Responsabilidad, autocrítica y cambio versus “ayuda humanitaria”.

Nuestros asiduos lectores habrán notado que son muchos los artículos en este blog que ejemplifican el círculo vicioso compuesto por:  explotación del tercer mundo a través de poderosas empresas, creación de violencia estructural, deriva de esta violencia estructural en violencia directa, salto del conflicto a las primeras páginas de los periódicos, análisis sesudos (o todo lo contrario) de los contertulios que de todo saben o de los periodistas del sistema, intervención militar, repentino y no explicado aumento de la complejidad del problema con la consiguiente sensación para el humano de a pié de que es imposible la solución y, por fin, lavado de imagen y de conciencia a través de la ayuda humanitaria.

Hemos ejemplificado y ejemplificaremos en el futuro mucho este círculo vicioso porque es necesario su conocimiento exhaustivo para poder entender las cutres interioridades de la realidad económica y política nacional e internacional.

De este círculo vicioso nada nos gusta, todo nos parece despreciable y mezquino.  Muchas veces hemos argumentado contra uno u otro de sus puntos, o contra el conjunto en general.  En muchas ocasiones hemos denunciado la perversidad de todo el engranaje y hemos explicado que es el engranaje económico y político que mueve el mundo.

Hoy la idea quiere ser otra: queremos cambiar el sentido de la circulación.  Queremos empezar por analizar la idea de ayuda humanitaria y plantear alguna alternativa que realmente lo sea, que realmente nos lleve a invertir el sentido de giro del círculo vicioso y a convertirlo en un círculo virtuoso.

¿Qué ocurriría si desterrásemos el concepto de “ayuda humanitaria” de los idearios y agendas de las ongs, de los estados e, incluso, de las mentes de cada persona?  ¿Qué ocurriría si cuando ocurre una hambruna (provocada también por el primer mundo y su especulación financiera sobre los alimentos), o cuando se destruye una zona del planeta, o cuando surge una guerra, no pudiésemos utilizar ese tónico de conciencia que es la “ayuda humanitaria”?

Lo primero es argumentar por qué la “ayuda humanitaria” habría de ser desterrada:

En conclusión, la “ayuda humanitaria” ayuda poco y antes es negocio, o preparación de negocio, o negocio que sustituye a negocio, o lavado de cara político o lavado de conciencia personal.  Desde el punto de vista de la utilización de la “ayuda” por parte de los estados no nos cabe ninguna duda.
Pero, ¿qué ocurre con las ongs, también son culpables de estas perversiones teóricas y prácticas de las “ayudas humanitarias”?  Aunque conocemos que muchas personas que trabajan en las ongs no participan de estos presupuestos violadores de la esencia humanizadora de las “ayudas” y que, incluso, luchan contra ellos con todas sus fuerzas, también nos parece necesario señalar que muchas ongs están metidas dentro del paradigma violento que hace que guerras y “ayudas” sean dos caras de la misma moneda.  Esta inserción en la “realidad” militarista, violenta y explotadora conlleva, lo queramos o no, ser parte del engranaje violento y guerrerista.  Ello inhabilita a la “ayuda humanitaria” desde las ongs para solucionar el fondo de las cuestiones en las que interviene:  es sólo un parche que nos perjudica al darnos tranquilidad de conciencia con la que olvidar las verdaderas causas de los conflictos.
¿Qué ocurriría si nos obligásemos a no poder utilizar las ayudas humanitarias en las guerras o en los conflictos que surgen como consecuencia de la explotación tenaz que ejecuta el primer sobre el tercer mundo?  No tendríamos la conciencia tranquila.  Nos sentiríamos culpables de lo que está ocurriendo.  ¿Seríamos capaces de soportar el tirón?  Evidentemente, los más cínicos y duros, sí, aquellos que sacan tajada de la miseria de los demás y que hacen negocio con los conflictos bélicos, sí.  Pero, … ¿qué ocurriría con la mayor parte del resto de la población, aquellos que son buenas personas pero que no se ocupan demasiado, o casi nada, de los temas de defensa o de política internacional, aquellos a los que les conmueve la miseria de gran parte de la humanidad, a los que les pone los pelos de punta la guerra?  Ya no tendrían cómo.
Con ello, quizá, no nos perderíamos en las divagaciones de los tertulianos y de los políticos echando la culpa a unas u otras cosas de la manera más enrevesada posible o de forma tal que no podamos hacer nada.   Ello nos llevaría a ahondar más en las causas profundas de los conflictos, nos obligaría a pasar de las causas más aparentes, la violencia directa, a las más escondidas, violencia cultural y estructural.  Esto sería un gran avance porque es en estas causas más hondas y ocultas donde, realmente, se puede llegar a soluciones reales y duraderas, soluciones que vayan a la base de los problemas.
También es cierto que la ayuda humanitaria soluciona situaciones muy graves y que gracias a ella sobreviven muchos seres humanos.  Pero, ¿qué ocurriría si no la pudiésemos utilizar?  Estaríamos obligados a buscar otra alternativa.
Y aquí está una clave de este conflicto:  ¿existe alternativa a intervenir en los conflictos si no es a través de la “ayuda humanitaria”?  La respuesta habitual es no.  Estamos acostumbrados a no analizar más los conflictos, nos hemos hecho a aceptar como buenas las “explicaciones” simplistas o complejas que nos dan, a pensar como inevitable la miseria, las hambrunas, las guerras, las violaciones de los derechos humanos, la degradación del medio, etc.  Ello nos lleva a ser compulsivos a la hora de pedir “ayudas humanitarias”:  no hay otra opción.
En nuestra opinión sí hay otra opción y es diametralmente alternativa a la de la “ayuda humanitaria”:  la responsabilidad.  El camino alternativo es  ser conscientes de que los conflictos lejanos que nos conmueven tienen su origen en nuestra riqueza, en nuestras estructuras económicas, en nuestras agresiones al planeta, en nuestra rapiña de las riquezas de otros países lejanos, en nuestro consumismo desaforado.  Es responsabilidad nuestra y de nuestra forma de vida.  Por ello estos conflictos son nuestra responsabilidad.
Si somos responsables, el enfoque correcto ya no es cómo aliviar nuestra conciencia dando dádivas a los damnificados, sino que lo imprescindible es la autocrítica y el cambio en nuestras estructuras políticas, económicas y sociales.  Estos cambios son los que van a acabar con las situaciones de injusticia estructural que son la base de la violencia directa que emerge en los telediarios en guerras y en muertos por hambre y sed o por falta de medicamentos.
Si impulsamos esta autocrítica y las acciones que provoquen el cambio en nuestra sociedad será posible que el círculo vicioso del inicio no tenga recorrido y, por lo tanto, serán innecesarias las “ayudas humanitarias” que son mera justificación de la violencia cultural y estructural que generamos en las sociedades del primer mundo y sólo serán imprescindibles las ayudas humanitarias que tengan que ver con el combate de  situaciones de catástrofes naturales de las cuales no somos responsables.
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8 Responses to Responsabilidad, autocrítica y cambio versus “ayuda humanitaria”.

  1. Betzi dice:

    interesantes comentarios, muchas de sus preguntas sin respuestas inmediatas me las he planteado, nos hemos endurecido y damos por sentado q no hay respuestas antes las carencias de tantas necesidades básicas de muchos países, donde el agua es por ejemplo un lujo, es increíble tant pero tanto contraste con otros países donde se tira la comida y se derrocha en abundancia, sin pensar en el futuro, que acertado artículo!!

  2. internete dice:

    internete
    1234567

    PD: 400 ppm de CO2 no importan.
    Sigamos consumiendo fosil…

    No compartas tu enchufe, no.

  3. […] “Literalmente intervenían, se interponían entre los competidores. Al tratarse de individuos poderosos y respetados, los contrincantes tenían difícil seguir con su pelea y esta intervención virtualmente desembocaba en un cese de hostilidades”.  En muchas ocasiones se ha pedido, en la sociedad humana, nos referimos, que haya interposiciones de terceros en los conflictos armados que permitan el alto el fuego.  Pero es necesario que los que se interpongan tengan poder y respeto.  ¿Lo tienen los cascos azules de la ONU que provienen de una organización con toma de decisiones no igualitaria?, ¿lo tienen los cascos azules que violan los derechos humanos?, ¿lo tienen las intervenciones humanitarias que son tapaderas de negocios militares o de políticas im…? […]

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