Ni la sociedad ni el Parlamento cuentan en política de defensa

Aburriendome+en+clases

Fuente: Artículo publicado por Utopía Contagiosa en el periódico Es Hora.

Tras más de tres décadas de democracia, aún hay un sector al que no ha llegado el debate público y el control parlamentario:  la defensa.

 1.-  La falta de democracia en los temas de defensa.

 El pasado 31 de julio, con alevosía y estío, se reunió la Comisión Nacional de Defensa (organismo político-militar encargado de asesorar al Presidente de Gobierno en sus decisiones de política de defensa, presidido nominalmente por el Rey y operativamente por el Presidente de Gobierno, y compuesto por varios ministros y altos cargos militares, junto con el príncipe heredero) para respaldar la Directiva de Defensa Nacional (D.D.N.) que Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno del PP, iba a promulgar el día siguiente.

 Como hemos referido en otras ocasiones, la D.D.N. es el documento fundamental que enmarca la política de defensa española para cada legislatura y, en líneas generales,  define la política de defensa y condiciona el gasto militar.

Este documento es elaborado por oscuros técnicos militares bajo la dirección del Ministro de Defensa, luego es refrendada por la Comisión Nacional de Defensa y promulgada por el Presidente del gobierno, sin pasar en ningún momento ni por el Parlamento para su deliberación y debate, ni sin ser sometido a publicidad previa para su difusión y debate social. En realidad, y a diferencia de cualquier otra política pública, adolece de grandes defectos de falta de participación y democracia en su elaboración, de imprecisión e improvisación en su implementación, de dejación en la evaluación en sus momentos finales.  Además, la DDN goza de las negativas características de opacidad, partidismo y secretismo que son comunes a toda la política de defensa española.

Tan sólo muy recientemente, Izquierda Unida, alentada una y otra vez y asesorada por Utopía Contagiosa, ha presentado una moción en la que pide que las grandes decisiones sobre defensa pasen por el Parlamento con carácter previo a su aprobación y solicita al gobierno que, además, se tengan en cuenta en su redacción final las opiniones de los parlamentarios.  Es un inicio, aunque suponemos que habrá que luchar mucho para conseguir que los demás partidos apoyen esta iniciativa necesaria en un país que se dice democrático.

¿Cómo es posible que los demás partidos minoritarios dejen pasar, legislatura tras legislatura, la oportunidad de tener voz en los temas de defensa?  ¿No les interesa una política que gasta casi 20.000 millones de euros anuales?  ¿Hacen dejación de funciones?  ¿Están de acuerdo en que reine el secretismo y la falta de democracia?  No lo entendemos, pero ya son muchos años de pasividad ante la impunidad militar.

¿Cómo es posible que los grandes partidos, PSOE y PP se nieguen a democratizar la política de defensa?  No lo sabemos, pero últimamente todo parece indicar a que ambos partidos, mejor dicho, los altos cargos en el gobierno de ambos partidos, sacan pingües beneficios en forma de negocios o de altos cargos en empresas privadas militares cuando dejan sus sillones en el ministerio, es decir, todo parece indicar que les beneficia mantener durante más de tres décadas esta situación de falta de democracia.

2.-  Los contenidos de la D.D.N.

La actual Directiva de Defensa, promulgada por Rajoy el 1 de agosto de 2012, es la novena que se realiza desde 1980, y como era de esperar, viene a consolidar una línea de absoluta continuidad en las principales características de la política de defensa elaborada por los gobiernos de UCD, PSOE y PP, por lo que aporta en realidad muy pocas sorpresas.  Se opta por reforzar, de nuevo, la concepción militarista de la defensa que privilegia el aparato militar y la mentalidad militarista de abordar los conflictos como principal (y única) respuesta a los problemas de seguridad;  por “modernizar”, nuevamente, las fuerzas armadas (lo que implica garantizar ingentes gastos militares que casi siempre irán en detrimento de partidas y necesidades sociales básicas y para las que no hay dinero);  se aboga por profesionalizar y racionalizar nuestros ejércitos (lo que implica igualmente mantener una estructura militar permanente hipertrofiada y sobredimensionada, con grandes beneficios sociales y económicos y que supone un ingente gasto público); y se pretende hacer de nuestro ejército un elemento de “ensamblaje” en el megaejército de occidente (léase OTAN y UE en lo que es compatible con la alianza militar transatlántica) que permita a España jugar a ser cola de león en el contexto internacional.

