Los médicos de familia se platean la insumisión a la ley de extranjería: ¿Les vamos a dejar solos?

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Fuente: Publico

Según la moral propia de los médicos, no pueden dejar desatendido a un paciente.  Así de sencillo. Y cuando una ley prohíbe atender a una persona, pone a los médicos ante un dilema: cumplir la ley, aunque sea una ley injusta, o responder al criterio ético y atender a la persona, aunque sea ilegal.

Los médicos de familia no quieren tragarse el sapo de servir como brazo ejecutor de Ana Mato, otra de las piezas del opus dei en el gobieno de Rajoy,  y del racismo patrio que ésta, con mano firme, conduce con tanto acierto.

De modo que  la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, según ha dicho su presidente, va a aconsejar a sus médicos asociados negar legitimidad a la ley injusta y platear objeción de conciencia, es decir, desobedecer en cociencia y con el sano y respetable propósito de restituir la cordura y la ética que la ley quiere obligar a perder.

Plantean la cuestión en términos de objeción de conciencia, es decir, de respeto a la propia libertad de conciencia (entendida no sólo como libertad para pensar en conciencia lo que se quiera, sino como derecho a obrar con arreglo a los propios principios éticos y de adecuar el comportamiento a los mandatos de éstos cuando una norma los agrede de forma tan grosera e inhumana) por encima del cumplimiento de una norma que choca con las propias convicciones.

No debería escandalizar este paso a los bienpensantes de la derecha, pues ellos proponen que los médicos objeten en la sanidad pública (aunque luego en la privada no tanto) a practicar abortos por motivos de “objeción de conciencia” y donde las dan las toman.

Los médicos ahora desobedienes plantean esta lucha como objeción de conciencia  y  no como desobediencia civil, porque la objeción de conciencia es una figura que tiene acogida legal, tanto en general como en lo que se refiere a la profesión médica, y seguramente quieren ser prácticos y, por encima de tirar abajo la ley, prestar la asistencia sanitaria a los imigrantes de inmediato y aunque la ley lo prohíba.

Ahora bien, su objeción, desde nuestro punto de vista, es también insumisa y puede ser el embrión de una campaña de insumisión más amplia a la injusta (y pactada por el PP y el PSOE en sus lineas gruesas) ley de extranjería y a sus últimos recortes.

Porque en la atención objetora a los inmigrantes “irregulares” (osea a los que el estado no da papeles legales) a los que la ley priva de derecho a la sanidad, se encuentra también la Llamada a la sociedad en su conjunto para que se indigne y movilice y la pretensión de que esa norma, por la presión, la desobediencia y la lucha social, sea abolida.

¿Les vamos a dejar solos? ¿Es sólo una lucha de los médicos la de pedir que se consolide una categoría de personas sin derechos y sin salud? ¿Permitiremos que el creciente racismo social e institucional gane la partida?¿Miraremos para otro lado, como hacen tantos?

Son preguntas que nos exigen. Pero el grave problema que tenemos es que, en nuestro papel de ciudadanos, no sabemos qué otros medios de desacato e insumisión tenemos los ciudadanos de a pié para incorporar al elenco de desobediencias a la ley de extranjería.

1.- Espacios para el desacato: ¿Cómo ser insumisos a esta ley injusta sin ser médicos?

Pondremos algunos (reconocemos que no somos muy imaginativos) de los que por diversas iniciativas ya se están desarrollando o, en otros casos, podrían desarrollarse:

a) Se puede desacatar el asunto de la prohibición de la hospitalidad y la acogida a los inmigrantes irregulares, sancionado con multas económicas (y de hecho hay colectivos que ya practican y proponen esto) y dar acogida (e ncluso hacerlo pública y políticamente).

b) Se puede desacatar la indefinición que la ley establece acerca del derecho a los estudios de los inmigrantes irregulares mayores de edad, dándoles cobijo y titulación por más que la ley no lo garantice.

c) Se puede desacatar la práctica que determinadas administraciones autonómicas realizan de denegar las autorizaciones de arraigo social u otras (aunque a priori no hay ningún papel legal que diga que lo deniegan por esto) a las personas que no realizan los cursitos de conocimiento de las leyes o similares que estas administraciones imparten (y que si alguien se pone a mirar sus contenidos y su práctica real, descubrirá que son, en el mejor de los casos, una pamema inútil). Este desacato se puede hacer montando gresca en los centros donde hacen estos cursos, o planteando denuncias sociales por la práctica irregular que existe con esto, como ya hizo SOS racismo en la Comunidad de Madrid.

d) Se puede desacatar y denunciar la práctica del día a día en sindicatos, partidos y otros sitios de mal pelaje, de denegar la militancia a extranjeros irregulares que la piden. Podemos denunciar esta práctica e incluso las limitaciones que los estatutos d estas instituciones mantienen a pesar de estar reconocido en la ley el derecho a afiliación de estos inmigrantes- Podemos promover campañas masivas de afiliación para hacerles cambiar sus normas internas y desenmascararlos. No es que nos gusten estos cauces burocráticos excesivamente, pero probablemente si en ellos hubiera inmigrantes  irregulares, las cosas cambiarían algo en las agendas de estos sitios.

e) Se puede desacatar la práctica de redadas que, aún no teniendo amparo legal, se realizan periódicamente por las diversas policías. Para ello, ejemplos como las brigadas vecinales y otros mecanismos de apoyo y protección son ejemplos claros a seguir.

