Fuente: El Economista.es
El ex-vendedor de armas Pedro Morenés, hoy ministro de defensa de uno de los países con los que hacía negocio antaño, ha afirmado que España, en contra de lo anunciado meses antes por el gobierno de ZP, no se irá de Afganistán con sus tropas a otra parte.
Allí hace bueno, dicho sea en términos militares, y aunque cuesta una pasta, es ideal para la salud de la tropa, que así se desbrava.
LA OTAN se ha aprestado a aclarar que ellos no han presionado para que esto pase, pero que valoran muy positivamente que España vaya a permancer ante la importante “temporada de combate” (menuda manera de llamar a la carnicería que tienen programada) que se avecina.
Da la impresión que esta reevaluación de “compromisos” del Ministerio de Defensa nace ya rancia y anuncia el predominio de los halcones en la política de defensa rajoniana.
Que el PP y el PSOE constituyen un grupo monolítico en materia de defensa y mantinen una férrea militarización de las políticas de seguridad bajo el artero argumento de la razón de Estado es algo a lo que estamos acostumbrados (que no resignados), pero que los restantes grupos, al parecer no conformes, no hagan mella en este argumentario salvo cuando el cálculo mediático permite réditos nos parece demencial.
En este caso, no hemos oído otras protestas de mas lustre que las del diputado Centella, portavoz de IU en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, quien ha puesto el énfasis no tanto en el pecado como en el pecador, al advertir que esta decisión se ha tomado en algún despacho de la OTAN.
Resta decir que ésta y tantas otras, desde toda la vida, se toman en algún despacho opaco y militarizado, unas veces de la OTAN y otras de aquí al lado, como la propia Directiva de Defensa Nacional, que ni siquiera es discutida para aprobarla en el Parlamento, o la trascendente generación de un agujero económico en inversión armanentista de 36.000 millones de euros que lastra nuestra economía, que tampoco ha merecido la protesta parlamentaria, o que las políticas de adquisición de armas se dediquen a la compra de equipos únicamente aptos para invasiones (cuando se supone que nuestro ejército y nuestra política no quiere dedicarse a esto), o la militarización sutil de la cultura.
Sería deseable por ello que la izquierda plural, tanto la agrupada en torno a IU como la que esta fuera de allí, diera la talla y planteara y reivindicara una alternativa global a la política de defensa, basada en la desmilitarización de a defensa y en la gradual reducción de los aparatos e instrumentos del militarismo y que para ello reivindicara en esta legislatura, por ejemplo, tanto la democratización de la toma de decisiones en esta materia, la reducción de todos los gastos militares y de los efectivos militares, así como la eficacia del control político a una política que hoy por hoy está sustraída a las más elementales reglas de transparencia, pluralismo y control.
Escrito por utopiacontagiosa 