Soberanía ciudadana en temas de defensa

Mafalda + en + San Telmo +Fuente: artículo publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanal eshora núm. 13.

No hace mucho el Ministro de Defensa, Pedro Morenés, insinuó que en breve espacio de tiempo el presidente de gobierno promulgaría una Directiva de Defensa Nacional, anuncio que ha pasado perfectamente desapercibido en las agendas periodísticas y políticas por el juego de los grandes argumentos de nuestro momento actual (mediocridad e ignorancia) y de la incompetencia de nuestros próceres y padres de la patria, más preocupados por la paja que por el grano.

Sin embargo, que el gobierno vaya a diseñar y aprobar en breve una “directiva de defensa” no es cualquier cosa, pues el documento es, nada menos, el documento central del planeamiento de la defensa, donde se define qué se quiere defender, quién se considera enemigo, qué estrategias se van a llevar a cabo y, en definitiva, los ejes principales de la política de defensa y seguridad y del gasto en que incurrir el Estado en esta materia para los próxmos cuatro años.

Llama la atención, por ello, que el anuncio pase tan de puntillas. Y llama la atención tanto por el tiempo y modo en que el gobierno pretende aprobar este documento (en pleno verano, en casi absoluto secreto y con el Parlamento de vacaciones), como por la falta del más mínimo interés por parte de nuestra casposa clase política, que ni exige que las grandes líneas de la defensa se debatan con luz y taquígrafos  (como ocurre en otras esferas de la política pública), ni que sea el parlamento el lugar que elabora, modifica y aprueba dicha directiva.

¿Por qué ocurre esto? Como intentaremos explicar, porque en la política de defensa y en todo lo que tiene que ver con el ejército, todo está “atado y bien atado” entre los partidos políticos “con vocación de gobierno” y con una absoluta y vergonzante supeditación del poder civil a los intereses militaristas y porque en realidad la oposición, salvo honrosas excepciones, no tiene ni plantea una política de seguridad alternativa o diferente ni cree que el escenario de la defensa sea cosa de civiles ni de acción política aletrnativa.


¿Qué es la directiva de defensa nacional?

La Directiva de Defensa Nacional (D.D.N.), como hemos dicho antes, es el documento máximo del planeamiento de la defensa en España y ocupa el lugar principal tras la Ley Orgánica de la Defensa Nacional (5/2005) en la política de defensa española.

Desde la invención del Ministerio de Defensa, ha habido ocho D.D.N. (1980, 1984, 1986, 1992, 1996, 2000, 2004 y 2008, coincidiendo con la asunción de los nuevos gobiernos, ya que cada uno ha elaborado la suya al asumir el poder).

Es un documento que hasta hace poco estaba declarado secreto. Como botón de muestra bástenos decir que es imposible encontrar en la red el texto de aquellas previas a la de 1996, ni siquiera en la página web del Ministerio de Defensa.

En la D.D.N. se establecen las líneas generales de la política de defensa y las directrices para su desarrollo. Estas directrices constituyen la base que orientan todo el posterior proceso de Planeamiento de la Defensa. Es pues, el documento máximo en cuanto a fijar objetivos y metodologías en las cuestiones de Defensa, de ahí su importancia y la necesidad de democratizar su elaboración.

¿Cómo se hace?:  la falta del mínimo proceso democrático.

Desde la primera Directiva de Defensa Nacional en los años 80, el trámite de aprobación de las directivas ha sido bastante asombroso y de bochornosa ausencia de calidad democrática: son aprobadas por el presidente del gobierno y, más tarde, éste “desclasificaba” el secreto del documento (parcialmente) para darlo a conocer al Parlamento (por donde no pasaba para ser debatido y votado) y a la opinión pública, hasta que con Bono como ministro de defensa se suprimió su carácter secreto (no así la metodlogía antidemocrática de su adopción secretista y sin pasar por el Parlamento).  Nótese bien el hecho: lo daban a conocer, pero no a aprobar (ya lo estaba), ni importaba nada lo que se opinase del documento, porque ya era un documento oficial firmado por el gobierno.

¿Ha protestado algún partido político por este desmán? Si pensaron que no, han acertado. Todos han dejado hacer y sólo los grupos pacifistas hemos protestado por este modo de construir una política que nos afecta a todos y en la que tenemos derecho a decidir y propuestas diferentes a las que componen la actual política de defensa militarista e intervencionista.

