sacar rápido cuando te han metido otro gol para no perder tiempo, con no rendirse nunca y tener siempre una sonrisa y gestos de respeto a las adversarias, etc.
Estas chicas son deportistas.  Y el deporte que habitualmente nos venden es mas bien un trabajo y un negocio.  Los valores de estas jóvenes son los que debería promover el deporte y no el turbio barullo que ahora es sólo millonarios fichajes, violencia y enfrentamientos.
Chavalas, sois un orgullo para todo el Colectivo Utopía Contagiosa.

Los intereses de Sus Señorías.

19 de octubre de 2011

¿Son representativos los diputados españoles de la media nacional en cuanto a riqueza, en cuanto a sueldos, en cuanto a propiedades inmobiliarias, en cuanto a acciones en bancos y medios de comunicación?

¿Sus decisiones parlamentarias pueden verse teñidas de ciertas parcialidades por sus intereses económicos personales, es decir, pueden llegar a no querer poner reglas al mercado, a la especulación financiera porque sus inversiones no se lo aconsejen?  ¿Pueden estar interesados en no regular demasiado la burbuja del ladrillo?

Quizá el siguiente dossier os pueda dar algunas pistas.

Que lo disfutéis.

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Los indignados y lo militar en Israel: paradigma de que la inversión en defensa no sustenta el desarrollo sostenible..

2 de octubre de 2011

  Fuente:  El País.

A principios de agosto, se creaba en Isarel una comisión gubernamental que junto con los portavoces de las protestas de los indignados iba a diseñar las soluciones de la crisis que habían provocado las políticas gubernamentales de Israel.  Ahora esta comisión ha elaborado su informe en el que “ha recomendado al Gobierno que aumentara el gasto social en 30.000 millones de shekels (unos 6.000 millones de euros) durante los próximos cinco años. El problema consistía en que ese dinero, según el informe de la comisión, debía recortarse de los gastos militares, cosa del todo imposible con el actual Gobierno y el actual Parlamento“.  Con el ejército hemos topado.  La comisión ha completado el círculo vicioso y se ha encontrado con que no es posible dar alternativas dentro del actual sistema militarista y violento que rige Israel.  El informe, papel mojado, sólo ha sido aplaudido por el primer ministro y por el Banco de Israel.  Los manifestantes ya anuncian grandes manifestaciones para el 28 de octubre.

Sin embargo, la comisión ha dado en el clavo:  si quitasen dinero a lo militar (lo que conllevaría cambiar de manera radical su política exterior), Israel podrían hacer mucho más gasto social, además, posiblemente sus problemas internacionales podrían tener nuevas perspectivas y se saldría del callejón sin salida en el que llevan décadas.

Además de condenar a la miseria a Palestina y a los palestinos, Israel está condenando a la pobreza a muchos de sus habitantes (se libran las élites, claro).  Lo está haciendo con una política continuada militarista y violenta que promueve actuaciones irrespetuosas con los derechos humanos, actuaciones que han llevado a Israel a vivir en permanente estado de guerra.

Esta situación es, a juicio de cualquier analista independiente, insostenible.  Gastar años tras año lo que no se tiene en un segmento de la sociedad tan improductivo de riqueza social como es lo militar ha de provocar la quiebra.

El argumento-disculpa que se suele usar es que la seguridad es la base de todo el desarrollo futuro. Pues bien, aquí se nos demuestra un ejemplo paradigmático de que la dichosa frase es cierta, pero al revés: endeudarse para financiar lo militar no ha llevado a Israel a un desarrollo sostenible sino a todo lo contrario: a la quiebra social y económica, a ponerse en peligro constante de guerra con todos sus vecinos y a un estado que ha sido calificado en múltiples ocasiones de estado terrorista.

La realidad es bien cruda:  esta situación se mantiene porque unas pocas elites sacan pingües beneficios de la venta de armas, de las políticas violentas del Estado israelí.  Los demás se dejan llevar por la cultura y la política “realista” de las elites.

Los indignados de Israel (y los españoles deberían tomar buena nota) quieren mejoras sociales y económicas.  Pero han de ser conscientes de que éstas sólo podrán llegar del cambio de su modelo social, político y económico;  sólo podrán llegar cuando Israel deje de ser un estado agresor de sus vecinos y de medio ambiente.


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