La actual Directiva de Defensa, una de las más escuetas, consta de tres grandes apartados:

  • un primer apartado que define el contexto y los escenarios en los cuales se pretende fijar la política de defensa,

  • el segundo establece los objetivos y líneas de actuación de la política de defensa y

  • el tercero que señala las directrices de dicha política.

En el presente texto intentaremos explicar lo que dice esta directiva y definir, con ello, el modelo de defensa por el que opta el estado.

 2.1.-  El contexto y los escenarios.

 Contexto y escenarios relevantes para la defensa vendrían a ser el análisis de cómo está el mundo y la justificación de este estado de cosas de cara a las necesidades y objetivos de la defensa.  Normalmente se entiende que la defensa viene justificada por la existencia de amenazas reales a la seguridad y que debe ejercerse de forma coherente con el grado de amenazas existentes. De este modo, definida la amenaza, su naturaleza, etc., podemos caracterizar el tipo de defensa necesario.

 La principal característica de las D.D.N españolas es que, curiosamente, y de forma constante, las amenazas que enmarcan el contexto  son de carácter difuso y, desde luego, bien alejadas de cualquier escenario bélico y militar y, sin embargo, esta real (y persistentemente afirmada en las directivas) “ausencia de enemigos” “justifica” (de forma a nuestro entender muy poco coherente) la necesidad de mantener un aparato militar muy amplio y sofisticado, que genera un gasto público militar inmenso y que en realidad es desmesurado e ineficaz para solventar, o cuando menos mejorar, las amenazas existentes.

 La Directiva rajoyniana sigue este mismo discurso y utiliza el característico lenguaje vaporoso e impreciso de los textos del planeamiento españoles (tal vez por efectos de una mala traducción de sus homólogos de la OTAN y de Estados Unidos, en los que se inspira) para caracterizar nuestro contexto y los escenarios a tener en cuenta. Veámoslo.

 Los escenarios.

 Comienza Don Mariano por afirmar que el principal elemento a tener en cuenta es que estamos sumidos en plena crisis, lo que es muy malo por sí pero, además, condiciona la defensa porque para llevarla adelante tendremos algunas restricciones presupuestarias ineludibles y que nos fuerzan a hacer de tripas corazones con los presupuestos y con los compromisos de inversión y de compras ya adquiridos previamente.

 Explica que el actual contexto, en su conjunto, es complejo e incierto (vocablos que se usan como una especie de lugar común que sirve para curar un roto o un descosido) y diferencia tres grandes “escenarios”  pertinentes en materia de defensa:

  1.  El escenario internacional, donde sitúa las llamadas “amenazas compartidas” (es decir, las que se derivan de la situación internacional y de los principales choques producto de nuestro peculiar modelo de globalización), y en donde según Don Mariano nuestra posición debe ser mantener la fidelidad a los compromisos adquiridos (es decir, mantener el seguidismo de la geopolítica y los intereses de la OTAN y de las potencias aliadas).
  2. El escenario de las “amenazas no compartidas”, que vendría a ser, si no interpretamos mal la jerga galaica del ex-registrador de Santa Pola, el que concierne a nuestros sempiternos conflictos territoriales en África, la reivindicación de Gibraltar a la pérfida Albión;  tal vez también las prédicas separatistas cada vez más insistentes; la posición de nuestros intereses “nacionales” allende las fronteras (lo que incluye las multinacionales españolas que expolian recursos naturales en Chile, Argentina, etcétera y que se ven amenazados por el, dicen, populismo nacionalista latinoamericano, que sienten siempre vengativo hacia lo español y, como se ha visto, dispuesto a expropiarnos sin mayor consideración). En este escenario, Don Mariano señala que la gran posición española debe ser “prevalecer” frente a las amenazas, lo que traducido al román paladino quiere decir, vencer, sostenella y no enmendalla.
  3. Y por último, nos habla de un tercer escenario, éste indudablemente interno a la idea de la seguridad y englobador de los anteriores, que es el escenario que Don Mariano llama de la credibilidad, que es un argumento disuasorio y vendría a ser el hacer ver, donde la seguridad pueda verse en entredicho, que nuestra determinación es llegar hasta las últimas consecuencias. Vamos, que llegado el caso estamos dispuestos a usar la fuerza a tope y sin contemplación, lo cual, siguiendo la lógica castrense, implica que el “enemigo”, al ver tal arrojo, queda por sí disuadido de hacer cualquier intento maligno por si acaso.

