Os presentamos una iniciativa de sumo interés para difundir la denuncia del militarismo y de la utilización de niños como soldados.
El grupo teatral ” Almaradas” nos ha pedido la colaboración en la difusión de su propuesta de micro-financiación del proyecto para poderlo representar por todo el estado.
Puedes obtener más datos en la página de crowffunding de Verkami, donde además puedes apoyar este proyecto si lo consideras interesante
Os trascribimos a continuación el proyecto en sí:
PRESENTACIÓN DEL PROYECTO
A Elikia la secuestraron cuando tenía 10 años para convertirla en niña soldado y esclava sexual. Joseph tiene sólo ocho años cuando es conducido a patadas al campamento de Elikia, igual de indefenso, igual de inocente. Elikia y Joseph son los protagonistas de “El Ruido de los Huesos que Crujen” (“Le Bruit des Os qui Craquent”), un viaje salvaje y esperanzado hacia la libertad y la dignidad en nombre de todos los niños. “¿Sabes? Elikia quiere decir Esperanza.” Y llevamos esta obra a escena para que esos niños olvidados tengan rostro, voz, futuro.
Os recomendamos muy encarecidamente que veáis (y con mucha atención) el siguiente vídeo.
Ciertamente es una hora y cuarto, pero merece muchísimo la pena.
Nosotros hemos entendido que algunas cosas dentro de este esquema de pensamiento encajan perfectamente, por ejemplo, siempre nos había llamado la atención una realidad que reconocemos existente pero que no llegábamos a entender del todo: está claro que todos los servicios públicos se están poniendo en manos privadas. Pensábamos (también lo defiende en el vídeo Milton Friedman) que esto no sería llevado a cabo para los servicios de defensa. No entendíamos que el Estado quisiera desprenderse del control de aquello que, precisamente, les da el control absoluto. Sin embargo, tras oír las declaraciones en el vídeo de Runsfeld (anterior secretario de defensa norteamericano) hemos entendido que da igual. Que cuando los que quieren privatizarlo todo llegan al poder, lo privatizan. Y se quedan tan anchos porque, en el fondo, luego va a quedar el control en sus manos, sus manos privadas, en sus propias empresas privadas (véase concretamente, Blackwater).
También nos ha gustado el vídeo porque relaciona varios sucesos históricos (inicio de la dictadura chilena de Pinochet, inicio de la dictadura argentina de Videla, intervención armada de la Gran Bretaña de Thatcher en las Malvinas, guerra contra el terrorismo, etc.) con la idea económica de la ideología ultraliberal o neoconservadora de Milton Friedman y sus “Chicago boys”.
También nos ha gustado porque nos va recordando, una y otra vez, que las propuestas neoliberales nunca han funcionado para los países a los que se les ha obligado a adoptarlas (sin embargo, sí ha sido muy lucrativa para aquellos países, Estados Unidos sobre todo, que nunca las han adoptado, pero las preconizan para los demás).
Por último, lo aconsejamos porque el miedo, la idea de inevitabiliad de las reformas contra la gente común, el proteccionismo de los ricos, la liberalización de servicios públicos a ultranza, etc., de otras épocas las estamos viviendo en primera persona en esta. Todo parece un plan, todo parece una lucha a largo plazo que busca, sin ningún disimulo, que los ricos sean más ricos (aunque ello convierta en más pobres a los pobres).
Esperamos vuestros comentarios. Que os guste y os sea útil para reflexionar en estos días previos al primer aniversario del 15 M.
Por nuestra parte, volvemos a remarcar la importancia medular y central que tienen el militarismo, la guerra, los ejércitos y la violencia en todas esta políticas.
Por lo mismo, pensamos que nuestra lucha a favor de un modelo de defensa noviolento y participativo en el que la sociedad pueda decidir qué y cómo quiere defender es crucial para las propuestas alternativas.
