El gasto militar fue el principal gasto público en Ecuador de 2007 a 2012

5 de enero de 2013

Ceremonia + de + firma + de + Acuerdos

Según el periódico El Universo, el principal gasto presupuestario de los gobiernos de Rafael Correa desde 2007 a 2010 ha sido el gasto militar, con un monto de más de 6.000 millones de dólares.

De esta enorme cantidad económica, el 84% se destinó a pagar el sueldo de los militares, que sufrieron (es un decir) un alto incremento de sus remuneraciones, y el restante 16% se destinó a inversiones militares.

En 2012 el presupuesto aprobado ha sido de más de 1.600 millones de dólares, cantidad nada desdeñable y que, si comparamos el peor trato dado a otros rubros sociales, permite comprobar cuáles son las prioridades que se marca Correa.

Al margen de innegables logros del gobierno de Correa no parece que la apuesta por la militarización y por el gasto militar sea un ejemplo a elogiar y sí, más bien, una rémora que necesariamente pasará factura al pueblo.

Comprobemos el interés del régimen ecuatoriano con el tacto y mimo con que cuidan a los uniformados: su ministra de defensa ha llamado a los ejércitos a defender el proyecto político del gobierno ante eventuales conspiraciones, identificando con alegorías no exentas de retórica el régimen de Correa con los intereses del pueblo antes silenciado.

No parece, a la luz de diversas movilizaciones realizadas con el apoyo de grandes organizaciones campesinas, indígenas y de lucha por los derechos humanos, que piense lo mismo al menos una parte importante de ese pueblo antes silenciado y ahora postergado porque cuando hay dinero o para cañones o para mantequilla, y se usa para cañones, se queda el pueblo sin mantequilla y amenazado de ser recibido a cañonazos, como ocurre en tantos lugares y ejemplos históricos en cualquier latitud del planeta.


Guerra del agua en África

1 de enero de 2013

Fuente:  El País.

Desde el principio de este blog alertamos sobre las nuevas guerras, aquellas que no son de estado contra estado y que tienen intereses que no son meramente geoestratégicos sino que buscan el control de los recursos naturales más básicos (esto no es nuevo, ya se hacía y hace con el petróleo, por ejemplo).  Ahora le toca el turno al agua en África.  Pobres africanos, van a sufrir, ya sufren, la codicia sin límites de las multinacionales, los fondos de inversión y gobiernos extranjeros.

Multinacionales, fondos de inversión e incluso Gobiernos extranjeros se están quedando con sus aguas a través de la compra o arrendamiento de ingentes extensiones de campos de labor. Hasta ahora se había advertido del riesgo del acaparamiento de tierras, pero estos días le ha llegado el turno al agua dulce.

La fragilidad de este elemento es tal que es el único recurso imprescindible para el ser humano que no está protegido por ningún acuerdo internacional.

Parece ser que los fondos de inversión especulativos de los países ricos ya no sacan tantos rendimientos de especular en inmuebles, armas, o contra los monedas de los países, ahora parece que se han fijado en el agua y han diseñado estrategias para sacarle provecho.  Con ello no nos referimos al desarrollo de regiones para que puedan hacer un uso sostenible del agua en un entorno de economías con desarrollo humano, sino a provecho propio, provecho para los tiburones financieros.

¿Qué nos espera ver en África en los próximos años?  Nuevas formas de violencia estructural que acabará derivando en violencia directa

¿Qué se puede hacer contra todo este desbarajuste económico en el que sólo impera el egoísmo y las políticas a corto plazo?  La primer idea es que poco y menos nosotros, simples mortales alejados de los mercados financieros especulativos.  Sin embargo, si lo pensamos más profundamente es posible hacer algo contra ello:  luchar contra los paraísos fiscales, abogar por la imposición de tasas disuasorias que gravan los movimientos de capital especulativos y desvían lo recaudado a cooperación.  Es decir, podemos unirnos a los movimientos sociales o al 15 M, podemos redoblar nuestro compromiso con ellos, dado que son los únicos que, en el fondo, luchan de manera ética y noviolenta por los derechos de los pobres y los olvidados en estas nuevas guerras como la del agua.

Así, de paso, evitaremos pobreza, migraciones no deseadas y conflictos bélicos en 2013 y años sucesivos.

En el fondo, luchar aquí para que cambie nuestras instituciones políticas, sociales y económicas no es abstraerse u olvidarse del problema africano, sino trabajar en la fuente del problema.  Aquí, en los países ricos es donde están los brokers que van a acabar acaparando el agua africana, con nuestras leyes económicas (españolas y de la unión europea) es con las que se mueven, con las subvenciones y apoyo de nuestros estados.  Aquí, por lo tanto, se genera el problema y por ello aquí, con los movimientos sociales de aquí es donde hay que dar una parte importante de la batalla.


Una manera civil y pacífica de hacer cooperación en zonas en conflicto

31 de diciembre de 2012

Fuente:  Público.

España acaba de aportar 4 millones de € para pagar el salario de 84.000 funcionarios y pensionistas palestinos.  A su vez, la U.E. ha aportado este año 145 millones de € para funcionarios y pensionistas.  84.000 personas que han podido cobrar por su trabajo y, suponemos, con su sueldo han podido comprar sus alimentos, mandar a sus hijos a la escuela, pagar el alquiler, acudir al médico, vestirse, etc.  Todo ello ha supuesto un poco de normalidad en la gravísima vida cotidiana de los palestinos.  Suponemos que, a su vez, otros palestinos se habrán beneficiado de los gastos que hayan hecho funcionarios y pensionistas, por lo cual serán mucho más que esas 84.000 personas los beneficiarios.

Al menos por una vez nos parece que la cooperación en zonas de conflicto no conlleva militarización y violencia.

Al contrario, nos parece que esta es una forma correcta de combatir la violencia estructural que supone la actuación de Israel bloqueando las tasas y aranceles que recauda en su nombre y estaría obligada a transferirla en virtud de los Acuerdos de Oslo (1993).  Israel tomó esta decisión por los sucesivos intentos palestinos de ser admitido como miembro de la ONU.  Aunque ellos alegan que la retención durará unos tres meses hasta que cubra una deuda de la ANP con la compañía eléctrica israelí por valor de unos 700 millones de shékels (unos 141 millones de euros).

