Auge y caída (¿y resurgir?) del pacifismo.

Fuente:  Clave 88.  Artículo:  Movimientos sociales:  auge y caída del pacifismo.

Nos ha hecho recordar y nos ha dado que pensar el artículo que recomendamos hoy.

Haremos algunas puntualizaciones, pues no estamos de acuerdo con las tesis que mantiene, pero desde luego, recomendamos la lectura atenta al mismo.

1.- ¿Triunfó e pacifismo español?

La primera tesis de este artículo es que los movimientos sociales cuando triunfan y se institucionalizan tienen menos capacidad de elaborar nuevos objetivos con los que conseguir nuevos seguidores, estar en boga y conseguir, incluso sobrevivir. Desde este punto de vista los movimientos sociales son bastante unidimensionales, surgen para algo muy concreto y mueren después, podríamos llamarlo así, “de éxito”, una vez que logran llevar a cabo su reivindicación. Esto ya lo mantenía Offe hace la tira de años basándose en la experiencia alemana principalmente, y tal vez sea verdad en algunos tipos de reivindicaciones concretas, se nos ocurren algunas muy puntuales y propias de las sociedades de consumo o “postindustriales”, o en el sindicalismo institucionalizado y “sobre-representativo” de después de la segunda guerra mundial, pero no nos parece muy empírico convertirlo en una verdad universal y válida para todo tipo de movimiento social.

Podríamos convenir que determinadas organizaciones, en sus procesos de consolidación e institucionalización, tienden a burocratizarse, a defender intereses corporativos y a petrificar sus primeros impulsos. Esto ha ocurrido en España tanto con los partidos políticos como con muchas oenegés, que comenzaron formando parte de movilizaciones sociales amplias para luego, poco a oco, reconvertirse en otra cosa. Tal vez el cambio de su enfoque desde una pretensión más dinamizadora a otra más “represetante” o “”gestora” de servicios y propuestas esté en la base de las explicaciones de ese cambio de sitio de tales organizaciones. Pero ¿mantienen esa dinámica los movimientos sociales novedosos, como el pacifista, el ecologista, el feminista, el okup o el de los indignados, pongamos por ejemplo?

Por nuestra parte, pensamos que habría que analizar muy profundamente si el movimiento pacifista español llegó a triunfar en algún momento en su (por otra parte muy plural, dinámica y extensa) agenda de objetivos y expectativas.  Y este análisis habría que hacerlo de manera mesurada para ponderar con exactitud el grado de los triunfos.

Por un lado, los inicios de la transición vieron crecer las protestas contra la OTAN, contra las bases militares americanas y contra la ley de objeción de conciencia al servicio militar.  La movilización popular contra la OTAN fue inmensa en ciudades y pueblos, las campañas fueron muy importantes, la actividad y el protagonismo en ellas del entonces llamado movimiento pacifista (no el único dinamizador de todo aquello, por cierto) innegable; pero el referéndum se perdió por  el calculado cambio de chaqueta de Felipe González y del PSOE.  Se puede juzgar que fue una victoria en cuanto a movilización pero que por la traición citada el resultado fue de derrota institucional y política.  Por otro lado, la lucha contra la ley de objeción de conciencia supuso un movimiento mucho menor de personas, pero al que se le fue sumando juventud poco a poco y acabó gozando de un grado muy elevado de simpatía social.  Tras una nueva traición del PSOE y de Felipe González, que llegaron a encarcelar a los insumisos, y la polarización consiguiente, se acabó llegando al actual modelo de ejército sin servicio militar obligatorio y con un ejército profesional.  Ello fue una victoria de las que sucesivas generaciones de jóvenes han disfrutado y ahora flipan cuando se les cuenta en qué consistía la mili y las situaciones que conllevaba a la juventud su existencia.

