¿Qué cualidades deben adornar al ministro/a de Defensa?

Los+pedos+de+RajoyFuente:  Belt.es.

Nos ha llamado la atención el enfoque que, desde un portal dedicado a los intereses de la defensa, reclaman para el perfil del que debe ser nuevo ministro de defensa.

Parten de la idea de que, siguiendo al filósofo Marina como autoridad docta en la materia, hay tres modelos posibles de ministro. el ideológico, el tecnocrático y el empresarial (¿copia Marina aunque un tanto bastamente a Webber cuando usa estas desfasadas categorías?).

Para el portal referido un ministro de defensa no debe ser demasiado ideológico y sí más bien neutro y apartidario (¿tal vez para no remover demasiado el estatus quo militar y el microcosmos ideológico del militarismo, que se sobreentiende el único posible?  ¿Qué significa apartidario en materia de defensa, ser pro OTAN es ser apartidario, estar por las mal llamadas intervenciones humanitarias fuera de nuestras fronteras lo es, fomentar el comercio de armas lo es?  Nos parece que el portal citado tiene un concepto muy partidario del ser apartidario). Bastara con que tenga suficiente carisma y autoridad, porque los militares están acostumbrados a reconocer el liderazgo y a replicarlo. Tampoco hace falta un perfil tecnocrático, porque ya cuenta, nos dicen, con el auxilio de los expertos militares, que serán los que trasladen técnicamente los mandatos gubernamentales (¿No parece esto una delegación poco democrática en expertos obscuros e interesados y una llamada a que en realidad manden los de siempre?).

Piden, por tanto, un ministro empresarial. Es decir, con enfoque empresarial, aunque por enfoque empresarial definen tres atributos que a nosotros se nos antojan perogrulladas y no de las más necesarias: que tenga experiencia empresaral, industrial y conocimiento de inglés. Osea, quieren un ministro de pegote pero que se codee con el mundo de la pasta y las empresas y pueda hablarse con los grupos de presión en inglés. Nos dicen que es importante todo ello porque en defensa se mueve mucho dinero y muchos intereses industriales y de impacto en la industria (¿querrán decir acaso que prtenden que sepa de entrada que lo que hay que defender es este mundo del dinero y que además debe saber confraternizar con los grandes negocios y los grupos de presión que, por cierto, hablan inglés?).

Nosotros no estamos de acuerdo, a decir verdad, en ninguna de las caracterísiticas que explicita esta angélica propuesta ministerial de los interesados en que todo siga igual y proponemos otras bien distintas:

Primero, hablaríamos de una persona identificada con un proyecto y un equipo coherente de trabajo. No alguien que de pegote ni que se deje imponer criterios por intereses instalados. es más, hablamos de un persona permeable a la democracia y que sepa hacer equipo y no pretender ni delegar en otros, ni tampoco relegarlos.  Lo principal es que el ministro de defensa responda claramente a una pregunta:  ¿qué queremos defender?  Pero, claro, como esta pregunta ni siquiera se plantea a la sociedad española, es necesario que el ministro tenga cualidades de técnico, es decir haga muy bien el no sabemos qué.

Segundo, debe identificarse y ser sensible especialmente a las reclamaciones sociales y a las necesidades de la sociedad, no a las de las industrias del complejo militar industrial ni las de los intereses creados del militarismo. Se trata de diseñar políticas que sirvan para defender lo que la sociedad quiere y debe defender, no para conservar los aparatos anquilosados del militarismo.

Tercero, debe ser alguien que tenga claro que las urgencias de la política de defensa de nuestro momento son, precisamente, las que quieren ocultar los militaristas: acabar con la locura de un gasto militar insolidario y desmedido que amenaza partidas sociales necesarios; controlar y prohibir la investigación y tecnología enfocada a la muerte y la exportación de armamentos peligrosos a países susceptibles de usarlo contra las personas, los pueblos aledaños y los derechos humanos; resolver la deuda impagable que heredamos de los gobiernos de Aznar y de Zapatero de más de 32.000 millones de euros comprometidos para comprar armas innecesarias; prohibir la adquisición de programas de armamentos de agresión e invasión y que puedan amenazar a otros pueblos; reconvertir la idea de defensa desde la concepción militarista actual hacia la idea de seguridad humana; promover la reconversión de las industrias militares hacia fines socialmente útiles, dotar a la sociedad de una verdadera cultura de paz y al parlamento de protagonismo en la definición de las políticas de defensa y de control al papel de los ejércitos; acabar con los grupos de presión y lobbies miitares; prohibir cualquier mecanismo de participación en las operaciones de injerencia militar así como en el trapicheo de usar las ONG como parte del entramado de intereses militares, utilizándolos torticeramente para lavar la cara de los ejércitos; y, en suma, promover un plan de desmilitarización de la defensa y dotarse de estructuras y mecanismos alternativos a las actuales estructuras militares.

Para todo ello será preciso contar con un planteamiento estratégico complejo y profundo, para llevar a cabo planes de transarme a medio y largo plazo y empoderar a la sociedad para que se apropie del papel de quitar poder al militarismo y dotar de poder alternativo a la sociedad.

Tal vez para todo esto no se necesite un ministro ideológico, pero desde luego sí tremendamente político y tremendamente enraizado y apoyado desde la sociedad, un ministro que sepa, al menos, que hay dos opciones de defensa, la militar, violenta guerreristas, armamentista;  y otra que es noviolenta, cooperadora, que promociona la seguridad humana. No se necesita un tecnócrata, pero sí alguien con muchos conocimientos de seguridad y defensa y con verdadera solvencia en la gestión política de éstos. Tal vez necesitemos alguien que tenga enfoque empresarial, sepa o no hablar el lenguaje del poder, pero sobre todo sí alguien que sepa poner en su sitio a los intereses económicos ajenos a los de la sociedad y que apueste por una renovación social y económica profunda.

Neceistamos alguien completamente diferente a lo que nos ofrecen los que apuestan por los ministrables de Rajoy.

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