f) Se pueden usar de forma profusa los cauces que aparecen en el art 23 y 24 de la ley que permite actuaciones contra todo tipo de actos discriminatorios, ya sea de particulares o funcionarios y autoridades. Cabe en este punto hacer denuncias masivas y pedir inhabilitaciones de funcionarios o cargos implicados, pues cuando sientan que no tienen la impunidad en que encubren sus actos, seguramente cambiarán sus prácticas.

g) Se puede desacatar la explotación fáctica de miles de personas que carecen de contrato y de condiciones laborales dignas por el hecho de su mayor vulnerabilidad por ser inmigrantes, regulares o irregulares, e incluso apoyar a éstos explotados para la obtención de sus papeles por arraigo laboral, haciendo de testigos de la relación laboral previa en juicio, denunciando esta explotación vergonazante de nuestro convecinos, etc.

h) Se puede desacatar el régimen sancionador en lo que perjudica a los inmigrantes por el hecho de su vulnerabilidad e incluso apoyarlos en sus recursos para evitar las expulsiones

i) Se puede desacatar todo el régimen de internamiento establecido en centros carcelarios encubiertos y luchar constantemente para su desmantelamiento. Podemos también exigir luz y taquigrafos en estos centros y hacer sentir a las instituciones que entran dentro de estos lugares teóricamente a hacer labor social que mantengan posturas coherentes y y den informacion de los incumplimintos que se dan en el trato a los “retenidos”.

j) Podemos también presionar a los consulados y embajadas de los países con mayor número de personas para que adopten un apostura crítica y eficaz de defensa de los inmigrantes y ante la discriminación legal y práctica hacia estos, y para que luchen contra los centros de internamiento, haciéndoles ver que en muchas ocasiones su colaboracionismo servil ayuda a la imposición de políticas que de otra manera no se podrían llevar a acabo.

k) Podemos exigir, y sobre todo a los sindicatos que lo permitieron, a las asociaciones que se callaron  y a los consulado que miraron para otro lado, que se revoque la moratoria que se ha hecho de nuevo para ciudadanos europeos de reciente incorporación a la UE no puedan venir a España sin previo contrato de trabajo.

l) Podemos además aparecer como grupos de apoyo para los imigrantes discriminados legalmente y para los médicos u otras personas que por su lucha desobediente puedan ser represaliados.

Tal vez estos ejemplos deslavazados no son sino eso, ejemplos, pero tal vez la suma de muchos ejemplos nos permita avanzar en la idea de una campaña amplia de desobediencia masiva a la ley de extranjería y a la práctica racista que existe.

2) Prácticas alternativas: construir otro modelo de convivencia

A estos desacatos deberíamos unir prácticas alternativas que nos permitan:

a) Generar y potenciar el uso del plurispacio y del espacio público como lugar de encuentro de las persona, de uso para el bien común s y de intercambio cultural y lucha social.

b) Luchar por la convivencia en barrios, contra la segregación espacia, el racismo o el deterioro de los barrios de “concentración de inmigrantes” y desarrollar un clima de convivencia diferente y no de mera tolerancia. Para ello podemos acentuar el papel del encuentro, de la realización de actividades comunes y de nuestro propio papel de vecinos comprometidos y mediadores vecinales sin acudir a “profesionales” y “chiringuitos” para ello.

c) Facilitar la construcción de redes de apoyo, el desarrollo del trabajo comunitario y de redes de convivencia accesibles que permitan mayor cohesión social.

d) Generar dispositivos alternativos de apoyo social,  legal y asesoramiento en papeleos y otros asuntos, refuerzo educativo, uso solidario del tiempo, acogida, consumo, etc., alejados de los dispositivos “oficiales” y “subvencionados” y que en realidad sirvan para el empoderamiento de los otros.

e) Abrir los cauces de nuestras propias redes de convivencia y de organización, activismo, etc. para que puedan tener entrada cómoda y sin hacer ningún tipo de ascesis, los inmigrantes que deseen integrarse o participar en ellos.

e) Apoyar la construcción de un movimiento de reivindicción e inmigración (no de inmigrantes ni de carácter étnico ni esencialista similar, sino de ciudadanos del mundo vinculados por ideales de inclusión, igualdad  y no discrimiación, deseo de desarrollo justo en el orden internacional, etc.) que   dote de actoría política a los nadie en cuanto que aspiración a un mundo donde todos seamos iguales y sin discriminaciones. Este movimiento pasa a nuestro juicio por superar el fragmentado, clientelar y conflictuado panorama actual del asociacionismo de inmigrantes  y por desterrar el modelo organizativo y de liderazgo vertical y paternalista,  tan perjudicial, que actualmente existe en éste. También pasa por evitar el oportunismo del asociativismo de “apoyo” a la inmigración que sobre-representa a los inmigrantes, usando de éstos para la obtención de reconocimiento, legitiidad y subvenciones y que actúa como “tribunos” de las causas de los inmigrantes. Al mismo tiempo pasa por generar coordinación, intercambio de ideas y debate con el resto de movimientos sociales en orden a compartir causas, luchas y análisis.

En definitiva, creemos que  en este caso urge una campaña amplia y que contemple todos los aspectos, de desobediencia civil a la ley de extranjería, con el propósito de conseguir su cambio y el destierro de la discriminación por el orígen de nuestra legislación y de nuestra convivencia.

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