Pensamos que esta es una forma más correcta, efectiva y ética de cooperación internacional, sobre todo si lo comparamos con el despilfarro de nuestra misión de paz en zona de guerra (sic del ministro Morenés) en la que en 2011 nos gastamos 450’2 millones de € y en el primer cuatrimestre de 2012 167’9 millones de € para no conseguir apenas resultados que puedan mejorar la calidad de vida del pueblo afgano.


Mientras el Gobierno destruye la inversión en ciencia y conocimiento, Airbus Military espera una inversión en i+d+i militar de más de 270 millones de euros

19 de diciembre de 2012

En + el + museo

Fuente: Infodefensa

El máximo responsable de Airbus Military ha solicitado públicamente una ingente inversión en investigación militar, de más de 200 millones de euros a aplicar en programas militares de la Agencia Espacial Europea (dice el tipo que para evitar estar a la altura de Portugal, Grecia o Rumanía, lo cual en la mentalidad militar debe ser nefasto), más otros 70 millones de subvenciones a las industrias militares.

Se debe señalar que si, como suele ocurrir, el gobierno cede a esta petición, estará incumpliendo sus presupuestos antes de ponerlos en marcha, lo cual no es a estas alturas ni siquiera una noticia.

Dice el señor airbusmilitary que “No me gustaría reconocer que se ha roto una tendencia de crecimiento en I+D porque ello supondría comprometer el futuro” y que “de seguir en esta línea, España pasará de saber construir un satélite a “hacer tornillos”.

Se le ha olvidado decir para qué valen los satélites que tanto le interesan a este tío y para qué los tornillos, o quizás otras cosas socialmente más útiles y éticas.

Llama la atención la prepotencia con la que las industrias militares exigen, y consiguen, inversiones del Estado para sus negocios, encubriéndolas de i+d+i, cuando, en el mismo día de hoy, toda la comunidad científica e investigadora se manifiesta en la calles para reclamar que no se esquilme más a la i+d+i civil con la consecuencia de hacer retroceder los logros sociales entre veinte y treinta años gracias a la egoísta y cicatera política de nuestro poder oligárquico.


¿Coincidencias de la Ayuda oficial al desarrollo y la exportación de armas?

18 de diciembre de 2012

El BSG + + de + la + radio

Fuente: Artículo publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanal Es Hora

En estas mismas páginas hemos explicado la íntima colaboración entre militarismo y cooperación al desarrollo desde lo oficial. A muchos nos puede parecer que se trata de dos realidades antagónicas, tan lejanas mutuamente como el agua y el aceite, pero la realidad de nuestro entramado de AOD demuestra la intimidad de convergencia de ambos planos en la política de asuntos exteriores al uso en nuestra casta política: dos instrumentos al servicio de la apolillada y servil (al servicio de los peores planes imperialistas de occidente) idea de España como cola de león en el panorama internacional.

Queremos destacar otra cara de la colaboración AOD/militarismo: la extraña coincidencia de destinos de la AOD española con ciertos intereses poco solidarios, entre ellos el de posicionar “la marca España” en la venta de armas.

Comencemos por indagar los principales destinos internacionales de nuestra cooperación oficial en la década 2000 (año del primer Plan Director de la Cooperación española) hasta 2010 son:

  1. América Latina, con una prioridad acusada en los países andinos (principalmente Colombia y Perú) y centroamericanos
  2. Países del África norte, con una prioridad acusada en Marruecos, Túnez, Argelia
  3. Países del África subsaharian
  4. Afganistán e Irak

Un mapa de la AOD española nos da ( http://www.aecid.es/galerias/web/descargas/Mapa_FOLLETO.pdf)

Latinoamérica

Colombia, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Haití, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, República Dominicana, Costa Rica, Brasil, México, Venezuela, Panamá, Argentina, Uruguay, Cuba

Magreb-Oriente Medio

Marruecos, Mauritania, Argelia, Territorios Palestinos, población saharaui, Siria, Túnez, Egipto, Jordania

Asia y pacífico

Afganistán, Filipinas, Vietnam, Timor Oriental, Camboya, Bangladesh

Oriente próximo

Irak, Líbano

África Subsahariana

Etiopía, Mali, Mozambique, Senegal, Cabo Verde, Níger, Guinea Ecuatorial, Sudán, Guinea Bissau, Gambia, Angola, República del Congo, Guinea Konakry, Namibia

Si comparamos este cuadro con cualquiera de los que ofrece internet sobre los países con menos índice de desarrollo humano o mayores cuotas de pobreza (en teoría la cooperación al desarrollo busca conseguir los objetivos de desarrollo del milenio y se justifica como solidaridad prioritariamente hacia los países más pobres) comprobaremos que la AOD española no persigue, precisamente, estos objetos de desarrollo del milenio, sino otro tipo de cosas.

De este modo, no podemos entender el peso de la cooperación al desarrollo con los países andinos y latinoamericanos, en definitiva los principales receptores de nuestra AOD en función de la consecución de los objetivos de milenio, ya que algunos de los países receptores de nuestra ayuda no son, ni mucho menos, de los que tienen peores índices de desarrollo y, si se nos apura, un repaso de los principales indicadores de intercambios comerciales y de posicionamiento de las multinacionales de matriz española nos podría dar alguna que otra explicación alternativa. A más abundamiento, países como Colombia, Perú o Brasil, tres de los grandes beneficiarios de la AOD española, son conforme a los criterios de la OCDE países en condiciones de ser considerados donantes y no receptores de AOD.