Mucho ánimo en nuestras luchas comunes porque es muy importante que, una y otra vez, retomemos fuerzas desde la concienciación.
Con motivo de una exposición que se celebrará en Nueva York: Hiroshima: Zona Cero 1945, nos enteramos de algo que, no sabemos por qué, no nos extraña ni un pelo: ”Tras lanzar sobre Hiroshima la primera bomba atómica que se utilizó en un conflicto armado, el Gobierno estadounidense impuso una estricta censura fotográfica sobre la ciudad. Tras una explosión que aniquiló en el acto a más de 140.000 seres humanos y destruyó el 70% de las estructuras físicas de la ciudad, Estados Unidos tuvo muy claro que cuanto menos viera el mundo de aquello, mucho mejor. “No se tiene que imprimir nada que altere directa o indirectamente la tranquilidad del público”.
En resumen, las élites militaristas y violentas de Estados Unidos nos defendieron de nuestros propios pensamientos si llegáramos a conocer la indigna realidad que los habitantes de entonces estaban pagando con sus impuesto, con la sangre y vida de sus hijos y con la destrucción del medio ambiente: la guerra.
Nos defendieron de la visión de la guerra, que no de la guerra. Nos defendieron de que pensásemos mal de la guerra y de ellos, que no de la guerra y de ellos.
Nos ocultaron las imágenes para que no pensásemos, para que no analizásemos, para que no pudiésemos criticar, para que no pudiésemos declararnos insumisos, desobedientes, nocolaboradores con la guerra.
Pero eso era antes, y lejos. Aquí, afortunadamente, no pasa nada de eso. Nosotros no colaboramos con nuestra posición mundial y nuestro modelo de sociedad a la guerras lejanas, ni nuestro modelo es explotador ni impone a otros condiciones de vida injustas, ni vendemos armas a nadie para que haga la guerra, ni tenemos tropas acantonadas en ningún conflicto internacional, ni contribuimos al mantenimiento de la OTAN ni a su papel de parte en varios conflictos mundiales, ni pagamos impuestos para tener una maquinaria de guerra inmensa, ni para mantener unos ejércitos “creíbles”, ni detraemos recursos que se pueden usar para construir una sociedad mas justa (o para pagar prestaciones sociales básicas a los damnificados de la crisis provocada por los ricos y los políticos) para sosteer un gasto miltar obsceno.
Eso pasaba antes. Ahora, sencillamente, ya no necesitan que pase porque han covertido la gran mentira de la guerra en una verdad asumida por todos cmo una verdad propia y ni siquiera escandalizaría ver en qué cosiste la gueral.
Por eso todos los partidos políticos, tanto los parlamentarios como los que quieren surgir ahora al amparo del lío que hay, asumen el militarismo y los ejércitos en sus programas y se asustan del mensaje antimilitarista.
Queremos mostrar otro punto de vista de las guerras. Ahora con imágenes que tal vez por sí solas desmienten muchas de las posiciones estéticas de quienes acusan a los pacifistas de ilusos. La guerra es una realidad. Lo es de muerte y destrucción. Penosamente, nosotros colaboramos con ella permitiendo el comercio de armas, los ejércitos y los gobiernos militaristas.
La guerra es un negocio. Hemos de saber que el Pentágono gasta 1.000 millones de dólares al año en publicidad de la guerra y de su ejército. Si se gasta tanto en vender la guerra es porque se obtienen muchos más beneficios.
Hemos de saber que los periodistas embutidos en la unidades castrenses sólo muestran una parte de la realidad porque si fuesen críticos perderían sus privilegios para cubrir la guerra. Hemos de saber que la falta de crítica de los medios deriva en nuestra desinformación total y en la imposibilidad de tener juicios certeros sobre la situación. En principio la prensa debería controlar las actuaciones de los militares, pero ¿cómo lo pueden hacer si la prensa es previa y totalmente controlada por los militares? Los periodistas embutidos en la unidades militares no son independientes y sin esa independencia, su información es parcial.
