La experiencia de las mujeres es ajena a la realidad de las guerras”

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Fuente: Diario del Alto Aragón

Elena Grau, historiadora y técnica de formación del recientemente creado Institut Catalá Internacional Per la Pau, ilustró en un curso celebrado el 28 de abril en Huesca con el título “Pensamiento y práctica de mujeres que construyen la paz”, un semblante del pensamiento pacifista a partir del estudio de cuatro grandes pensadoras y militantes de la práctica pacifista:  Berta Von Suttner, primera mujer Premio Nobel de la Paz en 1905 y autora de la novela “¡Abajo las armas!”,  Rosa Luxemburgo, Virgina Wolf, primera autora que relacionó patriarcado y militarismo, y Petra Kelly, pacifista de la segunda mitad del siglo XX.

Todas razonan contra la abstracción de los argumentos favorables a la guerra. Siempre dicen que los que fomentan la guerra hacen discursos abstractos y contraponen la realidad de las personas“, dice Elena Grau, que señala que se preocupan “por deshacer la imagen del enemigo, por pensar que para evitar las guerras hay que humanizar a la persona que está en el otro bando confrontado“.

Las mujeres, dice Elena, son ajenas a la experiencia de la guerra. Esgrime dos razonamientos: primero que han sido educadas fuera de los valores militaristas y, segundo, porque no se las ha dejado participar en los ejércitos.

No somos nadie para reinterpretar estas afirmaciones, pero una cosa es que en la educación de los valores militaristas que se transmite de generación en generación a diestro y siniestro, el papel asignado a las mujeres las haya relegado a un plano de no protagonismo que las hace, en cierto modo, menos concernidas y reclamadas por la triste historia de militarismo y guerra que hemos protagonizado, lo que creemos que es lo que en realidad quiso enfatizar ésta, y otra distinta que hayan sido educadas “fuera” de esos valores, que son capilares a nuestra cultura y se transmiten no sólo enseñando un rol social, unos valores, unos modos de hacer y unas simbologías, sino, sobre todo, unos modelos de organización y unas prácticas ordenadas desde la jerarquía, la sumisión, la obediencia, el elitismo, la práctica y el objetivo de la violencia, y un largo etcétera.

Efectivamente, patriarcalismo, militarismo, nacionalismo, guerra, forman parte de una misma lógica como ya significaron las propias autoras que Grau señala.

Por desgracia, la experiencia de la guerra no es ajena a las mujeres, aunque las mujeres juegan en ellas un papel de principales víctimas de esta locura y tienen más sobradas razones para aspirar a la abolición de las guerras y de su preparación.

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