Pero es más, países de los que en dicho área absorben las mayores cantidades de la cooperación oficial, tanto año tras año como en el cómputo de la década, son, sintomáticamente, algunos de nuestros principales clientes en compra de armas, como es el caso de Perú, a quien hemos colocado más de 30 mill. de € en la última década y ahora aspiramos a revender 50 tanques Leopard; Colombia a quien dimos más de 300 millones de € en concepto de asesores para sus inacabados procesos de desarme y paz, y a la que vamos a surtir de aviones, barcos y blindados; o Venezuela a quien hemos vendido cerca de 400 millones de € y vamos a colaborar en crear una industria militar pujante; junto con los países centroamericanos, salpicados de oficialidad militar española. Lo mismo podríamos decir del área norafricana, donde nuestros intercambios comerciales y nuestra balanza comercial implican retornos monumentales, nuestros “intereses” geoestratégicos son obvios y nuestro negocio en venta de armas uno de los más lucrativos, según el informe del Centro Delás “La política de exportación de armamentos de los países de la Unión Europea a África (2002-10)”

No podemos señalar otra cosa, si nos atenemos a la ingente cooperación (a veces encubierta bajo el rostro humanitario pero para financiar infraestructuras de interés militar al servicio de los ejércitos invasores) destinada para Irak o Afganistán, donde las tropas españolas están pringadas hasta las canillas en la mierda del conflicto militar.

Según el Ministerio de Defensa Español en su página (http://www.defensa.gob.es/politica/armamento-material/politica-armamento-material/cooperacion-internacional/) “En la actualidad, España tiene o ha tenido intereses industriales de defensa en más de 100  países de todo el mundo. De ellos, se mantienen relaciones institucionales fluidas y continuadas con más de 70

Descontados los países de occidente, con los que nuestros flujos de intercambio de armas es constante y conocido, los principales destinatarios de nuestras ventas de armas coinciden en gran parte con nuestros destinatarios de AOD. ¿Armas a cambio de cooperación al desarrollo? Sería un intercambio perverso. Tal vez sea mejor seguir pensando en la pura coincidencia.

En resumen, una rápida comparación del mapa de nuestra cooperación con el de nuestra venta prioritaria de armamentos con el de nuestras zonas de intervencionismo militar o de implantación y retorno de dividendos de las empresas multinacionales (y tantas veces denunciadas por sus características agresivas y depredadoras) de matriz española y por los intereses “geoestratégicos” en los que España juega, nos dará mejores claves de interpretación del sentido político de la AOD española.

Esto nos debería hacer ser mucho más críticos con el discurso de la AOD y con el papel, a veces puramente voluntarista cuando no colaboracionista con un estado de cosas inaceptable, de muchas instituciones que participan del “microsector” económico de la AOD y de la burocracia creada en torno a su discurso.

Ello no quita para que el trabajo solidario de tantas ONG, muchas veces más a pesar que gracias a la cooperación oficial, sea más que meritorio en la apuesta por otro tipo de relaciones entre las sociedades del mundo.


El ejército ecologista: ya tenemos general de ecología

16 de diciembre de 2012

Esto+es+s%C3%B3lo+el+principio+III

Fuente: ABC

Si se pregunta por la calle qué tipo de organizaciones defienden mejor la ecología, probablemente a casi nadie se le ocurriría decir que los ejércitos. Tal vez la gente mejor informada nos diría que las organizaciones ecologistas, o las empresas “alternativas” empeñadas en la revolución verde.

Pero el ejército y las élites no piensan igual que la gente y, con sus medios de manipulación masiva, nos explican que “paneles solares, buques de contaminación cero, sumideros de CO2 y programas de protección de especies amenazadas han colocado al ejército español en una senda cada vez más verde y «puntera» en el entorno europeo por sus sistemas de gestión medioambiental implantados en el 90% de sus bases más grandes.

Así lo afirma el “general de sostenibilidad ambiental y eficiencia energética del Ministerio de Defensa”, General de Brigada del Cuerpo de Infantería de Marina, Joaquín Garat Caramé, que hasta tienen un general de ecología.

Para defender la ecología, que no os enteráis, no hay nada como el ejército. Ellos son los que defienden la ecología, los que cuidan los espacios naturales (que por cierto convienten en campos de tiro y de uso exclusivo para sus cosas), los que nos salvan.

Claro que con igual peso científico, podrían postularse como campeones de la ecología las empresas de energía nuclear y otros grandes campeones de la ecología.

Lo que hay que oír.


La militarización de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

9 de diciembre de 2012

Entrega de ayuda humanitaria a la parroquia Capiro

Fuente: Artículo publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanario Es Hora.

A estas alturas nadie se sorprende de la creciente “remilitarización” que están sufriendo desde aspectos sociales a ecológicos, económicos, tecnológicos, de orden público y hasta la inmigración, la protección civil y tantos otros que anteriormente estaban en el ámbito civil.

Este retroceso en el proceso de “civilización” o “ciudadanía” de nuestra sociedad forma parte de la actual lógica neoliberal de refuerzo de los mecanismos de disciplinamiento social y de las estrategias de dominación y violencia desarrolladas por parte de la élite y aplicadas a escala tanto local como planetaria.

Lo que tal vez la sociedad no conozca todavía es hasta qué punto el militarismo y su concepción de los conflictos y de la organización del mundo ha penetrado hasta los estratos más ajenos a la dimensión militar, como es el caso de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), donde aparentemente se buscan estrategias de lucha contra las causas estructurales y culturales de la pobreza y de la desigualdad y se aspira a otro modelo de desarrollo basado en la dignidad de todos los seres humanos, en la promoción de los derechos humanos a escala global y en la solidaridad entre los pueblos.

La cooperación de la Agencia Española de Cooperación Internacional por el Desarrollo (AECID) con el militarismo español.

En el caso español, la penetración del militarismo en la AOD es vergonzosa y, dado que tiene un componente económico que se hace pasar por cooperación cuando en realidad es remilitarización, escandalosa.

Por qué no levantan el dedo de forma más alta y eficaz las ONG que se dedican al desarrollo es algo que causa perplejidad, cuando no preocupación.

Empecemos por decir que la AECID, la agencia española desde donde se canaliza la cooperación al desarrollo de ámbito nacional (hay además mecanismos de cooperación de ámbito autonómico, local, etc.) no sólo colabora de forma asidua con el Ministerio de Defensa, sino que ha institucionalizado un marco de relación mutua mediante los llamados Planes Operativos Anuales (POAs), que definen las acciones conjuntas AECID-Ministerio de Defensa, de AOD. Los POAs vienen celebrándose anualmente desde 2002 y su “fundamento” de partida es un “Convenio Marco de Colaboración” firmado en el año 1996 entre la Dirección General de Política de Defensa (DIGEMPOL) y la AECI, actualmente AECID.

