¿De qué paz me estás hablando si le concedes el Nobel de la Paz a la Unión Europea?

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Muchos alucinamos cuando se le concedió el Nobel, recientemente, a Obama:  ¿qué había hecho por la paz este hombre, más que unas cuantas declaraciones retóricas?  Si repasamos el listado de los Nobel de la Paz, también alucinamos con nombres tan militaristas como Kissinger, Le Duc Tho, Anwar El Sadat, Menachem Begin, De Klerk, Arafat, Rabin, Peres o Carter.  ¿De qué tipo de paz nos están hablando cuando conceden estos premios?


A grandes rasgos hay tres grandes posicionamientos cuando se habla de paz:

  • el concepto oficial de la paz,
  • el concepto no oficial y no alternativo,
  • el concepto alternativo.

Queremos caracterizar cada una de estas posiciones en este artículo para invitar a la reflexión ciudadana sobre la naturaleza de un término tan polisémico, y a veces interesado, como paz.  ¿Es lo mismo lo que nos propone el PP o el PSOE cuando nos hablan de ella que lo que pueda decirnos un estudioso de los conflictos?, ¿Tienen algo que ver los anteriores con lo que pretenden los pacifistas antimilitaristas y noviolentos?


Es necesario que ahondemos en qué significa paz para no dejarnos engañar y para poder elegir cuál es el concepto que más nos convence.

1.-  El concepto oficial de paz.

Nos suelen hacer creer que hay paz cuando no hay guerra dentro de nuestras fronteras.  Poco importa entre los gobiernos que sus políticas estén generando violencia estructural mediante la promoción de relaciones internacionales injustas basadas en la existencia de países de primera, segunda y tercera.  Poco importa, también, que se estén esquilmando los recursos naturales de otros países sin dejar ningún beneficio económico social en ellos.  Poco importa también que se esté generando violencia cultural dentro del propio país obligándonos a interpretar las relaciones internacionales como un juego en el que lo único que cabe es la competición, o que se nos razone que si no lo hacemos nosotros, otros lo harán y sacarán los beneficios.  Poco importa, en suma que nosotros generemos los conflictos en el extranjero con nuestras políticas internacionales y económicas y que, además, seamos nosotros los que fabricamos y vendemos las armas que van a utilizar en esos lejanos conflictos.

El concepto oficial de paz es meramente negativo, paz como ausencia de guerra y mantenimiento del status quo.  El ejemplo máximo puede ser la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea por mantener la guerra alejada de sus fronteras.  Y efectivamente así ha sido. La U.E. ha promovido la paz interior, pero a costa de mantener  la guerra fuera con una constante fabricación de armas y una constante exportación de conflictos basados en la injusticia de que aquí llevemos un elevado nivel de vida porque imponemos condiciones de dependencia y penurias a los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Como nadie se ha dedicado seriamente a contar los muertos de las guerras, uno de los principales “efectos” de esta idea de paz armada, vamos a ofrecer algunas cifras de las que opinamos que están claramente tomadas a la baja:  desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial ha habido en el mundo al menos 47 conflictos armados con un total de más de 57 millones de muertos.  Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 hubo 59 conflictos y más de 14 millones de muertos.  Desde 1990 hasta 2010 ha habido 44 conflictos y más de 15 millones de muertos.  En total, son más de  86 millones de personas, 2 veces la población española, los que podrían decir que en el último siglo no ha habido paz.

Somos testigos, año tras año, de que los estados preparan su ejércitos, los entrenan, les dotan de armamentos cada vez más sofisticados y los lanzan a la guerra de manera continua.  ¿Existe esta programación?  No hay pruebas, pero parece que sí, porque la guerra es un negocio del que los estados militares y violentos (todos los actuales) se lucran.

Ningún estado, ninguna entidad oficial ha podido prevenir ningún conflicto armado.  Y hacemos esta afirmación tan tajante porque somos conscientes de que los estados preparan y financian la guerra como manera de obtener beneficios y de reactivar sus economías, véase, por ejemplo, el caso de Irak y la consiguiente reconstrucción del país por empresas de las que eran consejeros los principales halcones militaristas de EE.UU.