Esta desidia, o irresponsabilidad si se quiere, de las fuerzas “parlamentarias” da a entender que todos los partidos están de acuerdo en que el documento máximo en política de defensa no se apruebe de manera democrática, con debates parlamentarios públicos, con un periodo previo de información y participación social, con debates parlamentarios, con presentación de enmiendas, con votaciones, …  Que este modo de hacer las cosas sea aceptado por el PP y el PSOE y por los partidos de derechas se entiende en función de sus intereses de defensa del status quo, pero se entiende poco por qué los partidos de izquierda, que se supone que sealinen en otro modo de entnder la defensa, han aceptado este sinsentido y no han sido críticos ni propositivos al respecto.


Cómo debería hacerse:

A nuestro juicio no hay que inventar nada: simplemente hacer como en tantos otros aspectos de la política pública española: con el suficiente y plural debate social y político, lo que incluye disponer no sólo de los obscuros “expertos” militares y de la influencia de los lobbys del “complejillo militar-industrial” español, sino con la opinión de las organizaciones sociales, académicas, políticas, culturales, etc., que componen la complejidad de nuestra sociedad; y mediante una oportuna, democrática y transparente tramitación parlamentaria.

A nadie se le ocurriría, por ejemplo, sustraer de estos requisitos la política educativa, o hacerla de espaldas a la comunidad educativa. O, por poner otro ejemplo, para elaborar la planificación de la política de ciudadanía e integración en España, se ha contado previamente con un amplio trabajo de administraciones, organizaciones sociales, del mundo académico, etc., y se ha generado un debate y una deliberación cualificada antes de elaborar dichas líneas maestras.


Qué suelen decir las directivas:

Hemos tomado como referencia la DDN de 1996, la primera de Aznar en el poder, porque no disponemos de otra más antigua que sea pública y porque en esa legislatura se dieron los pasos básicos de nuestra actual (y continuista) política de defensa:

a)pasó al ejército profesional, hito destacado en la evolución de la Política de Defensa y

b) se emprendió el ciclo armamentista de adquisición de grandes (y costosos) programas de armamento español (justo los que ahora lastran el presupuesto de defensa y hacen inviable su pago).

c) Alineación con la OTAN y el militarismo occidental vigente (linea que ya estaba previamente acordada desde el gobierno de Calvo Sotelo y Felipe González-Solana)

También porque, casualmente, en aquel entonces era protagonista principal, como Secretario de Estado de Defensa el que hoy es Ministro del ramo y es importante juzga en sus términos los “logros” de la política de defensa promovida desde el PP.

De las 4 directivas disponibles desde entonces (dos del PP y dos del PSOE) hemos entresacados los aspectos que figuran (como mantras que se repiten) en ellas y que les dan uniformidad sea cual sea el color del gobierno.

No hay que olvidar que para los dos partidos que se turnan en el poder, la defensa es un asunto de Estado (con ello entienden ambos partidos que están de acuerdo en que todo permanezca igual:  secretismo, militarismo, violencia, armamentismo, comercio de armas, favorecer a la industria militar, …).

En estas cuatro DDN argumentan que es necesario:

  1. Actualizarlas por las variaciones en los últimos acontecimientos nacionales e internacionales.  Aparece como un mantra repetido y cansino en estas directivas que son necesarios los planteamientos novedosos y los cambios de mentalidad por los cambios mundiales. Por ello siempre se está buscando un nuevo concepto de seguridad y defensa, que parece que no consiguen definir:  ya en 1996 se cita a la OTAN para hablar de un nuevo concepto de seguridad y defensa.  Además, desde el año 2000 se busca realizar una Revisión Estratégica de la Defensa, donde se aborden de manera global y conjunta las cuestiones orgánicas, funcionales y operativas.  Es curiosa esta necesidad de constante actualización cuando ambos partidos están de acuerdo en todo y salvo cuestiones de redacción nada cambia de una DDN a otra.

