Desobediencia civil en Estados Unidos contra las leyes antiinmigrantes

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Fuente: Univision noticias

Contar que en los países receptores de inmigración existe una amplia bolsa de inmigración irregular porque es funcional al sistema tener gente vulnerable de la que echar mano para provocar excedentes y explotación es algo que no necesita mucha explicación.

Que la inmigración irregular es necesaria para el sistema productivo de Estados Unidos, con más de 20 millones de irregulares, o de Europa, con más de 15 millones, es algo sabido (aunque tapado por los discursos políticamente correctos). También en España podemos observar el aumento de riqueza de sectores como el agrícola en determinadas zonas en relación con el uso intensivo de trabajadores irregulares.

Ocurre que, junto con esta política tan práctica, los estados “receptores” de esta mano de obra vulnerada suelen provocar de forma periódica oleadas de leyes restrictivas y que amenazan con la represión a la inmigración. Es obvio que no buscan la expulsión real de los inmigrantes, sino su fragilidad y consagrar políticas de explotación bien aceptadas por los satisfechos votantes.

Esto está ocurriendo ahora en Estados Unidos (digamos que no sólo en Estados Unidos), con el incremento de las leyes antiinmigrantes y, como es normal, los que promueven estas políticas esperan que los inmigrantes, etigmatizados y sin reconocimiento ni medios, se escondan y acaten el orden que los condena a no ser nadie.

Pero, fíjense por donde, en la fragilidad de su condición de sin papeles, han encontrado los inmigrantes la palanca para su reivindicación y su lucha por cambiar las reglas de juego, y así, en Estados Unidos se han emprendido campañas de desobediencia civil por parte de activistas inmigrantes, dando así expresión al ejercicio de poder que la inmigración tiene en sí y poniendo en franca contradicción la hipocresía legal y económica de quienes se benefician de la explotación y del miedo.

Conocemos el caso del activista mexicano Martin Unzueta y su grupo “Chicago Community and Workers Rights”. Uzueta fue arrestado por su actividad política de visibilizar y politizar a los indocumentados contra la ley antiinmigración de Alabama HB56 en Noviembre de 2010.

Hizo visible en la calle su protesta, desenmascarando la perversidad de la ley y de sus beneficiarios, realizó talleres de explicación de sus derechos  y de empoderamiento con indocumentados, desafió el rigor que se pretende ejercer sobre los inmigrantes y acabó preso.

“Estoy arriesgándome a ser deportado porque estoy cansado de ver el sufrimiento de nuestros niños y cansado de las mentiras de la Oficina de Inmigración y Aduanas” y “Por eso estamos haciendo este acto de desobediencia civil por que no le tenemos miedo a los que nos persiguen”.

Ahora espera, junto con otros activistas, juicio y pretende usarlo como altavoz de sus reclamaciones. Espera que su acción sirva para cambiar las leyes y las malas políticas.

Si nos fijamos bien en la situación podemos ver que gran parte del sustento de ls sociedades de Europa y Estados Unidos descansa sobre la explotación de las personas con menos derechos, en este caso fundamentalmente, pero no solo, inmigrantes. ¿Qué pasaría entre nosotros si mañana, con un empeño colectivo de cambiar las leyes y hacerlas más respetuosas con la dignidad de las personas, los y las inmigrantes y por extensión las gentes más vulneradas se decidieran a negarse a trabajar en el servicio doméstico durante una semana, o si se negasen a atender a los ancianos, o en los negocios de servicios esenciales en los que estan trabajando en condiciones precarias?

La respuesta a esta pregunta muestra una obviedad que estos grupos pueden aprehender y hacer su propia lucha: que tienen un poder de facto importante en la sociedad porque la pueden hacer colapsar.

Si politizan sus expectativas encontrarán también la solidaridad de muchas organizaciones y personas que están a favor de un cambio radical de las reglas de juego de nuestro mundo y podrán confluir en la gran marea de indignación que actualmente busca hacer realidad este cambio.

Nosotros esperamos que, sin tribunos ni vanguardias, se decidan a ejercer su propio poder desde la desobediencia civil y la noviolencia política para poner en crisis la explotación que los usa como el último eslabón de la cadena de dominaciones que tiene montado el sistema.

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