Manifestación contra el golpe de los mercados y la reforma de la constitución antidemocrática

Uno de los principales argumentos del relato democrático es el de la participación de tod@s en las decisiones comunes. Eso diferencia al llamada democracia del despotismo, en el que unos cuantos deciden por tod@s de forma paternalista e interesada (todo para el pueblos pero sin el pueblo).

Cuando las promesas de la democracia se incumplen, el relato pasa a ser un cuento y eso es precisamente lo que viene pasando aquí desde hace mucho tiempo: Una casta de privilegiados se ha apoderado de la política y se ha blindado para decidir por e su cuenta y de espaldas a la voluntad popular. Más que representarnos, nos sobre-representan y usurpan nuestra voluntad.

Si esto pasara en un país de América Latina o de África, diríamos que manda la oligarquía y que el partido del poder se presenta a las elecciones con varias marcas electorales, pero siempre los mismos perros con distintos collares. Pero como pasa aquí y somos “primer mundo”, queda politicamente incorrecto y “antisistema” llamar a las cosas por su nombre. Solución: Resignarse.

Ahora ocurre con más descaro aún, porque pretenden consagrar el principio ultraliberal y capitalista que ha impuesto la extrema derecha para el nuevo orden. Quieren consagrar la posibilidad de suprimir los derechos por la vía de que su mantenimiento es antieconómico, modificando la propia Constitución que, cuando les intresa, invocan como límite a las apiraciones de justicia social de la gente con el viejo argumento de que “es la norma que nos hemos dado todos”, ocmo si fuera verdad que esta norma nos la hemos dado todos con participación real (por ejemplo, los menores de cincuenta y un años, la inmensa mayoría de la sociedad, no la votaron y ahora piensan sustituir el posicionamiento social mediante referendum por un acuerdo bajo la mesa del PPSOE).

Por ahí se empieza a vislumbrar el secuestro de la democracia por una casta política cerrada e interesada en mantener sus privilegios y los de sus amigos.

Por otra parte, esta reforma la han dictado los dueños del poder y de la pasta en el mundo y responde a sus intereses de lucro a cualquier precio de esta pandilla de chorizos. Nuestros políticos de pacotilla son serviles hasta la médula e intentan hacernos tragar ruedas de molino.

Ellos y sus prácticas nos hurtan la democracia y luego nos recortarán las libertes porque salen “caras”.

Estos tipos no se ponen de acuerdo para reformar los mecanismos de participacion política, ni para consagrar los derechos políticos de todos los que viven en España con independencia de su nacionalidad, ni para resolver el problema de la vivienda, que teóricamente es un derecho consagrado en la constitución, ni para consagrar la laicidad del Estado, ni para revisar la Jefatura del Estado, y asi un largo etcétera. Para estas cosas no hay consenso para reformar la constitución, pero para imponer disciplina contable y rebaja de derechos sí.

Por eso hay que luchar, porque sin lucha social no hay derechos y sin respuesta ciudadana harán lo que quieran. Luchemos ahora si nos queremos ahorrar en el futuro la desobediencia civil contra estos agresores para lograr la justicia.

Desde aquí apoyamos a todas las movilizaciones contra este golpe de estado de los mercados y llamamos a la manifestación convocada en Madrid para el domingo 28 de agosto.

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