Otra voz contra la guerra y a favor de la noviolencia.

Fuente:  Público.

En esta ocasión, los periódicos de gran tirada han dejado expresarse a otra voz del pacifismo antimilitarista:  Pere Ortega.

Algo es algo.

Su artículo repasa algunos puntos interesantes:

  • Las intervenciones no han conseguido éxitos significativos (ni siquiera pequeños éxitos), véase Afganistán, Irak, Bosnia, Ruanda, …
  • Existe una violencia denominada estructural que es causante de muchos de los hechos que hacen estallar estos conflictos violentos.   “Los organismos internacionales que regulan las políticas económicas y comerciales transnacionales (OCDE, BM, FMI, UE) son señalados por múltiples analistas como una de las causas que originan conflictos”.
  • Elegir el camino de la violencia dificilmente lleva a otro lugar que a la propia violencia y al enquistamiento de los conflictos:  “empuñar las armas para conseguir una reivindicación política es apostar por un final violento, y eso abre una espiral de difícil control y de final incierto donde puede haber represalias y matanzas en ambos lados”.
Muy bien.  Estamos de acuerdo con todo.  Sólo nos gustaría comentar (añadir) que hay otra violencia, la cultural, que también es corresponsable de las guerra, y también de la guerra civil Libia.  La violencia cultural está presente en el modelo educativo que tenemos basado en la competición sobre la cooperación, en la dominación sobre la ayuda, en la violencia sobre la noviolencia, en evitar y tapar los conflictos antes que intentar verlos como oportunidades de cambio y de creatividad.  La violencia cultural que nos han metido hasta el tuétano nos impide ver alternativas a la violencia y al militarismo como forma de enfrentarnos a los conflictos internacionales.  La violencia cultural nos hace ser indiferentes ante el sufrimiento de las tres cuartas partes de la humanidad, ante el despilfarro de la parte rica.  La violencia cultural nos hace ignorar nuestro egoísmo que hace posible la violencia estructural que ahoga a muchísimos países y personas en la pobreza más extrema.

La violencia cultural hace que se desprecien, sin leerlos, los argumentos pacifistas porque ya se nos tiene catalogados como utópicos y fuera de la realidad.  La violencia cultural hace que los medios de comunicación de masas desprecien nuestras opiniones y no nos concedan la oportunidad de verla impresa o en las ondas o en imágenes.  La violencia cultural les hace repetir una y otra vez, sin ningún atisbo de crítica, los razonamientos de la inevitabilidad de la violencia como manera de gestionar los conflictos internacionales.

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