
El sanguinario Millán Astray, uno de los generales golpistas que se levantaron contra la legalidad en España en 1936 y propiciaron la dictadura, se ha quedado, por fin, sin estatua en A Coruña (con lo que sospechamos que se ha quedado sin estatuas en todas partes). La excrecencia ha sido retirada el 21 de enero del parque donde se encontraba.
El sujeto era de armas tomar (nunca mejor dicho) y como no se trata de ocultar la historia, sino de dar memoria de ella, digamos algunas cosas que no deben ser olvidadas: Millán, frustrado porque su matrimonio “fraternal” no pasó de eso (su señora le informó la noche de bodas que se había consagrado al corazón de Jesús o a cualquier otra víscera del susodicho, lo que la obligaba a castidad eterna) fundó la Legión a imitación de la legión francesa (cuerpo en el que le sucedió como jefe el que luego sería dictador, Franco Bamonte, más tarde reconvertido a Franco Bahamonte cuando sus ínfulas nobilísticas le llevaron a esta variación del apellido), incitó al odio y al rencor más reaccionario, cometió crímenes contra la humanidad y luego, hecho ya un guiñapo a causa de sus heridas de guerra que lo dejaron tuerto, tullido y capón, se hizo famoso por denostar la cultura y la intelectualidad con sus famosos gritos (más bien rebuznos) de “abajo la inteligencia” y “viva la muerte”. Luego de esto fue el encargado de propaganda del franquismo durante un tiempo. Luego se enamoró de una señora en una partida de bridge (esta parte de la azarosa vida del tipo no la podemos entender, porque un patriota tan patriotero tendría que haberse enamorado en una partida de brisca, o a lo sumo de mus, que es lo español, pero al bridge, ¡joder!) y tras una historia bastante vulgar y conocida, la dejo empreñada, pirándose a Lisboa con ella previa separación de su Santa.
El señor Millan Astray tuvo luego una hija a la que pusieron de nombre Peregrina.
Millán la espichó (palabra gallega que no es de mal gusto en este caso porque hace una especie de reconocimiento de la galleguidad del sujeto, por más que los gallegos no lo lleven a gala) en el año 1954 como Director General del Cuerpo de Caballeros mutilados de guerra por la patria, que al parecer debía ser una especie de lugar siniestro o algo peor, dado en nombrecito del chisme.
Si se quiere una versión amañada de la vida del tipo se puede visitar la página de los propagandistas de franco pinchando aquí. Es una lectura edificante y aleccionadora, por si alguien ha pensado que esta peña ha perdido el peligro.
Ahora, sin estatua militar, las palomas gallegas tendrán que buscar otro lugar para cagar.
