El falso debate sobre la estrategia militar

Fuente:  Revista Atenea.

Nos ha sorprendido que el gobierno de Rajoy no se haya lanzado, como sí lo hizo el de Aznar, a la promulgación de una Directiva de Defensa Nacional en tiempo récord y sin ningún recato para decir más de lo mismo que en las anteriores.  Parece que el político gallego se lo ha tomado con más calma y se ha tomado tiempo hasta antes del verano para poder pensárselo bien y debatirlo con reposo.

Sin embargo, llama poderosamente la atención el bajísimo nivel que parece que está existiendo en los círculos militares en el debate sobre la estrategia militar que se ha de seguir en los cuatro años de legislatura del PP.  Lo de bajísimo nivel no lo decimos por los participantes, altamente cualificados todos ellos, como es en este caso el General Jesús Argumosa,  General de División y ex Jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa (EALEDE) del CESEDEN, sino por el nivel de las argumentaciones y propuestas.

Vamos al meollo:

El General Argumosa nos informa de que actualmente el Ministro de Defensa y todo el Ministerio están debatiendo con cuál de las dos posibilidades siguientes se van a quedar para elaborar la estrategia general militar de los próximos años:

  • la opción tradicional basada en el “ciclo, nacido en los años 80 del siglo pasado, que comienza con la Directiva de Defensa Nacional (DDN) y termina con el Plan Estratégico Conjunto (PEC)”.
  • o la opción “moderna e innovadora en concordancia con las tendencias existentes en el entorno de las democracias más avanzadas – en las que se contemplan los tres “estadios” diferentes de la estrategia: de seguridad, de defensa y la militar – “.

Interesante disyuntiva, ¿verdad?  Nos ofrecen lo antiguo contra lo moderno, lo que hacemos nosotros contra lo que hacen las democracias más avanzadas.  Parece que las cartas están echadas y que la opción es meridianamente clara.  Sin embargo, ¿cuáles son las diferencias profundas entre ambos métodos?  No las explican y nosotros no las vemos porque nos parece que todo queda en mera nomenclatura y formalidad.  Durante las 3 ó 4 últimas D.D.N. ya se nos viene hablando de que la estrategia supera a lo meramente militar y de defensa para alcanzar aquello más superior, difuso y no explicitado que es la “seguridad”.  Además, uno de los últimos coletazos políticos que dio Chacón al frente del Ministerio de Defensa fue la promulgación de la Estrategia Española de Seguridad elaborada por Solana y que incluía todos los aspectos que ahora nos quieren vender como novedosos.  En definitiva, parece que optemos por lo que optemos lo que elegiremos será más de lo mismo y, como siempre, en Defensa se opta por la vieja estrategia lampedusiana de que todo cambie para que todo permanezca igual.

Para que no os preocupéis, os damos, además, la posible solución, en palabras de Argumosa:  “Hecho este planteamiento, y partiendo de la base de que el ministro – una vez consultado con el presidente del Gobierno – se inclinará por un nuevo modelo en línea con las corrientes modernizadoras mencionadas”.

Hasta ahora, las D.D.N. estaban basadas en unas cuantas ideas generadoras (que más bien habría que calificar como sueños de grandeza del militarismo español):

1.-  Considerar a España “como una gran nación”, explicación acuñada por Juan Carlos Borbón y repetida por doquier por los demás.

2.-  Tener como objetivo ineludible “situar a España en el lugar mundial que le corresponde”, esta vez idea de cuño de Don Mariano Rajoy.

3.-  Utilizar grandes valores éticos y morales como:  “En los inicios de los años 70 del siglo pasado, el tratadista norteamericano, John M. Collins definía a la “gran estrategia” como el arte y la ciencia de emplear el poder nacional en todas las circunstancias, para ejercer los tipos y grados deseados de control sobre el oponente a través de la fuerza, amenazas, presiones indirectas, diplomacia, subterfugios y otros medios posibles de imaginar, a fin de satisfacer los intereses y objetivos de la seguridad nacional”.  Es decir, todo para lo militar, por lo militar y en lo militar.  Los demás somos meros comparsas.  En definitiva esto se traduce en que la seguridad no supera a la defensa y a lo militar, sino que lo militar ocupa toda la defensa y toda la seguridad.

Ninguno de estos “pilares” se va a modificar un ápice.  Estemos tranquilos, aunque se elija la opción moderna, internacional e innovadora, todo seguirá absolutamente igual.