 De un modo más gráfico, estos tres escenarios quedarían representados del siguiente modo (cuadro 1)

Escenario pertinente para la seguridad

Principio rector

Escenario de “amenazas compartidas”

Cumplir compromisos

Escenario de “amenazas no compartidas”

Prevalecer

Escenario de la seguridad

Disuadir

Esta descripción, aunque envuelta en un manto de palabrería, nos ofrece una primera característica de la política de defensa española: es una política disuasoria desde la acumulación de fuerza mililtar y la determinación de usarla. Podría haberse optado por un enfoque diferente, como por ejemplo, que la defensa fuera exclusivamente del territorio nacional, o el de una defensa no ofensiva, o de una defensa de las instituciones y de los derechos y del papel asignado al ejército en la constitución (precisamente lo que espera defender la parte progresista de nuestra oficialidad), o un enfoque preventivo, que en vez de acumular fuerza para amedrentar, se fijaría más en realizar actuaciones de anticipo, de cooperación, de negociación, etc; o por un enfoque de cooperación, que se fijaría más en la propia lógica de los problemas de seguridad para desarrollar estrategias de lucha contra sus causas, de solidaridad, ….

La opción por una política de defensa disuasoria condiciona la seguridad y exige, a pesar de que no hemos definido aún las amenazas y que éstas probablemente no tienen ninguna naturaleza militar y sí más bien de injusticia estructural, un ingente componente bélico, la amenaza del uso de la fuerza, importante gasto militar, fomento de una industria militar agresiva, militarización social, etcétera.

El contexto.

Una vez hecha esta división de escenarios relevantes para la política de defensa, traza Rajoy su “visión del mundo”, la cual pretende señalar las amenazas y riesgos para nuestra seguridad.

Queremos advertir al lector, antes de seguir adelante, que tal vez todo esto le vaya a parecer un tanto paranoico o, cuando menos, surrealista, pero es así la cosa y, en temas de defensa, así ha sido siempre, para qué lo vamos a negar. Probablemente lo que los demás ciudadanos vemos como un mundo singular y apto para convivir sin complicarnos ni complicar la vida a los demás, en la mente de un militar o de un político sistémico pasa a ser un escenario idóneo para el crimen organizado, la subversión universal o la invasión de los marcianos.  Cada vez tenemos más claro que todo ello es para fomentar el negocio de la guerra, que a unos les da beneficios y a otros, poder.

Según nuestros adalides de la defensa, la amenaza que se cierne sobre nosotros es híbrida y difusa (lo cual a juicio de legos en la materia es tanto como no decir nada o referir contundentemente la inadecuación del pensamiento militarista para hacerse cargo de esta amenaza). Dicha amenaza se encuentra además fuera del control territorial de los estados soberanos, en esa especie de “no lugares” que es el mundo virtual, lo global, la comunicación, la interconexión, etcétera. También pasa a ser ahora un riesgo susceptible de enfoque militar el espacio económico y, en fin, la expansión de las necesidades de seguridad, vistas desde una óptica militar, a cualquier espacio de la vida, desde el medioambiente al fanatismo religioso de los otros (nunca del propio).

Esta especie de definición omnicomprensiva de los riesgos y amenazas difusos como “amenazantes” para la seguridad permite al pensamiento militar justificarse ante cualquier cosa, desde un cambio económico a un cortocircuito en la cadena de abastecimiento de patatas, pasando por la caída de un meteorito, un incendio o la expropiación de una empresa. Todo vale y todo justifica el gasto en defensa y la construcción de un entramado de uso legítimo de la violencia por si acaso.

