Transformar el conflicto por el agua entre Israel y Palestina en un cooperación y desarrollo común

Fuente:  FP.

Con este atractivo subtítulo:  “¿Es posible transformar la crisis de recursos hídricos en la región en una oportunidad para promover la paz?”, FP nos ofrece una visión de cómo transformar un problema:  la escasez de agua en una región, en una oportunidad para el diálogo, la negociación, la colaboración y las empresas comunes y colaborativas entre los países en conflicto.

El agua es vital para la vida de las personas y de los países.  Su escasez puede llevar en un futuro cercano a guerras, migraciones masivas y diversos conflictos ecológicos.  ¿Cómo enfrentarse a ellos?  Desde el punto de vista militar sólo existe una forma:  militarizando el agua, sus fuentes, su utilización, su distribución.  Sólo ven la posibilidad de invadir, controlar en exclusiva, para luego poner condiciones a los demás para enriquecerse con el agua que han conquistado.

La situación en la Franja de Gaza es especialmente dura:   además de la mayor escasez de pluviosidad y de reservas de agua subterránea, según un reciente informe de la ONG Save the Children, el 90% del agua de la Franja presenta altos índices de fertilizantes, residuos y metales, haciendo que no sea apta para el consumo humano en aplicación de los estándares establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según este informe, su alcantarillado ha resultado destruido por la campaña “Plomo Fundido” en enero de 2009 y las sucesivas operaciones militares, mientras que las depuradoras están sobresaturadas o faltas de combustible para poder funcionar, con lo que el número de casos de diarrea infantil y otras enfermedades se han multiplicado en los últimos 5 años (en que Hamás se hizo con el poder por las armas y el Gobierno israelí comenzó a aplicar un férreo bloqueo de la Franja).

Han sido múltiples los intentos de los negociadores interrnacionales por conseguir que el conflicto del agua entre Israel y Palestina se resuelva de manera colaborativa y pacífica, sin embargo, si el Proceso de Oslo (1993-2000) posibilitó que israelíes y palestinos dejaran de ver la cuestión del agua como un juego de suma cero para plantearlo como de suma positiva –donde la cooperación e integración de sus recursos hiciera aumentar la disponibilidad de éstos–, la Segunda Intifada (2000-2005) tiró por la borda todos estos planteamientos y creó un clima de desconfianza mutua que se prolonga hasta hoy en día.

Sin embargo, los intentos se suceden:  dentro de esta situación de parálisis negociadora general, que se manifiesta especialmente en ámbitos concretos como el de la gestión del agua, ha surgido una iniciativa internacional (con sede en India, patrocinio oficial de Jordania, y financiación de las agencias de cooperación suiza y sueca) que resulta realmente innovadora e interesante.

En febrero de 2011, tras una reunión en Mumbai (India) en la que participaron un centenar de dirigentes y expertos de Israel, Palestina, Jordania, Líbano, Irak y Turquía, el Strategic Foresight Grouppresentó un exhaustivo informe de 180 páginas en el que demuestra cómo los cauces de los ríos de la zona van disminuyendo progresivamente, y cómo otras reservas como el Lago Tiberiades o el Mar Muerto van reduciéndose (el primero hasta niveles críticos, el segundo hasta comenzar incluso a desaparecer al ritmo de evaporación actual y falta de reposición). Por ello, han propuesto la creación de un “Consejo de Cooperación para la Gestión Sostenible del Agua”, que incluiría a Turquía, Siria, Líbano, Jordania e Irak, permitiendo canalizar los excedentes de unos a aquellos que presenten déficits. Y también un paquete de medidas de confianza entre Israel y Palestina, que permitiera la reactivación de la Comisión Conjunta del Agua bajo la supervisión y arbitrio del Cuarteto (formado por EE UU, la UE, Rusia y la ONU) o bien de algún donante internacional como el Banco Mundial.

De esta forma el informe “Paz Azul” propone transformar la crisis del agua en Oriente Medio en una oportunidad para promover una nueva paz regional basada en el axioma de que dos países fronterizos con acceso a suficientes, limpios y adecuados recursos hídricos ya no se sentirán motivados para entrar en conflicto bélico, pues éste resultaría altamente perjudicial para ambos. 

Una buena propuesta de colaboración y de gestión alternativa de un conflicto.  Si todo lo que se dedica a armas se dedicara a promover y llevar a cabo este tipo de iniciativas, otro gallo nos cantaría en la mayoría de los conflictos.  Muchos conflictos bélicos derivan de situaciones de desigualdades estructurales que se enquistan y en las que no se gastan las suficientes energías para poder dar un abordaje alternativo y más creativo.  Ojalá la cooperación de un poco de paz a una zona tan necesitada.

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