Los indignados y lo militar en Israel: paradigma de que la inversión en defensa no sustenta el desarrollo sostenible..

  Fuente:  El País.

A principios de agosto, se creaba en Isarel una comisión gubernamental que junto con los portavoces de las protestas de los indignados iba a diseñar las soluciones de la crisis que habían provocado las políticas gubernamentales de Israel.  Ahora esta comisión ha elaborado su informe en el que “ha recomendado al Gobierno que aumentara el gasto social en 30.000 millones de shekels (unos 6.000 millones de euros) durante los próximos cinco años. El problema consistía en que ese dinero, según el informe de la comisión, debía recortarse de los gastos militares, cosa del todo imposible con el actual Gobierno y el actual Parlamento“.  Con el ejército hemos topado.  La comisión ha completado el círculo vicioso y se ha encontrado con que no es posible dar alternativas dentro del actual sistema militarista y violento que rige Israel.  El informe, papel mojado, sólo ha sido aplaudido por el primer ministro y por el Banco de Israel.  Los manifestantes ya anuncian grandes manifestaciones para el 28 de octubre.

Sin embargo, la comisión ha dado en el clavo:  si quitasen dinero a lo militar (lo que conllevaría cambiar de manera radical su política exterior), Israel podrían hacer mucho más gasto social, además, posiblemente sus problemas internacionales podrían tener nuevas perspectivas y se saldría del callejón sin salida en el que llevan décadas.

Además de condenar a la miseria a Palestina y a los palestinos, Israel está condenando a la pobreza a muchos de sus habitantes (se libran las élites, claro).  Lo está haciendo con una política continuada militarista y violenta que promueve actuaciones irrespetuosas con los derechos humanos, actuaciones que han llevado a Israel a vivir en permanente estado de guerra.

Esta situación es, a juicio de cualquier analista independiente, insostenible.  Gastar años tras año lo que no se tiene en un segmento de la sociedad tan improductivo de riqueza social como es lo militar ha de provocar la quiebra.

El argumento-disculpa que se suele usar es que la seguridad es la base de todo el desarrollo futuro. Pues bien, aquí se nos demuestra un ejemplo paradigmático de que la dichosa frase es cierta, pero al revés: endeudarse para financiar lo militar no ha llevado a Israel a un desarrollo sostenible sino a todo lo contrario: a la quiebra social y económica, a ponerse en peligro constante de guerra con todos sus vecinos y a un estado que ha sido calificado en múltiples ocasiones de estado terrorista.

La realidad es bien cruda:  esta situación se mantiene porque unas pocas elites sacan pingües beneficios de la venta de armas, de las políticas violentas del Estado israelí.  Los demás se dejan llevar por la cultura y la política “realista” de las elites.

Los indignados de Israel (y los españoles deberían tomar buena nota) quieren mejoras sociales y económicas.  Pero han de ser conscientes de que éstas sólo podrán llegar del cambio de su modelo social, político y económico;  sólo podrán llegar cuando Israel deje de ser un estado agresor de sus vecinos y de medio ambiente.

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