  1. Lo militar porque siempre existen conflictos que son amenazas potenciales. Siempre son un riesgo la proliferación de armas nucleares, biológicas o químicas, que según las Diretivas son los elementos que configuran la novedad del escenario mundial.  También parece imprescindible esconder cuál es nuestro posible enemigo militar en frases confusas:  “el escenario estratégico actual caracterizado por la ausencia de amenaza clara y definida a nuestro territorio y por la aparición, sin embargo, de riesgos asimétricos, crisis y conflictos que comprometen la paz, la seguridad y la estabilidad en muchas regiones del mundo que pueden afectar a nuestra propia seguridad y, en consecuencia, requerir una respuesta por parte de España”  (DDN 2000).  A partir de la DDN de 2004 (con Zapatero en el poder) también se tiene en cuenta “el terrorismo de carácter transnacional y alcance global, con gran capacidad de infligir daño indiscriminadamente”.

  1. Proclamar como coartada los grandes ideales: se busca un orden internacional estable y seguro, basado en la convivencia pacífica, en la defensa de la democracia y de los derechos humanos y en el respeto a las normas del derecho internacional. También es necesario recurrir a las funciones clásicas del ejército: proteger la soberanía, la independencia, la integridad territorial, el ordenamiento constitucional, proteger la vida, la paz, la libertad y la prosperidad de los españoles y los intereses nacionales. Se salta de ahí a dotar a las fuerzas armadas de otras funciones más expansionistas e intervencionistas y, por lo tanto, siempre es necesario que más allá de las tradicionales misiones de disuasión y defensa del territorio nacional, que constituyen la razón de ser de las Fuerzas Armadas, se avance en utilizarlas como instrumento de la acción exterior del Estado, de nuestra presencia en Europa y del cumplimiento de nuestros compromisos.  Por ello, las FAS actúan, cada vez con mayor frecuencia, en tareas de ayuda humanitaria o en operaciones proteger los intereses estratégicos españoles allá donde se encuentren.

En consonancia, siempre es necesario consolidar la presencia de España en las organizaciones internacionales de seguridad y defensa.  También asumir las responsabilidades y compromisos que de ello se derivan.

Por ello, siempre es necesario que los ejércitos tengan capacidades conjuntas para la proyección del potencial militar (eufemismo de invasión) más allá de nuestras fronteras.

Además, Desde los años 90 hay una búsqueda de fomentar el pilar europeo de la OTAN y la propia estructura y política europea de seguridad y defensa (PESC).  Este concepto ha ido decayendo en los discursos y sobre todo en las prácticas.

Por otro lado y como mero papel mojado se usan argumentos más pacíficos como que la política exterior española deba basarse en “el respeto escrupuloso a la legalidad internacional como medio para la resolución de conflictos;  en el reconocimiento de las Naciones Unidas como organización responsable de velar por la paz y seguridad internacionales, y hará hincapié en una utilización más eficaz de los instrumentos políticos, diplomáticos, económicos y sociales para el arreglo pacífico de controversias y prevención de conflictos, de modo que la acción militar se contemple como un último recurso”.  También se suele señalar que siempre es necesario contribuir en las iniciativas de control de armamento y desarme.  ¿Cuáles de estos objetivos se plasman en políticas concretas y cuáles no dejan de ser tinta en el papel?

  1. La modernización y mejora de las FAS, de su eficacia, junto con la necesidad de que sean menores  pero más “operativos” sus efectivos. Todas as directivas afirman que es ncesario mejorar su estructura y funcionalidad:  potenciar los sistemas y actuaciones conjuntas de los tres ejércitos, hacerles más móviles, flexibles y más aptos para la acción conjunta e interoperables con las de nuestros aliados.  También es necesario evitar duplicidades y racionalizar las estructuras, organización e infraestructuras (por ejemplo, las sucesivas reestructuraciones del Estado Mayor de la Defensa, reestructuración de los servicios de inteligencia, puesta en marcha del Mando de Operaciones de las FAS).

  1. Que la sociedad española comprenda, apoye y se sienta comprometida con los objetivos de la D.D.N.  Siempre es necesario promover una mayor implicación del sistema educativo general el conocimiento de la defensa y el compromiso de la sociedad con ella.  Por lo tanto, siempre es necesario avanzar en el objetivo de que la sociedad española en su conjunto ha de estar involucrada en la cuestión de la defensa.

  1. Son necesarios recursos, alcanzar un punto de equilibrio entre inversión y sostenimiento, estrechar los lazos con la industria militar, mejorar la tecnología.

