Propuesta de líneas de actuación noviolenta ante el conflicto libio.

Este texto se puede encontrar en pdf.

¿Es posible hacer algo desde el punto de vista de una alternativa noviolenta?

Lo primero que queremos tratar es el dónde, el escenario.

A esta pregunta casi todo el mundo respondería que en Libia. Esta respuesta nos llevaría a imaginarnos un escenario bastante complicado (por ejemplo, unas milicias noviolentas de interposición en medio del conflicto libio.  Seguro que estáis pensando que eso es algo tirando a suicida, imposible, que es una utopía.  Pensáis que nadie se presentaría voluntari@, que no hay tiempo para el entrenamiento, que no hay planes específicos de actuación. Además, sabéis que no sólo carecemos de todo ello en España, sino que en los demás países tampoco hay mimbres para dicho cesto.

Pues bien empezamos. Sin embargo, hay que ser conscientes de que sí existen actuaciones noviolentas en las zonas de conflictos o en sus cercanías: muchas organizaciones colaboran con otras de los países afectados por las guerra y/o con las personas, y lo hacen desde postulados que nada tienen que ver con la defensa militar, pero sí con la defensa social, con una defensa que busca defender lo que al ser humano le es importante:  la democracia, el empleo, la educación, la sanidad, etc.  Colaborar con dichas ongs, difundir sus trabajos con refugiados, heridos, desertores, etc., puede ser una labor que cambien la repercusión del conflictos en muchas personas.

Pero, además, queremos abogar por la existencia de otro escenario que es, también, una primera línea del conflicto: nuestro propio estado. Pensamos que es una primera línea porque es en el “primer mundo” donde se deciden muchos (o todos) los conflictos que se desarrollan en el tercer mundo. Como antes decíamos, nosotros somos con-causantes con la violencias directa, estructural y cultural que generamos de muchas de las facetas de los conflictos que sufren los pobres.

Abogamos por desvelar que realmente España es también parte del escenario de la guerra:  aquí se preparan los conflictos, se gestan, se miman, se les hace evolucionar una y otra vez para que nunca acaben y nos sigan dando buenos réditos;  aquí se toman decisiones relevantes sobre el futuro del conflicto, por ejemplo, quién va a ganar y en qué medida va a ganar.

Lo anterior implica que las sociedades de los países del “primer mundo” somos responsables de la parte de las guerras que aquí se deciden. Éticamente no podemos eludir esta responsabilidad de acción en nuestra realidad y por luchar desde aquí y contra los guerreristas que promueven o consienten las guerras desde aquí.

Además, pensamos, en este escenario cercano podemos tener mucha más libertad de acción, estamos protegidos por derechos, podemos ejercer la crítica, la difusión, la educación, las acciones de protesta, los boicots, etc.  Y con nuestras acciones podemos contribuir a mejorar la realidad de muchos pueblos actuales y del futuro.  Añadimos que en este escenario se puede actuar cotidianamente, de a poquitos, colaborando con amigos en grupos de base donde lucharemos políticamente y viviremos alternativas.

El segundo aspecto que queremos abordar críticamente son los actores. Estamos acostumbrados a asumir que los conflictos internacionales son cosas de gobiernos, de agencias multilaterales, de expertos y de militares: ellos tienen los medios y ellos saben (asesorados por los expertos en polemología, terrorismo internacional, temas militares, etc.) qué es lo que hay que hacer y qué es lo que nos conviene. Sin embargo, los intereses, la ética, los valores, las dinámicas desde las que se intervienen en los conflictos desde el punto de vista de los gobiernos o desde el punto de vista popular son muy divergentes. Este tema se puede ampliar un poco en “Los conflictos internacionales desde la perspectiva noviolenta”  del Colectivo Utopía Contagiosa.  Dado que estas actuaciones e intereses son muchas veces contrapuestos, es momento de autoreivindicar el papel de las sociedades civiles en los conflictos internacionales.  Con ello ganaremos pluralidad de perspectivas, concienciación, colaboración, compromiso y ayudas de gente a gente que se nos antojan mucho más efectivas que las de estado a estado.

Es especialmente sangrante la labor de los expertos. Tradicionalmente no han dado ni una. Ninguno predijo nuestra actual crisis económica, ninguno predijo la caída del muro de Berlín, ni la caída de la U.R.S.S., ni los atentados del 11-S, o los del 11-M, ni las actuales revueltas en los países árabes.  Nunca han acertado.  Nunca.  Pero siguen hablando sin parar y marcando las pautas de las informaciones de los medios de comunicación, de los políticos y de las sociedades.  Según ellos nunca hay que usar otro método que la violencia y lo militar.  Según ellos siempre estamos en peligro, siempre estamos sufriendo riesgos, pero nunca nos reconocen como los causantes de las violencias que sufre el Tercer Mundo.  ¡Basta ya de asumir acríticamente a los expertos y sus análisis serviles con el poder y con la violencia!  Es el momento de reivindicar que los conflictos internacionales son responsabilidad de toda la sociedad.

