Estrategia de Seguridad Nacional del Reino Unido de la Gran Bretaña.

Fuente:  Félix Arteaga en el Real Instituto Elcano.

La elaboración de la Estrategia muestra la voluntad política de poner en marcha un cambio en la “cultura de seguridad” que el gobierno laborista había anunciado pero no puesto en marcha.

David Cameron y Nick Clegg, que descalificaron al anterior gobierno laborista y su visión estratégica y su política de defensa, ‘se han dedicado a “deconstruir” y reconstruir el concepto y los materiales de la seguridad nacional y la defensa que heredaron de los laboristas‘.

El nuevo gobierno ha recuperado el instinto de potencia global y la nueva Estrategia ha vuelto a poner el foco en el Estado, el poder nacional y la influencia británica en el mundo, una interpretación del concepto de seguridad nacional más parecido al de EEUU y Francia‘.

Algunos cambios son esotéricos y poco entendibles para los no iniciados:  ‘Ahora la principal responsabilidad del gobierno es la seguridad de la nación y no la seguridad de la nación, de sus ciudadanos y de su modo de vida, como enunciaban las anteriores estrategias‘.  Si queréis una explicación hay que recurrir a:  ‘Lo anterior no significa que el nuevo gobierno excluya la participación social porque sabe que depende de ella en asuntos como la ciberseguridad, la protección de las infraestructuras o la industria y tecnología, pero prima el enfoque inter-agencias (coordinación dentro de la administración) sobre el enfoque integral (coordinación con todos los implicados) y prefiere coordinarse con el sector privado después de tener resuelta la estrategia y la política a seguir‘.

La nueva Estrategia ordena los riesgos según una valoración (National Security Risk Assessment) que se actualizará cada dos años y que seguirá siendo pública. Se han establecido tres niveles y 15 supuestos combinando las posibilidades de que ocurran y la magnitud de los efectos que pueden producir. En el primer nivel se incluyen cuatro riesgos prioritarios: el terrorismo internacional y el de Irlanda del Norte, los ataques al ciberespacio, las emergencias y una crisis militar internacional entre Estados. En el segundo nivel se incluyen un ataque con armas de destrucción masiva sobre territorio británico, una crisis que pueda derivar en una amenaza terrorista, un aumento del crimen organizado y una interrupción del flujo de información. Dentro del tercer nivel, y por este orden, se encuentran un ataque convencional sobre el territorio propio, el control de las fronteras, la escasez energética, una fuga radioactiva, un ataque convencional sobre el territorio de un aliado, otro sobre el territorio de ultramar y escasez de materias primas. Intuitivamente, los riesgos parecen bien valorados pero hay que tener en cuenta que su valoración se realiza en el interior del gobierno sin tomar en cuenta otras percepciones sociales que, de tenerse en cuenta, seguramente alterarían las prioridades seleccionadas’.

La Estrategia establece ocho funciones transversales de las que se tiene que encargar la seguridad nacional (National Security Tasks) que, de forma abreviada, serían: (1) identificar y evaluar los riesgos; (2) actuar sobre las causas de la inestabilidad; (3) influir en la evolución de riesgos y oportunidades; (4) cumplir y hacer cumplir las normas; (5) proteger el territorio e intereses británicos; (6) contribuir a la resolución y estabilización de conflictos; (7) la recuperación de emergencias; y (8) trabajar con alianzas y coaliciones cuando potencie la respuesta‘.

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