Este tipo de acuerdos permite al ejército ejecutar programas de AOD financiados por AECID y de “interés mutuo” que suelen referirse a cursos impartidos por los ejércitos españoles en materias de “operaciones de paz”, prevención de conflictos, o de “formación prioritariamente en el área de desminado” (cursos que se realizan en las instalaciones militares de Hoyo de Manzanares y que se dan a ejércitos de otros países), aunque suele añadirse la coletilla de que pueden desarrollarse otras actividades de mutuo interés.  Aquí nos preguntamos si no sería mucho más colaborador con el desarrollo la no producción de armas y minas, más que enseñar, luego cómo ha de desminarse.  Es curioso, pero en ambos perversos procesos somos nosotros los que nos lucramos.

Junto con ello, AECID financia otras actuaciones del militarismo patrio, principalmente en intervenciones que éste ha venido realizando en escenarios de conflicto, pero sobre todo, en Afganistán, donde hasta la fecha el papel del ejército español ha sido más que relevante y se han encubierto como AOD infraestructuras de interés táctico militar pero muy remotamente de apoyo al desarrollo real de la población.

En este caso, junto con el abastecimiento de agua, construcción de escuelas y la rehabilitación de carreteras (de un alto valor militar) propiciadas por AECID, se ha hecho pasar por AOD la construcción de una pista de aterrizaje y la creación de un hospital de apoyo a los militares en la zona (que esperemos que una vez se marchen revierta en la población local de forma plena, aunque no está garantizada su sostenibilidad). El Ministerio de Defensa, amén de recibir esta cooperación ha propiciado a los trabajos de la AECID la seguridad militar necesaria.

La AECID, además, ha contribuido a la “cooperación cívico-militar” apoyando la articulación por parte del ejército español de unidades de diálogo con la población civil de los lugares en conflicto donde operan nuestros gloriosos tercios (unidades “CIMIC”), tales como Líbano o Afganistán. Dichas CIMIC son parte de la estrategia militar de implantación y buscan crear lazos con la sociedad civil de la zona para mejorar la imagen del ejército en la población. En este caso, ni siquiera desde el punto de vista teórico es sostenible que la colaboración de AECID con estos grupos responda a los principios de la AOD (por ejemplo la neutralidad, lo humanitario, la imparcialidad, etc.), lo cual no evita el apoyo mutuo entre ésta y Defensa.

La cooperación al desarrollo del Ministerio de Defensa.

Pero si nos resulta sorprendente que parte de la cooperación de AECID vaya destinada a colaboración con el militarismo o a desarrollo de intereses del Ministerio de Defensa, más nos sorprenderá lo que, además, el Ministerio de Defensa consigna en sus cuentas como “cooperación al desarrollo”.  Efectivamente, si revisamos el documento “Seguimiento del PACI 2010”, que recoge el monto total de AOD que las diversas administraciones españolas canalizan, podemos sorprendernos de afirmaciones como que en 2010 Defensa excedió los desembolsos programados inicialmente (en concreto los superó en un 226%) para destinar a AOD de sus presupuestos la cantidad de 25,6 mill. €, cifra por cierto inferior a los 43,7 que destinó en 2009.

Tenemos que alertar al lector que, por cierto, estos rubros no salen de los programas previstos en los presupuestos generales del Estado, o al menos no de forma transparente, sino del abusivo mecanismo de Defensa de otorgarse créditos extrapresupuestarios o con cargo al fondo de contingencia.

¿Dónde han ido estos dineros? En su totalidad a la llamada “AOD bilateral” y, por países, el 57,14% a Afganistán (donde mantener las CIMIC cuesta unos 60.000 € diarios durante el tiempo en que se han desarrollado), a Líbano el 35,7%, a Haití el 4,15, a Bosnia-Herzegovina el 1,7, a Mauritania el 0,26%, a Colombia el 0´5% y a Perú el 0,25. Si miramos para qué, nos sorprendería ver la distancia entre la idea de AOD y el uso para infraestructuras y objetivos militares a que se ha destinado esta ayuda.

Juzguen ustedes si están de acuerdo con militarizar, también, la cooperación al desarrollo.


¿En las 10 empresas más importantes del mundo no hay ninguna militar?

8 de diciembre de 2012

Aero + L-39 Albatros + + +% 28Breitling Jet + Equipo 29%

Fuente.

Nos ha causado mucha extrañeza la noticia de que las 10 empresas más peligrosas son:

  1. Chevron (por sus múltiples vertidos, por pagar a milicias para proteger sus intereses de manera muy violenta)
  2. De Veers (esta empresa no escatima en gastos, y financia, apoya y crea autenticas guerrillas y dictaduras del terror para poder seguir obteniendo mediante explotación de niños y adultos, la preciada piedra, los diamantes.  No dejemos de lado su nula responsabilidad ambiental, sus nulos derechos laborales, las vidas humanas, y sus campañas rancias y machistas).
  3. Phillip Morris (mayor fabricante de cigarros del mundo, contaminando la tierra con sus extensos monocultivos, las aguas y la atmósfera).
  4. Coca-cola (por sus malas prácticas ecológicas, su mal uso del agua, …)
  5. Pfizer (por el uso masivo de animales en sus experimentos, también por el uso de niños nigerianos como conejillos de indias)
  6. Mc Donalds (muy activa en deforestación de selvas, explotación laboral y muerte de millones de animales, el maltrato a los animales de los que saca sus productos, etc.)
  7. Nestlé (por la deforestación masiva de Borneo para cultivar aceite de palma, Nestlé realizó esfuerzos mundiales para instar a las madres de países del tercer mundo a utilizar su sustituto de leche para lactantes en lugar de la lactancia materna, sin advertirles de los posibles efectos negativos)
  8. British Petroleum (entre enero de 1997 y marzo de 1998, BP fue responsable de una friolera de 104 derrames de petróleo, …)
  9. Monsanto (creadores y fomentadores de los alimentos genéticamente modificados, hormonas de crecimiento bovino y el envenenamiento por agrotóxicos. La lista de Monsanto incluye la creación de la semilla “exterminadora” , que crea plantas que nunca dan semillas para que los agricultores deban comprar cada año, …)
  10. La minera brasileña Vale (que está destruyendo la amazonía brasileña, …

Es estudio añade que existen lamentablemente muchas otras corporaciones que deberían estar presente en esta lista, algunas como Samsung, Tepco, Barklays, Microsoft, Intel, Sony…, etc.

