Pa mear y ni echar gota

el+desarme+es+posible

En un reciente escrito apologético del militarismo rancio, versión enbellecimiento cosmético del aasunto, la doctora Marrero Rocha (de nombre Inmaculada C.) ha dado un tremendo muestrario de la melancolía con la que el militarismo ilustrado va llorando por los rincones la falta de ardor guerrero de nuestra sociedad.

El artículo entero en pdf puede verse aquí.

Para ella, en este caso convertida en experta portavoz o vocera de toda la caterva del partido militar tácito, ni los muchos y abnegados esfuerzos del ejército en civiliarse, ni el cambio de su tradicional papel de malos por el de soldados de paz, han servido para que los españoles, indolentes como somos y poco estudiosos, creamos en nuestras maravillosas fuerzas armadas ni para que aceptemos de buen grado el justo óbolo social y la justa retribución, admiración y gasto militar que necesita este esfuerzo malcomprendido. Ni queremos saber (de su rollo) ni queremos pagarlo.

Pero el artículo, al margen de mantener esta obstinada tesis oficial de que no queremos saber de seguridad de defensa (en vez de quedarse en una constatación más objetiva que es que no nos interesa su visión de la seguridad y de la defensa, de donde tanto puede desprenderse desinterés como un interés muy distinto e incluso reacio al militarismo) y por irresponsabildiad no queremos pagar sus desmanes, permite ver, y ahí es donde invitamos a leer con ojos críticos, tanto el miedo de deslegitimación que persigue como una sombra al partido militarista español (por más que mayoritario y uniforme en los partidos parlamentarios y en las élites) o, mejor dicho, de que esta pase a mayores, como la sarta de estrategias con las que pretenden darnos gato por liebre y convertirnos en adeptos de esta doctrina de aceite de ricino que tienen como verdad universal.

1) Empecemos por las perlas que esta atrevida Marrero suelta al descuido:

Las fuerzas armadas han pasado a convertirse en un instumento fundamental para la proyección internacional de España” (pues que mala suerte que se nos conozca por tan indecoroso papel, decimos nosotros) “y, también, para contribuir a la paz y a la seguridad internacionales” (exagerada abstracción de la Marrera si tenemos en cuenta el estado de contribución a la paz que hacemos en los diversos escenarios donde aportamos nuestra pica en Flandes o nuestro papel de vendedores de armas de primera división mundial).

En España existe una “escasa cultura de la defensa

El objetivo de este informe consiste en analizar las causas que provocan que los niveles de cultura de la defensa entre la ciudadanía española se encuentren lejos de satisfacer las expectativas de las instituciones políticas y de las propias Fueras Armadas, y en ofrecer una serie de propuestas que podrían mejorar esta situación” (lo cual, como hemos insinuado antes no quiere decir que no se tenga cultura ni objetivos respecto de la defensa, sino que estos están lejos de satisfacer los intereses de las fuerzas armadas y de la clase política, gracias, señora C. Marrero por esta gran sinceridad).
Son muchas las amenazas o riesgos que, aunque tengan su origen incluso en áreas geográficas muy alejadas del territorio español, pueden llegar, en mayor o menor medida, a alterar el desarrollo normal de las condiciones de vida de la ciudadanía española. Amenazas tales como el terrorismo islamista, el crimen internacional organizado, la
inmigración ilegal, la degradación medioambiental, la pobreza y el subdesarrollo, las violaciones masivas de los derechos fundamentales o los conflictos internos han sido calificadas como riesgos o amenazas para la seguridad de España” (menuda versión cínica y de dominación que mantiene este concepto de defensa manejado por los militaristas).
como la valoración que la ciudadanía  mantiene de las instituciones del Estado repercute a la hora de manifestar
su conformidad con las asignaciones presupuestarias, el incremento de los recursos económicos, materiales y humanos en el ámbito de la seguridad y la defensa sigue encontrando ciertas reticencias, de la misma manera que se cuestionan las tareas específicas a las que deben asignarse dichos recursos
las Fuerzas Armadas españolas han pasado a convertirse en un instrumento fundamental para garantizar la seguridad de la ciudadanía y también contribuir a la seguridad regional e internacional, además de constituir un importante elemento para la proyección internacional de España y asunción de compromisos en distintas organizaciones internacionales como Naciones Unidas, la OTAN, la Unión Europea o la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa” (es decir, el militarismo se ha expandido sutilmente a realizar acciones que antes estaban encomendados al mundo civil, es decir, a militarizar toda la idea de seguridad).
2) Y de las perlas pasemos a las propuestas:
“se trata de pretender, simplemente, que la existencia de las Fuerzas Armadas sea asumida como una pieza natural de la vida democrática cuyo encaje no se cuestione continuamente.
Para conseguir este propósito la señora, tras estudiar el actual organigrama competencial de manipular la información sobre la defensa y de comunicar con la sociedad una buena imagen del ejército, propone las siguientes medidas:
a) Construir un mando unificado de propaganda y mentira, al que llama “creación de una Subdirección General de comunicación”, que esté en manos de los expertos en estas cosas y evite la disparidad actual de órganos de propaganda, empezando por la ministra, su gabinete, y lo sotros órganos a los que se les asignan funciones.
b) Redefinir las funciones del Instituto Español de Estudios Estratégicos para que expanda su actividad al ámbito no estrictamente universitario (como hasta ahora) y ponga en marcha una página web de lavado de cara y acometer otros cambios que lo acerquen a lo civil.
c) Redefinir el plan director de cultura de defensa, para que deje de ser de papel (higiénico) y elaborar planes anuales.
Ya nos cansamos de este tipo de propuestas de cambio de organigramas ministeriales y traspaso de competencias de uno a otro cuartel, de modo que el que quiera seguir escuchando paja, que se lea el informe.
A nosotros se nos ocurre otro tipo de propuestas más realistas como por ejemplo:
1) Generar debate social sobre los temas de seguridad y defensa de forma abierta y plural, permitiendo que la ciudadanía se pregunte ( y que esto tenga aplicación política) qué hay que defender, quién debe hacerlo, cómo, por qué intervenir del modo que se hace en los conflictos, explorando alternativas, etcétera.
2) Promover la democratización de la toma de decisiones en materia de defensa, redimensionando el papel del parlamento y de la sociedad y sacando de las covachas obscuras de los militares esta materia. Más democracia, no más misterio es lo que se necesita en esta materia.
3) Prohibir la exaltación de los valores violentos en la educación y enseñar la historia no desde la épica militarista, sino desde la promoción de la educación para la paz.
4) Iniciar procesos de empoderamiento de la sociedad para que su participación en la sociedad no sea pasiva, paternalista ni limitada a obedecer, sino constructiva, de base, horizontal, comprometida.
5) Decolver civilidad a las esferas a las que lo militar se ha expandido: no necesitamos que los militares “nos defiendan” frente a los desastres naturales, las nevadas, etcétera, sino inversiones civiles claras en estas materias.
6) Promover la cultura de paz no es crear aparatos internos de propaganda del ejército, sino educarnos como sociedad en nuevos valores y prácticas de paz. En vez de unas oficinas de este tipo se pueden crear otro modelo de investigaciones para la paz.
En fin, un  tremendo desacuerdo entre la visión que nos trata como idiotas malcarados que no queremos hacer lo que hay que hacer y la nuestra que es que no queremos militarismo.
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