15 M y ocupación

ocupacion
fuente publico

El periódico Público se hace eco de un debate que está teniendo lugar en el seno del movimiento 15M. Se trata de la legitimidad de la ocupación de edificios para atender a necesidades sociales de vivienda y de espacios sociales.

Y ésta, que suele pasar desapercibida muchas veces, es una gran razón para la ocupación:  las administraciones no procuran viviendas dignas a los ciudadanos, a pesar de ser un derecho constitucional, ni espacios sociales donde reunirnos, hacer cultura, tejido social que luche solidariamente contra esta crisis, etc.  Si analizamos la cuestión de la ocupación es necesario, en primer lugar, dejar clara su necesidad en los momentos actuales y su legitimidad.

Al parecer preocupa, como en toda actividad política que cuestiona las leyes injustas y las malas políticas, tanto la eficacia de lo que se hace como la pedagogía de la acción (saber explicar el sentido que tiene).

El periódico señala que quieren desvincular la ocupación con cé de la ocupación con Ka, porque, insinúa el periodista, no son lo mismo y la segunda puede ir en contra de los objetivos de movilización social y de cambio estructural que mueven el 15M. Estas viejas dicotomías que buscan disquisiciones y diferencias entre buenos y malos suelen acabar en un simplismo que le viene bien a los que no quieren ocupación ni con ce ni con K, sino orden y mantenimiento del status quo.

Nosotros no compartimos esta visión y creemos que la ocupación del 15M también es okupación, o sirve a una crítica tan radical como ésta al uso de la propiedad y a las leyes que privilegian la segregación y la desprotección en lo que se refiere a las viviendas. De hecho el 15 M se nutre en parte de muchas de las metodologías de lucha social empleadas por grupos alternativos a lo largo de mucho tiempo antes y se apropia, incorporándola a su lucha y renovando sus mensajes, tanto de su simbología como de sus discursos y propuestas políticas. Y en esto de las ocupaciones, es evidente el préstamo que el movimiento okupa ha hecho y hace al 15M.

Otra cosa es el saludable debate sobre la legitimidad de lo que se está emprendiendo y la profundidad de la reivindicación que se quiere llevar adelante.

En este punto nos encontramos con un marco legal y fáctico que privilegia un modelo de vivienda convertida en pura mercancía, y no en derecho, y que expulsa del disfrute de algo tan básico como un techo a los que cuentan con menos recursos y peores redes de protección. Unas políticas de vivienda ordenadas con leyes concretas, con instrumentos financieros concretos, con aparatos judiciales concretos, con la creación de un mercado de vivienda de segunda mano a precios abusivos, etcétera, sirvió para convertir las viviendas en negocio y lucro. Desde ahí se impuso la destrucción del mercado de alquiler, se estimuló la compra de viviendas sobrevaloradas y con créditos abusivos e impagables. La consecuencia fue la negación del derecho al acceso a vivienda para millones de familias.

Ahora los propietarios y los bancos, haciendo uso de la ley, despojan de las viviendas a las familia y lo hacen de forma sangrante. Asistimos a un creciente número de desahucios de familias pobres. Los echan de sus casas sin más, para ponerlas a disposición de corporaciones bancarias, fondos de ahorradores donde se capitalizaron las hipotecas, propietarios que tienen varias porpiedades para lucro privado y un largo etcétera.

Ante esto surge la crítica del movimiento 15M a una situación que no es mera casualidad, sino fruto de políticas deliberadas. Y surge otra cosa más: la solidaridad ante los despojados y una acción eficaz de recuperación de la iniviativa y de restitución del derecho vulnerado por medio de la acción directa noviolenta y de la desobediencia al modelo que nos impone cruzarnos de brazos ante esta situación.

Las razones de legitimidad están muy claras y el alcance potencial de esta lucha consiste en que a mayor movilización y apoyo social, mayores capacidades de obligar un cambio legal que devuelva a la vivienda el carácter de derecho social y no de negocio. Propuestas como las de vivienda social, expropiación de viviendas vacías, obligación de ponerlas a disposicion de las familiar por parte de los bancos propietarios, condonación de deudas inmorales e impagables, suspensión de procesos de desahucio y de dealojos, dación en pago de hipotecas y otras van en la linea de conseguir este cambio.

En cuanto al argumento de la eficacia, entendemos que el núcleo de la preocupación del 15 M está en la constatación de que cuanto más organizado, politizado, coordinado y planificado esté el trabajo de ucupación, más bazas políticas se ganan y más eficacia se consigue en términos no sólo de solucionar la situación de familias concretas, sino de volver la exigencia de cambio irreversible y la lucha por conseguirla, exitosa.

Si se consigue hacer de la ocupación una metodología noviolenta de lucha civil por los derechos a gran escala, es muy posible que consigamos cambiar la actual manera de entender la propiedad de las viviendas y que esto nos aliente y nos sirva para obtener otros objetivos que los que mandan y sus aparatos de apoyo no están dispuestos a conceder porque si.

Un recordatorio:  lo primero que ocupó el 15M fueron las calles, las vías públicas, las de todos.  También esto se criticó bajo argumentos mercantilistas.  Parece que entramos en el recrudecimiento de la crítica al 15M buscando su desmovilización y su división interna.  Se criticó que ocuparan las calles, se critica que se ocupen edificios, se acabará criticando (que es lo que subyace) que se ocupen de política.

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