¿España se postula como país mercenario para pintar algo en el mundo?

Furia

Fuente: Infodefensa.

Ya hemos abordado en otras ocasiones la preocupante tendencia autoritaria y militarista de nuestra derecha, la cual parece formar parte de sus genes y de su recuerdo histórico.

Incluso en el actual gobierno predominan los halcones, cosa también sabida (recuérdese que Rajoy fue nombrado sucesor de Aznar frente a Rato porque mostró siempre mucho más entusiasmo por la intervención militar española en Irak que aquel o que Morenés fue Secretario de Estado de Defensa con el innombrable de las Azores).

Pero ahora Morenés,  el ministro metepatas por excelencia, ha vuelto a lanzar una perla digna de César Vidal y otros ideólogos del ultraísmo, para decirnos que el ejército es lo mejor que nos queda en España, hasta el punto de que (y agárrense que vamos a soltar este pedo de un solo golpe) ahora que la crisis ha puesto en duda la credibilidad de España, la presencia de tropas en el exterior compensa esa falta de credibilidad.

Ya lo saben: somos pobres pero tenemos unos mamporreros que nos hacen respetables y los ponemos a disposición del emperador (por cierto e otro día Don Mariano fue al besamanos del susodicho bien sumiso y sonriente) para lo que se tercie.

Como no somos creíbles en otros aspectos, dice este nuevo Séneca, ponemos el músculo para ser respetados (no respetables).

Nosotros no estamos de acuerdo en que la política de relaciones con otros pueblos de España deba ser cortada desde el patrón militar y mucho menos en militarizar la concepción de las relaciones internacionales y de la política de exteriores. Morenés se confunde. Morenés es un error. Vender la imagen de que somos los mercenarios de los voraces mercados es una mierda de idea. Poner como ejemplo del ingenio de una sociedad al ejército es una aberración y una locura.

Morenés desconoce que lo que no tiene credibilidad para los mercados es que aquí en vez de economía hay mercachifles, que en vez de empleo hay desempleo, que en vez de ciencia e innovación hay dogmatismo del peor y que la élite, es decir, esos que nos sorberepresentan, sólo tienen ocurrencias a la altura de sus escasas luces y para dar hostias.

En el mundo aprecian a los técnicos y estudiantes que aquí desprecian nuestros atrabiliarios empresarios, y ellos sí son embajadores de lo mejor de esta sociedad. En el mundo aprecian la gente digna que lucha por los derechos humanos y que aquí son expulsados de sus trabajos. Aprecian a los deportistas que aquí no pueden desarrollar sus habilidades. Aprecian a los artistas que aquí desprecian por posicionarse contra el garrulismo. Aprecian la contribucion a la solidaridad que hasta hace poco ha realizado España y sus políticas de cooperación al desarrollo. Aprecian a los científicos que se las piran porque empieza a oler a humo de hoguera.

Es posible por tanto una política de relaciones exteriores diferente y respetable.

Si Morenés pusiera su vista no en los mercados a los que parece que se debe, sino a las personas que los sufren, tal vez pensaría que se puede hacer una buena política y no la política del palo y la zanahoria para ser no respetados, sino carne de cañón en guerra por intereses inmorales y por codicias que no son las nuestras.

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