Después el movimiento pacifista ha ido apareciendo y desapareciendo en el Estado Español.  Parece que su expresión más exitosa sí fue un movimiento basado en el enfrentamiento directo de los jóvenes que no querían hacer la mili.  Luego, una parte considerable de los antiguos militantes se han despedido de la militancia activa para integrarse en otros movimientos sociales, o se han pasado al ecologismo, o dejaron de militar sin más.  Parece ser que no conseguimos pasar a ser un movimiento transversal en edades, en objetivos, en luchas y en propuestas.

De modo que, sin desmerecer para nada una práctica y una historia (quizás muchas veces desconocida o silenciada), hablar de éxito del movimiento pacifista sería cuando menos discutible.

Y para comprobarlo, no hay más que ver de qué manera los objetivos y pretensiones del pacifismo español han penetrado en las agendas políticas, mediáticas, sociales, etc. y en que grado han empoderado a la sociedad.

Por nuestra parte, y sin querer echar un jarro de agua fría al trabajo que tantos y tantas hemos desarrollado hasta ahora, la realidad es que aún quedan muchas cosas por lograr y mucho inconformismo con el grado de desarrollo pacifista al que hemos llegado.

2.- ¿El miedo genera militancia?

Una segunda tesis del texto que comentamos se encierra en la siguiente frase:  “Por lo tanto, “la cultura del miedo [que es uno de los principales factores sociales] aumenta la capacidad del pacifismo para movilizar“.

Pues, …, quizá. De hecho parece que esta tesis es muy común en cierta sociología.  Pero, ¿en España?

Nos parece que los autores del artículo lo han hecho pensado en … (pues no adivinamos qué país, la verdad). El miedo incrementa muchas cosas ¿pero incrementa el pacifismo?

Lo que hemos vivido en España ha sido un periodo de acomodación a los encantos del consumismo, del reverenciado y esperado “estado del bienestar”, del crecimiento desorbitado e irracional.

En estos años, poco a poco, fue desapareciendo la relevancia del pacifismo español.  Pero también una buena parte del movimiento social en cualquier otro ámbito.  Puede que ciertamente ocurriese que los ciudadanos nos acomodamos en aquellos años de bonanza y perdiéramos el miedo (lo que imlicaría que antes habíamos crecido por el miedo previo) pero sobre todo, parece más achacable el desinfle social al modelo oligárquico de partidos y cauces de participación y a su escasa capacidad movilizadora y empoderadora, así como a la estrategia partidaria de tender redes clientelares de intereses, y de entender su acción en términos de bagatelas, francachelas, prebendas y cargos para ir cogiendo poco a poco a muchos antiguos militantes.

El pacifismo en esta época creció en torno a la insumisión y en contra de las guerras de la ex-yugoslavia y de Irán y, si hacemos caso a los voceros del ministerio de defensa de aquel entonces, el cada vez más creciente “pacifismo” de la sociedad española era debido, qué casualidad, a la ausencia de sensación de miedo y peligro de la sociedad ante sus enemigos reales.

Ahora el pacifismo parece resurgir y hacerlo de forma muy transversal con otros movimientos sociales, como el ecologismo, el feminismo o el 15M. ¿Por miedo o porque se abre una oportunidad de conseguir cambios decisivos en las políticas obsoletas que practica un sistema ineficaz e injusto?

¿El miedo causó pacifismo?  No vemos esta relación.  Parece que lo que hubo, sobre todo, es tranquilidad y bonanza. Sin embargo, el pacifismo, a pesar de esa falta de miedo aparente, no se vió afectado para bien ni para mal. ¿Sería entonces que había conseguido ya sus objetivos y murió de éxito? No parece una explicación demostrable.

Parece que los articulistas se fijan sólo en el miedo que produce una guerra y quieren sugerir que es el sentimiento de amenaza y miedo de ésta el que incrementa la militancia por la paz y que cuando estamos en tiempos de paz, el pacifismo pierde su razón de ser (por falta de objetivos, en una identificación algo ligera de pacifismo – ausencia de guerra) y se aletarga.

