Seguridad ecológica

Fuente:  El País.

Muchas veces nos hemos preguntado ¿qué hay que defender?  Esta es la idea clave para construir un modelo de defensa.  Actualmente, la defensa militar encubre turbios intereses (negocios de las multinacionales del armamento) o se describe académica y políticamente como una defensa ante riesgos.  Nadie nos explica qué es un riesgo y, sobre todo, nadie reconoce que esto es trampa porque un riesgo siempre existe y no se puede recurrir a riesgos sociales, políticos, económicos, militares o de cualquier otra naturaleza para acabar justificando, siempre, el mismo tipo de defensa, la militar.

La propia defensa militar actual reconoce a muchas de las características del actual sistema ecológico en desequilibrio que caracteriza al planeta como generadoras de conflictos graves a corto, medio y largo plazo:  se habla de guerras por el agua, por la energía, por las migraciones debidas a los cambios climáticos, etc.  Y con ello se vuelve a justificar la defensa militar.

En nuestra opinión, si los riesgos o los enemigos son otros muy distintos, también ha de ser otra y muy diferente la manera de encararlos.

1.-  ¿Quién es el enemigo desde el punto de vista de la seguridad ecológica?

Las catástrofes naturales, la contaminación, la lluvia ácida, la superpoblación, el cambio climático, la sequía, la deforestación, la pérdida de suelo fértil, la pérdida de biodiversidad, los problemas en la capa de ozono, la destrucción de los ecosistemas marinos, terrestres y fluviales, el consumismo exacerbado, el injusto reparto de la riqueza y de los bienes, la inseguridad alimentaria …

Nuestra relación con la naturaleza está muy bien caracterizada por Jeffrey Sachs en su artículo “Boletín de notas para Río + 20”, el cual citamos arriba como fuente:  Una de las publicaciones científicas más destacadas del mundo, Nature, ha publicado un boletín de notas mordaz antes de la cumbre de Río+20 sobre desarrollo sostenible. Las notas de la aplicación de los tres grandes tratados firmados en la primera Cumbre de la Tierra de Río en 1992 eran las siguientes: Cambio Climático, suspenso; Diversidad Biológica, suspenso; y Lucha contra la Desertificación, suspenso. ¿Puede todavía la humanidad evitar que la expulsen?

El razonamiento que sigue Sachs es contundente y lo enuncia como cosa sabida por todos:  Sabemos desde hace al menos una generación que el mundo necesita cambiar de rumbo. En vez de hacer que la economía mundial funcione con combustibles fósiles, tenemos que usar mucho más las alternativas bajas en carbono como la energía eólica, solar y geotérmica. En vez de cazar, pescar y deforestar la tierra sin tener en cuenta las repercusiones para otras especies, tenemos que acompasar nuestra producción agrícola, nuestra pesca y nuestra explotación forestal a la capacidad de carga del medio ambiente. En vez de dejar a la gente más vulnerable del mundo sin acceso a la planificación familiar, a la educación y a la atención sanitaria básica, tenemos que acabar con la extrema pobreza y reducir los índices de fertilidad en aumento que persisten en las partes más pobres del mundo.  En resumidas cuentas, tenemos que reconocer que, con 7.000 millones de personas hoy en día, y con 9.000 millones hacia mediados de siglo, todas interconectadas en una economía mundial de alta tecnología y que hace un uso intensivo de la energía, nuestra capacidad colectiva para destruir los sistemas sobre los que se sustenta la vida no tiene precedentes.

Ciertamente, hemos llegado a un punto en el que nuestra seguridad depende de la ecología.  Y no de la ecología de una ciudad o de un país, sino de la ecología a nivel planetario.  Hemos roto los equilibrios de la naturaleza con nuestro egoísmo personal y como especie animal, nos hemos cegado en un desarrollismo que nos lleva a la extinción, condenamos a una gran parte de la humanidad y de los seres vivos al hambre, a la sed y a la enfermedad, sin querer darnos cuenta de que, desde el primer mundo somos los causantes de estas situaciones tan injustas e inhumanas.

