Ideario militarista e ideario antimilitarista para el nuevo ministro de defensa

Concierto + de + AlternativaLos datos militaristas están tomados de la Revista Atenea y son del General de División Jesús Rafael Argumosa.

En este artículo figuran en cursiva las opiniones de Argumosa, nuestras alternativas le siguen con tipografía normal, de esta manera pretendemos entrar en debate con el General sobre un tema que a todos nos interesa, la defensa.  Opinamos que es imprescindible este debate militar-civil y que es útil que los civiles,  incluso los antimilitaristas, podamos opinar sobre temas de defensa.  Argumosa ha planteado sus ideas en forma de decálogo y nosotros lo hemos respetado a pesar de que sus ideas son un poco reiterativas y nosotros hubiésemos preferido estructurar los mensajes de manera algo distinta.  Sea bien venido el debate y que le sea de provecho al ministro de defensa:

  1. La Defensa debe ser  considerada como un asunto de estado, como un bien público, por encima de las tendencias de los partidos políticos sin dar lugar a ningún “bandazo” .  ¿Por qué quiere el general todo “atado y bien atado”?  De ser así, prohibiríamos el debate, la valoración de alternativas, la crítica, la democracia en definitiva.  Lo importante es democratizar la defensa, conseguir que toda la sociedad pueda opinar sobre los grandes temas de defensa, esto sí que supondría convertir la defensa en un asunto de estado porque sería un asunto de todos si todos pudiésemos decidir.
  2. Es preciso definir nuestros intereses nacionales. España como nación soberana defiende unos intereses que son vitales para su supervivencia como nación, que se contemplan y derivan principalmente de la Constitución y de los valores consustanciales al pueblo español, y donde se reflejan los deseos y necesidades fundamentales del Estado.  Así, dicho, en inconcreto, … ¿quién sabe si estaría a favor o en contra o, incluso, ambas a la vez?  Además, si la Defensa sigue siendo un asunto de estado significará que nada se moverá y la defensa seguirá siendo militarista, violenta, armamentistas, intervencionista, defensora del status quo…  ¿Queremos esto?  Lo más lógico sería reclamar que se debatan y decidan socialmente las grandes decisiones en materia de defensa:  ¿qué queremos defender?, ¿cómo lo queremos defender y con quién?
  3. Es necesario incrementar la conciencia nacional de defensa con independencia de la cultura de defensa propiamente dicha que ya está calando poco a poco en la población. Por ejemplo, parece lógico que se hable, con toda naturalidad, de la defensa en el sistema básico de enseñanza como de cualquier otro elemento del Estado ya sea el económico o el diplomático.  Este punto deriva del anterior.  Si hubiésemos definido entre todos qué se debe defender y cómo sería lógico hablar de ello en todas las capas de la sociedad e, incluso, en la escuela.  Si no se ha dado el proceso democrático de decisión hablar de defensa militar en las escuelas sería privilegiar a lo militar y a lo violento sin posibilidad de crítica, de alternativas.  Lo que pretende Argumosa es que sólo se hable de lo militarista, es decir, que se haga propaganda, nosotros pensamos que lo lógico sería que la conciencia de defensa proviniese no del adoctrinamiento y sí de las decisiones maduras, meditadas y tomadas por toda la sociedad, es decir, pensamos que la alternativa sería fomentar la soberanía ciudadana en los temas de defensa.
  4. Parece conveniente que se utilice, de forma permanente, la acción única del Estado en cualquier actividad nacional. En esencia, consiste en aplicar el enfoque integral que requieren los conflictos actuales. Este enfoque incluye, entre otros, elementos diplomáticos, militares, policiales, jurídicos, de inteligencia y de cooperación al desarrollo.  ¿Significa esto militarizar áreas no militares como la diplomacia, las policías, la cooperación al desarrollo, la acción del ministerio de exteriores, la de educación?  Entonces no estamos de acuerdo.  Quizá sería mucho mejor civilizar al ministerio de defensa y sus acciones y que no quieran asumir totalitariamente la unidad de acción bajo su mando, ideario y filosofía.
  5. Resulta imprescindible desarrollar, con las oportunas observaciones y modificaciones, el vigente documento de la Estrategia Española de Seguridad – en conexión con otros departamentos – con el propósito de disponer de una guía permanente de actuación de nuestro país.  ¿Desarrollarla?  Lo bueno sería revisarla.  Pero revisarla en sede parlamentaria, con un verdadero debate y no una mera presentación y votación aquiescente.  También revisarla con debates sociales, con participación ciudadana.  En nuestra opinión habría que confrontarla con alternativas reales como el concepto de Seguridad Humana que señala estrategias muy diferentes de qué hay que defender, en concreto aquellas políticas que nos lleven a progresar y conseguir los Objetivos del Milenio.
