El hambre es un negocio y un problema de violencia estructural

Fuente:  Público  , Fao y   Save the Children.

500 millones de niños pasan hambre en el mundo mientras un tercio de la producción de alimentos se desperdicia (aproximadamente 1.300 millones de toneladas) y sólo los países ricos tiran a la basura el equivalente a toda la producción agraria del áfrica subsahariana.

La primera afirmación es un ejemplo neto y contundente de la violencia directa que genera tensiones que acaban en guerras.  Las dos siguientes son afirmaciones que nos llevan a hablar de que por debajo, por detrás, de la violencia directa existe una violencia estructural que se ocupa de mantener este estado de cosas tan injustas.  El hambre es una injusticia pero el sistema económico-financiero, político, cultural y social que lo genera es culpable y ha de ser cambiado.  Se pueden hacer campañas contra el hambre pero sólo van a funcionar si se cambian las bases económico-financieras, políticas y sociales que la sostienen y se benefician de este estado de cosas.  El hambre se sufre en el Tercer Mundo, pero se genera en el primer mundo.  A muchas estructuras económicas y financieras les interesa un cierto nivel de hambre en el mundo, para ellas el hambre es negocio.

Vayamos a los datos:

  • uno de cada seis padres asegura que sus hijos abandonan el colegio para ganar dinero con el que comprar comida para toda la familia.
  • uno de cada cuatro niños en el mundo no se ha desarrollado correctamente durante su crecimiento debido a las carencias en su alimentación.  En concreto, en la India el 48% de los niños padecen las consecuencias de este grave problema.
  • La desnutrición es la causante de la muerte de 2,6 millones de niños cada año.
  • los países industrializados y aquellos en desarrollo dilapidan más o menos la misma cantidad de alimentos: 670 y 630 millones de toneladas respectivamente
  • la cantidad de alimentos que se pierde o desperdicia cada año equivale a más de la mitad de la cosecha mundial de cereales (2.300 millones de toneladas en 2009/2010)
  • A más ricos, más derrochones. El desperdicio per cápita entre los consumidores es de 95-115 kilogramos anuales en Europa y Norteamérica, mientras que en África subsahariana y en Asia meridional y el Sudeste asiático se tiran solamente entre 6 y 11 kilogramos por persona

¿Cómo ayudar?

  1. Con medidas solidarias puntuales:  donar alimentos, apoyar a organizaciones que trabajan el tema, … Es una ayuda paliativa y no podemos quedarnos en este tipo de ayuda.
  2. Con medidas globales y radicales (que van a la raíz del problema):  promoviendo el cambio global de las estructuras económicas, financieras, políticas, culturales, sociales, …, de los países del primer mundo para que dejen de generar las condiciones que fomentan el hambre y de las cuales sacan negocio. Son medidas de largo plazo y que exigen constancia y perseverancia, pero no podemos negar el primer tipo de medidas pensando que a la larga las que valen son las segundas.

Nosotros pensamos que se debe optar por ambas.  Y en ambas se incluye la segunda opción y la lucha por cambiar el mundo.

Nuestros políticos no luchan contra el hambre.  Nuestros políticos apoyan mayoritariamente la producción y comercio de armas, la exportación de conflictos bélicos, en las agendas de los partidos políticos no aparece la lucha contra el hambre como una prioridad, ello significa que les elegimos mal (en éste y en otros aspectos), …  Nuestros partidos políticos no tienen como prioridad lanzar y respaldar políticas que pretendan conseguir los Objetivos del Milenio.  Así, las estructuras no van a cambiar, ni las políticas generales.

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2 Responses to El hambre es un negocio y un problema de violencia estructural

  1. Fabian G. dice:

    El “clima de vviolencia” es un fenómeno que se reproduce en base a los individuos que estén allí dispuestos, es autoreproducible y mantiene unintercambio mediatico con el exterior, por el cual cualquier acción política debe de ser conjunta a un organismo mundial. Lamentablemente es un arduo trabajo y es necesario bajo una política educacional, que se empieze a ensañar a los más pequeños.

  2. […] El hambre es un negocio y un problema de violencia estructural (pinchar aquí) […]

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