2.-  ¿Quiénes son los aliados en la seguridad ecológica?

La prevención de desastres naturales, las energías limpias y renovables, la planificación familiar, la solidaridad alimentaria, la reforestación, el cuidado de la flora y fauna, la investigación científica, el respeto a los ecosistemas, a sus dinámicas y a sus equilibrios, el decrecimiento, la justicia social, …

Las ongs que trabajan por todo lo anterior con carácter verdaderamente innovador  y las empresas y países que, poco a poco, van intentando variar sus políticas y actuaciones hacia lo ecológico.

3.-  Es vital abandonar el viejo modelo de defensa militar y adoptar un modelo basado en los grandes retos de la humanidad, uno de ellos el ecológico.

Lejos, por nuestra parte, de querer defender las viejas ideas como la patria, sí nos interesa proponer el concepto de seguridad ecológica.

Este concepto nos hace enfocar nuestras relaciones con la naturaleza como una de las principales áreas que hay que defender para poder tener una calidad de vida aceptable.  Por el contrario, lo militar que es un gasto social y ecológicamente inútil e, incluso, contraproducente, se convierte en uno de los enemigos que hay que combatir.

¿Alguien duda de que son los propios militares los principales promotores de las armas de destrucción masiva como las NBQR (Nuclear, Biológicas, Químicas y Radiactivas)?  ¿Qué puede aportar de positivo lo militar en disminuir la contaminación o en luchar contra el cambio climático?  Cualquier actuación que se nos ocurra puede ser realizada de manera más eficaz por medios civiles.  En este escenario corre prisa acometer planes de reconversión de la industria militar hacia finalidades civiles y ecológicas, también es imprescindible acabar con la producción de armas y con su comercio, y derivar estas industrias de muerte a otras que mejoren la calidad ecológica del planeta.

4.-  La seguridad ecológica nos lleva a abandonar los enfoques nacionalistas.

Aquí, en el concepto de seguridad ecológica, ya no es válido el enfoque nacional o nacionalista.  Simplemente no sirve de nada.  La contaminación no tiene fronteras ni las conocen el cambio climático, la deforestación, la sequía, la superpoblación, el consumismo, etc.  Este enfoque de nuestra seguridad es muy interesante porque nos lleva a transgredir uno de los grandes tabúes políticos de nuestra cultura, el enfoque nacionalista.  Ante él se yergue la colaboración entre países, entre municipios, entre industriales y entre ciudadanos como la única manera posible de combatir problemas que a todos nos afectan y que cada vez son de más necesaria solución.

5.-  ¿Quién es el protagonista de la seguridad ecológica?

Frente a la estatalización y la militarización de la defensa nacional o militar clásica, la seguridad ecológica potencia unos protagonistas mucho más variados.  Ciertamente las naciones pueden jugar un papel importante, pero también los juegan las empresas y, lo que es más interesante, lo puede y debe jugar el individuo y sus formas habituales de organizarse, las ongs.

Ahora el enfoque da a los ciudadanos mucho más protagonismo:  podemos “librar batallas” en los terrenos personales (moderando nuestro consumismo, por ejemplo), en los terrenos asociativos (a través de la lucha ecologista), en los terrenos empresariales (fomentando líneas de actuación ecológicas en nuestras empresas:  promoción del reciclaje, utilización de energías más limpias, etc.), y en los terrenos políticos habituales (obligando a los partidos políticos a que varíen su línea en política de defensa para defender lo que realmente es importante, la seguridad ecológica).

6.-  ¿Cuáles pueden ser los objetivos de una seguridad ecológica?

Aquí puede haber múltiples propuestas y muchas de ellas loables y perfectamente válidas.  Un buen resumen, o un buen punto de partida sería lograr los objetivos del milenio.  Si luchamos para lograrlos, nuestra seguridad ecológica, nuestra calidad de vida y nuestras posibilidades de supervivencia como especie se multiplicarían.

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