Llamazares pide explicaciones al ministro de defensa por el cierre de una fábrica de armas en La Vega (Asturias): pan sin ética para hoy y hambre para mañana.

Desolación ... +

Fuente: Efe

Llamazares es un diputado del grupo de izquierda plural en la actual legislatura.

Durante la legislatura pasada no se caracterizó precisamente por hacer una oposición relevante a las políticas de defensa pactada por PP y PSOE y dejó pasar los principales debates de la comisión de defensa, como es el caso de la burbuja financiera militar, por ejemplo, o la orientación de las compras de armas ofensivas en los Programas de Armamento del Estado, que son luego las armas que se llevan a las guerras en el exterior.

Tampoco protestó porque la política de defensa se realice de espaldas al parlamento y a la ciudadanía (por ejemplo, el Parlamento no conoce ni aprueba los principales documentos del ciclo de planeamiento, ni la estrategia de seguridad, ectétera), ni inquirió la necesidad de reconversión de la industria militar ni del “minicomplejo” militar-industrial español hacia fines últiles.

Tampoco hemos visto que pidiera la reducción de la tropa, ni el control del patrimonio militar, por ejemplo, o que estableciera crítica alguna a la militarización de la protección civil o al uso de los campos de tiro y demás espacios militares.

No hizo nada de eso, pero para hacer honor a la verdad, no lo hizo absolutamente nadie, porque la política de defensa y su control, desde hace décadas, son monolíticos y sin propuestas alternativas.  Además, hay que señalar en desagravio de Llamazares que su grupo parlamentario, en la pasada legislatura, era muy reducido, con lo cual su capacidad d acción y proposición se veía mermada.

Es posible que la problemática de la defensa no fuera una problemática prioritaria para Llamazares y también es posible que siendo tantos los temas y tan pocos los diputados de izquierdas en la anterior legislatura, no diera su tiempo para más. No queremos ni censurar ni ensalzar al diputado, sino describir el estado de pobreza de la política de defensa en el congreso de los diputados y en las agendas políticas de las principales fuerzas parlamentarias. Porque en otras materias, efectivamente, tuvo un trabajo más profuso.

Ahora Llamazares pregunta a Morenés por la fábrica de armas de La Vega (Oviedo) y su traslado a Trubia.

Llamazares sospecha que esto se va a hacer con pérdida de puestos de trabajo y él ve  razonable luchar por esos puestos de trabajo. Por eso se pone a disposición de las instituciones asturianas (Llamazares es diputado por Asturias) para defender los dos centros de trabajo y los empleos industriales que mantienen en Oviedo.

La preocupación por el trabajo y por la sangría del paro estructural que padecemos como fruto de las políticas neoliberales es algo en lo que todo el mundo se pone fácilmente de acuerdo. Si hay algo digno de defensa no son las banderas, los valores patrios, las esencias y toda esa retórica que justifican y dicen defender los ejércitos, sino el trabajo y el empleo dignos, la igualdad, los derechos de las personas…

Pero mucho nos tememos que la pregunta no vaya enfocada en el buen sentido y que se quede en una mera resistencia numantina a mantener los complejos de fabricación de armas. Y en eso no estamos de acuerdo.

Podría, y debe buscarse, la reconversión de las industrias militares a fines socialmente útiles, la desmilitarización del trabajo y el derecho de los trabajadores a emplearse en cosas mejores.  Y es en eso, nos parece a nosotros, y no en mantener fábricas de armas, en lo que debe emplearse una izquierda que quiere plantear alternativas al sistema dominante.  Si no es así, seguirá defendiendo más de lo mismo;  trabajo, pero trabajo de baja calidad ética;  empleo, pero de cualquier tipo y sin valorar las repercusiones sociales, éticas, económicas y ecológicas que tiene.

Ahora que ya hemos perdido tantísimos empleos no hay que luchar por cualquiera de ellos, en cualquier condición, con cualquier prestación a cambio.  Debemos aprender a luchar por empleos dignos, éticos, que nos permitan desarrollarnos como personas completas, que, entre otras cosas, ayuden a conciliar, a sentirnos solidarios y comprometidos con la sociedad que nos emplea.  Todo lo demás es pan para hoy y hambre para mañana (en el caso de la industria de armas habría que añadir que, también, es muerte para muchos ahora).

Puede de paso Llamazares, o cualquier otro diputado más entendido en estos temas, preguntar al Ministro de Defensa cuáles son los supuestos retornos que la industria militar provoca según todos los opinantes promilitares, y cuáles en concreto los que ha dado a Oviedo y al desarrollo sostenible de Oviedo, desvelando con ello que la fábrica de armas y la orientación del negocio al armamentismo no ha provocado desarrollo para Oviedo, sino  dependencia y ahora agresión al trabajo.

Esperemos que la opción por el trabajo que quiere defender Llamazares avance en exigencias de este tipo y no tanto en que se mantenga la fábrica de armas y fabricando armas en Oviedo.

Las armas, se fabriquen donde se fabriquen, son  una calamidad y la izquierda no debe aspirar a fortalecer esta lógica, sino a desmilitarizar nuestra sociedad.

En todo caso, nuestra solidaridad con los trabajadores afectados por esta (otra más) de las desastrosas actuaciones de nuestro militarismo autóctono.

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