La entrada de Bosnia en la OTAN y la UE no mejorará su situación

La larga guerra de Bosnia fue horrible (como todas la guerras) y a todos nos escandalizaron las imágenes y las noticias de violencia exacerbada, injustificada, de personas que fueron connacionales, vecinos, amigos y parientes.

Ahora nos explica El País que está guerra sólo acabará cuando el país se decida y asuma que “está claro que no hay alternativa a ingresar en la UE y antes en la OTAN, como paso previo. Es lo único en lo que todos estamos de acuerdo”.  ¡Qué curioso!, nos recuerda al previo ingreso en la OTAN  de España para poder entrar en la U.E.  Parece que sólo hay paz cuando se entra en el club OTAN.  Entonces los estados se pacifican y pueden entrar a formar parte de los exportadores de armas y conflictos, hasta entonces sólo les queda sufrirlos.

Aquella guerra (como todas) dividió profundamente al país y a su población:  “el país sigue dividido en dos entidades que parecen irreconciliables: la Federación Croata-Musulmana y la República Serbia. Dos servicios de correos, dos empresas de teléfonos móviles, organismos públicos duplicados y una ausencia total de sentimiento nacional compartido definen hoy un país que ha restañado las heridas físicas, pero no ha logrado ni mucho menos la reconciliación”.

¿La lograrán con su ingreso en la OTAN y en la UE?  No lo pensamos porque no hay políticas en estas instituciones internacionales que fomenten activamente la reconciliación y la paz dentro de sus fronteras.  Lo que pasará es que, con el tiempo, las generaciones que lucharon en la guerra desaparecerán y se formarán otras que no la habrán conocido y que sólo habrán conocido el ala protectora de la OTAN y la UE, el cinismo de ambas instituciones que son grandes exportadoras de guerras allende de sus fronteras.

Hasta entonces, nada o muy poco habrá cambiado:  “No ayuda mucho que la enseñanza en colegios e institutos responda en la práctica a criterios étnicos y que los libros de historia, por ejemplo, ofrezcan planteamientos muy distintos sobre una guerra que causó más de 100.000 muertos y dos millones de desplazados entre abril de 1992 y diciembre de 1995, cuando se firmaron los acuerdos de Dayton (Ohio) que pusieron fin a la contienda. Desde el sur del país, la croata Antonella Medak, como tantos otros, culpa a los políticos nacionalistas —la inmensa mayoría— de aprovecharse de la situación para mantener sus privilegios. “Aquellos que ocupan el poder”, comenta, “son los mismos que hace 20 años. No me refiero solo a los políticos, sino también a los líderes religiosos, culturales o económicos”.  La violencia estructural sigue siendo la misma y la violencia cultural basada en el nacionalismo y en la criminalización del otro siguen imperando en la cultura en Bosnia.

La oferta que les hace la OTAN y la UE es bien triste:  que se olviden de sus nacionalismo enfrentados y que se adhieran a un supranacionalismo europeo que les ofrece cinismo, venta de armas, exportación de conflictos, pasar de ser sufridores a generadores de violencia directa, estructural y cultural.  Mala perspectiva para Bosnia.

¿Qué se ha aprendido de esta guerra?  ¿Qué se ha aprendido de la resolución de conflictos?  Parece que poco o nada.  Bosnia sigue militarizada, el conflicto bosnio sigue latente en forma de tensiones culturales y políticas internas.  ¿Nadie se da cuenta de que éste es el caldo de cultivo propicio para que, nuevamente, estalle el conflicto?

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