El tercer aspecto que queremos poner en debate es el cuándo.  Estamos hartos de que los medios de comunicación nos pregunten que qué hay que hacer en el peor de los momentos, en plena guerra.  En ese momento, con la retina llena de imágenes horribles, con la indignación corriendo por nuestras venas, con el deseo de solidaridad y, sobre todo, con la falta de informaciones y de formación alternativas, claro, aceptamos cualquier cosa.  ¡Es trampa!  En nuestra opinión es necesario difundir la idea de que los conflictos internacionales o nacionales tienen un antes, un durante y un después.  ¿Por qué no nos preguntan los medios de comunicación qué se podrían haber hecho antes, o qué deberíamos hacer después de la guerra?  El antes es muy importante:  podríamos prevenir muchos conflictos o, al menos, su estallido en guerras, si tuviésemos una política continuada, alternativa y noviolenta en nuestro escenario patrio. El después también es clave: podríamos evitar las dependencias económicas, tecnológicas, políticas, culturales; podríamos dejar de convertir las reconstrucciones en negocios para las arcas del “primer mundo”; podríamos respetar los procesos de los demás pueblos.  En este documento abogamos por iniciar estos debates porque estamos convencidos de que con ellos lograremos muchos éxitos a corto, medio y largo plazo.

En cuarto lugar, queremos, modestamente, proponer a debate algunas líneas básicas que pensamos que podrían modelar la actuación en esta crisis libia y en todas las porvenir, desde el punto de vista alternativo y noviolento.  Somos conscientes de que habrá que debatirlas y modificarlas, tanto en lo básico como en aquellos aspectos coyunturales que sean propios de cada de los conflictos, pero nos parece que el solo hecho de disponer de unas bases de actuación nos puede ayudar a orientar nuestras ideas y nuestras políticas.

  1. Dado que la violencia sólo genera más violencia, renunciamos a su uso.
  2. La solidaridad nos obliga a la actuación.
  3. Optamos por la metodología noviolencia como metodología de análisis y actuación política.
  4. Optamos por el trabajo conjunto en las zonas de conflicto y en nuestros propios países, donde desgraciadamente se originan muchos conflictos.
  5. La entidad de los conflictos armados nos obligan a que la actuación no sea individual, sino que debemos optar por agruparnos y organizarnos. Reclamamos el papel de la sociedad civil en los conflictos internacionales como contrapoder ante los “expertos” y los enfoques gubernamentales o supragubernamentales.
  6. Optamos por potenciar y colaborar con la actuación de las organizaciones sociales de base y sus labores en pro de una defensa de la seguridad humana.
  7. El escenario más cercano y en el que todos los ciudadanos españoles podemos ejercitar nuestra responsabilidad es nuestro propio estado y las instituciones en la que participamos activamente o por delegación (ongs, ayuntamientos, comunidades autónomas, gobierno, instituciones europeas, e instituciones internacionales como la O.N.U. y la O.T.A.N.).
  8. Sin olvidar la actuación durante las guerras, entendemos que los conflictos se generan y evolucionan antes de su estallido en guerra. También nos parece crucial la actuación que tengamos después del conflicto para asegurarnos que su resolución será lo más noviolenta y creativa posible.
  9. Dado que somos con-culpables de las situaciones en otros puntos del planeta en el actual mundo globalizado por haber ejercido durante muchos años violencia directa, estructural y cultural sobre ellos, nuestra principal obligación es acabar con todas las fuentes de dichas violencias.
  10. Lejos de los conflictos que en un momento u otro tienen prioridad para los medios de comunicación, son muchos otros los países con iguales problemas y en los que estamos actuando como generadores de violencia directa (por ejemplo, a través de nuestras empresas), estructural y cultural.  Esto implica que nuestra actuación debe orientarse a conseguir resultados generales y que debemos obligar a que nuestro estado se comprometa con políticas que no generen violencias.

Además de las líneas generales anteriores, queremos destacar algunas propuestas concretas.  Pensamos que en su conjunto pueden acabar con esa idea de que no hay nada que hacer que no sea el uso de la violencia y de los ejércitos.  Evidentemente el listado siguiente no tiene ambición de ser exclusivo ni único, somos conscientes de que hay muchas otras iniciativas que pueden tener un gran valor.

1.-  Cada vez pensamos que es más importante y necesaria la reformulación y reestructuración de un movimiento pacifista potente en el Estado Español. Son múltiples las causas de la guerra que se generan en nuestra sociedad y es necesaria la vinculación de muchas mujeres y hombres para relanzar esta lucha, otrora tan potente. Este fortalecimiento social a través de la reformulación del pacifismo nos parece cada día más necesario.

