Repsol y la violencia estructural de las empresas.

Fuente:  María Ángeles Saavedra en la Revista de Periodismo Preventivo.

Nos hacemos eco del artículo que señala que “en 2004 Repsol YPF ingresó un total de 41.689 millones de euros, mientras que Bolivia había producido durante ese mismo año, un total de 7.277 millones de euros. En resumidas cuentas, Repsol tuvo en 2004 un poder económico 5,7 veces mayor que el del propio Estado boliviano. Una vez la empresa supera al poder del Estado, el pueblo pierde toda capacidad de voto y pasa a ser víctima de las repercusiones que conlleva el trabajo producido por la empresa“.

Además, el artículo cita el libro de Marc Gavalda “La recolonización.  Repsol en América Latina:  invasión y resistencia” para enumerar ejemplos de las actividades negativas de Repsol en Bolivia:  “ enfermedades, pérdidas de cultivo, pérdidas en cuanto a fauna y flora, extinción de especies, contaminación de ríos, arroyos y mares, contaminación acústica, contaminación aérea, irrupción violenta en las formas de vida tradicionales de las diversas sociedades indígenas, encarcelamientos, violaciones incluso asesinatos“.

Sólo lo anterior ya debería ser suficiente para que las empresas españolas y nuestro gobierno se dieran cuenta de que sus actividades no son ni mucho menos beneficiosas para la humanidad si siguen por esos derroteros.  Habría que crear un comité mixto gobierno-empresas-ongs para controlar que el capitalismo que ejercemos en el exterior responda a unos criterios éticos y a unos fines de beneficios sociales.  Ello ayudaría, sin duda, a una economía solidaria y sostenible

Por otro lado, la noticia nos hace reflexionar que la política exterior no se ejerce sólo a través del estado, sino que las empresas son una parte muy importante de ella.  Por su puesto, esta política exterior-económica de nuestras empresas debería estar regulada y supervisada para que no contribuyesen con sus acciones a fomentar la violencia estructural y la violencia directa en el extranjero.

Las empresas, si actúan con total falta de escrúpulos y de ética, son también una forma de intervencionismo que aunque no sea militar sí participa activamente de los mismos valores nefastos:  violencia estructural y directa, no respeto al medio ambiente, provocar dependencia económica, social y cultural.

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