Niños policía: un efecto de la guerra

26 de abril de 2011

Militar+exhibition.+Bournemouth+%28England%29Fuente:   ABC

Niños que no levantan tres palmos del suelo, armados con un pito y vestidos de uniforme, dirigen el tráfico como nuevos policías en Bengasi, capital de la “Libia liberada”. Trabajan unas ocho horas diarias.

Podríamos preguntarnos qué liberación es esa que convierte a los niños en policías. ¿Es esa la sociedad civil que aglutina las esperanzas de democracia del orbe occidental? No lo creemos.

¿Qué van a aprender de utilidad esos niños de diez años de su práctica policial? ¿No deberían estar en la escuela, o protegidos de la desgracia de la guerra de alguna manera? ¿Que expectativa tiene un pueblo que hace soldados o policías a sus niños, que les obliga a trabajar 8 horas?

Los niños, según todos los tratados internacionales (incluídos los de la ONU) no deben ser mi policías ni soldados.  Mala cosa que quienes se supone que se levantan contra la tiranía y por los derechos humanos los pisoteen tan burdamente militarizando a los niños y construyendo no una nueva sociedad, sino un cuartel sin fin.


Otra voz contra la guerra y a favor de la noviolencia.

26 de abril de 2011

Fuente:  Público.

En esta ocasión, los periódicos de gran tirada han dejado expresarse a otra voz del pacifismo antimilitarista:  Pere Ortega.

Algo es algo.

Su artículo repasa algunos puntos interesantes:

  • Las intervenciones no han conseguido éxitos significativos (ni siquiera pequeños éxitos), véase Afganistán, Irak, Bosnia, Ruanda, …
  • Existe una violencia denominada estructural que es causante de muchos de los hechos que hacen estallar estos conflictos violentos.   “Los organismos internacionales que regulan las políticas económicas y comerciales transnacionales (OCDE, BM, FMI, UE) son señalados por múltiples analistas como una de las causas que originan conflictos”.
  • Elegir el camino de la violencia dificilmente lleva a otro lugar que a la propia violencia y al enquistamiento de los conflictos:  ”empuñar las armas para conseguir una reivindicación política es apostar por un final violento, y eso abre una espiral de difícil control y de final incierto donde puede haber represalias y matanzas en ambos lados”.
Muy bien.  Estamos de acuerdo con todo.  Sólo nos gustaría comentar (añadir) que hay otra violencia, la cultural, que también es corresponsable de las guerra, y también de la guerra civil Libia.  La violencia cultural está presente en el modelo educativo que tenemos basado en la competición sobre la cooperación, en la dominación sobre la ayuda, en la violencia sobre la noviolencia, en evitar y tapar los conflictos antes que intentar verlos como oportunidades de cambio y de creatividad.  La violencia cultural que nos han metido hasta el tuétano nos impide ver alternativas a la violencia y al militarismo como forma de enfrentarnos a los conflictos internacionales.  La violencia cultural nos hace ser indiferentes ante el sufrimiento de las tres cuartas partes de la humanidad, ante el despilfarro de la parte rica.  La violencia cultural nos hace ignorar nuestro egoísmo que hace posible la violencia estructural que ahoga a muchísimos países y personas en la pobreza más extrema.

La violencia cultural hace que se desprecien, sin leerlos, los argumentos pacifistas porque ya se nos tiene catalogados como utópicos y fuera de la realidad.  La violencia cultural hace que los medios de comunicación de masas desprecien nuestras opiniones y no nos concedan la oportunidad de verla impresa o en las ondas o en imágenes.  La violencia cultural les hace repetir una y otra vez, sin ningún atisbo de crítica, los razonamientos de la inevitabilidad de la violencia como manera de gestionar los conflictos internacionales.


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