2.-  Hay que investigar la causas de este conflicto libio y de tantos otros conflictos existentes en el mundo y con peligro real de derivar en guerras.  Abogamos porque estas investigaciones han de ser globales, atendiendo a todo tipo de violencia (directa, estructural y cultural).  Además, ha de ser una investigación propositiva que idee alternativas con coherencia ética y con aplicabilidad práctica.

3.-  Se ha de buscar, como primer paso para poder transformar el conflicto de manera positiva,  el alto el fuego entre las partes en conflicto. Hemos de exigir a nuestros políticos e instituciones que los esfuerzos se encaminen a lograrlo con todo tipo de presiones diplomáticas, económicas, noviolentas.

4.-  Antes de seguir promoviendo intervenciones violentas, hemos de promover el desarme de las partes en conflicto. Esta será la vía más factible para luego implementar medidas de diálogo y negociación.

5.-.  Hemos de idear campañas para exigir responsabilidades a nuestros políticos españoles y europeos.  Hay preguntas clave que deben responder: ¿quién consolidó a Gadafi y a los otros dictadores?, ¿qué política exterior tenemos, qué política de cooperación al desarrollo que ha negociado sin rubor con éste y otros dictadores? Debemos coordinarnos para exigir leyes que castiguen con penas económicas y o de cárcel a aquellos políticos que fomenten el comercio o las relaciones diplomáticas de colaboración con las dictaduras.  Seguramente si existiesen dichas leyes se cuidarían muy mucho de traspasarlas.

6.- Un parlamento que no controla la política militar y la política exterior es un parlamento inútil.  Por lo tanto, también hay que exigir a “nuestros representantes populares” que hagan una verdadera política de control parlamentario en la que el gobierno deba explicar sus relaciones con muchos países dictatoriales. Hay que hacer política de control parlamentario de manera crítica y constructiva.

7.-  Debemos exigir que las políticas de defensa, de exteriores, de cooperación internacional queden claramente delimitadas y descritas en los programas electorales de los partidos políticos, no consentir que sean meras declaraciones vagas e inespecíficas de generalidades. Debemos saber quiénes apoyan la intervención militar, quiénes promueven la venta de armas a países en conflictos, quiénes proponen democratizar la toma de decisiones en materia de defensa, etc.

8.-  Hemos de luchar porque exista un verdadero debate social en España sobre qué política de defensa deseamos.  En concreto tenemos que elegir entre una política de defensa militar y violenta o una política social y noviolenta.

9.-  Se ha de luchar por la abolición de la fabricación y el comercio de armas.  Además, se han de exigir responsabilidades sociales a las empresas que han exportado armas o material de uso en antidisturbios.  Debemos promover una legislación que las condene a cooperar de manera desinteresada en promover los objetivos del milenio en dichos países como pago compensatorio por el anterior comercio de armas.

10.-  Pero no sólo son culpables de colaboración en la promoción de las guerras las empresas armamentísticas, muchas otras han contribuido en diversos países a generar violencia directa, estructural y cultural.  Se ha de exigir a nuestras empresas un código ético de conducta y una responsabilidad social y económica en los países extranjeros donde operan, para que antes de ser generadores de violencias fomenten el desarrollo humano.

11.-  Se ha de ir más allá en la presión económica:  no sólo se han de bloquear las cuentas de Gadafi  y los suyos, sino que se han de expropiar y se ha de dedicar el dinero a la reconstrucción sin contrapartidas económicas y/o políticas, a fomentar foros de diálogo y negociación entre los libios para que puedan construir su futuro sin violencia.

12.-  Optamos por la utilidad de desvincular los conflictos de los especialistas.  Nos venden la complejidad del problema como algo inabordable, sin capacidad de intervenir, desbordado y que necesitamos de expertos y de un plano estatal para ser eficaces.  Sin embargo ningún especialista pudo prever la caída del muro, la caída de la URSS, las revoluciones del Mundo Árabe.  ¿Quién exige responsabilidades a los “expertos” que sólo repiten machaconamente las mismas ideas?  Los conflictos internacionales no son coto exclusivo de los expertos y de los gobiernos.

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One Response to Propuesta de líneas de actuación noviolenta ante el conflicto libio.

  1. Bely dice:

    He hecho algunos cursos de resolución de conflictos, para aquello de la puntuación y formación de empresas, necesarios para organismos publicos. Me pregunto por qué en ninguno se “alude” a la noviolencia o se cuestiona el militarismo. Es como si “esos” conflictos armados fuesen de otro planeta, o simplemente es que no tiene buen “marketing” a la hora de vender los cursos de “formación”…..no se seguiré pensando independientemente de todo esto.

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