Los intereses del militarismo

Ceremonia Oficial + + de + Bienvenida

Fuente: La razón

Cada vez es más patente que la defensa militar no es la defensa de la sociedad, sino la defensa de los intereses militaristas.

Ahora tenemos ocasión de oírlo de boca, nada menos, que del Ministro de Defensa, que se lo ha dicho a la cara y sin rubor de nadie a los periodistas “especializados” en defensa (es decir, militaristas de concepción y para nada críticos) en un desayuno de trabajo de Europa Press.

La industria militar es nuestra industria estratégica por excelencia y un asunto de soberanía nacional y por eso va a ser especialmente protegida y mimada por el estado.

Para eso se va a cuidar mucho para que no caiga en manos “extranjeras” y en potenciar la venta de armas a mansalva (como los más de 200 tanques Leopard que se van a vender por más de 3.000 millones de euros a Arabia Saudí a pesar del potencial de generación de conflictos bélicos para proteger intereses bastante poco confesables que esto supone).

¿Qué defensa de los intereses dignos de protección hace esta apuesta? Ninguna.

¿Se protege de la voracidad del mercado la investigación científica? No, se sacrifica a la lógica de dominación imperante.

¿Se protege la innovación que suponen las industrias de energías limpias por su alto valor estratégico para el futuro de la sociedad? No, ahora hay que restringir porque no hay dinero.

¿Hay alguna otra industria o sector que goce del privilegiado interés estratégico del estado como  parte de la soberanía “nacional”. No, todos están sacrificados a la lógica depredadora vigente.

¿Qué decir del valor estratégico de la capacidad humana, del potencial humano de millones de españoles, abocados al fracaso y al paro o a salir a otros lugares en busca de oportunidades? Que importan un pito, porque Europa nos pide hacer unos deberes que consisten en pensar en el dinero y no en las personas.

Sólo la industria militar goza de este valor singular. Y hay que sostenerla, mimarla, protegerla, buscar compradores para su “poducto” al precio que sea (aunque exportemos conflictos y guerras o, incluso peor, provocándolos, porque si hay guerras hay más ventas).

Este ministro confunde los intereses generales con los intereses de los de arriba. Los intereses de todos con los del militarismo.

¿Y por qué?

Pues lo ha dicho muy claro el ministro. Porque es la que garantiza al Estado y lo que ellos entienden por soberanía.

En realidad cuando el poder enfatiza sus mecanismos de fuerza  y militariza el enfoque de sus actuaciones, está diciendo de sí que no tiene mejores razones de legitimidad y, precisamente eso es lo que parece que ahora ocurre.

Razón de más para articular campañas de lucha contra las industrias militares y contra este proceso de militarización gradual del pensamiento y de las estructuras, antes de que sea demasiado tarde.

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