Realmente estamos de acuerdo en todas y cada una de las apreciaciones que hacen, pero nos parece extraño que no se incluya ninguna empresa de la industria militar en este listado.  ¿Qué ocurre, que son ecológicamente limpias, son socialmente éticas y responsables, no contaminan a la naturaleza, no son, por definición, nocivas para el medio ambiente y las sociedades humanas, no generan las industrias de armas violencia directa, estructural y cultural, no provocan guerras y matanzas sus “productos”?

Nos parece necesario que el ecologismo incluya en sus análisis la cuestión militar y que dejemos de ser mundos separados.

¿Merecería la pena incluir a Lockheed Martin, 1ª fabricante de armas mundia, a la británica BAE Systems (2ª), a Boeing, Northrop Grumman, General Dynamics y Raytheon, EADS (7ª mundial), la italiana Finnemeccanica (8ª), L-3 (electrónica y servicios) estadounidense y 9ª y United Technologies (del sector aeronáutico y motores) y también yanki, que completa el top ten?   Entre todas facturaron 230.290 millones de dólares en 2010.


HUELGA GENERAL

14 de noviembre de 2012

Hoy no estamos en Interntet.

http://madrid.tomalaplaza.net/files/2012/10/14n.jpg

Estamos en la huelga general.

Al antimilitarismo le sobran razones para estar en huelga general.

Para hacer visible en la huelga general el papel nefasto del militarismo y de sus instrumentos en la agresión de los derechos de la sociedad y en el mantenimiento de un status quo injusto para la sociedad de aqui, para la causa de la solidaridad entre los pueblos, para la causa ecológica, para la causa pacifista, para la construcción de una alternativa global y basada en el paradigma noviolencia-cooperación.

Invitamos a quienes apuestan por todas estas causas a hacer hoy huelga general activa y convertir la jornada en una jornada de lucha y resistencia noviolentas.


¿De qué paz me estás hablando si le concedes el Nobel de la Paz a la Unión Europea?

1 de noviembre de 2012

Zen+Beach+Stones+at+Home

Muchos alucinamos cuando se le concedió el Nobel, recientemente, a Obama:  ¿qué había hecho por la paz este hombre, más que unas cuantas declaraciones retóricas?  Si repasamos el listado de los Nobel de la Paz, también alucinamos con nombres tan militaristas como Kissinger, Le Duc Tho, Anwar El Sadat, Menachem Begin, De Klerk, Arafat, Rabin, Peres o Carter.  ¿De qué tipo de paz nos están hablando cuando conceden estos premios?


A grandes rasgos hay tres grandes posicionamientos cuando se habla de paz:

  • el concepto oficial de la paz,
  • el concepto no oficial y no alternativo,
  • el concepto alternativo.

Queremos caracterizar cada una de estas posiciones en este artículo para invitar a la reflexión ciudadana sobre la naturaleza de un término tan polisémico, y a veces interesado, como paz.  ¿Es lo mismo lo que nos propone el PP o el PSOE cuando nos hablan de ella que lo que pueda decirnos un estudioso de los conflictos?, ¿Tienen algo que ver los anteriores con lo que pretenden los pacifistas antimilitaristas y noviolentos?


Es necesario que ahondemos en qué significa paz para no dejarnos engañar y para poder elegir cuál es el concepto que más nos convence.

1.-  El concepto oficial de paz.

Nos suelen hacer creer que hay paz cuando no hay guerra dentro de nuestras fronteras.  Poco importa entre los gobiernos que sus políticas estén generando violencia estructural mediante la promoción de relaciones internacionales injustas basadas en la existencia de países de primera, segunda y tercera.  Poco importa, también, que se estén esquilmando los recursos naturales de otros países sin dejar ningún beneficio económico social en ellos.  Poco importa también que se esté generando violencia cultural dentro del propio país obligándonos a interpretar las relaciones internacionales como un juego en el que lo único que cabe es la competición, o que se nos razone que si no lo hacemos nosotros, otros lo harán y sacarán los beneficios.  Poco importa, en suma que nosotros generemos los conflictos en el extranjero con nuestras políticas internacionales y económicas y que, además, seamos nosotros los que fabricamos y vendemos las armas que van a utilizar en esos lejanos conflictos.

El concepto oficial de paz es meramente negativo, paz como ausencia de guerra y mantenimiento del status quo.  El ejemplo máximo puede ser la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea por mantener la guerra alejada de sus fronteras.  Y efectivamente así ha sido. La U.E. ha promovido la paz interior, pero a costa de mantener  la guerra fuera con una constante fabricación de armas y una constante exportación de conflictos basados en la injusticia de que aquí llevemos un elevado nivel de vida porque imponemos condiciones de dependencia y penurias a los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Como nadie se ha dedicado seriamente a contar los muertos de las guerras, uno de los principales “efectos” de esta idea de paz armada, vamos a ofrecer algunas cifras de las que opinamos que están claramente tomadas a la baja:  desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial ha habido en el mundo al menos 47 conflictos armados con un total de más de 57 millones de muertos.  Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 hubo 59 conflictos y más de 14 millones de muertos.  Desde 1990 hasta 2010 ha habido 44 conflictos y más de 15 millones de muertos.  En total, son más de  86 millones de personas, 2 veces la población española, los que podrían decir que en el último siglo no ha habido paz.

Somos testigos, año tras año, de que los estados preparan su ejércitos, los entrenan, les dotan de armamentos cada vez más sofisticados y los lanzan a la guerra de manera continua.  ¿Existe esta programación?  No hay pruebas, pero parece que sí, porque la guerra es un negocio del que los estados militares y violentos (todos los actuales) se lucran.

