Violencia estructural: descafeinar la tasa Tobin.

Fuente:  Público.

Un buen resumen histórico sobre qué es la tasa Tobin se puede encontrar en Wikipedia.  Consiste en gravar las transacciones internacionales con una tasa baja (0’1 %) para intentar evitar los movimientos meramente especulativos y no las inversiones.  La ONU calcula que se podrían logar así 720.000 millones de dólares anuales.  Por su parte, e PNUD afirma que con el 10% de la suma recaudada sería posible proporcionar atención sanitaria a todos los habitantes del planeta, suprimir las formas graves de malnutrición y proporcionar agua potable a todo el mundo, y que con un 3%, se conseguiría reducir a la mitad la tasa de analfabetismo presente en la población adulta, universalizando asimismo la enseñanza primaria.

La crisis económica de 2008-2010, provocada por las inversiones de alto riesgo a largo plazo, financiadas con deuda a corto plazo, muestran que la tasa Tobin podría convertirse en un instrumento estabilizador que podría evitar crisis económicas“.

Esta crisis ha llevado, incluso al Congreso Español, a avalar la tasa Tobin como una necesidad.  Lo hizo con una proposición de ley promovida por I.U. y consensuada con el PSOE (con los votos en contra de PP y CiU).

Pues bien, eso era antes, en plena crisis económica y en plena crisis estructural del capitalismo.  Ahora (también en plena crisis económica, pero sin tanta necesidad de que el capitalismo tenga que modificarse porque parece que de ésta sí vamos a salir) olvidan las buenas intenciones y ya no es necesario lo que hasta hace poco era imprescindible:  nuestros políticos se dedican a buscar formas de descafeinar la tasa Tobin o de liar tanto el debate que pierda atractivo para los ciudadanos.

¿Qué nos ha enseñado esta grave crisis?  Pues que los problemas de los especuladores los pagamos los menos pudientes y que nos dan a cambio huecas palabras y promesas.

Todo esto nos tendría que hacer aprender que los problemas estructurales generan violencia en las capas pobres de la población:  paro, no acceso a servicios sociales, falta de vivienda, condiciones de trabajo cada vez más espartanas, migración, disminución de servicios sociales, peores condiciones de jubilación, etc.  Todo se asume porque nos han convertido en una sociedad de borregos acríticos y acomodaticios que tienen miedo a luchar por mejorar.  Nuestra democracia no es tal, nuestros políticos no representan a la gente, sino a las élites.

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