¿La cenicienta o la madrastra del presupuesto?

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Fuente: Ateneadigital

Van apareciendo las curiosas reacciones del militarismo a los gastos de defensa.

En el análisis de ateneadigital se señala que los gastos de defensa son la cenicienta del presupuesto y que cada vez se alejan más del ideal de gastar anualmente al menos diez mil millones de euros para mantener la “operatividad” de las fuerzas armadas.

Ello nos merece varios comentarios:

Primero, el cinismo y la manipulación del partido tácito militar al respecto: Los gastos militares españoles no son los que refleja el presupuesto del ministerio de defensa y ellos lo saben y lo ocultan.

Como hemos destacado en otras ocasiones el gasto militar español supera en dos y hasta tres veces el presupuesto del Ministerio de Defensa y se encuentra oculto en partidas de otros ministerios y capítulos de los Presupuestos Generales del Estado.

Podríamos usar diferentes criterios para consignar qué se entiende por gasto militar y, por ello, que otras partidas fuera del presupuesto de defensa lo componen, pero sólo siguiendo el criterio de la OTAN sobre las partidas del gasto militar nos encontramos con que lo presupuestado para gasto militar este año supone más de 15.000 millones de euros (frente a los 6.316,45 millones de euros del presupuesto del ministerio de defensa). Pero, más aún, si al criterio OTAN le sumamos otras partidas como lo que diversos ministerios consignan como partidas susceptibles de uso militar, las transferencias a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos que tienen que ver con los ejércitos, lo que consignan como ayuda ecológica pero se destina a bases militares, las partidas que van en la AECID pero sirven, por ejemplo, para construir hospitales de uso militar u otras cosas que se hacen en apoyo de injerencia humanitaria, el presupuesto subiría. Y más aún si consignamos los gastos que se destinan a lo que se ha venido conociendo como “control social” de la población, como pueden ser policías, material antidisturbios, frontex, cárceles, etc. Si a ello sumamos la amortización de créditos militares (36.000 millones que se deben a la industria militar) y el porcentaje que le corresponde de la deuda pública (dinero que ha tenido que comprar el Estado para pagar la deuda que tiene), la cantidad no sólo es grande, sino escandalosa.

Segundo: El ocultismo y la opacidad del gasto militar. Se sigue, desde los medios militares, disfrazando el gasto militar en partidas dispersas y ocultan que dificultan saber la magnitud real del mismo.

Puedes consultar la distribución de los gastos militares de España en el presupuesto de 2012.

Pero, además, es que el gasto presupuestado es siempre inferior al gasto ejecutado: Es decir, se gasta más de loq ue se presupuesta y se acude para ello a los llamados fondos de contingencia y créditos extraordinarios con los que se sufragan intervenciones en el exterior (por ejemplo, operación Atalanta o invasión de Libia, que no tenían presupuesto asignado y se llevaron más de 500 millones de euros el año pasado; operación en Líbano o en Afganistán, que superaron en más de 4 veces lo presupuestado, etc).

Tercero. El mito de la operatividad, coartada de un gasto desmesurado.  Se dice que el ejército con sus presupuestos no está en situación de operatividad y ello exige una corrección al alza del presupuesto militar.

Si esta falta de operatividad fuera cierta, si además fuera cierta desde hace más de diez años como nos vienen diciendo estos apologetas del desastre, y si además fueran ciertas las hipótesis militaristas que predican que nos van a invadir y que un ejército se justifica como el único instrumento de disuasión para que el enemigo ni lo intente, a estas alturas estaríamos ya sometidos a otra potencia militar.

O una de dos, o la operatividad no se ha resentido (principalmente porque el gasto militar es desmesurado e incuso nos permite impulsar la marca España como el sexto exportador de armas del mundo y participar en invasiones variopintas con los ejércitos españoles), o el mito del enemigo se cae por su poco peso y da lo mismo que el ejército tenga mucho o poco presupuesto porque ningún enemigo quiere invadirnos.

Cuarto, ¿ la cenicienta del presupuesto? Mucho nos tememos que la cenicienta del presupuesto son los gastos vinculados a las necesidades sociales de la población y al avance en derechos y en libertades, supuestamente los pilares que justifican el Estado y la Constitución.

Si comparamos gasto militar social  de España, veremos una curiosa diferencia en la comparación que deja muy mal al gasto militar.

El gasto militar, probablemente, también forma parte del cuento de la cenicienta. Su actitud, en concreto, es la de la madrastra y sus palmeros parecen más bien, las hijas de aquella.

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