  1. Potenciar la defensa civil que haga posible la aportación de los demás ministerios a la defensa en caso de emergencia.


¿Qué se supone que dirá la directiva que va a aprobar de forma opaca Rajoy?:

No hace falta ser un lince para asegurar el continuismo retórico de la nueva directiva de defensa con las anteriores.

Seguramante describirá el contexto internacional actual como cambiante, inseguro, complejo y lleno de incertidumbres que, en esencia, no son de carácter militar y en la mayoría de los casos ocurren fuera de nuestro contexto y perspectivas, y absolutamente fuera de nuestras capacidades de intervención, pero que, asombrosamente, son tan preocupantes que por sí justifican la existencia del ejército y su uso indiscriminado para asegurar nuestro bienestar, seguridad, independencia, etcétera.

Del mismo modo se referirá a la nueva doctrina española de Seguridad elaborada por Solana a la que muy probablemente habrá que hacer pequeños retoques (sobre todo para que desaparezca el sobrenombre de Solana y aparezca el de un pepero) para que todo siga igual.

Siguiendo con la retórica al uso, será necesario establecer directrices para no escatimar esfuerzos en la seguridad de nuestros soldados repartidos por los diversos conflictos internacionales (ya no se recordará la seguridad de las poblaciones a las que queríamos ayudar) donde no se nos perdió nada, lo que supone hacer una pequeña (pero no la única) excepción a las políticas de austeridad presupuestaria prometidas por Don Mariano.

Igualmente nos indicará que aunque la actual coyuntura económica no permite alegrías, se debe seguir profundizando el proceso de modernización y profesionalización de los ejércitos, lo que a la larga equivale a “mantener el esfuerzo inversor” del ministerio y el gasto militar (segunda excepción a las políticas de austeridad).

Probablemente no se dirá nada acerca de cómo afrontar la enorme e impagable deuda de 36.000 millones de euros por adquisición de programas de armamento creada desde que Morenés fue secretario de estado de defensa hasta nuestros días en que es Ministro de Defensa, o se dirá que para afrontar esto habrá que llegar a acuerdos con las industrias militares (sin explicarnos que esta deuda es inmoral, insostenible y que llegar a estos acuerdos equivale a multiplicar esta deuda debido a los retrasos, intereses de demora, etc).

Habrá recortes de los gastos, pero serán recortes “al alza”, curiosa fórmula mágica que ya ha aplicado el PP en su anterior etapa de gobierno y que consiste en que aunque se anuncian recortes, las liquidaciones de impuestos arrojan gastos superiores, se disfrazan otros gastos en partidas de otros ministerios y se sigue ocultando que dos de cada tres euros del gasto militar español son gastos ocultos y extrapresupustarios.

Se señalará que se debe iniciar por tanto un nuevo ciclo de adquisición de programas de armas (lo que equivale a comprometer a futuro con las industrias militares otos trinta o cuarenta mil millones de euros en inversioes de armas) sin preguntarse si ese tipo de armas sirven en realidad “para la defensa” o están pensadas para el ataque y la agresión de otros pueblos, lo que a la larga e esencial para saber qué es lo que en realidad se quiere defender.

Del mismo modo se dirá que hay que completar la legislación de derechos y deberes de los militares y dignificar esta carrera militar (léase ofrecer atajos y privilegios para la posición de los militares, para que puedan opositar a futuro, para la formación académica, para el prestigio social del ejército, etc) y hacer un sobreesfurzo para que nuestros militares tengan la máxima preparación y puedan participar en igualdad de condiciones en misiones internacionales y en los centros de decisión y planificación militar internacionales (es decir, saber inglés). Que la realidad y el trato que el poder da a los militares de carne y hueso tenga que ver con esta retórica es otra cosa y para muestra basta con testar la opinión de las organizaciones de militares para comprobar el malestar creciente en ellos por las políticas de personal del ministerio de defensa.

Se hará un canto de ferviente europeismo y atlantismo, y de compromiso de España, como cola de león, donde haga falta para establecer la paz y el respeto de los derechos humanos mancillados.

Se dictarán directrices para favorecer la creación de una Agencia de Armamento Española y ensamblarla en los planes internacionales de creación de la Agencia Europea de Armamentos y en las otras estructuras similares, así como para favorecer la exportación de armas y tecnología militar.

