Quien siembra vientos, …, recoge fuego fratricida.

Fuente:  Rebelión y El País.

Por su amplitud, los ataques de infiltrados contra las fuerzas ocupantes en Afganistán, «ataques desde el interior» en el argot de la OTAN, son un fenómeno inédito en la historia de la guerra moderna y amenaza seriamente los planes de retirada, coinciden los analistas.  Agosto ha sido de lejos el más aciago en este sentido en los cerca de once años de ocupación. Uno de cada tres soldados de la OTAN muertos ha caído bajo las balas de uniformados del Ejército afgano que Occidente se encarga de adiestrar.  El fenómeno ha explotado este año, con una treintena de ataques que han matado a 45 soldados de la ISAF, el 14% del total de bajas militares aliadas.   En 2011 fueron el 6%. Hace cuatro años, en 2008, solo supusieron el 1% de bajas, con dos soldados extranjeros aniquilados de ese modo. Los ataques ‘fratricidas’ se producen con mayor frecuencia en las provincias con una fuerte presencia de la Guerrilla Talibán, y sobre todo Helmand, que desde enero ha vivido 15 incidentes de ese tipo. En Kandahar se han registrado ocho.  Semejante balance no ha sido registrado en ninguna de las guerras contemporáneas, desde Vietnam a Irak.

El Comando de Operaciones Especiales de las tropas norteamericanas en Afganistán ordenó el sábado la suspensión de las labores de entrenamiento de sus soldados a nuevos reclutas afganos, dado el reciente incremento de los ataques de operativos de la Guerrilla Talibán infiltrados entre las fuerzas de seguridad que dependen del Gobierno de Kabul.   Mientras el Comando de Operaciones Especiales de EE UU reexamina a los 16.300 soldados afganos con los que coopera en el Cuerpo de Policía Local, dejará de entrenar temporalmente a 1.000 nuevos reclutas.

Parece ser que la OTAN y EE.UU. están preocupados por las bajas que puede causar este fuego fratricida o ataques desde el interior en la inminente retirada de efectivos.  La OTAN ya ha cerrado 200 bases extranjeras y cedido el control de otras 282 a las tropas nacionales afganas. 

Es decir, EE.UU. y la OTAN están recogiendo lo que han sembrado:  han enseñado el uso de la violencia a los afganos y parece que ahora se sorprenden de que estos la estén usando también contra ellos.  ¿Por qué no?, se preguntarán los talibán.

El que siembra vientos, recoge tempestades.  Y el uso de la violencia o el abordaje violento de cualquier conflicto lleva a situaciones como esta.  ¿No lo sabían?  Pues que se agachen, que vuelve el boomerang que lanzaron ellos mismos.

Si hubiesen sembrado cooperación para el desarrollo les llovería cooperación para su propio desarrollo, pero …

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