¿Qué iniciativas han surgido desde lo oficial para promocionar la paz en el último siglo?  Pocas, muy pocas.  Quizá merecería la pena hablar de la formación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU) con la que se pretendía dotarse de un organismo internacional de arbitraje de conflictos.  Hoy en día, sin embargo, la ONU es un organismo internacional que reproduce en su seno la injusticia y la violencia estructural que gobierna el mundo y, desde luego, sólo con muchísima ingenuidad o desinformación puede decirse que sea un actor y promotor real de la paz de verdad.

Otro intento ha sido la consolidación de la Cruz Roja Internacional como institución ideada para aplicar el humanismo en el trato de los prisioneros de guerra.  Es loable el empeño y se trata de mitigar algunas de las peores consecuencias de la guerra.  Por ello han sido múltiples veces galardonadas. Pero su labor no es precisamente la de promover la paz, sino la de atemperar sus nefastos efectos en la medida de lo posible.

Otro intento oficial ha sido el de crear un corpus importante de derecho internacional humanitario o de derecho de guerra.  ¿Para qué ha servido?  Para poco durante las guerras porque en ellas nadie lo respeta.  Luego ha servido para perseguir y juzgar a algunos de los peores tiranos o de los más violentos promotores de guerras del mundo.  Aunque los grandes, los verdaderamente grandes, están muy bien protegidos en sus despachos de presidentes de países.

Pensamos que no hay paz dentro de las políticas oficiales porque ellas sólo pretenden que el escenario internacional permanezca inamovible, a pesar de ser injusto.  Así, medidas como la limitaciones sucesivas de armamentos nucleares y convencionales no son más que meros retoques cosméticos que en nada cambian la realidad.


2.-  El concepto no oficial y no alternativo de paz.

Existen otras tentativas de paz que no provienen de lo oficial y sí de la sociedad civil, pero que participan en gran medida de la perspectiva oficial del concepto de paz. En el concepto no oficial y no alternativo de paz ha promovido iniciativas interesantes como:

  • La creación de múltiples oficinas, entidades universitarias, etc., dedicadas a comprender cuáles son las causas de la guerra para evitar su expansión.  Así han surgido visiones de estudios de conflictos (polemológicas), visiones que pretenden fomentar la resolución de conflictos de manera diferente, u otras visiones que han popularizado las resistencias civiles que ha habido en las distintas guerras.
  • Investigadores que han ideado y divulgado conceptos más profundos de la idea de paz, como son los de paz estructural, conflicto latente, e incluso, las ideas de defensa noviolentas, la idea de transarme.  Todos ellos son aportaciones interesantes.
  • Investigadores que han desarrollado el concepto de defensa no ofensiva o defensa defensiva, basada en la posesión de armamentos no ofensivos (cazas, portaaviones, etc.)

En nuestra opinión el balance de estos propósitos no es muy positivo y se han quedado en bellas ideas inocuas. Su mayor fallo estuvo y está en en que se busca la aplicabilidad en compañía de aquellos interlocutores que no están dispuestos a permitir que algo alternativo funcione:  las elites gobernantes y las generadoras de opinión.

En cierta medida, este enfoque condujo a un callejón sin salida, pues tal planteamiento, a la larga, acaba por vaciar de contenido transformador (y la paz lo es, esencialmente) a muchas de las iniciativas de defensa noviolentas y las convierten en propuestas posibilistas que sólo modulan con suavidad algunas de las asperezas del militarismo.  Quizá el máximo exponente sea el que encontramos en la propuesta francesa que pretende renunciar a la defensa noviolenta como alternativa a la militar y se contenta con que tenga carácter de:

  • recurso:  la defensa noviolenta se usa únicamente en el caso de que la defensa militar falle.
  • complemento:  la utilización de la defensa noviolenta es simultánea a la defensa militar pero con el matiz de que únicamente se un apéndice de ésta.
  • opción:  el mando militar opta, según lo requiera la agresión sufrida, por los medios civiles (se prefieren para defender espacios muy poblados como las ciudades) o los militares.

Como se ve, estas líneas de pensamiento, dado que no abandonan el paradigma de dominación-violencia que es característico de la política actual, poco pueden (aunque sería bienvenido) hacer para dotarnos de un mundo pacífico que resuelva sus conflictos sin violencia.


3.-  El concepto alternativo de paz.

Se pueden preguntar los lectores, como nos lo preguntamos nosotros, por qué no se ha dado ningún premio Nobel de la paz a los desertores de los ejércitos, a los objetores de conciencia al servicio militar, a las ongs antimilitaristas de todas partes del mundo, a quienes se han negado a pagar impuestos para la guerra, a los múltiples desobedientes a las guerras y a la violencia.