La guerra sería lo que haría resurgir al pacifismo, lo que conseguiría que se rearticulase como movimiento. De este modo, cada vez que hay una guerra el pacifismo moviliza. Ahora bien ¿las guerras en las que nos metió Aznar movilizaron al pacifismo y le ayudaron a rearticularse, o fue que a los pacifistas y sus propósitos más allá de protestar contra la guerra y contra Aznar se unieron otros intereses y los canales de movilización de la oposición no pacifista (por ejemplo el PSOE). Sería oportuno observar si, tras la guerra, los objetivos de reducción del gasto militar, de intervención noviolenta en los conflictos, de educación para la paz, etc. se asumieron por la sociedad más y mejor que antes, o si el gobierno del PSOE incorporó los objetivos pacifistas a sus programas y prácticas.

Este razonamiento nos parece muy pobre.  Podemos aceptar que cuando hay una guerra crece la indignación, crece también la información, crece a su vez la crítica tanto porque crece el miedo como porque saltan a las agendas las argumentaciones críticas hasta entonces silenciadas o reprimidas. También se unen a la movilización

No nos parece que el miedo sea lo que llevó a luchar contra el alistamiento contra la guerra de Vietnam o por los derechos civiles.  No creció el pacifismo en la guerra civil española a pesar del miedo y del terror de ésta y tampoco en la posterior represión del ejército franquista.

No pensamos que el miedo a la guerra haya sido el motor del pacifismo ni de los pacifistas.  Nos parece, más bien, que ha sido la adopción de unos valores determinados, la reflexión sobre el grado de degradación que supone no solo la guerra, sino también su preparación, y los resultados de todo ello en violencia directa, estructural y cultural lo que ha movido al movimiento pacifista a plantearse objetivos políticos de paz con contenidos. También le ha movido la racionalidad:  el análisis detenido y profundo de cuáles son las causas de la guerra, tanto desde el punto de vista económico, como político, social y cultural.

El pacifismo, en nuestra opinión, no es un movimiento que dependa de impulsos a corto plazo: Henry Thoreau, Luther King, Gandhi, Desmond Tutu, Oscar Chaves, León Tolstoi, Albert Einstein, Bertrand Russell,  o los españoles José Broca en los años 30 o Pepe Beunza en los 70, junto con otros muchos más, demostraron que tras de sus apuestas había unos análisis muy amplios y apuestas políticas muy pensadas y bien trenzadas.

Por otro lado, la desobediencia civil, la solidaridad, la cooperación, el internacionalismo, la resolución de conflictos de forma noviolenta, etc., son pruebas de que las actitudes del pacifismo son bastantes y muy alejadas del miedo, teniendo, además, un claro carácter creativo y de ilusión.

3 ¿Por qué no entendemos a los académicos que nos observan?

Cuando los profesores universitarios hablan de las luchas sociales nos suele ocurrir que no les entendemos. Nos suele pasar que no sabemos si hablan de España, de Portugal, de Europa o de USA o si piensan tan abstractamente que prescinden de los contextos concretos, o lo que es peor, nos parece que hablan de cualquier sitio, de todos y de ningún lugar, con lo que así puede rebatir, contraargumentar, en fin, evadirse.

Ahora estamos en una nueva época del pacifismo.  Seguimos tan exangües como en los últimos años, pero vemos surgir a nuestro alrededor mucho think tank de pensamiento sobre defensa y paz, entendidos como thema.  Sus conclusiones, como le pasaba a la doctrina que le explicaban los misioneros al cacique del cuento de Galeano, “rascan, y rascan mucho, y rascan bien, pero rascan donde no pica”.

Llama la atencion que sobre defensa estos grupos parten siempre de una verdad estereotipada y canonizada de tinte militarista y de una idea de paz que no es la idea de paz que aboga por construir el pacifismo, sino la que enseñan en esa especie de pacifismo oficial militarizado muy en boga.

Sorprende la distancia que existe entre la auto-comprensión que sobre nuestra práctica, objetivos, mecanismos de movilización, debates o historia que tenemos los y las pacifistas y la descripción que estos estudiosos hacen de nosotros y de nuestras luchas.

Desgraciadamente esta desconexión nos perjudica mutuamente.

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