Ningún estado, ninguna entidad oficial ha podido prevenir ningún conflicto armado.  Y hacemos esta afirmación tan tajante porque somos conscientes de que los estados preparan y financian la guerra como manera de obtener beneficios y de reactivar sus economías, véase, por ejemplo, el caso de Irak y la consiguiente reconstrucción del país por empresas de las que eran consejeros los principales halcones militaristas de EE.UU.

¿Qué iniciativas han surgido desde lo oficial para promocionar la paz en el último siglo?  Pocas, muy pocas.  Quizá merecería la pena hablar de la formación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU) con la que se pretendía dotarse de un organismo internacional de arbitraje de conflictos.  Hoy en día, sin embargo, la ONU es un organismo internacional que reproduce en su seno la injusticia y la violencia estructural que gobierna el mundo y, desde luego, sólo con muchísima ingenuidad o desinformación puede decirse que sea un actor y promotor real de la paz de verdad.

Otro intento ha sido la consolidación de la Cruz Roja Internacional como institución ideada para aplicar el humanismo en el trato de los prisioneros de guerra.  Es loable el empeño y se trata de mitigar algunas de las peores consecuencias de la guerra.  Por ello han sido múltiples veces galardonadas. Pero su labor no es precisamente la de promover la paz, sino la de atemperar sus nefastos efectos en la medida de lo posible.

Otro intento oficial ha sido el de crear un corpus importante de derecho internacional humanitario o de derecho de guerra.  ¿Para qué ha servido?  Para poco durante las guerras porque en ellas nadie lo respeta.  Luego ha servido para perseguir y juzgar a algunos de los peores tiranos o de los más violentos promotores de guerras del mundo.  Aunque los grandes, los verdaderamente grandes, están muy bien protegidos en sus despachos de presidentes de países.

Pensamos que no hay paz dentro de las políticas oficiales porque ellas sólo pretenden que el escenario internacional permanezca inamovible, a pesar de ser injusto.  Así, medidas como la limitaciones sucesivas de armamentos nucleares y convencionales no son más que meros retoques cosméticos que en nada cambian la realidad.


2.-  El concepto no oficial y no alternativo de paz.

Existen otras tentativas de paz que no provienen de lo oficial y sí de la sociedad civil, pero que participan en gran medida de la perspectiva oficial del concepto de paz. En el concepto no oficial y no alternativo de paz ha promovido iniciativas interesantes como:

  • La creación de múltiples oficinas, entidades universitarias, etc., dedicadas a comprender cuáles son las causas de la guerra para evitar su expansión.  Así han surgido visiones de estudios de conflictos (polemológicas), visiones que pretenden fomentar la resolución de conflictos de manera diferente, u otras visiones que han popularizado las resistencias civiles que ha habido en las distintas guerras.
  • Investigadores que han ideado y divulgado conceptos más profundos de la idea de paz, como son los de paz estructural, conflicto latente, e incluso, las ideas de defensa noviolentas, la idea de transarme.  Todos ellos son aportaciones interesantes.
  • Investigadores que han desarrollado el concepto de defensa no ofensiva o defensa defensiva, basada en la posesión de armamentos no ofensivos (cazas, portaaviones, etc.)

En nuestra opinión el balance de estos propósitos no es muy positivo y se han quedado en bellas ideas inocuas. Su mayor fallo estuvo y está en en que se busca la aplicabilidad en compañía de aquellos interlocutores que no están dispuestos a permitir que algo alternativo funcione:  las elites gobernantes y las generadoras de opinión.

En cierta medida, este enfoque condujo a un callejón sin salida, pues tal planteamiento, a la larga, acaba por vaciar de contenido transformador (y la paz lo es, esencialmente) a muchas de las iniciativas de defensa noviolentas y las convierten en propuestas posibilistas que sólo modulan con suavidad algunas de las asperezas del militarismo.  Quizá el máximo exponente sea el que encontramos en la propuesta francesa que pretende renunciar a la defensa noviolenta como alternativa a la militar y se contenta con que tenga carácter de:

  • recurso:  la defensa noviolenta se usa únicamente en el caso de que la defensa militar falle.
  • complemento:  la utilización de la defensa noviolenta es simultánea a la defensa militar pero con el matiz de que únicamente se un apéndice de ésta.
  • opción:  el mando militar opta, según lo requiera la agresión sufrida, por los medios civiles (se prefieren para defender espacios muy poblados como las ciudades) o los militares.

Como se ve, estas líneas de pensamiento, dado que no abandonan el paradigma de dominación-violencia que es característico de la política actual, poco pueden (aunque sería bienvenido) hacer para dotarnos de un mundo pacífico que resuelva sus conflictos sin violencia.


3.-  El concepto alternativo de paz.

Se pueden preguntar los lectores, como nos lo preguntamos nosotros, por qué no se ha dado ningún premio Nobel de la paz a los desertores de los ejércitos, a los objetores de conciencia al servicio militar, a las ongs antimilitaristas de todas partes del mundo, a quienes se han negado a pagar impuestos para la guerra, a los múltiples desobedientes a las guerras y a la violencia.

También se puede preguntar por qué son tan escasos los premios Nobel de la Paz a personas como Mouhammad Yunus (de Bangladesh) en 2006 o a Wangari Maathai (keniata) en 2004.  Cuando se lo concedieron no faltaron las críticas diciendo que qué tenía que ver su trabajo con la paz.  El primero promovía los microcréditos para promover las oportunidades económicas y sociales de los pobres. La segunda se dedicó a crear un lobby ecologista y promovió la plantación de 30 millones de árboles por todo el país para evitar la erosión del suelo.

Como se ve, ambos participan de un concepto de paz totalmente alternativo al oficial y que no sólo abandona el paradigma de dominación-violencia que rige la política, la economía y la cultura actuales, sino que ejercen sus actuaciones dentro de otro paradigma que podríamos denominar de cooperación-noviolencia.

