Cumbre de la OTAN en Chicago el 20-21 de mayo 2012

Fuente:  Real Instituto Elcano.

Esta cumbre de Chicago cuenta con patrocinio privado para compensar todos los gastos asociados a un acontecimiento mediático que las autoridades locales y estatales no pueden afrontar (una cuarentena de donantes contribuirán con 36 millones de dólares para paliar el déficit).  No hemos podido encontrar qué empresas patrocinan a la OTAN, pero sí nos parece claro que con los 36 millones de dólares, muchos países podrían hacer cosas muy interesantes en educación y sanidad, en empleo y medioambiente, para mejorar su seguridad humana, siendo ésta una alternativa que sí generaría paz real en el mundo.

Por otro lado, parece que se va a militarizar de manera tajante la ciudad para proteger a los mandatarios (los de los 28 países de la OTAN, también acude el presidente de Afganistán, Karzai, y otros 31 presidentes más) de la población civil y sus opiniones y protestas.  Este parece un claro indicativo de que la popularidad de la OTAN no lo es tanto, ni siquiera en EE.UU.  Parece que la amenaza para la paz más preocupante para la OTAN y los EE.UU. del nobel de la paz Obama son las protestas de miles de personas contra la OTAN.  Ridículo.   Cada vez queda más patente la distancia entre gobernantes y ciudadanos.

Han pasado 18 meses desde la última cumbre en Lisboa.  En ella se tomaron importantes acuerdos:

  • la implementación del nuevo concepto estratégico,
  • la evolución de la hoja de ruta adoptada para Afganistán y la revisión de la configuración militar de la Alianza.
Entre ambas cumbres ha ocurrido la guerra de Libia y en ella los dos lados del atlántico se tiraron los trastos a la cabeza sobre si intervenir o no y cómo.  Además, la severa restricción presupuestaria que afrontan los Ministerios de Defensa aliados, las decisiones unilaterales sobre la retirada de sus contingentes en Afganistán y el desplazamiento estratégico de EEUU desde Europa y el Mediterráneo hacia Asia y el Pacífico, son otros focos de tensión y/o debate.
A pesar de que hoy por hoy, y a pesar de su progresiva reducción, los aliados europeos disponen de mayor gasto militar que China y Rusia juntos, la Administración estadounidense espera que los aliados europeos se doten de las capacidades militares que precisan y que contribuyan al fondo de mil millones de euros que se estima necesario para sostener las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas (ANSF) más allá de 2014.   En contrapartida, los aliados europeos necesitan saber si la nueva visión del liderazgo estadounidense en la OTAN –leading from behind– consiste sólo en equilibrar las contribuciones (capacidades, presupuestos y tropas) o también las responsabilidades (estrategias, decisiones y cargos) porque no parece de recibo que quien busca compartir gastos aspire simultáneamente a preservar intacta su hegemonía.
Afganistán.   La hoja de ruta acordada en la cumbre de Lisboa establecía que la transición de responsabilidades acabaría en 2014, pasándose a partir de esa fecha a una labor de asistencia técnica, financiera y de instrucción. Todos los indicios apuntan a que se mantendrá la fecha final de retirada, pero lo importante a decidir en Chicago es precisar cuándo las tropas de ISAF se dedicarán a combatir en apoyo de las ANSF “si es necesario”. A partir de la fecha que se decida en 2013 y hasta finales de 2014, las tropas internacionales dejarán de estar en primera línea y sus autoridades deberán decidir si siguen combatiendo para apoyar a los afganos o si se vuelven a casa, lo que obliga a coordinar las decisiones individuales si no se quiere poner en peligro la seguridad de las fuerzas que permanecen en Afganistán y el propio proceso de transición.
Smart defence.  El secretario general, Anders Fogh Rasmussen, acuñó el término de smart defence en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero de 2011, una idea que pretende racionalizar el gasto colectivo potenciando la coordinación de las prioridades y la especialización de las capacidades pero que se ha encontrado con graves obstáculos. El primero ha sido que la explicación del concepto mediante lemas como “hacer más con menos” o “gastar mejor” ha incentivado la desinversión presupuestaria en lugar de contenerla porque ha reforzado la creencia de que no es necesario gastar más en defensa y ha sembrado la sospecha de que se está gastando mal.  El segundo es que frente a la lógica colectivista del reparto de tareas, la especialización o el poner en común recursos y compartirlos –lo que en la UE se denomina pooling and sharing–, existe el riesgo de que los aliados se queden sin la garantía de usarlos cuando los precisen. La idea es atractiva pero sólo tiene oportunidades de progresar cuando se establece entre países próximos que comparten problemas de seguridad (intereses), criterios para el uso de la fuerza (cultura estratégica) y confianza mutua (predecibilidad). Sin esos requisitos, los países se arriesgan a desprenderse de capacidades militares indispensables sin garantías de cobertura y, además, se exponen al riesgo de desmantelar su tejido industrial en beneficio de quienes dirigen el reparto o a que sus contribuciones se utilicen en beneficio de quienes consumen más seguridad de la que producen (la vigilancia aérea de los países bálticos a cargo de países que sí disponen de aviación es un ejemplo asimétrico de smart defence).
La smart defence perpetúa el planeamiento basado en las capacidades en lugar de adaptarlo a otro basado en los recursos. Los planificadores de las necesidades militares de la OTAN (NATO Forces 2020) esperan que en Chicago se establezcan los objetivos, las capacidades que se mantienen, descartan o precisan y los recursos con los que se cuenta. Pero en lugar de ajustar el nivel de ambición a los recursos disponibles, la OTAN sigue poniendo las capacidades por delante, exponiéndose a repetir el fracaso de iniciativas similares como la de Capacidades de Defensa de Praga. Ahora la OTAN cree haber seleccionado mejor las capacidades que entonces y presentará en Chicago un paquete con una veintena de proyectos multinacionales asociados con tecnologías críticas de vigilancia (Alliance Ground Surveillance, AGS), inteligencia (Joint Intelligence, Surveillance and Reconnaissance, JISR) y mando y control (Bi-Strategic Command –Bi-SC–, Bi-Strategic Command Automated Information System –Bi-SC AIS– y Air Command and Control System –ACCS–) pero no establecerá de dónde saldrán los recursos necesarios ni que capacidades podrían suprimirse por no ser necesarias.
 Reestructuración.  La OTAN sigue adelante con el proceso de transformación acordado en Lisboa que afecta a su organización civil y militar. Son procesos a largo plazo –el cambio a un nuevo cuartel general en Bruselas está previsto para 2016– en los que resulta más fácil reducir la parte militar (de 13.000 en 2011 a 8.800 en 2015) que la civil debido a la adopción de nuevas funciones de seguridad, a la creación de una capacidad civil de gestión de crisis y a la resistencia de las agencias a desaparecer.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: