Aproximaciones al concepto de transarme para una defensa alternativa

Sinkuartel

Fuente: Revista el Ecologista

Agradecemos a Ecologistas en Acción y a los editores de la revista El Ecologista el interés por uno de los campos de trabajo del antimilitarismo, las alternativas de defensa, y por difundir el concepto de transarme. Lógicamente el agradecimiento se hace extensible a su aceptación del trabajo del Colectivo Utopía Contagiosa que aparece en su revista número 72, de marzo de 2012 y cuyo texto reproducimos a continuación.

El transarme implica que las sociedades tienen que dar, simultáneamente, pasos para demilitarizarse mientras se construye una defensa alternativa. Esta nueva defensa pretende defender lo realmente importante para las personas (educación, sanidad, vivienda, derechos humanos) con metodologías noviolentas y el protagonismo de la sociedad civil.

Todos habremos escuchado el lema “¿y si hay una guerra y no va nadie?”. Bonito sueño, ¿verdad? Y es precisamente por él, que en muchas ocasiones se nos ha acusado de estar desconectados de la realidad, de ser simples soñadores, de no tener un verdadero programa de transformación social y solo poseer buenas y loables intenciones.

Ciertamente, muchas personas estamos en contra de las guerras, de las intervenciones humanitarias, del actual sistema de relaciones internacionales que promueve la violencia estructural; sin embargo, no se suelen tener referentes ideológicos ni prácticos para llevar dichas ideas a la realidad con campañas concretas.

El desarme, promulgado tanto por partidos socialdemócratas como conservadores, ha sido duramente criticado por los movimientos sociales que abogan por la desmilitarización, toda vez que, a la larga, esta panoplia de prácticas cosméticas no ha abundado en la desaparición de los recursos militares, sino que, al contrario, los ha readaptado a una realidad en constante cambio, posibilitando de este modo su perpetuación. En el fondo, la apuesta desde la oficialidad ha sido la de generar cierto grado de regulación armamentística, con el fin de mantener su existencia y garantizar el vigente statu quo.

Incluso los verdes alemanes, al llegar al poder, olvidaron lo esencial del espíritu antimilitarista (es curioso, pero de aquellos postulados ecologistas-pacifistas con los que emergieron en un gris escenario casi bipartidista, ahora apenas quedan un puñado de referencias de tipo ambientalista, sacrificándose en el altar de la política real todo lo que tenía que ver con el pacifismo; parece que, en el fondo, no se creía en nada de ello, ni del antimilitarismo ni del desarme). Así pues, el desarme ha quedado en manos de los gobiernos estatales y de las organizaciones internacionales. Su desarrollo ha sido muy pobre como se puede comprobar, por ejemplo, en Wikipedia.

La propia página de la ONU sobre desarme nos argumenta muy bien por qué razones tenemos que desarmarnos: “Cada arma que construimos, cada navío de guerra que lanzamos al mar, cada cohete que disparamos es, en última instancia, un robo a quienes tienen hambre y nada tienen para comer, a quienes tienen frío y nada tienen para cubrirse. El coste de un bombardero pesado nuevo es el siguiente: un colegio nuevo en más de 30 ciudades”. Frase del guerrerista D. Eisenhower.

Sin embargo, las informaciones sobre sus propios trabajos en este terreno y sobre sus logros son muy escuetas. Así lo reconoce la Comisión de Desarme de las Naciones Unidas, cuando en agosto de 2011 Cuba afirmó que accedía a su presidencia con un “llamamiento a sacar este organismo del estancamiento”.

Por otro lado, el rearme y la violencia sufren continuos empujes hacia el reforzamiento como medida central de las políticas nacionales e internacionales. Según datos de la ONU “el gasto militar ha aumentado en un 50% en los últimos cinco años y, en la actualidad, alcanza 1,2 billones de dólares anuales aproximadamente. Menos de una décima parte del gasto militar sería suficiente para conseguir alguno de los objetivos del milenio, como la eliminación de la extrema pobreza”.

¿Entonces, no hay alternativa?

El breve análisis anterior parece que así lo indica. Si dejamos la lucha por la paz en manos de los gobiernos y las instituciones internacionales comprobamos que solo han seguido líneas militaristas, intervencionistas y de fomento del comercio de armas.

La alternativa, entonces, solo puede venir de la participación social responsable (si esta funciona con métodos alternativos) y de algún concepto alternativo a los anteriores y que sí tenga potencialidad para cambiar las prácticas políticas desde la base.

Desde el pacifismo antimilitarista y noviolento abogamos por un concepto que se denomina transarme. La definición breve de este concepto implicaría: los pasos sucesivos que las sociedades tienen que dar en paralelo (y no unos antes y otros después) con el fin doble de desmilitarizarse a la vez que se va construyendo, en paralelo, una defensa alternativa.

Nuestra opción por el transarme nos hace conscientes de que el ejército, el militarismo y la violencia no pueden desaparecer de la noche a la mañana. Pensamos que es más correcto y real apostar por una transición gradual en la que se vayan dando pasos sucesivos que se basen en el empoderamiento social de los temas de defensa para ir forzando progresivas pérdidas de poder de los militares a la vez que construimos un modelo de defensa diferente.

¿Cómo se puede construir un modelo de defensa alternativo?

Aunque la explicación es mucho más larga que el espacio de este artículo, sí queremos reseñar por ser claves tres aspectos fundamentales:

¿Qué hay que defender?, ¿cómo lo queremos defender? y, por último, ¿quién es el sujeto de la defensa? Dependiendo de cómo se respondan las preguntas anteriores tendremos un modelo de defensa u otro muy distinto.

En cuanto a la primera pregunta, ¿qué queremos defender?, en líneas generales, hay dos posibilidades: u optar por la defensa típica militar de las fronteras, la bandera, la patria, las actuales instituciones violentas y poco democráticas, el statu quo opresor de aquellas personas o países empobrecidos… u optar por una defensa alternativa que busque defender aquello que realmente interesa a las personas: la educación, la sanidad, la vivienda, el trabajo, el medio ambiente, la democracia participativa, la solidaridad con personas y países pobres… La primera opción es la de la defensa nacional o militar o territorial. La segunda es la de la defensa social, la de la seguridad humana, la defensa noviolenta o alternativa.

Resulta asombroso y turbador ver cómo las instituciones, el ejército, los partidos o el Congreso, nunca nos han dado opción alguna de decidir qué hay que defender: salimos de la dictadura franquista con unos conceptos sobre qué defender muy claros y tajantes, y no se han modificado desde entonces. ¿Es esto justo, es democrático?

Hoy por hoy es necesario que se divulguen y popularicen las características de la segunda opción porque de la primera es de la única que existen datos publicados, ejemplos, realidades (todos ellos sanguinarios y violentos, todos ellos generadores de mayores espirales de violencia, todos ellos inútiles o perniciosos para la mayor parte de la gente). Suele ocurrir que se piensa que la defensa alternativa no existe, sin embargo hay mucha gente que a través de organizaciones solidarias, movimientos de base asamblearios y alternativos ya están defendiendo lo que realmente nos interesa en el día a día, con prácticas comprometidas y metodologías horizontales y noviolentas. ¿Qué ocurre, que su labor no existe, o que, por el contrario, el problema está en que no tenemos la suficiente cultura alternativa para identificar su trabajo como un verdadero modelo de defensa alternativo llevado a cabo?

La segunda pregunta: ¿cómo lo queremos defender?, también es básica para definir un modelo de defensa alternativo. Es necesario contestarla con coherencia con lo que queremos defender. ¿Cabe la violencia en la defensa y promoción de lo que definíamos antes como defensa alternativa? No. Seríamos incoherentes con los objetivos que nos proponemos si recurrimos a la violencia. ¿Pueden defender los ejércitos, la OTAN, las intervenciones humanitarias, la economía basada en la compraventa de armas y en la exportación de guerras los valores y realidades que realmente nos interesan defender? No. Lejos de ello, las metodologías violentas son las principales valedoras de los ataques contra aquello que nos interesa defender.

Las metodologías y las políticas noviolentas, pasando por labores de índole educativo y cultural, por acciones directas noviolentas, por luchas sociales de diverso tipo, por denuncias y movilizaciones novedosas, por la aplicación de alternativas en la resolución de conflictos o en el modelo de consumo y por la construcción de propuestas de toda índole viables y aplicables, ponemos por caso, ha demostrado ya eficacia en su apuesta por la conquista de derechos tanto en organizaciones pacifistas, como ecologistas, feministas, de solidaridad, vecinales, cívicas, campesinas, etc.

La tercera pregunta: ¿quién es el sujeto de la defensa?, nos lleva a plantearnos cuál es nuestro papel en todo el tinglado de la defensa. ¿Somos meros contribuyentes con nuestros impuestos? ¿Tenemos derecho a decidir sobre qué, cómo y quién tiene que defendernos? ¿Debemos dejar la defensa en manos de elites decisorias (los políticos militaristas) o de elites ejecutorias (los militares)? ¿Somos corresponsables de las intervenciones militaristas más allá de nuestras fronteras? ¿Somos corresponsables de las funestas intervenciones de nuestras empresas nacionales en el Tercer Mundo? ¿Podemos exigir que los partidos políticos concreten sus propuestas electorales, también, en materia de defensa? ¿Podemos exigir ser protagonistas y que se nos consulten las grandes líneas de la política de defensa para que las decidamos entre todos y todas y no por mera delegación desinformada?

El transarme recoge todos estos interrogantes y les da respuestas mediante la planificación de campañas duales: quitar poder a lo militar y violento y generar poder para las prácticas alternativas y de base. El desarrollo de estas ideas está pendiente de próxima publicación con el título Política noviolenta: lucha social en la propia editorial de Ecologistas en Acción, Libros en Acción

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2 Responses to Aproximaciones al concepto de transarme para una defensa alternativa

  1. […] Aproximaciones al concepto de transarme (pinchar aqui) […]

  2. […] no violentas para el abordaje de conflictos estatales e internacionales se pueden encontrar aquí y […]

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