Medio ambiente y guerras.

Fuente:  Público.

Tanto el ecologismo social como el antimilitarismo han alertado frecuentemente de la interrlación entre clima y militarismo, o por llamarlo de otro modo, entre la agresión y depredación de nuestro medio ambiente por parte de nuesto sistema capitalista, la generación de pobreza e injusticia social y el militarismo y la explosión de conflictos y guerras.

Esto es así desde la más remota antigüedad y ha dado lugar a varios colapsos civilizatorios y a los conflictos y guerras que los circundaron o provocaron a lo largo de la historia.

Ahora son estudios científicos específicos los que advierten de esta relación en el momento actual, como puede verse en el informe “Environmental science: Climate for conflict” elaborado por especialistas de la universidad de Columbia y publicado en la revista Nature, que estudia la relación entre el fenómeno de El Niño y la producción de conflictos y de guerras.

El informe detalla que los episodios más duros de El Niño han precedido al 30% de las guerras civiles vividas en casi el centenar de países que sufren sus efectos, ya que su calor y sequías están relacionadas con el 21% de los 234 conflictos que analizaron desde 1950 a 2004.

Según uno de los autores de este estudio “los conflictos no surgen con las variaciones climáticas sino que menguan y se recrudecen en la medida que la agricultura expulsa a los hombres y los convierte en combatientes”. ya que ” si hay desigualdad social, pobreza y tensiones subyacentes, es posible que el clima pueda dar el golpe de gracia”.

Lógicamente para fabricar una guerra o para degenerar en un conflicto violento hacen falta más ingredientes que los relacionados con variaciones climáticas, como por ejemplo, el nivel de propagación de las ideologías militaristas y del odio al otro, el negocio de la venta de armas que los paises ricos exportamos habilmente, el sistema político más o menos corrupto, el grado de injusticia estructural, la densidad demográfica y otros. Sin embargo, el factor climático se demuestra decisivo.

Esta reflexión nos puede llevar a otro tipo de miradas, como son las de contemplar los que el informe llama “factores climáticos” no sólo como episodios fatalistas y fortuítos que pueden desencadena conflictos violentos, sino en el contexto de cambio climático provocado por nuestro propio sistema productivo y tecnológico, o con nuestro modelo económico y geopolítico insostenible y tremendamente generador de violencia estructural. Desde este punto de vista, es el mismo sistema que provoca alteraciones climáticas graves (y cada vez más cercanas de ser irreversibles) el que genera las condiciones sociales y políticas para la guerra y el que facilita el material incendiario necesario para llevarla a cabo.

Cabría comparar el mapa que nos ofrece el estudio sobre el Niño con otro que tenga que ver con el índice de desarrollo humano, o con un tercero que tenga que ver con los países con agricultura de subsistencia o monocultivos y con las estrategias de compra de tierras de las multinacionales, junto con otro que tenga que ver con la cultura militarista y su distribución mundial y hasta con un último mapa que indique los principales destinos de la exportación de armas en el mundo, para comprobar que las guerras no sólo están relaciondas con todo esto, sino que se fabrican y exportan desde el centro capitalista al Sur empobrecido y que por tanto, de fatalidad y de casualidad nada.

De este modo la guerra pasa a ser parte principal de la lógica del sistema  y es tanto el fin como el producto del mismo. Generamos conflictos tanto climáticos como sociales con nuestro modelo depredador de producción, producimos una cultura que legitima y hace “natural” este estado de cosas, respondemos a los conflictos con violencia y vendemos armas a troche y moche para cerrar el círculo bajo la falsa argumentación de que esto es necesario para defendernos (¡del desastre que previamente hemos creado!).

En la medida en que el cambio climático se acentúe y los recursos energéticos actuales se agoten, es de prever que el militarismo se acentue y los conflictos sociales se agudicen y globalicen cada vez más.

Esta interdependencia hace, desde nuestro punto de vista, que cada vez sea  más necesaria la interconexión de las luchas y de los análisis del ecologismo social y del antimilitarismo, pues se descubre que los verdaderos enemigos (y no los imaginarios ni hipotéticos) que ya nos agreden son los mismos y necesitan un enfoque conjunto de trabajo.

No queremos dejar esta reflexión sin recomendar la lectura atenta de dos textos en castellano que hablan de todo este elenco de situaciones. ” Cambiar de gafas para mirr el mundo” y “los conflictos sociales del cambio climático” y que nos pueden aportar herramientas para hacer de la lucha social y de la apuesta por una alternativa global nuestra acción transformadora.

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