Morenés no estaba allí

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Fuente: Eleconomista.es

En las XV Jornadas de Tecnologías para la Defensa y la Seguridad organizadas por la Fundación Círculo en la Real Casa de la Moneda, el actual Ministro de Defensa ha hecho una velada crítica al ciclo de planeamiento de capacidades de fuerza vigente, porque no es flexible y no se adapta a los rápidos cambios experimentados en el mundo.

Puede que una información así nos deje tan frescos, dado que no entendemos ni papa de los embrollos militares, pero no debería. Pasamos a explicar la trascendencia del mensaje y de las intenciones del mensajero.

¿Qué es en realidad el “ciclo” de capacidades militares?

Primero, hay que decir que este rollo del ciclo de planeamiento de capacidades de fuerza a lo que se refiere en realidad es a las armas, número de militares, bases militares utilizables, dotaciones para ser operativos, etc, que hay que comprar para satisfacer las necesidades (o caprichos, que para gusto los colores) del ejército.

Los ejércitos planean a largo plazo estimando qué necesitan para su misión (ésta puede ser o disuadir a posibles enemigos, que en el caso de España son insignificantes o no existen, o para ejercer un cierto papel en el escenario internacional aportando mamporreros  que en el caso de España es lo frecuente). Concretamente programas de compras de armas ultramodernas que se fabrican y entregan en períodos largos de tiempo y que requieren muchísimos recursos económicos (recursos que, dicho sea de paso, se dejan de usar para necesidades sociales reales y urgentes).

Estas armas acaban siendo obsoletas el mismo día en que se entregan (por ejemplo, diez años después de su diseño y de la inversión para comprarlas), lo que obliga a una nueva compra de otras armas y al inicio de un círculo vicioso que podemos llamarlo, para entendernos, ciclo armamentístico, que suele durar entre 15 y 20 años. Este funciona así:

1) se calculan las “necesidades futuras”,

2) se encargan las armas,

3) se “programan”,

4) se paga (por adelantado) para que se fabriquen,

5) se paga otra vez para introducir mejoras,

6) se entregan las armas (que ya nacen viejas) y

7) se inicia otra vez el ciclo.

¿Tiene algo que ver el actual Ministro de Defensa con ese “ciclo” perverso?

Pues sí: es uno de los principales coprotagonistas del desastroso resultado de la primera oleada de este ciclo.

Cuando era Ministro de Defensa Don Eduardo Serra,  en tiempos de José María Aznar como Presidente de Gobierno, ¿Dónde estaba Morenés, actual ministro de Defensa?

Pues muy sencillo. Era el Secretario de Estado de Defensa, y como tal es el que ideó el surgimiento del ciclo de planeamiento que ahora culmina y que ha dejado una deuda pública que, con los intereses estimados, llega a más de 31.000 millones de euros (más de lo que paga el Estado por la Prestación de Desempleo de todos los parados a lo largo de un año). Morenés comprometió la adquisición de sistemas de armas de invasión (caza-bombarderos con capacidad de  ir a miles de kilómetros de aquí, submarinos, fragatas “multifunción”, tanques Leopard, helicópteros de ataque, aviones de larga distancia, misiles, etcétera) que, en realidad, tenían muy poco que ver con las necesidades de “defensa del territorio” y mucho que ver con los delirios de grandeza y de codearse con los dueños del mundo del visigodo Aznar.

Ideó una fórmula para timar a la ciudadanía y que no se enterara del enorme gasto militar que se contraía y de para qué. La fórmula consistía en que Defensa encargaba a la “industria militar” (por cierto, trufada de ex altos cargos del ministerio de defensa y del PP y el PSOE) hacer los aparatitos pero sin consignar en los presupuestos de defensa el gasto. Este se ocultaba mediante créditos multimillonarios que el Ministerio de Industria concedía para i+d y otros a las industrias militares y que en realidad eran para financiar las armas. Estos créditos serían “reembolsados” por las industrias militares a interés cero al estado una vez que hiciera las armas y las vendiera (a precio de mercado del momento de la venta, es decir más caros) al estado.

Luego Morenés se pasó, cuando dejó el ministerio, a fabricante de armas en diversas empresas suministradoras del Ministerio de Defensa, al igual que su actual Secretario de Defensa, Pedro Arguelles, también pasado tras su estancia en un cargo público a Boeing.

En la actualidad el estropicio es que el estado (amén de haber prestado el dinero a interés cero a las industrias militares durante tantos años y de haber dado dádivas y subvenciones a estas industrias) adeuda por armas más de 31.000 millones de euros y, para colmo, las armas ya no valen y hay que adquirir otras.

Morenés tira balones fuera

Sigamos con el relato. Morenés nos cuenta ahora, en las famosas jornadas que acaba de inaugurar, que estos sistemas de armas “fueron concebidos para hacer frente a situaciones derivadas de otros escenarios” y que ahora no son adecuadas y no valen.

¿No llama la atención esta especie de explicación en la que parece que no ha sido nadie quien tomó la decisión de comprar algo que no sirve? Parece que Morenés no hace autocrítica ni se responsabiliza de sus propios actos. Sencillamente, constata que las armas que compraron (y que pagaremos de nuestras costillas los que no tuvimos arte ni parte en el negocio) ya no valen y hay que comprar otras nuevas.

Alguien hizo algo, pero Morenés no entra en detalles.

Morenés disimula, tira balones fuera y hace lo que han hecho todos los ministros del ramo: decirnos que siempre las armas ya no valen y hay que comprar otras nuevas.

¿Qué pretende Morenés ahora? O el truco del abejaruco.

Morenés constata que en la actual situación no pueden mantener el esquema de compra de armas anterior. Hay crisis, malestar y, lo que es peor, poco crédito para empeñarnos más.

Por eso su propuesta de “revisión” pasa por dar otra vuelta de tuerca:

a) Quiere hacer sinergias con la OTAN y Europa para la adquisición de armas (es decir, legitimar el nuevo ciclo mediante el aval político OTAN y la compra de armas de ensamblaje para el mega-gendarme mundial que es esta organización, lo que quiere decir que seguimos apostando por el intervencionismo burdo)

b) Quiere subvencionar, mimar y “resguardar de la crisis” a la industria militar porque no puede permitirse que la crisis se la lleve por delante (recordemos que es ampliamente deficitaria, que necesita de constantes subvenciones públicas para mantenerse y que genera un monocultivo depredador que diezma las posibilidades de crecimiento sostenible en los lugares donde se implanta). Y para hacer esto, necesita convertirla en una industria exportadora (lo cual nos traerá el doble beneficio de los dividendos por vender armas y de financiar parte de las nuestras, pero también nos hará exportadores de conflictos y guerras).

Es decir, cambiar lo que se dice cambiar no se va a cambiar nada. A lo sumo nos traerá un nuevo truco para seguir haciendo las mismas cafradas y para empobrecernos igual que antaño.

Menudo morro el de este Morenés y sus amigos.

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