Debido a la división de escenarios antes realizadas, la caracterización de los riesgos, amenazas y enemigos de nuestra seguridad la propone Rajoy del modo que presentamos en este segundo cuadro de elaboración propia:

 

Escenarios

Riesgos, amenazas, enemigos

Internacional,

o de “amenazas compartidas

Terrorismo internacional,

Delincuencia organizada,

Ataques cibernéticos

Armas de destrucción masiva descontroladas

Tráfico de personas

Piratería internacional

Grupos fanatizados

Quiebra del espacio aéreo y espacial

Amenazas no compartidas”

La inestabilidad en nuestra frontera Sur

Que se líe la gorda en Oriente Medio o en el Sahell

El tráfico ilícito en el Golfo de Guinea

El narcotráfico, el terrorismo y el ataque a nuestros intereses y empresas en Latinoamérica.


3.-
Los objetivos y líneas estratégicas de la defensa

Gente insolvente y maliciosa podría cuestionar si estos son en realidad los escenarios y amenazas a la seguridad de los españoles o si no sería mejor fijarnos en cosas de otra naturaleza, tal vez más contingentes y visibles, como la cercenación de derechos a que nos someten ciertas políticas de palo y zanahoria muy en boga, o el trabajo del que nos despiden, la educación que nos impiden, la seguridad personal, e incluso las agresiones al medioambiente o la pobreza.

La ventaja de elegir escenarios indefinidos e inconcretos es que nos permite hacer el viejo truco del abejaruco: definir al enemigo como mera hipótesis, como algo inconcreto que nos exige estar preparados para cualquier cosa, facilitando la expansión de la justificación militarista a todos los escenarios sociales que interesen al que manda, mientras que los peligros reales que nos acechan (paro, hambre, pobreza, deterioro ecológico, malas políticas, ajuste, etc.) son desentendidos y considerados materia ajena y que no afectan a nuestra seguridad.


Tal vez
optar por una idea de seguridad humana, y no por una idea de seguridad militar, habría sido más adecuada para definir riesgos, amenazas, objetivos e, incluso, metodologías y políticas necesarias para nuestra seguridad, pero eso habría sido empezar la casa por los cimientos, cosa que, aunque razonable y muy del uso civil, aparece como contraria a la lógica militar vigente.

Volviendo al tema, Rajoy define dos grandes objetivos, ambos en perfecta consonancia con los escenarios predefinidos:

ESCENARIOS

OBJETIVOS

De seguridad ante amenazas no compartidas

Garantizar la seguridad de los españoles:

  • Dotarnos de capacidades de fuerza suficiente

  • Desarrollar una estrategia de seguridad real (la de ahora es de papel) y que potencia las políticas sectoriales de seguridad

  • Precisar un mecanismo de coordinación integrado de inteligencia e información (exigido por EEUU dado el despropósito actual)

De seguridad ante amenazas compartidas

Contribuir al esfuerzo de la UE y la OTAN de mantener la seguridad mundial

 

4.-  Líneas estratégicas para llevar a cabo estos objetivos.

Tras la deprimente lectura de los objetivos de la defensa propuestos por el marianismo, podríamos pensar que alguien asó la manteca, pero eso es tanto como pensar que el célebre pontevedrés posee capacidades y aficiones culinarias, como pasaba con su paisano Don Alvaro Cunqueiro, cosa que a simple vista está que no ocurre. De este modo, vayamos al siguiente argumento de Mariano, que es el de las líneas estratégicas que propone en su DDN.

