
©Ministerio de Defensa de España
Fuente: Página de propaganda del Ministerio de Defensa español.
Presidida por el Rey y con el acompañamiento de su hijo, se ha reunido el día 15 de diciembre de 2008 El Consejo de Defensa Nacional para que la Ministra Carmen de la Defensa presente formalmente la Directiva de Defensa Nacional, documento principal de la planeación de la defensa, y donde se definen los riesgos, amenazas, enemigos y estrategias de acción de la defensa “española”.
A la reunión, entre otros comensales, han acudido ZP, el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes; la anfitriona, el Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; el Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos; el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, general José Julio Rodríguez; el Jefe del Estado Mayor del Ejército, general Fulgencio Coll; el Jefe del Estado Mayor de la Armada, almirante Manuel Rebollo; el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, general José Jiménez; el Secretario de Estado Director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Alberto Saiz; el Director de Gabinete de la Presidencia del Gobierno, José Enrique Serrano; y, como secretario, el Secretario General de Política de Defensa, Luis Cuesta.
Además de celebrar esta entrañable costumbre de reunir por fechas navideñas a la familia, el evento ha servido como excusa para darle un cierto barniz de pluralidad y consulta al tema de la directiva, un instrumento que aunque es el más importante en el planeamiento de la defensa y la seguridad, se sigue haciendo en secreto desde algún despacho de expertos (militares por supuesto) y sustraido al debate social y a la decisión y control parlamentario.
Lo cierto es que la directiva no es elaborada desde la pluralidad, sino en secreto y aprobada por el Presidente de Gobienro que es el que la firma. Se trata de un documento que no pasa para su aprobación por el parlamento (hasta la anterior legislatura ni siquiera era publicada en ningún boletín oficial por su carácter “secreto”) y que las preguntas sobre qué hay que defender, quién debe hacerlo, cómo debe efectuarse la defensa y otros pequeños detalles que se nos ocurre que deberían, precisamente por su seriedad, ser objeto de transparencia, debate social y decisión democrática, ni siquiera se llevan al parlamento o a su comisión de defensa para su discusión.
Este año la directiva, en una especie de carrera vertiginosa por señalar obviedades y por repetir la doctrina de la OTAN (más o menos la directiva dice lo que la OTAN dice en su documento análogo), señala que hay que pasar de la idea de defensa a la de seguridad (osea, en román paladín, que hay que expandir el militarismo a las otras dimensiones de la seguridad donde antes lo militar no jugaba) y que se debe buscar la implicación de todos los ministerios (la defensa debe tener una visión conjunta e interministerial, dice la directiva) para conseguir una defensa eficaz (osea que ahora todos los ministerios deben coordinarse militarmente hablando).
El resto de los objetivos de la directiva son los de siempre:
1) más dinero para modernizar el material (las armas y demás) y para pagar mejor a los militares, porque siempre sucede que las armas son antiguas y se les paga poco, a pesar de que cada dos por tres estamos modernizando y pagando más.
2) Mejorar la eficacia de proyección (osea que podamos poner en cualquier parte del globo militares para invadir en el menor tiempo posible y para durar todo lo que haga falta, que es en realidad lo que quiere decir eso de la proyeccción)
3) Ahora estará justificado mandar fuera todos los soldados que haga falta, sin límite, como cuando Aznar.
4) Mejor coordinación (podríamos decirlo también supeditación) a la OTAN y nuestros aliados (osea, Estados Unidos, que es el aliado que decide la coordinación de los demás aliados).
5) Que el pueblo tenga cultura de la defensa (entendida ésta como que asumamos y paguemos sin preguntar la modernización, las misiones militares, los desfiles y demás).
En suma una Directiva secretista, antidemocrática, elitista y paternalista que pretende justificar el uso político del ejército como ariete de la política por otros medios y al servicio de intereses que no siempre son dignos de respeto ni de admiración.