Israel, Estados Unidos, la ONU e Irán.

4th+of+July+2011_No.065FLFuente:  El País.

1 ¿Cómo se prepara una guerra?

Un buen ejemplo lo tenemos ahora con la estrategia desarrollada por Estados Unidos e Israel como actores principales en un lado del cuadrilátero e Irán en el otro.

Para que la confrontación tenga lugar hace falta únicamente prender la mecha sobre un escenario en el que los contendientes, por razones altamente interesadas y un tremendo cálculo codicioso y de poder, han venido pacientemente esforzándose en alimentar sentimientos estereotipados de odio al otro entre sus propios fieles y generando argumentos legitimadores y justficaciones de estar en peligro por la actuación del contrario.

Luego se polariza convenientemente la situación, se busca la excusa y se elige el momento propicio.

La guerra es funcional:

En el caso de los poderosos de Estados Unidos forma parte de su ideario desde antiguo mantener el control estratégico del estrecho de Ormuz y de todo el amplio espacio por donde circula la inmensa mayoría del petróleo, la sangre del capitalismo. También lo es mantener divididos a los pueblos de la región y en constante pelea interna, por supuesto, para seguir controlando la mayor parte del petróleo. Y llegado este momento, lo es exportar una guerra y servirse de este mecanismo para  endosar al resto del mundo, dado el papel de moneda refugio del dólar, parte de su déficit por esta ingeniosa vía:  así se venden armas, así se da empleo a los militares y se baja el paro, así prosperan empresas amigas, aunque sean de mercenarios.

Para el caso de los poderosos de Israel lo es en su estrategia de alimentar la división entre los pueblos de la región y a fin de evitar la consolidación de la pretensión de un Estado Palestino. Atacar a Irán significa desviar la atención, buscar el debilitamiento de un supuesto “enemigo” fracturado internamente y, a su vez, generar la división interna de los países árabes frente a un hecho que les puede poner en la picota de nuevo, como cuando se atacó Irak.

Para los poderosos de Irán también es funcional como elemento de cohesión interna en un momento de división del régimen. También lo es como argumento para “liderar” la protesta antiimperialista y de rechazo a la política de la zona y para hacerse con una hegemonia regional.

Total, si estalla el conflicto, todos los poderosos de estos sitios contentos. Total, quien pierde nunca son ellos.

De este modo, han elaborado una creciente retórica de confrontación calculada en la que juegan con los sentimientos de sus respectivos pueblos y se preparan, como víctimas, para que el miedo juege en favor de la guerra.

2 El argumentario de la guerra.

Veamos el caso y el argumentario con el que ahora se preparan los contendientes:

Aprovechando el próximo informe de la Organización  para la Energía Atómica, que al parecer certificará la capacidad de Irán para producir armamento atómico, Netanyahu, Presidente de Israel, encuentra la excusa adecuada y prepara un ataque a Irán para “prevenirse”. Como sus generales no están convencidos al cien por cien de la oportunidad militar de esta operación, el equipo de halcones de Israel usa los medios de comunicación para propagar las tesis guerreristas. Persigue también involucrar a Estados Unidos y a la UE en la aventura, a lo que Estados Unidos parece estar dispuesta. A ello une unas maniobras en el mediterráneo para preparar la confrontación. Además sabe que gran parte de los gobiernos Suníes le apoyarían, y con ello debilita la postura de Palestina y, en todo caso, sabe que los países europeos necesariamente harían de tripas corazones y se tendrían que meter de todas formas.

A su vez, en el clima interno de Irán, donde se ha alimentado suficientemente la idea de enemigo de Israel y de Occidente, la guerra le viene bien al régimen. Por eso, Irán advierte que está preparado para la guerra. De hecho la amenaza de que ocurre le ha permitido desarrollar una industria militar muy pujante.

Dado que en anteriores escenarios bélicos en Oriente Próximo han intervenido otros aliados del bloque occidental, se calcula la posible intervención de la OTAN, instrumento militar principal de defensa del neocapitalismo, y aprovechando que esta alianza cambió su doctrina militar para auto-autorizarse a intervenir “fuera de área” en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, y tal vez porque la OTAN no tiene capacidades de intervenir en varios conflictos a la vez o porque los gobiernos europeos no están en la idea de financiar otra guerra de momento, La otan no tiene intención de intervenir en Irán, aunque sí alguno de los países de esta alianza, como Reino Unido, que ya se aprestó a manifestar su interés en el asunto y quién sabe si la España de Rajoy para rememorar el trío Calaberas de las Azores.

Para aderezar esta salsa, encontramos el anuncio de la ONU, que advierte que Irán está a punto de conseguir la bomba atómica y con ello ofrece a todos los interesados la posibilidad de llevar la polarización del conflicto hasta sus últimas consecuencias, es decir, el paso del dicho al hecho.

3 ¿Y si no hay guerra?

Aunque parece un espejismo, lo cierto es que guerra hay ya.  La están haciendo, unos y otros, por medio de mecanismos de toda índole: comerciales, económicos, de inteligencia y espionaje, de chantaje, de movimientos de peones en otros países, vendiendo armas y tecnología para disuadir de esta guerra, generando opresión, militarización y alienación en los respectivos pueblos, promoviendo una cultura en la que prima es el miedo, la violencia, el militarismo, el fomento de la idea de enemigos, etcétera.

La guerra no es sólo el acto bélico de la conflagración, su fase más patente de violencia directa, sino su preparación, la inversión en armamentos (en detrimento de bienes sociales necesarios),  el reclutamiento de ejércitos, la intoxicación psocolígica al propio pueblo, la propaganda y todo el conjunto de violencias estructural y cultural que le sirven de argumento y de justificación.

4 ¿Quién pierde con esta guerra?

Sabemos de los ganadores. Los poderosos de cada parte involucrada, las finanzas americanas, los vendedores de armas, el militarismo, la inestabilidad internacional y los beneficios geoestratégicos que concede a las élites y empresas involucradas…

Pero esta, como cualquier otra guerra, tendrá perdedores. Veamos algunos de ellos.

Pierden los ciudadanos de los países involucrados, que se someten a la posibilidad de que intereses bastante abyectos supongan su empobrecimiento, la pérdida de sus casas y hábitat natural, agresiones a su integridad o a su propia vida.

Pierden los movimientos de éstos que pretenden la profundización en la radicalidad democrática por ejemplo en Israel (movimientos de indignados a los que militarizarán con tal excusa), de Estados Unidos o del propio Irán. La militarización supondrá arrasar sus espectativas y sus recalmaciones.

Pierde la lucha por el derecho palestino a vivir conforme a sus propias instituciones y a no seguir sometidos a la bota israelí.

Pierde, como siempre pierde, el ideal de paz justa entre los pueblos y la lucha sorda y constante de miles de personas y grupos en promover un desarrollo humano.

Pierde el planeta, sobre todo si se hace uso del material nuclear acumulado (recuérdese que Israel cuenta con armamento nuclear y la confrontación se pretende para prevenir el uso del material nuclear que ya tiene al parecer Irán y que si interviene Estados Unidos e Inglaterra también poseen este armamento).

En suma, en una guerra así ganan los de siempre y perdemos todos los demás.

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