¿Qué tienen que ver estos dos premios Nobel de la Paz con los oficiales?  Nada.  En absoluto.

Su aportación parte desde la sociedad civil y, por medios noviolentos, busca luchar contra la violencia estructural y cultural que provocan tantas muertes en el mundo.  Nos ofrecen, en definitiva un concepto de paz totalmente alternativo que ya no depende de los estados o los gobiernos sino que puede (y ha de) llevarse a cabo por las personas y las organizaciones de base y alternativas.

Éste es un concepto de paz que defiende lo que realmente interesa defender al ser humano:  la educación, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, la salud.  Busca acabar con el hambre y lograr los Objetivos del Milenio.  Se preocupa por mejorar la forma en que la gente vive en la sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales.

Su talante no es mantenedor del status quo, sino que promueve su transformación desde la idea de seguridad humana y entiende que no hay paz preparando la guerra, sino luchando contra la violencia cultural que justifica las guerras y contra la violencia estructural que propaga las desigualdades y las injusticias. Promover esta paz es promover la desmilitarización de la seguridad y promover la justicia social y enfrentar de manera noviolenta, en vez de amenazar con resolverlos de forma violenta o de eludirlos, los conflictos.

Por eso, la paz oficial no es sino la guerra para los que apuestan por una paz alternativa y por ello hablamos de distintas cosas cuando hablamos de paz.

Muchos alucinamos cuando se le concedió el Nobel, recientemente, a Obama:  ¿qué había hecho por la paz este hombre, más que unas cuantas declaraciones retóricas?  Si repasamos el listado de los Nobel de la Paz, también alucinamos con nombres tan militaristas como Kissinger, Le Duc Tho, Anwar El Sadat, Menachem Begin, De Klerk, Arafat, Rabin, Peres o Carter.  ¿De qué tipo de paz nos están hablando cuando conceden estos premios?

A grandes rasgos hay tres grandes posicionamientos cuando se habla de paz:

  • el concepto oficial de la paz,
  • el concepto no oficial y no alternativo,
  • el concepto alternativo.

Queremos caracterizar cada una de estas posiciones en este artículo para invitar a la reflexión ciudadana sobre la naturaleza de un término tan polisémico, y a veces interesado, como paz.  ¿Es lo mismo lo que nos propone el PP o el PSOE cuando nos hablan de ella que lo que pueda decirnos un estudioso de los conflictos?, ¿Tienen algo que ver los anteriores con lo que pretenden los pacifistas antimilitaristas y noviolentos?


Es necesario que ahondemos en qué significa paz para no dejarnos engañar y para poder elegir cuál es el concepto que más nos convence.

1.-  El concepto oficial de paz.

Nos suelen hacer creer que hay paz cuando no hay guerra dentro de nuestras fronteras.  Poco importa entre los gobiernos que sus políticas estén generando violencia estructural mediante la promoción de relaciones internacionales injustas basadas en la existencia de países de primera, segunda y tercera.  Poco importa, también, que se estén esquilmando los recursos naturales de otros países sin dejar ningún beneficio económico social en ellos.  Poco importa también que se esté generando violencia cultural dentro del propio país obligándonos a interpretar las relaciones internacionales como un juego en el que lo único que cabe es la competición, o que se nos razone que si no lo hacemos nosotros, otros lo harán y sacarán los beneficios.  Poco importa, en suma que nosotros generemos los conflictos en el extranjero con nuestras políticas internacionales y económicas y que, además, seamos nosotros los que fabricamos y vendemos las armas que van a utilizar en esos lejanos conflictos.

El concepto oficial de paz es meramente negativo, paz como ausencia de guerra y mantenimiento del status quo.  El ejemplo máximo puede ser la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea por mantener la guerra alejada de sus fronteras.  Y efectivamente así ha sido. La U.E. ha promovido la paz interior, pero a costa de mantener  la guerra fuera con una constante fabricación de armas y una constante exportación de conflictos basados en la injusticia de que aquí llevemos un elevado nivel de vida porque imponemos condiciones de dependencia y penurias a los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Como nadie se ha dedicado seriamente a contar los muertos de las guerras, uno de los principales “efectos” de esta idea de paz armada, vamos a ofrecer algunas cifras de las que opinamos que están claramente tomadas a la baja:  desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial ha habido en el mundo al menos 47 conflictos armados con un total de más de 57 millones de muertos.  Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 hubo 59 conflictos y más de 14 millones de muertos.  Desde 1990 hasta 2010 ha habido 44 conflictos y más de 15 millones de muertos.  En total, son más de  86 millones de personas, 2 veces la población española, los que podrían decir que en el último siglo no ha habido paz.

Somos testigos, año tras año, de que los estados preparan su ejércitos, los entrenan, les dotan de armamentos cada vez más sofisticados y los lanzan a la guerra de manera continua.  ¿Existe esta programación?  No hay pruebas, pero parece que sí, porque la guerra es un negocio del que los estados militares y violentos (todos los actuales) se lucran.

Ningún estado, ninguna entidad oficial ha podido prevenir ningún conflicto armado.  Y hacemos esta afirmación tan tajante porque somos conscientes de que los estados preparan y financian la guerra como manera de obtener beneficios y de reactivar sus economías, véase, por ejemplo, el caso de Irak y la consiguiente reconstrucción del país por empresas de las que eran consejeros los principales halcones militaristas de EE.UU.

¿Qué iniciativas han surgido desde lo oficial para promocionar la paz en el último siglo?  Pocas, muy pocas.  Quizá merecería la pena hablar de la formación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU) con la que se pretendía dotarse de un organismo internacional de arbitraje de conflictos.  Hoy en día, sin embargo, la ONU es un organismo internacional que reproduce en su seno la injusticia y la violencia estructural que gobierna el mundo y, desde luego, sólo con muchísima ingenuidad o desinformación puede decirse que sea un actor y promotor real de la paz de verdad.

Otro intento ha sido la consolidación de la Cruz Roja Internacional como institución ideada para aplicar el humanismo en el trato de los prisioneros de guerra.  Es loable el empeño y se trata de mitigar algunas de las peores consecuencias de la guerra.  Por ello han sido múltiples veces galardonadas. Pero su labor no es precisamente la de promover la paz, sino la de atemperar sus nefastos efectos en la medida de lo posible.

