La lucha interna entre los tres ejércitos nos perjudica a todos

Nos parece muy interesantes las reflexiones del Teniente General Juan Narro (un extenso e impresionante currículum nos explica que actualmente es del Consejo Editor del Grupo promilitarista Atenea).

En su artículo de 2009, ¿Puede haber objetividad en el planeamiento de la Defensa Española?, nos muestra que entre los tres ejércitos (Tierra, Mar y Aire) existen disensiones, egoísmos y luchas más o menos solapadas que interfieren en la coherencia de las propuestas de planeamiento de la política de defensa militar.

Esto es así porque cada ejército tiene sus propios intereses, que sobre todo en épocas de crisis y recortes como las actuales, compiten por privilegios entre sí,   y esto les lleva a ver peligrar sus números en adquisiciones de armamento y otros aprovisionamientos.

Además, también nos dice que las propias carreras de los altos mandos de cada uno de los cuerpos también están en juego, es decir, que no sólo actúan los egoísmos, rivalidades e intereses de los cuerpos, sino también los egoísmos y los intereses personales.  Es decir, los tres ejércitos se dedican a luchar entre ellos por los millones de euros y por sus intereses particulares, dejando más o menos de lado los intereses de la defensa común.

Es por ello que desde hace años se está procurando desde los gobiernos que haya órganos superiores que coordinen las necesidades de los tres ejércitos.

Narro, que recordemos que es un militar con intereses militares y no un pacifista, nos propone mirar fuera de nuestras fronteras y nos informa de que otros ejército extranjeros han optado por introducir civiles convenientemente formados en niveles altos del planeamiento para evitar el corporativismo militar y la competencia de intereses.  Pero él mismo ve inconvenientes graves en esta situación:  “En principio su carrera no depende de ningún uniforme, digo en principio porque luego aparece el lobby industrial y la historia puede se diferente”.

Vaya, vaya.  Y mira por dónde a nosotros nos ha traído al recuerdo el recorrido profesional de Morenés, actual Ministro de Defensa, antes preboste en varias entidades del lobby industrial militar, y antes número dos del Ministerio de Defensa.  Parece que lo que Narro aboga como un inconveniente ahora se materializa como todo un ministro.

Evidentemente, no va a haber objetividad en el planeamiento de la defensa española porque su principal promotor va a ser una persona con grandes intereses personales y profesionales en la industria militar.  No en vano, la diputada de IU Laia Ortíz ha preguntado, a principios de enero, al ministro Morenés “si pensaba pagar los 40 millones a su antigua empresa (Instalaza) por dejar de fabricar bombas de racimo“.

En estas condiciones, la objetividad en el planeamiento y en toda la política de defensa deja bastante que desear y más aún cuando no hay la más mínima disonancia en los enfoques y no se permite dar voz a quienes apuestan por una defensa diferente y alternativa a la militar.

Parece que las pretensiones siguen quedando en eso, en pretensiones y que poco se ha avanzado porque, nuevamente, Narro nos obsequia con un artículo titulado “La revisión de la estructura orgánica del Ministerio de Defensa y de las Fuerzas Armadas” que viene a colación de los recientes cambios en el ministerio ejecutados por el nuevo ministro Morenés.

En él, Narro vuelve a dar vueltas a sus antiguas preocupaciones pero no nos aporta ningún argumento nuevo, tan sólo recalca la necesidad de que haya coordinación y altruismo entre los tres ejércitos y que es necesario un consejo independiente que armonice los intereses de los tres ejércitos.

Querido Narro, cuando pedimos y necesitamos objetividad es necesario hacerlo en todos los escalafones del ministerio, en todos los cuerpos y tanto a civiles como a militares.

Además, desde nuestra sensibilidad, apuntamos otro dato para el debate:  ¿se debería contar en la planificación de las grandes cuestiones de defensa con gente que no sea militar o promilitar?  No es porque nosotros lo seamos, pero ya que la defensa, según dice el encorsetado argumento oficial,  es “un bien para todos” y que “todos debemos colaborar con la defensa”, sería importante que también todos pudiésemos decidir sobre las cuestiones de defensa.  Quizá así obtendríamos más objetividad por suma de criterios y opiniones variadas.

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