Israel militariza a las amas de casa en los asentamientos de Cisjordania.

Fuente:  El País.

Las amas de casa de los asentamientos de Cisjordania están aprendiendo defensa personal y el manejo de armas.  ¿Están en peligro?, ¿son ellas el peligro?, ¿fomenta el estado de Isarel la militarización y la violencia en todos sus colectivos?, ¿se puede entender que esto es una parte más del terrorismo de estado promovido por Israel?

Si seguimos leyendo la noticia nos dicen que:  “El objetivo es plantar cara a posibles terroristas palestinos sin tener que esperar a la llegada del ejército”.  Claro.  Así ellas son también el ejército y la violencia.  Si consiguen que también las amas de casa vean como única alternativa la utilización de la violencia en el conflicto israelo-palestino, habrán militarizado totalmente la sociedad israelí.  Desde ese postulado, el ejército será inamovible, incuestionable, lo único que se puede pensar y desde lo que se puede pensar.

¿No hay alternativa al militarismo en Israel?:  la mayoría de las mujeres que acceden a estos cursos no cumplió el servicio militar que en Israel es “obligatorio durante dos años para las mujeres y durante tres para los hombres”.

El ambiente general es este:  “Vengo porque quiero proteger a mi familia”, dice una de ellas. “Los terroristas siempre vienen por detrás, a por las mujeres y los niños, y tenemos que estar preparadas”. Ilana aún recuerda la psicosis creada en marzo pasado a raíz del asesinato de cinco miembros de la familia Fogel (los padres y tres de sus hijos) en el asentamiento cisjordano de Itamar. El ejército detuvo a dos palestinos de Awarta, el pueblo vecino, como supuestos responsables de una masacre que tuvo lugar en plena noche. “Estábamos muertos de miedo, cerrábamos las puertas de casa incluso de día y no perdíamos de vista ni un momento a los niños”, comenta Ilana”.  Es decir, un conflicto totalmente violento, polarizado, militarizado, sin líneas de apertura a soluciones comunes o negociadas.

Pero, …, nadie en el Caliber 3 habla de los ataques perpetrados por los colonos hacia sus vecinos palestinos. Se han incrementado en un 40% respecto de 2010 y un 165% respecto de 2009, según datos de la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas.  Y así se cierra el círculo de la violencia, y ésta se regenera una y otra vez para único solaz de los empresarios de armas.

El análisis desde el punto de vista militar y violento es el siguiente:  “La experiencia nos dice que lo que pase entre el minuto uno y el minuto dos de un ataque marca la diferencia. Si hay alguien que pueda responder en ese momento, el daño es mucho menor”, explica Israel Dazinger, fundador de la organización Mishmeret Yesha (La Guardia de Judea y Samaria, como llaman los judíos a Cisjordania) y responsable de la formación de estas brigadas de colonos y de la recaudación de fondos para financiar los entrenamientos”.

¿Cuál es el análisis alternativo desde la noviolencia?:  El minuto cero.  La clave es realizar todo el trabajo posible para que las situaciones que se han de abordar militar y violentamente en esos primeros minuto uno y minuto dos no lleguen a producirse.  Si no se consigue esto es posible también realizar muchas actuaciones pero todas ellas habrán de enfrentarse a una situación de violencia directa que ya habrá producido daños materiales o personales y que justificará que la otra parte, o ambas, que es lo más corriente, piense que está legitimada para usar la violencia en respuesta.

¿Qué ocurriría si alguna ong se dedicase a entrenar a las amas de casa israelíes en los asentamientos de Cisjordania en técnicas de abordaje noviolento de conflicto, si se las entrenase en el diálogo con sus vecinas palestinas, en la elaboración e implementación de proyectos de desarrollo común, en objetivos educativos comunes para sus hijos, en gestión del espacio y de los recursos de manera solidaria y cooperativa?  La situación sería muy distinta.  No negamos que también sería problemática (y mucho) pero los mecanismos de actuación serían muy diferentes y las posibles vías políticas serían también muy distintas, mucho más creativas y solidarias.  Entonces podríamos empezar a hablar de que es posible una salida compartida a un conflicto que desde el punto de vista militar y violento parece imposible de solucionar.

Pero la realidad es tozuda, nos empeñamos en tratarnos como miembros de naciones distintas y no como lo que realmente somos:  seres humanos con los mismos derechos y deberes.  El nacionalismo colabora con el militarismo de manera tan cerrada que uno y otro son inseparables.  Asumimos las afrentas que les hicieron a nuestros bisabuelos o de generaciones anteriores.  No nos damos cuenta de que su historia es su historia y de que nosotros podemos (y debemos) elegir la nuestra sin sentirnos trabados por los errores que otros cometieron.

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