Por otro lado, ¿qué debería incluir una estrategia militar para los 4 años del gobierno de Rajoy?, se pregunta Argumosa.  Él mismo nos contesta en 9 puntos básicos:

1.-  “Es preciso que defina claramente los intereses nacionales de seguridad que deben ser garantizados y defendidos”.  Y aquí se deja la idea porque se está seguro de que no merece debate.  Hay que defender lo que hay que defender, lo que siempre hemos defendido y lo que siempre habremos de defender.  No lo abren al debate social, no proponen cuestiones y sus alternativas.  No.  ¿Para qué, si ya sabemos la solución?  Ni se imaginan los militares que pueda haber alternativa.  Ni se imaginan que otros conceptos como el de Seguridad Humana puedan desmilitarizar la defensa y la seguridad y establecer objetivos muy diferentes:  la calidad de la enseñanza, de la sanidad, del medio ambiente, las relaciones de cooperación con los países pobres, las relaciones económicas basadas en la cooperación y no en la rapiña, etc.

2.-  “Un segundo semblante a incluir lo constituye la imperiosa necesidad de disponer de una sólida coherencia interna nacional como factor básico de la acción única del Estado. Todos los componentes del Estado y de la sociedad civil – el poder nacional que cita Collins – debieran actuar siempre perfectamente unidos, integrados y cohesionados”.  Intuimos y no creemos equivocarnos que todo ello será bajo la batuta, dirección, perspectiva, intereses y personal militar.  Cualquier otra cosa sería una utopía.  Sin embargo, a nosotros la coherencia nos parece que transitaría por caminos diferentes:  si lo que hay que defender es lo que comentábamos arriba como alternativa a la visión militar, lo coherente sería dar mayor protagonismo a la sociedad civil y a las ongs que son las que realmente están luchando por mejorar lo que realmente nos interesa defender desde la perspectiva de la Seguridad Humana.

3.-  “Otra dimensión se sustenta en la exigencia de abordar la seguridad de forma global e integral ya que ahora los riesgos y amenazas son transnacionales y transversales siendo una franja continua que afecta a toda la sociedad”.  Aquí lo pensamos y lo pensamos, y … nos parece que otra vez se remiten, eso sí desde una “nueva perspectiva” y con otro pseudoargumento más o menos diferente a lo referido en el punto 2, dado que según su pensamiento sólo desde lo militar se puede dar respuesta a esos indefinidos riesgos y a esas difusas amenazas transnacionales, transversales (y nos atreveríamos a decir que, incluso, transplanetarias y transcendentales).

4.-   “En una cuarta consideración, derivada de la anterior, resulta obligado encuadrar la ENS en el marco europeo, atlántico e internacional. Hoy ningún país puede garantizar los niveles de seguridad que demandan las sociedades del siglo XXI”.  Y esto es clave.  Aboga Argumosa, como de rondón y sin darle importancia, que debemos estar en el primer mundo expoliador, en la OTAN fabricante y vendedora de armas, en la U.E. generadora de conflictos comerciales, políticos y económicos.  Eso que no falte.

5.-  “Un quinto aspecto debiera resaltar a las Fuerzas Armadas como la piedra angular de la seguridad, independientemente de su empleo a través de un enfoque integral con todas las herramientas del Estado y de la sociedad civil”.  Je, je.  ¿Os suena?  Un poco reiterativo, ¿no?  Como las marchas militares.

6.-  “La aceptación del multilateralismo, con su fuerte compromiso de seguridad con la comunidad internacional”.  Aunque luego van a optar, en la práctica, por seguir los criterios de USA una y otra vez, con la excusa de ser relevantes en el escenario internacional.

7.-  “El fomento de la cultura y conciencia de seguridad y defensa”.   Evidentemente, todo en aras a conseguir que lo militar sea el único factotum en la política de exteriores, de cooperación, de investigación y desarrollo, cultural, etc.

8.-  “También será preciso incluir la vigente concepción estratégica nacional basada en dos postulados. Por un lado, en el mantenimiento de una capacidad defensiva propia que sea un factor de disuasión y constituya una capacidad de respuesta genuinamente nacional y, por otro, en la defensa colectiva y en la seguridad compartida con nuestros socios y aliados”.

9.-  Y para acabar, lo más desarrollado y lo más controvertido de la propuesta de Argumosa:  “No quería terminar sin referirme expresamente a la denominación del documento. Debiera ser Estrategia Nacional de Seguridad, destacando el término “nacional” con el mismo espíritu que lo hacen los países de nuestro entorno. Aspecto crucial en cualquier país democrático. Otra denominación produciría efectos no deseados”.  Nacional, nacionalismo, nación.  Defensa del territorio, de las fronteras, …  ¡Qué caduco y desfasado!

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