¿Por qué no boicotear los actos de puertas abiertas que celebrará el ejército el próximo fin de semana?

Día + + Fuerzas Armadas + + de + Infantería Marina

La exaltación patriotera y militarista de todos los años por estas fechas va a cambiar de formato. Ya no harán el tradicional desfile de las fuerzas armadas con el que los ejércitos hacían su exhibición de musculatura con presencia de las autoridades variopintas, del rey hacia abajo y en linea colateral.

Parece que el formato cada vez más quedaba como un aburrido y obsoleto canto del cisne que, como suele pasar, resultaba indiferente para la sociedad en general, de modo que, con la excusa de los recortes, nos regalan la buena noticia de que ya no sacarán la chatarrería militar a las calles.

Pero, como ya hemos dicho en otra entrada de este blog, esto supone un  ahorro muy relativo, y sí una nueva vuelta de tuerca en el ensimismado intento de ofrecernos argumentos legitimadores del papel imprescindible de los ejércitos. Ahora nos quieren vender “actos” descentralizados (en concreto el castigo de 180 actos en diversas ciudades) que van desde la anacrónica jura de bandera de civiles despistados en Barcelona, Madrid o en Murguía, a cencerradas sinfónico-militares y diversas jornadas de puertas abiertas con las que mostrarnos que el ejército debe ser apreciado por los civiles por el montón de cosas que hacen, desde salvar niños del tercer mundo hasta cuidar la naturaleza, pasando por el siempre impresionante dominio de los juegos de riesgo y toda la parafernalia tecnológica de los artefactos de guerra (aunque en realidad los tengan aparcados en hangares el resto del año por falta de suministros o de gasolina).

Es un bonito momento para acudir a esas jornadas de manipulación del militarismo y mostrarles en vivo y en directo nuestra opinión sobre sus actividades y sobre el papel que los ejércitos tienen en mantener el status quo que, lejos de servir a nuestra seguridad, sirve a los intereses de los que nos vuelven cada día más insegura la vida.

¿Por qué no hacerles saber lo que la sociedad civil piensa de las misiones internacionales de injerencia militar? ¿Por qué no hacerles saber nuestro descuerdo con el insolidario gasto militar o con la venta de armas?  ¿Por qué no mostar nuestra disposición a negar legitimidad al militarismo?, ¿por qué no usar estos actos para reivindicar que nosotros, los nadie, queremos decidir que hay que defender y cómo hacerlo?

Eso sí que sería en realidad propiciar el “ecuentro” (que no encontronazo) de las fuerzas armadas con la cruda realidad de las necesidades sociales a las que, desde luego, no prestan atención los políticos que definen el planeamiento de la defensa.

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