También se puede preguntar por qué son tan escasos los premios Nobel de la Paz a personas como Mouhammad Yunus (de Bangladesh) en 2006 o a Wangari Maathai (keniata) en 2004.  Cuando se lo concedieron no faltaron las críticas diciendo que qué tenía que ver su trabajo con la paz.  El primero promovía los microcréditos para promover las oportunidades económicas y sociales de los pobres. La segunda se dedicó a crear un lobby ecologista y promovió la plantación de 30 millones de árboles por todo el país para evitar la erosión del suelo.

Como se ve, ambos participan de un concepto de paz totalmente alternativo al oficial y que no sólo abandona el paradigma de dominación-violencia que rige la política, la economía y la cultura actuales, sino que ejercen sus actuaciones dentro de otro paradigma que podríamos denominar de cooperación-noviolencia.

¿Qué tienen que ver estos dos premios Nobel de la Paz con los oficiales?  Nada.  En absoluto.

Su aportación parte desde la sociedad civil y, por medios noviolentos, busca luchar contra la violencia estructural y cultural que provocan tantas muertes en el mundo.  Nos ofrecen, en definitiva un concepto de paz totalmente alternativo que ya no depende de los estados o los gobiernos sino que puede (y ha de) llevarse a cabo por las personas y las organizaciones de base y alternativas.

Éste es un concepto de paz que defiende lo que realmente interesa defender al ser humano:  la educación, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, la salud.  Busca acabar con el hambre y lograr los Objetivos del Milenio.  Se preocupa por mejorar la forma en que la gente vive en la sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales.

Su talante no es mantenedor del status quo, sino que promueve su transformación desde la idea de seguridad humana y entiende que no hay paz preparando la guerra, sino luchando contra la violencia cultural que justifica las guerras y contra la violencia estructural que propaga las desigualdades y las injusticias. Promover esta paz es promover la desmilitarización de la seguridad y promover la justicia social y enfrentar de manera noviolenta, en vez de amenazar con resolverlos de forma violenta o de eludirlos, los conflictos.

Por eso, la paz oficial no es sino la guerra para los que apuestan por una paz alternativa y por ello hablamos de distintas cosas cuando hablamos de paz.

Muchos alucinamos cuando se le concedió el Nobel, recientemente, a Obama:  ¿qué había hecho por la paz este hombre, más que unas cuantas declaraciones retóricas?  Si repasamos el listado de los Nobel de la Paz, también alucinamos con nombres tan militaristas como Kissinger, Le Duc Tho, Anwar El Sadat, Menachem Begin, De Klerk, Arafat, Rabin, Peres o Carter.  ¿De qué tipo de paz nos están hablando cuando conceden estos premios?

A grandes rasgos hay tres grandes posicionamientos cuando se habla de paz:

  • el concepto oficial de la paz,
  • el concepto no oficial y no alternativo,
  • el concepto alternativo.

Queremos caracterizar cada una de estas posiciones en este artículo para invitar a la reflexión ciudadana sobre la naturaleza de un término tan polisémico, y a veces interesado, como paz.  ¿Es lo mismo lo que nos propone el PP o el PSOE cuando nos hablan de ella que lo que pueda decirnos un estudioso de los conflictos?, ¿Tienen algo que ver los anteriores con lo que pretenden los pacifistas antimilitaristas y noviolentos?


Es necesario que ahondemos en qué significa paz para no dejarnos engañar y para poder elegir cuál es el concepto que más nos convence.

1.-  El concepto oficial de paz.

Nos suelen hacer creer que hay paz cuando no hay guerra dentro de nuestras fronteras.  Poco importa entre los gobiernos que sus políticas estén generando violencia estructural mediante la promoción de relaciones internacionales injustas basadas en la existencia de países de primera, segunda y tercera.  Poco importa, también, que se estén esquilmando los recursos naturales de otros países sin dejar ningún beneficio económico social en ellos.  Poco importa también que se esté generando violencia cultural dentro del propio país obligándonos a interpretar las relaciones internacionales como un juego en el que lo único que cabe es la competición, o que se nos razone que si no lo hacemos nosotros, otros lo harán y sacarán los beneficios.  Poco importa, en suma que nosotros generemos los conflictos en el extranjero con nuestras políticas internacionales y económicas y que, además, seamos nosotros los que fabricamos y vendemos las armas que van a utilizar en esos lejanos conflictos.

