Gasto militar y ofuscación militarista

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Ante el anuncio de que llega el tío Paco con las rebajas, el partido militar tácito que puebla todos los partidos del arco parlamentario y la mayoría de las élites “pensantes” se ha puesto manos a la obra. Hay que pedir que la necesaria poda del gasto que el neoconverso a los intereses del FMI, ZP, va a emprender, no afecte al gasto militar.

Un reciente artículo de Enrique Navarro en Infodefensa marca la línea de opinión a seguir:

Primera afirmación: el gasto militar es muy necesario (¿?) pero una sociedad idiotizada e ignorante no lo sabe. No es un gasto popular y además los efectos de no hacerlo se ven a larguísimo plazo, con lo cual los políticos “populistas” tienen más fácil (más réditos) cortar este que otro que es menos importante pero más vistoso (¿pensiones, prestación al desempleo, justicia social? quién lo sabe).

Es más, ” tan necesario es este gasto porque “La Defensa no es un asunto menor y su cobertura debe estar a prueba de coyunturas económicas. Recordemos que las misiones de las Fuerzas Armadas están en el Título Preliminar de nuestra Constitución junto a artículos tan importantes como el Estado social y democrático de Derecho, la Monarquía parlamentaria o la nación española, que entiendo no están sujetos a discusión, principios que forman parte de nuestra esencia como nación y que deben contar con los recursos adecuados siempre gestionados con la eficiencia que debe exigirse a la Administración”.

Otros gastos, suponemos, sí son coyunturales y se pueden poner o quitar (ya vemos cómo se hace bajo las recomendaciones del neocapitalismo que acampa a sus anchas por aquí) según marque el ciclo y la rueda de la fortuna.

Segunda afirmación: Amenaza de caos y una conclusión anticipada. Nos vamos a enterar lo que vale un peine si se nos ocurre quitar una micra al gasto militar “”Cuando nuestros pesqueros no disfrutan de la libertad de los mares, nuestros cooperantes son secuestrados cerca de nuestras fronteras, cuando tenemos que afrontar medidas de seguridad en los aeropuertos que parecen más bien prisiones para evitar un atentado, nuestras tropas afrontan combates en Afganistán o se encuentran en medio de polvorines como el Líbano, la respuesta no debería ser recortar el gasto en Defensa”.

Es decir, no podremos seguir explotando recursos a nuestra anchas ni pisoteando por el exterior y en el propio enemigo interno por culpa de esta avaricia nuestra que nos lleva a preferir no gastar en invasores.

Tercera Afirmación y una petición velada: Nuestro ejército no sólo no puede reducir sus partidas (de hecho nunca lo ha hecho) sino que necesita una pequeñísima inversión de 200 millones de euros para que nuestro armamento se modernice. Si no es así la pringamos.

Esta es una de las claves:  en tiempo de crisis enfatizar el peligro (que sólo se da desde la óptica militarista) para conseguir arañar más pasta de la prevista. ¿qué son 200 millones de euros cuando el estado, dice el autor, afronta un déficit de 80.000 millones de euros. no será por el ejército que se quiebre la economía y, al contrario, esos doscientos millones son la mejor de las ideas que puede tener el gobierno para evitar que se hunda el mundo: bueno, bonito y barato.

Cuarta idea: Como la adminsitración en su torpeza no sabe hacer las cosas o no quiere enfrentarse a esos ridículos sentimientos antibélicos de la gente zafia, lo mejor es que traslademos el impulso de las inversiones militares a la empresa privada, que esa sí que sabe hacer las cosas.

Ya tenemos la cuadratura del círculo. “es una muy buena noticia para el sector que el Ministerio esté analizando seriamente esta posibilidad que sin duda abriría el camino a nuevos proyectos; alternativas de partenariado público privado para algunos proyectos soslayarían las dificultades anteriormente indicadas y permitirían una mejor eficiencia en la gestión de los proyectos. En estos proyectos la colaboración entre sector público y privado permite una mejor asignación de riesgos y reducir algunas de las cargas comentadas anteriormente”.

Sólo falta que Zp, que suele ser proclive, o los asesores de los partidos de uno y otro lado, hagan sus cálculos y transfieran a estos brillantes emprendedores la gestión de la política de seguridad.

Por cierto, Enrique Navarro Gil es el consejero delegado IG2S de una de las empresas (de origen estadounidense) privadas de vigilancia y de videovigilancia vinculado al mundo de la defensa, de esas que pueden hacernos el favor de invertir donde el Estado no sabe.

Menudo morro.

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