  6. Considerar a las Fuerzas Armadas como la piedra angular de la seguridad, aunque deben ser complementadas con la utilización de todos los instrumentos del Estado, con el fin de asegurar la coherencia de la actuación unitaria a la hora de hacer frente a las crisis o conflictos que puedan surgir. En este ámbito, se entiende que la acción militar solo se contempla como último recurso.  Efectivamente, si las Fuerzas Armadas son el último recurso, ¿por qué no nos dedicamos a potenciar el primer recurso, el segundo, el tercero, …?  Además, indicamos que los recursos previos deberían ser civiles y no usar la violencia:  diplomacia, trabajo de cooperación para solventar las causas que originan violencia cultural, estructural y directa.  Seguimos pensado que Gandhi acertó al decir que no hay camino para la paz, que la paz es el camino (y, por lo tanto, la piedra angular de la seguridad, añadimos).
  7. Se considera de vital importancia conseguir, de forma permanente, el apoyo de la población en todo cuanto concierne a las Fuerzas Armadas. No es un tema menor seguir afirmando que la defensa es responsabilidad de todos, cada uno en la faceta que le corresponde.  ¿Qué apoyo?  ¿Sumiso, acrítico, mero suministrador de recursos pagando los impuestos, mero suministrado de carne de cañón cuando sea necesario?  No estamos de acuerdo.  Preferimos una población que tenga, justo, las cualidades contrarias.  La clave sería buscar cómo lograr una población implicada en los temas de defensa pero de forma crítica, activa y constructiva.
  8. Si realmente queremos unas Fuerzas Armadas creíbles, sólidas y eficientes, es preciso proporcionarles un presupuesto adecuado y sostenible para dotarlas de los recursos necesarios, tanto en personal como en material con el objeto de que puedan cumplimentar sus misiones con la máxima rigurosidad y eficacia posible. El asunto de los costes de los “programas especiales” procede solucionarlo a la mayor brevedad.  En estos tiempos de crisis nos proponen que la educación, la sanidad, el empleo, el medio ambiente, las políticas sociales se recorten para que no lo haga lo militar.  También estamos diametralmente en desacuerdo.  El presupuesto adecuado en estos tiempos de crisis para lo militar debe ir claramente a la baja.  Y, además, el presupuesto militar siempre debe ir a la baja para ser transferido a aquello que realmente nos interesa defender y de donde prevén recortar para fabricar más tanques.  Por otro lado, el asunto de los costes de los programas especiales se refiere a los 23.000 millones de € de deuda por los grandes programas de rearme (que pueden llegar a los 36.000 millones de €) y que hemos intentado analizar en dos artículos:  “La burbuja financiera militar” y “¿Una agencia militar para ocultar el crack militar?“.  Y solucionarlo a la mayor brevedad oculta la gran idea de endosárselo al ministerio de industria.  ¡Genial!
  9. Resulta obligado racionalizar estructuras del Órgano Central y de los Cuarteles Generales, evitando duplicidades y competencias entre los organismos políticos y los estrictamente militares. Otros aspectos, como el pleno desarrollo de la carrera militar o la consolidación de la enseñanza militar, deberán estar entre las principales cuestiones del nuevo ministro de Defensa.  Cierto.  Viene siendo necesario desde los inicios de la democracia y aún antes.  Parece que este soniquete siempre se repite como un mantra.  Lo repiten los militares, lo repiten los políticos.  Parece que les tranquiliza al estilo lampedusiano de que todo cambie para que todo permanezca igual.  En su lugar propondríamos la reducción de número de efectivos, tanto mandos como soldados, sobre todo mandos, porque la cúpula del ejército está superpoblada.  Hay un mando sólo por cada tres soldados.  Todos ellos cobran grandes sueldos y ¿cuál es su trabajo?
  10. Es preciso incrementar el peso de nuestra política de seguridad y defensa en el marco europeo, atlántico e internacional para ocupar el lugar que nos corresponde como muestra de nuestro compromiso con la seguridad mundial.   Eso, eso, a aparentar.  A mostrar medallas, tanques, reactores, portaaviones.  A invadir bajo el lema de las “operaciones humanitarias”.  ¿Es esa la forma de ser alguienes en el mundo?  Preferiríamos fomentar la seguridad mundial promoviendo actuaciones solidarias, cooperadoras como las citadas antes.  También preferiríamos que la actuación exterior española fuese crítica en los foros internacionales y promoviese la democratización de la ONU  y su Consejo de Seguridad y que saliésemos de la OTAN.

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