El concepto oficial de paz es meramente negativo, paz como ausencia de guerra y mantenimiento del status quo.  El ejemplo máximo puede ser la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea por mantener la guerra alejada de sus fronteras.  Y efectivamente así ha sido. La U.E. ha promovido la paz interior, pero a costa de mantener  la guerra fuera con una constante fabricación de armas y una constante exportación de conflictos basados en la injusticia de que aquí llevemos un elevado nivel de vida porque imponemos condiciones de dependencia y penurias a los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Como nadie se ha dedicado seriamente a contar los muertos de las guerras, uno de los principales “efectos” de esta idea de paz armada, vamos a ofrecer algunas cifras de las que opinamos que están claramente tomadas a la baja:  desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial ha habido en el mundo al menos 47 conflictos armados con un total de más de 57 millones de muertos.  Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 hubo 59 conflictos y más de 14 millones de muertos.  Desde 1990 hasta 2010 ha habido 44 conflictos y más de 15 millones de muertos.  En total, son más de  86 millones de personas, 2 veces la población española, los que podrían decir que en el último siglo no ha habido paz.

Somos testigos, año tras año, de que los estados preparan su ejércitos, los entrenan, les dotan de armamentos cada vez más sofisticados y los lanzan a la guerra de manera continua.  ¿Existe esta programación?  No hay pruebas, pero parece que sí, porque la guerra es un negocio del que los estados militares y violentos (todos los actuales) se lucran.

Ningún estado, ninguna entidad oficial ha podido prevenir ningún conflicto armado.  Y hacemos esta afirmación tan tajante porque somos conscientes de que los estados preparan y financian la guerra como manera de obtener beneficios y de reactivar sus economías, véase, por ejemplo, el caso de Irak y la consiguiente reconstrucción del país por empresas de las que eran consejeros los principales halcones militaristas de EE.UU.

¿Qué iniciativas han surgido desde lo oficial para promocionar la paz en el último siglo?  Pocas, muy pocas.  Quizá merecería la pena hablar de la formación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU) con la que se pretendía dotarse de un organismo internacional de arbitraje de conflictos.  Hoy en día, sin embargo, la ONU es un organismo internacional que reproduce en su seno la injusticia y la violencia estructural que gobierna el mundo y, desde luego, sólo con muchísima ingenuidad o desinformación puede decirse que sea un actor y promotor real de la paz de verdad.

Otro intento ha sido la consolidación de la Cruz Roja Internacional como institución ideada para aplicar el humanismo en el trato de los prisioneros de guerra.  Es loable el empeño y se trata de mitigar algunas de las peores consecuencias de la guerra.  Por ello han sido múltiples veces galardonadas. Pero su labor no es precisamente la de promover la paz, sino la de atemperar sus nefastos efectos en la medida de lo posible.

Otro intento oficial ha sido el de crear un corpus importante de derecho internacional humanitario o de derecho de guerra.  ¿Para qué ha servido?  Para poco durante las guerras porque en ellas nadie lo respeta.  Luego ha servido para perseguir y juzgar a algunos de los peores tiranos o de los más violentos promotores de guerras del mundo.  Aunque los grandes, los verdaderamente grandes, están muy bien protegidos en sus despachos de presidentes de países.

Pensamos que no hay paz dentro de las políticas oficiales porque ellas sólo pretenden que el escenario internacional permanezca inamovible, a pesar de ser injusto.  Así, medidas como la limitaciones sucesivas de armamentos nucleares y convencionales no son más que meros retoques cosméticos que en nada cambian la realidad.

2.-  El concepto no oficial y no alternativo de paz.

Existen otras tentativas de paz que no provienen de lo oficial y sí de la sociedad civil, pero que participan en gran medida de la perspectiva oficial del concepto de paz. En el concepto no oficial y no alternativo de paz ha promovido iniciativas interesantes como:

  •  La creación de múltiples oficinas, entidades universitarias, etc., dedicadas a comprender cuáles son las causas de la guerra para evitar su expansión.  Así han surgido visiones de estudios de conflictos (polemológicas), visiones que pretenden fomentar la resolución de conflictos de manera diferente, u otras visiones que han popularizado las resistencias civiles que ha habido en las distintas guerras.
  • Investigadores que han ideado y divulgado conceptos más profundos de la idea de paz, como son los de paz estructural, conflicto latente, e incluso, las ideas de defensa noviolentas, la idea de transarme.  Todos ellos son aportaciones interesantes.
  • Investigadores que han desarrollado el concepto de defensa no ofensiva o defensa defensiva, basada en la posesión de armamentos no ofensivos (cazas, portaaviones, etc.)

