Defensa blinda sus comunicaciones y permite el espionaje informático a sus militares

IBM R52 +

Fuente: El País

El Ministerio de Defensa acaba de aprobar un procedimiento de seguridad para su red informática (la llamada Red de Propósito General del Ministrio de Defensa), de la que son usuarios unas 50.000 personas.

Este protocolo obliga a los militares (y también a empleados civiles del ejército y personal de empresas contratadas por el ministerio de defensa)  a firmar un documento de compromiso en el que aceptan las normas del protocolo (lo que incluye la capacidad de que sus correos electrónicos sean espiados).

El código elaborado por la Subdirección General de Tecnologías de la Información y Comunicaciones proclama su intención de garantizar “la preservación de los derechos fundamentales de las personas reconocidos en la Constitución española” (por ejemplo el derecho de intimidad y de secreto de las comunicaciones, la libertad de expresión y opinión, etc.), pero a continuación se reserva la facultad de monitorizar e inspeccionar el empleo de la red por parte de los usuarios.  Nos parece una contradicción y una ilegalidad clarísima, el camino de la seguridad contra las filtraciones no es escatimar derechos a sus militares.

Para salvar el obstáculo legal de la privacidad de las comunicaciones el código establecido señala que la infraestructura y los equipos  del ministerio  “únicamente \[son\] para fines oficiales, no pudiendo ser utilizados con carácter privado”, y califica de “abuso” cualquier uso “que trascienda los fines estrictamente laborales o profesionales

Así, parece entenderse, uno puede ser espiado en su correspondencia privada si se le ocurre consultarla desde los equipos del ministerio o si usa para expresarse la red o los equipos del ministerio.

Aunque parezca una barbaridad (que lo es) está en consonancia con recientes sentencias de los tribunales que permiten espiar el correo de trabajadores en similares circunstancias. No sabemos, en este caso, qué fue antes, si el huevo o la gallina, y si es que la inspiración militar penetró primero en las empresas y en las cabezas de los jueces o si es que los militares se limitan a copar las malas ideas de los civiles.

El caso es que con este nuevo reglamento militar se da un paso más en la incompatibilidad entre el pensamiento y la organización militar y los derechos y libertades que se supone que son la base de nuestro modelo de convivencia. Incompatibilidad, en este caso, que no se soluciona restringiendo las pretensiones militaristas, sino los derechos civiles, porque, como se sabe, uno cuando entra por el arco militar, deja fuera todo menos el aguerrido valor castrense.

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