Se seguirá insistiendo en la necesidad de buenas relaciones de vecindad con el norte de África, así como del interés español por Europa y la OTAN, por América Latina, por Asia, el África subsahariana y, en fin, el planeta en su conjunto.

Y se acabará haciendo énfasis en la necesidad de que el pueblo adquiera una cultura de la defensa suficiente que le permita comprender el enorme sacrificio de las fuerzas armadas, apoyar las iniciativas y misiones de ésta (osea pagar sin opinar) y quererlas más. Una especie de adhesión fideista como la que se profesa a los equipos de fútbol pero sin necesidad de una mentalidad informada, de criterios propios y de preferencias y mecanismos democráticos de participacion.

Asombrosamente, la nueva directiva nacerá vieja, porque no dirá sino lo que lleva diciendo desde que PP y PSOE acordaron hacer de esta política un tema de negociación de mesa camilla, y nacerá de espaldas a la ciudadanía y al Parlamento ,que ni siquiera tendrá la oportunidad de aclamarla (dada la inmensa mayoría de PP y PSOE en el Parlamento  y el inmenso desinterés del resto de fuerzas políticas por estos temas) o de disimular.

Temas críticos de la política de defensa para una izquierda comprometida

Ahora bien, si los partidos que se consideran alternativa (y no mera variación folclórica) al monolitismo militarista del PP y el PSOE se tomaran en serio la política defensa, podrían ahora, venciendo el secular fatalismo de pensar que no se puede hacer nada, tomar algunas banderas que al menos mostrasen el desacuerdo y la vocación a construir una defensa diferente y unos modales distintos en la elaboración de esta política. Veamos algunas que se nos ocurren a vuelapluma:

a) Criticar la falta de debate y democracia en materia de política de defensa y el secretismo con que se pronuncia ésta. Ello conlleva criticar la falta de control real, la falta de protagonismo del Parlamento y la falta de mecanismos sociales de debate y deliberación.

b) Criticar el enorme gasto militar y exigir su reducción real y la congelación de los programas de armamento. No sólo criticarlos por su carestía, sino, sobre todo, porque hay que redefinir qué se quiere defender y si para esa defensa elegida son necesarios y oportunos programas de armamentos como portaaviones y barcos de proyección, misiles de medio y largo alcance, aviones de combate como los F18,submarinos y similares, etc.

c) Exigir una nueva definición política de la defensa: Rediseñar la respuesta al  “qué” hay que defender, “cómo” hay que defenderlo, y el “quién” debe realizarlo que incluya la defensa de la sociedad y sus derechos y no sea secuestrado a la voluntad popular y al pluralismo. Los objetivos generales deben ser fruto del consenso social real y no sólo del consenso de las oligarquías políticas y económicas.

d) Replantear las políticas de alianzas y las intervenciones en el exterior, aún cuando se revistan de un humanitarismo poco o nada creíbles.

e) Exigir la gradual desmilitarizacion de la defensa y la construcción de alternativas a ésta, lo que pasa por el empoderamiento de la sociedad y de sus grupos, por el énfasis y apoyo a los grupos sociales que luchan por los derechos y la solidaridad como medio alternativo de abordar los problema del mundo y de defender lo que la sociedad quiere defender.

f) Exigir transparencia en las políticas de desamortización de bienes y terrenos militares y que los resultados de este proceso reviertan en la sociedad y no en el ejército.

g) Luchar por el control efectivo de la venta de armas y prohibir que desde las industrias militares o desde el poder se exporten conflictos a otros pueblos.

h) Desinventar la actual política de consolidación del complejo militar industrial español y transferir sus potencialidades tecnológicas y científica  a prácticas socialmente útiles.

i) Exigir responsabilidades personales y políticas a quienes han dirigido la política de defensa desde 2004 a la fecha por la impagable deuda militar de 36.000 millones de euros.

j) Luchar contra los privilegios de cualquier índole de los militares y prohibir por ley la confusión de intereses civil-militar.

k) Establecer políticas de cooperación basadas en la equidad y la justicia con los pueblos limítrofes y con los pueblos empobrecidos para luchar de forma estructural por el cambio de orden mundial y contra la pobreza.

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