  1. Nos dice que estos objetivos deben llevarse adelante con las siguientes líneas estratégicas:
  2. Promoviendo una España fuerte e influyente que preserve los intereses nacionales en el globo, lo cual nos parece como poco un exceso de optimismo o una borrachera de mal nacionalismo por parte del Presidente de Gobierno.
  3. Coordinando todos los departamentos y ministerios (osea buscando transversalidad) para conseguir mayor eficacia de la política de defensa; loable propósito que tiene el pequeño inconveniente de que la política de defensa propuesta es caótica y la supina ignorancia sobre seguridad y políticas de seguridad “aplastante” en los diversos departamentos e instancias a coordinar.  Además, esta coordinación que se pretende es la misma que se pretendió en las anteriores Directivas y que, por lo visto, nunca llega, lo cual nos habla muy mal de la eficacia de nuestros gestores en las labores de defensa.
  4. Mantener un nivel de disuasión suficiente; apelación a un militarismo grosero y trasnochado que preocupa por cuanto que incorpora una abierta llamada tanto al aumento de gasto militar como a la presentación de España como una potencia agresiva y de la que cuidarse.
  5. Transformando las Fuerzas Armadas en un contexto de escasez de recursos, apelación que no sabemos si quiere decir que habrá una reducción de efectivos o todo lo contrario, porque cada vez que los políticos nos han hablado de modernizar y profesionalizar el ejército ha supuesto invariablemente un aumento del gasto militar, sin que la anhelada modernización acabe por llegar nunca.
  6. Desarrollando una política de “comunicación estratégica” sobre la sociedad para fomentar la conciencia de defensa (osea, promoviendo una manipulación informativa para que veamos enemigos donde no los hay y creamos que la mejor inversión para nuestro futuro es la de apoyar el militarismo) y una “cultura de defensa” (en este caso presupone Rajoy que nuestra ausencia de ardor guerrero es incultura de defensa y no una visión culta y alternativa de la seguridad que precisamente por eso nos aleja de las inquietudes militaristas.

5.-  Las directrices de la Directiva.

Con todo ello pasamos al aspecto que mejor señala las principales preocupaciones que va a tener la política de defensa española en la legislatura y que Rajoy agrupa en cuatro grandes apartados.

Directriz

Contenido

Racionalizar las estructuras relacionadas con la seguridad nacional

  • Revisar la estrategia española de Seguridad

  • Hacer una revisión estratégica de la defensa manteniendo informadas a las Cortes y buscando consenso de estado

  • Impulsando el Consejo de Defensa Nacional

  • Fomentando la comprensión y aceptación social (cultura de defensa)

Mantener la credibilidad disuasoria

  • Preservando las capacidades de fuerzas (osea, asegurando un número mínimo muy elevado de efectivos y de material de guerra)

  • Estableciendo un jerarquía de prioridades (1º defensa del territorio, 2º defensa marítima y del espacio aéreo, 3º capacidad de proyección (invasión, misiones en el exterior) y 4º colaboración con protección civil

  • Modernizando el sistema de gestión de crisis

Participar activamente en la OTAN y otras estructuras de defensa multilateral

Igual que en las otras directivas

Replantear efectivos y estructuras

Para adecuarlos a la realidad presupuestaria (parece que se anuncia, aunque en realidad no se desea una reducción de efectivos)  

Impulsando la industria de defensa

Se pretende apoyar este sector con fuertes subvenciones y con relaciones políticas para que pueda tirar de la exportación de armas

 

Con este cúmulo de directrices Rajoy no hace sino dar continuidad a la política de defensa militarista que ha tenido lugar en los cerca de nueve lustros vividos en “democracia” y participa de la visión militarista de la defensa que mantienen el PP y el PSOE desde antiguo, dejándonos claro que la defensa es cosa militar y de militares, desaprovechando la ocasión, una vez más, para un replanteamiento de la seguridad hacia la idea de seguridad humana y hacia la transparencia.

Incluso deja sin contestar las preguntas que el momento actual debería tener despejadas:

  1. qué se va a hacer para atajar la insostenibilidad de un gasto en armamentos impagable e innecesario;cómo hacer que la política de defensa sea desarrollada no desde los intereses del complejo militar industrial sino desde los intereses sociales;
  2. si se le va a dar al parlamento un papel efectivo en la definición de esta política o va a seguir siendo un invitado de piedra;
  3. si España quiere definirse como un país interesado en la participación armada en otros escenarios mundiales y participar de la injerencia militar en uso,
  4. si la reforma del ejército será para reducir sus efectivos y cuadros y mandos o seguiremos optando por un ejército sobredimensionado e hipercefálico que cuenta con un mando por cada dos soldados,
  5. si seguiremos fomentando la exportación de armas y conflictos a otros pueblos,
  6. y si seguiremos siendo un mal apéndice de la OTAN, permitiendo incluso el uso del territorio para instalar escudos antimisiles que nos ponen en primera línea de ataque.

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