Otro intento oficial ha sido el de crear un corpus importante de derecho internacional humanitario o de derecho de guerra.  ¿Para qué ha servido?  Para poco durante las guerras porque en ellas nadie lo respeta.  Luego ha servido para perseguir y juzgar a algunos de los peores tiranos o de los más violentos promotores de guerras del mundo.  Aunque los grandes, los verdaderamente grandes, están muy bien protegidos en sus despachos de presidentes de países.

Pensamos que no hay paz dentro de las políticas oficiales porque ellas sólo pretenden que el escenario internacional permanezca inamovible, a pesar de ser injusto.  Así, medidas como la limitaciones sucesivas de armamentos nucleares y convencionales no son más que meros retoques cosméticos que en nada cambian la realidad.

2.-  El concepto no oficial y no alternativo de paz.

Existen otras tentativas de paz que no provienen de lo oficial y sí de la sociedad civil, pero que participan en gran medida de la perspectiva oficial del concepto de paz. En el concepto no oficial y no alternativo de paz ha promovido iniciativas interesantes como:

  •  La creación de múltiples oficinas, entidades universitarias, etc., dedicadas a comprender cuáles son las causas de la guerra para evitar su expansión.  Así han surgido visiones de estudios de conflictos (polemológicas), visiones que pretenden fomentar la resolución de conflictos de manera diferente, u otras visiones que han popularizado las resistencias civiles que ha habido en las distintas guerras.
  • Investigadores que han ideado y divulgado conceptos más profundos de la idea de paz, como son los de paz estructural, conflicto latente, e incluso, las ideas de defensa noviolentas, la idea de transarme.  Todos ellos son aportaciones interesantes.
  • Investigadores que han desarrollado el concepto de defensa no ofensiva o defensa defensiva, basada en la posesión de armamentos no ofensivos (cazas, portaaviones, etc.)

En nuestra opinión el balance de estos propósitos no es muy positivo y se han quedado en bellas ideas inocuas. Su mayor fallo estuvo y está en en que se busca la aplicabilidad en compañía de aquellos interlocutores que no están dispuestos a permitir que algo alternativo funcione:  las elites gobernantes y las generadoras de opinión.

En cierta medida, este enfoque condujo a un callejón sin salida, pues tal planteamiento, a la larga, acaba por vaciar de contenido transformador (y la paz lo es, esencialmente) a muchas de las iniciativas de defensa noviolentas y las convierten en propuestas posibilistas que sólo modulan con suavidad algunas de las asperezas del militarismo.  Quizá el máximo exponente sea el que encontramos en la propuesta francesa que pretende renunciar a la defensa noviolenta como alternativa a la militar y se contenta con que tenga carácter de:

recurso:  la defensa noviolenta se usa únicamente en el caso de que la defensa militar falle.

  • complemento:  la utilización de la defensa noviolenta es simultánea a la defensa militar pero con el matiz de que únicamente se un apéndice de ésta.
  • opción:  el mando militar opta, según lo requiera la agresión sufrida, por los medios civiles (se prefieren para defender espacios muy poblados como las ciudades) o los militares.

Como se ve, estas líneas de pensamiento, dado que no abandonan el paradigma de dominación-violencia que es característico de la política actual, poco pueden (aunque sería bienvenido) hacer para dotarnos de un mundo pacífico que resuelva sus conflictos sin violencia.


3.-  El concepto alternativo de paz.

Se pueden preguntar los lectores, como nos lo preguntamos nosotros, por qué no se ha dado ningún premio Nobel de la paz a los desertores de los ejércitos, a los objetores de conciencia al servicio militar, a las ongs antimilitaristas de todas partes del mundo, a quienes se han negado a pagar impuestos para la guerra, a los múltiples desobedientes a las guerras y a la violencia.

También se puede preguntar por qué son tan escasos los premios Nobel de la Paz a personas como Mouhammad Yunus (de Bangladesh) en 2006 o a Wangari Maathai (keniata) en 2004.  Cuando se lo concedieron no faltaron las críticas diciendo que qué tenía que ver su trabajo con la paz.  El primero promovía los microcréditos para promover las oportunidades económicas y sociales de los pobres. La segunda se dedicó a crear un lobby ecologista y promovió la plantación de 30 millones de árboles por todo el país para evitar la erosión del suelo.

Como se ve, ambos participan de un concepto de paz totalmente alternativo al oficial y que no sólo abandona el paradigma de dominación-violencia que rige la política, la economía y la cultura actuales, sino que ejercen sus actuaciones dentro de otro paradigma que podríamos denominar de cooperación-noviolencia.

¿Qué tienen que ver estos dos premios Nobel de la Paz con los oficiales?  Nada.  En absoluto.

Su aportación parte desde la sociedad civil y, por medios noviolentos, busca luchar contra la violencia estructural y cultural que provocan tantas muertes en el mundo.  Nos ofrecen, en definitiva un concepto de paz totalmente alternativo que ya no depende de los estados o los gobiernos sino que puede (y ha de) llevarse a cabo por las personas y las organizaciones de base y alternativas.

Éste es un concepto de paz que defiende lo que realmente interesa defender al ser humano:  la educación, la vivienda, el medio ambiente, el trabajo, la salud.  Busca acabar con el hambre y lograr los Objetivos del Milenio.  Se preocupa por mejorar la forma en que la gente vive en la sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales.

Su talante no es mantenedor del status quo, sino que promueve su transformación desde la idea de seguridad humana y entiende que no hay paz preparando la guerra, sino luchando contra la violencia cultural que justifica las guerras y contra la violencia estructural que propaga las desigualdades y las injusticias. Promover esta paz es promover la desmilitarización de la seguridad y promover la justicia social y enfrentar de manera noviolenta, en vez de amenazar con resolverlos de forma violenta o de eludirlos, los conflictos.

Por eso, la paz oficial no es sino la guerra para los que apuestan por una paz alternativa y por ello hablamos de distintas cosas cuando hablamos de paz.


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