Bombas españolas contra el pueblo libio

%40HK-MP5_x-rayFuente: El Pais

Por expertos independientes se ha podido comprobar el uso de bombas de racimo por parte del ejército libio de Gadafi en sus ataques a la ciudad de Misrata, en manos de los “rebeldes”.

Las bombas de racimo son altamente mortíferas e indiscriminadas en sus efectos y están prohibidas, tanto en su uso, como en su fabricación y almacenamiento por una convención internacional, lo que sitúa a Gadafi ante otro argumento que desvela sus intenciones y su despiadado empeño de pasar por encima de su propio pueblo.

Ahora bien, ¿Cómo consiguió Gadafi estas bombas con las que ahora amenaza a la ciudad de Misrata?

Pues muy sencillo, se las vendió la empresa española Instalaza con la aquiescencia del gobierno de ZP.

Hasta ahora, al parecer, no había evidencia del uso de este armamento en Libia, pero sí del uso de otro armamento también de fabricación de los principales países de la coalición antigadafi, por lo que podíamos decir que el coronel libio mataba a sus enemigos con el armamento occidental. Ya tenemos, por tanto, identificados a algunos de los principales cómplices o, si se quiere, colaboradores necesarios de esta tropelía: las empresas armamentistas, los canales del comercio internacional de armas, los gobiernos que autorizaron estas ventas y los que sabían de todo ello y miraron para otro lado.

Ahora, en el caso español, tenemos identificados, por esta lógica, a los principales actores de crímenes de guerra nefandos: la empresa Instalaza, que vendió estos medios de muerte a Gadafi para enriquecer sus arcas, y los funcionarios españoles que permitieron esto.

Y puesto que, en nuestro caso, aparecen personas con rostro concreto, tenemos también la posibilidad de actuar contra estos culpables y no dejarlos pasar desapercibidos. Hay que señalarlos con el dedo. Podemos protestar frente a Instalaza y su accionariado (lo que incluye bancos y otras corporaciones igualmente protagonistas del escandaloso reparto de la tarta en la crisis económica actual) y exigirles las reparaciones debidas al pueblo libio, porque, según un antiguo dicho, el que ensucia debe pagar por el daño. Si alguien quiere saber más de las complicidades de Instalaza y el ejército español puede consultar aqui  y si quiere conocer algunos nombres relacionados antes o ahora con Instalaza, lo puede hacer aquí.

Y también, por la misma lógica, podemos exigir responsabilidades al gobierno que autorizó este tipo de negocios de sangre. La guerra debe parar ya.

No se pueden ir de rositas.

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