La militarización yanki de Panamá.

Fuente:  Rebelión.

Panamá está clasificado como uno de los escasos países sin fuerzas armadas.  En efecto, suprimió su ejército en 1990, confirmado por un voto unánime parlamentario para el cambio constitucional en 1994. Actualmente la República de Panamá se encuentra reestructurando su fuerza pública, contando con instituciones militares especializadas como el Servicio Nacional de Fronteras (Fuerza armada terrestre) y el Servicio Nacional Aeronaval (agrupa la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina) los cuales a parte de cumplir con funciones policiales, tienen como misión la defensa de la integridad territorial. Panamá está militarmente capacitada para resistir un ataque armado a menor escala, lo que lo beneficia para combatir el narcotrafico, el crimen organizado y a las FARC, que operan en su frontera con Colombia.  En caso de atentados al canal de Panamá, declara la neutralidad del Canal para que permanezca seguro y abierto para el tránsito pacífico de las naves de todas las naciones en términos de entera igualdad de acuerdo con tratados internacionales, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra.  Actualmente las Fuerzas Aliadas Panamax tienen el deber de proteger a Panamá y la integridad del canal.

Así, EE.UU. Por décimo año consecutivo insiste en realizar maniobras militares en torno al Canal de Panamá con supuestos “aliados” panameños y de otros 15 países latinoamericanos.  Ello es aprovechado para que EE.UU. asuma abiertamente el control territorial del país.

Desde el 6 de agosto hasta el viernes 17 de agosto, Panamá ha sido virtualmente ocupada por tropas norteamericanas con el supuesto de que el Canal está en peligro. Según un comunicado de los mandos militares de ese país del norte, el Ejército Sur de EEUU y las fuerzas armadas y de seguridad de 17 naciones participarán del ejercicio anual Panamax, que cuenta con el patrocinio del Comando Sur.

El comunicado plantea objetivos contradictorios y sin mayor sentido: Este ejercicio multinacional reúne a las fuerzas navales, aéreas y terrestres en una operación conjunta y combinada para defender el Canal de Panamá de ataques perpetrados por violentas organizaciones extremistas de carácter ficticio, así como también responder ante los brotes pandémicos y catástrofes naturales en diversas regiones.

Entre los grupos ficticios “extremistas”, los militares norteamericanos han mezclado en una sola bolsa a campesinos e indígenas panameños, a fuerzas insurgentes de Colombia y a traficantes de drogas ilícitas que operan en los círculos financieros y políticos de EEUU.

Mucho nos llaman la atención en los medios de masas sobre las distintas guerras abiertas en todas las partes del globo, pero estas otras guerras de baja intensidad, olvidadas, pero muy importantes porque conculcan derechos plenamente a todos los nacionales de Panamá, son ocultadas como si no pasase nada.

Tan duro como lo anterior es que 15 naciones (Belice, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Francia, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú)  se hayan prestado a los juegos intervencionistas yankis y colaboren en estas maniobras militares y en la pantomima del Panamax que militariza a una nación que no quiere estarlo.  Por cierto, ¿qué hizo allí Francia?

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