¿Qué le ocurre a la gente común, a la población, en las guerras? ¿Qué les ocurre en esas guerras que tienen como misión oficial “protegerles”? Mueren, son heridos, quedan viudas, huérfanos, pasan hambre, pierden el trabajo, la casa, la sanidad, … Esta realidad existe y hemos de ser conscientes de ella cuando, alegremente, apoyamos las intervenciones de nuestros ejército en guerras.
La autocrítica que se hacen los propios periodistas a su actitud colaborando con la manipulación informativa nos hace albergar esperanzas de que la información sobre las guerras cambie y sea más objetiva. Por ello recomendamos ver la película “La guerra que usted no ve” de John Pilger. Los propios periodistas reflexionan que si hubiesen hecho bien su trabajo, no se habría ido a la guerra.
En los vídeos posteriores se narra una verdadera resistencia popular a una agresión estructural por parte del Banco Mundial, el gobierno de Bolivia y la empresa Bechtel. Efectivamente, en el año 2000 el gobierno boliviano, siguiendo los consejos del Banco Mundial, privatizó el agua en Cochabamba (incluso, la que caía del cielo). Esto provocó la rebelión popular hasta que el agua se volvió a hacer pública.
Estos vídeos son unos ejemplos clarísimos de violencia estructural y de la implicación de las empresas en dicha violencia.
Resulta estremecedor darse cuenta de que cuando una guerra acaba, aún no ha llegado a su fin. Sigue el sufrimiento, la incertidumbre. Siguen las injusticias y las faltas de respeto a los derechos humanos.
Cuando “todo el mundo vibraba expectante ante la final del campeonato del mundo”, en un lugar, Sbrenica, de la antigua Yugoslavia se reunía la gente con otros sentimientos muy distintos a flor de piel.
Hernán Zin y Gervasio Sánchez nos lo cuentan con sencillez con unas imágenes de fondo que con toda naturalidad y sin falsos llantos llaman mucho la atención. El vídeo sólo dura 4’38, os lo recomendamos porque nos ha hecho reflexionar sobre las consecuencias de la guerra.
Desde el día 11 al 20 de junio tiene lugar en el círculo de Bellas Artes de Madrid, en su Sala Ramón Gómez de la Serna, la exposición rompiendo el silencio: soldados israelíes hablan, que denuncia la actuación del ejército israelí hacia los palestinos y las consecuencias del brutal militarismo que se vive allí.
Recomendamos que se vea la colección de fotografías sobre los refugios nucleares en Suiza.
La noticia es bien breve: sigue en vigor la norma que impone que todo edificio nuevo deba construir un refugio nuclear. Esto es así desde los años 60 en los cuales ya se hacían campañas para que la población entendiese la necesidad de protegerse contra lo nuclear.
La valoración que podemos hacer es muy triste. Un estado y una sociedad ricas, cultas y desarrolladas como lo es Suiza gasta su dinero en refugios nucleares, pero su cinismo y asunción de la actual realidad militarista y violenta no les lleva a luchar contra la causa del problema, las armas nucleares. No lo hacen a nivel interno pues sólo promueven que su población se proteja ante la radiación y no con campañas pedagógicas de no uso de la energía nuclear para fines militares. Tampoco, en consecuencia, lo hacen a nivel exterior pues poco se oye la voz de Suiza contra las armas nucleares en los diversos foros internacionales.
Los suizos son neutrales en cualquier guerra y por ello se les considera bien. Sin embargo, nos enseñan una lección en la que no quedan tan bien: ellos sólo buscan su protección egoísta, no acabar con las causas de la guerra. ¿Se les puede considerar, por tanto, una concausa de la guerra?
- "La otra historia de los Estados Unidos" de Howard Zinn, editado por la editorial Argitaletxe Hiru SL
- "Muhammad Yunus. El banquero de los pobres. Los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo". Bolsillo Paidós. 2008.