En nuestra opinión el balance de estos propósitos no es muy positivo y se han quedado en bellas ideas inocuas. Su mayor fallo estuvo y está en en que se busca la aplicabilidad en compañía de aquellos interlocutores que no están dispuestos a permitir que algo alternativo funcione:  las elites gobernantes y las generadoras de opinión.

En cierta medida, este enfoque condujo a un callejón sin salida, pues tal planteamiento, a la larga, acaba por vaciar de contenido transformador (y la paz lo es, esencialmente) a muchas de las iniciativas de defensa noviolentas y las convierten en propuestas posibilistas que sólo modulan con suavidad algunas de las asperezas del militarismo.  Quizá el máximo exponente sea el que encontramos en la propuesta francesa que pretende renunciar a la defensa noviolenta como alternativa a la militar y se contenta con que tenga carácter de:

recurso:  la defensa noviolenta se usa únicamente en el caso de que la defensa militar falle.

  • complemento:  la utilización de la defensa noviolenta es simultánea a la defensa militar pero con el matiz de que únicamente se un apéndice de ésta.
  • opción:  el mando militar opta, según lo requiera la agresión sufrida, por los medios civiles (se prefieren para defender espacios muy poblados como las ciudades) o los militares.

Como se ve, estas líneas de pensamiento, dado que no abandonan el paradigma de dominación-violencia que es característico de la política actual, poco pueden (aunque sería bienvenido) hacer para dotarnos de un mundo pacífico que resuelva sus conflictos sin violencia.


3.-  El concepto alternativo de paz.

Se pueden preguntar los lectores, como nos lo preguntamos nosotros, por qué no se ha dado ningún premio Nobel de la paz a los desertores de los ejércitos, a los objetores de conciencia al servicio militar, a las ongs antimilitaristas de todas partes del mundo, a quienes se han negado a pagar impuestos para la guerra, a los múltiples desobedientes a las guerras y a la violencia.

También se puede preguntar por qué son tan escasos los premios Nobel de la Paz a personas como Mouhammad Yunus (de Bangladesh) en 2006 o a Wangari Maathai (keniata) en 2004.  Cuando se lo concedieron no faltaron las críticas diciendo que qué tenía que ver su trabajo con la paz.  El primero promovía los microcréditos para promover las oportunidades económicas y sociales de los pobres. La segunda se dedicó a crear un lobby ecologista y promovió la plantación de 30 millones de árboles por todo el país para evitar la erosión del suelo.

Como se ve, ambos participan de un concepto de paz totalmente alternativo al oficial y que no sólo abandona el paradigma de dominación-violencia que rige la política, la economía y la cultura actuales, sino que ejercen sus actuaciones dentro de otro paradigma que podríamos denominar de cooperación-noviolencia.

¿Qué tienen que ver estos dos premios Nobel de la Paz con los oficiales?  Nada.  En absoluto.

Su aportación parte desde la sociedad civil y, por medios noviolentos, busca luchar contra la violencia estructural y cultural que provocan tantas muertes en el mundo.  Nos ofrecen, en definitiva un concepto de paz totalmente alternativo que ya no depende de los estados o los gobiernos sino que puede (y ha de) llevarse a cabo por las personas y las organizaciones de base y alternativas.

Éste es un concepto de paz que defiende lo que realmente interesa defender al ser humano:  la educación, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, la salud.  Busca acabar con el hambre y lograr los Objetivos del Milenio.  Se preocupa por mejorar la forma en que la gente vive en la sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales.

Su talante no es mantenedor del status quo, sino que promueve su transformación desde la idea de seguridad humana y entiende que no hay paz preparando la guerra, sino luchando contra la violencia cultural que justifica las guerras y contra la violencia estructural que propaga las desigualdades y las injusticias. Promover esta paz es promover la desmilitarización de la seguridad y promover la justicia social y enfrentar de manera noviolenta, en vez de amenazar con resolverlos de forma violenta o de eludirlos, los conflictos.

Por eso, la paz oficial no es sino la guerra para los que apuestan por una paz alternativa y por ello hablamos de distintas cosas cuando hablamos de paz.

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