Indignación, rebelión y noviolencia.

Asistimos con esperanza a la lucha que se está organizando en la Puerta del Sol madrileña y en muchas otras plazas del país (y, últimamente también de Europa).

Uno de los valores que más nos agrada y que, pensamos, más credibilidad da a los manifestantes es la utilización de la noviolencia como arma política.

Pensamos que les otorga credibilidad porque es una postura coherente. Lo que se reivindica no es la destrucción del sistema sino su transformación paulatina hacia una mayor democracia, hacia una democracia más real, más participativa.  Pensamos que la noviolencia es la metodología de acción coherente con estos objetivos.

La constante reivindicación de la noviolencia por parte de los manifestantes cuando fueron desalojados por la fuerza el lunes pasado dejó bien a las claras que no se quiere ningún enfrentamiento violento con la policía.  No se busca la ruptura de mobiliario público como método de llamar la atención o como forma de soltar adrenalina por la indignación.  Se trata de mantener pacíficamente una postura de protesta pública, sin ocultamientos, consecuente y seria.

La noviolencia legitimó y llamó la atención al resto del mundo en las protestas árabes.  Aquí también.

Parece que ya todos estamos hartos de intentar cambiar las cosas por la fuerza, sin salirnos del paradigma violento que nos hace caer en los mismo errores que criticamos.  Parece que asumimos que la imaginación en la acción política nos puede sacar del círculo vicioso en el que nos meten la violencia directa, estructural y cultural.  Parece que la juventud (y los que así se sienten) opta por la respuesta ética frente a un sistema democrático en crisis que se basa en la delegación, en los privilegios de la clase política, en la corrupción, en el clientelismo, …;  y ante todo ello se quiere participar por el diálogo, la noviolencia y las propuestas alternativas.

Llama la atención que los políticos de toda la vida quieran ahora pescar a río revuelto pidiendo el voto de los indignados con el único argumento de que para llevar adelante esos planteamientos, hace falta creer en unos representantes que los lleven al parlamento, con lo que nos vuelven a pedir un cheque en blanco al que la gente ya está demasiado acostumbrada.

Por eso la rebelión insiste en la horizontalidad y en la responsabilidad y no quiere jefes que los “sobrerepresente.

¡ Ánimo y coherencia !

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